El desacuerdo en Aragón y otras historias de la izquierda federalista para no pegar ojo

Las malas noticias para las creyentes de la unidad de la izquierda han tardado menos de una semana en reaparecer tras el buen resultado de Unidas por Extremadura. Sumar, IU, Más Madrid y Comunes mantienen su sintonía y Podemos se desmarca de frentes amplios.
Yolanda Díaz Ernest Urtasun
Álvaro Minguito Yolanda Díaz y Ernest Urtasun.

Hay al menos un punto de coincidencia, después de todo. Las personas de Izquierda Unida, Movimiento Sumar y de Podemos que han prestado su testimonio para este reportaje coinciden en señalar el desgaste, la hartura, que les provoca Madrid capital. Se trata de un “Madrid” que obedece más a un estado mental que a la realidad de sus 21 distritos, pero es fácil saber a qué se refieren: declaraciones lanzadas como lapos hacia el cielo, refriegas sin sentido en redes sociales y un ensanchamiento cotidiano de la “distancia mortal que separó nuestras vidas”, que lamentó Pablo Milanés en su “Canción por la unidad latinoamericana”. Se trata de una dinámica de centrifugado instalada en el interior de la M-30 desde hace años que no mejora con el tiempo y que se ramifica hacia otros territorios que tienen sus propias historias de diferencias mortales.

Una noche de este invierno Extremadura pareció ser el contraejemplo. A pesar de que Unidas por Extremadura, el proyecto compartido por Podemos, Izquierda Unida y Alianza Verde, tiene un largo recorrido, y también a pesar de que no tendrá opciones de influir con sus postulados en las políticas públicas del territorio, Irene de Miguel como líder dialogante y Unidas por Extremadura como proyecto aparecieron, en la noche del 21 de diciembre, como una nueva esperanza. En un 2025 sin otras elecciones, el 10% de Unidas por Extremadura rompía momentáneamente con la dinámica de desencanto del votante de izquierda. Un espejismo, algo que llevarse a la boca tras una cosecha de malos resultados que se ha extendido sin frenos desde la terrorífica noche electoral del 28 de mayo de 2023.

Las malas noticias para las verdaderas creyentes de la unidad de la izquierda han tardado menos de una semana en reaparecer. No ha habido acuerdo para las próximas elecciones autonómicas en Aragón. Chunta Aragonesista, que se enroló en el Sumar de Yolanda Díaz para las generales de 2023, ha desechado compartir papeleta en las autonómicas. No ha habido acuerdo entre Izquierda Unida y Sumar, por un lado, y Podemos, por otro. En las elecciones del 8 de febrero, la izquierda a la izquierda del PSOE concurrirá en tres listas, cuatro si se añade la lista Existe, coalición veterana de la “España vaciada” que apareció como alternativa electoral hace seis años.

Las distintas versiones sobre lo sucedido entre las organizaciones federalistas en Aragón difieren en detalles, pero coinciden en lo esencial. La coportavoz de IU, Amanda Meyer, refiere que la federación de Izquierda Unida llegó a un preacuerdo con sus interlocutores de Podemos Aragón, pero que fue la dirección de los morados de Madrid la que lo paró. Meyer cree que la dirección de Podemos Aragón no tiene la capacidad de decisión que mostró Irene de Miguel en Extremadura. Lara Hernández, coordinadora de Movimiento Sumar, confirma que hubo·”un veto explícito” a la presencia de esta organización por parte de los morados y lamenta que el escenario actual “no se tenía que haber producido”.


Desde el partido morado se opta por no comentar los artículos de prensa ni entrar en detalle sobre las especulaciones surgidas sobre el proceso en Aragón, pero se admite que sentarse con Sumar en la misma mesa no estaba en los planes. De hecho, sostienen que los resultados de Extremadura se produjeron por la ausencia de Sumar en la suma. Sus problemas crecen, no obstante, en ese territorio: el diputado que entró en las Cortes aragonesas tras las autonómicas de 2023, Andoni Corrales, anunció en la víspera de Nochebuena que demandará a Podemos por no haber llevado a cabo primarias de cara al 8 de febrero. 

Más allá de la pertinaz imposibilidad de encuentro en Aragón, el fondo de la cuestión, en cualquier caso, es cristalino: Podemos no se sentará en ninguna mesa en la que esté Movimiento Sumar

La candidata oficial en esa fecha será María Goicoechea y su elección es el fruto de un proceso de refrendo en el que participaron 690 personas. En el caso de Izquierda Unida-Movimiento Sumar, la candidata será la coordinadora general de IU en el territorio, Marta Abengochea, elegida tras un proceso de primarias. 

La división, no obstante, no es una novedad en ese territorio, donde no ha existido la unidad desde que en 2014 Podemos irrumpió en el tablero político. Los morados obtuvieron un resultado pepinesco en 2015: 20,5% de los votos y 14 diputados, con Pablo Echenique como cabeza de lista; pero sobra decir que ese ímpetu queda lejos en el tiempo y, especialmente, en el momento político. En 2023, Podemos obtuvo un 4% de los votos. Perdió casi la mitad de los apoyos que había obtenido en 2019 y su candidata, Maru Díaz, dimitió y dejó la política pocos días después.

Izquierda Unida, por su parte, ha estado en el límite desde hace una década: un escaño en los tres procesos electorales desde 2015, el último de ellos con el 3,13% del voto, esto es, una décima por encima del umbral mínimo de representación, que en Aragón se sitúa en el 3%. 

Si se suman los resultados de las dos listas en 2015 y en 2023 se entiende mejor no solo el coste político de ir por separado cuando los números son decrecientes sino, ante todo, el abandono del espacio “del cambio” hacia otros pastos electorales o hacia la abstención. Podemos obtuvo 137.000 votos entonces e IU 28.000. Hace dos años, los morados consiguieron 27.000 e Izquierda Unida 21.000. Son 117.000 sufragios volatilizados, que tampoco han ido a parar a la Chunta, que se ha mantenido en el entorno de los 35.000 votos, con un pico de 40, en esta década.

Al contrario que en territorios como Galiza, donde el BNG ha sido el claro depositario de las esperanzas de cambio, o de la Comunidad Autónoma Vasca, donde EH Bildu se ha consolidado como primera fuerza de la izquierda, en Aragón el voto del cambio regresó al PSOE. Al menos hasta que las próximas elecciones digan lo contrario.  

El escenario para las izquierdas de cara al 8 de febrero tiene semejanzas con el de las elecciones autonómicas vascas, en las que la distancia entre las dos listas de izquierda fue mínima y solo una de ellas (Sumar) obtuvo un escaño. Las encuestas para Aragón sitúan a Podemos Alianza Verde con cierta ventaja, de alrededor de un punto porcentual, sobre Izquierda Unida Movimiento Sumar, pero en ambos casos tendrán que apretar en campaña, especialmente en la circunscripción de Zaragoza, para superar el 3% en unas elecciones que, como en el caso de Extremadura, pueden estar marcadas por la abstención.

Podemos no se sentará en la mesa con Sumar

Más allá de la pertinaz imposibilidad de encuentro en Aragón, el fondo de la cuestión, en cualquier caso, es cristalino: Podemos no se sentará en ninguna mesa en la que esté Movimiento Sumar. Fuentes del partido morado confirman que meter a Movimiento Sumar en la ecuación es un problema y critican que no aporta capacidad real de trabajo en los territorios, “qué hago yo sentando un fantasma a la mesa”, explica alguien relacionado con la dirección del partido. Para justificarlo ponen el ejemplo de Andalucía 2022, donde empezó todo o se produjo el continuóse del acabóse, poco importa ya. En aquel proceso, según fuentes moradas, se llegó al “ridículo” de sentarse a discutir a partidos con arraigo y a experimentos como el efímero Más País.

Con esas cicatrices y un discurso oficial que insiste en “pasar pantalla”, el trabajo del último año ha sido separar a Izquierda Unida del pack Sumar. No ha funcionado. El más veterano de los espacios políticos ha mostrado discrepancias con sus socios —y críticas a la líder del espacio, Yolanda Díaz—, pero no ha abandonado el proyecto que mantiene a Sira Rego como ministra de Infancia y ha permitido a IU ser la única organización que ha repetido en las dos experiencias de gobierno de coalición. 

Para Meyer, la “necesidad estratégica de la unidad” pasa por seguir conversando a pesar de las diferencias políticas, establecer “un programa de mínimos para evitar que haya gobiernos de la extrema derecha” y al mismo tiempo seguir una agenda de ampliación de derechos para posicionarse “frente al neoliberalismo, la guerra y el patriarcado”.

El ejemplo de que no se ha producido un cisma entre los espacios que permanecen en el grupo confederal en el Congreso, sostiene Meyer, es el acercamiento que, a lo largo del pasado 2025, ha habido entre su organización y Más Madrid, uno de los partidos con los que IU convive en el Consejo de Ministros.


El hecho es que Izquierda Unida fue una de las organizaciones que los fundadores de Más Madrid echaron por la borda en su revisión del proyecto Ahora Madrid, de cara a las elecciones de 2019, y desde entonces la relación orgánica entre ambos espacios era inexistente. Meyer resalta que el “roce” en el grupo confederal del Congreso y el trabajo interministerial ha generado un nivel de “confianza política que antes no existía” entre ambos espacios. Junto a Movimiento Sumar y los Comunes, se han sentado las bases de un futuro acuerdo, una especie de revisión del desgarrador acuerdo de 2023, que ha sido presentado por la prensa esta semana como el “acuerdo madre” de cara a unas futuras elecciones generales.

Como es habitual en estos casos, prevalece cierta cautela. Primero se detalla que, aunque las conversaciones han existido y seguirán produciéndose, no hay nada firmado. En segundo lugar, se evita nombrar a la nueva cosa. Parece claro que no se volverá a llamar Sumar —aunque el Movimiento Sumar sea una de las partes—, pero nadie anticipa si ya hay un nombre encima de la mesa. Respecto a los liderazgos sucede algo parecido. Movimiento Sumar sigue confiando en Yolanda Díaz, pero no está cerrada ninguna fórmula: ni un liderazgo de consenso (alias mirlo blanco) que parece, cada vez más, una quimera ni, como ha propuesto IU, la celebración de unas primarias abiertas en caso de que no se llegue a ninguna solución mágica. 

A Podemos se le espera, resalta Lara Hernández, para construir el llamado “Frente Amplio” con el que se quiere llegar a la reválida en la que se tratará de echar por tierra los pronósticos que dan una mayoría amplia al Partido Popular y la posibilidad de alcanzar un acuerdo con la ultraderecha de Santiago Abascal. Pero en Podemos se habla de desacuerdos políticos evidentes con Movimiento Sumar y se insiste en que mientras que los de Díaz estén en la ecuación será problemático llegar a acuerdos.

Mientras tanto, todos se aferran a que lo importante es lo programático, frenar a la extrema derecha, vencer el desencanto, comenzar a solucionar la vivienda, etcétera.

Nadie toma la vía Rufián

Ni Sumar, ni Izquierda Unida, ni Podemos refieren haber recibido comunicaciones oficiales que den algo de cuerpo al llamamiento de Gabriel Rufián (ERC) a un acuerdo múltiple e inédito entre listas soberanistas y de la izquierda federal y confederal. Aunque un representante histórico de los republicanos como Joan Tardá ha insistido esta misma semana en explorar esa vía, no se ha producido ningún movimiento orgánico. 


Lara Hernández interpreta que la “vía Rufián” se ciñe de momento al espectro mediático-comunicativo y no da mucho más vuelo al asunto. Como comenta Meyer, ni siquiera parece un impulso que vaya a ser avalado por Esquerra Republicana de Catalunya, aunque desde IU se muestran abiertos a hablar de la posibilidad si se trata de algo más que un rumor.

Podemos marca alguna distancia más en términos ideológicos y recuerdan que hay cuestiones como el gasto militar y las declaraciones de Rufián con respecto a la migración, vinculándola a problemas de seguridad que parecen, a día de hoy, diferencias insalvables.

De este modo, al menos hasta que se produzcan los tres procesos electorales previstos en Aragón, Castilla y León (15 de marzo) y en Andalucía (a comienzos de verano), las cartas están echadas. Podemos caminará solo y mantendrá con ello su intención de “pasar pantalla” con respecto a las posibilidades de unidad. Izquierda Unida y Movimiento Sumar tratarán de amarrarse con Más Madrid y Comunes de cara a unas generales que están previstas para 2027 pero que pueden precipitarse dada la crisis del PSOE. Mientras tanto, las últimas personas que crean en la unidad de las izquierdas tendrán que poner un par de velas a Pepe Mujica y dirigir su mirada hacia Francia y no al interior de la M-30 (o a la vecina Portugal) para soportar el desánimo.

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