“¿No les parece raro?” El irresistible encanto de la conspiranoia

La derrota de Argentina en la Copa del Mundo de fútbol ha generado una serie de teorías de la conspiración. No es la primera vez ni será la última que éstas nacen para encontrar patrones que den sentido a un mundo incierto.
Balón futbol
Huellas de balonazos en una pared. Álvaro Minguito
26 jul 2026 06:00

Minuto 105. El delantero español coloca mal su cuerpo y la pelota sale unos centímetros por encima del larguero. Después de un par de ocasiones menores, la final del campeonato del mundo llega a la tanda de penaltis. Argentina gana su cuarta copa. España está triste. En las siguientes horas se habla de “atraco” y “robo” deportivo. Se recuerda un gol que no subió al marcador por un leve pisotón, se denuncian las decisiones a favor de su rival, se rescatan imágenes de mundiales pasados: el gol no concedido en Corea del Sur, el codazo en las narices de un mediocampista.

La desazón, convertida en rabia, pasa a necesitar una dosis más fuerte de emoción; en los días siguientes, el Instagram de los españoles futboleros —y de muchos que no son ni españoles ni futboleros— se llena de versiones elaboradísimas de la misma idea de robo. Los influencers, los youtubers, los monetizadores de fake news ganan ‘likes’ poniendo la apostilla: “¿no te parece raro” y “nunca sabremos la verdad” a un derroche de conjeturas entre las que aparecen Israel, el silencio de Javier Milei ante la nueva oleada de extracción petrolera en las Malvinas como pago por el Mundial, el acuerdo fáustico entre el presidente de la FIFA y el mejor jugador de Argentina; el acuerdo fáustico entre Donald Trump y el propio Milei; el castigo MAGA a la España woke; las malas artes del mercado internacional de las predicciones. Es el gol de oro de la teoría de la conspiración: a España le robaron el Mundial.

Nada de eso pasó, ya lo saben. El 19 de julio, el delantero español colocó su cuerpo bien. La pelota entró. Argentina perdió. El fútbol, un juego cimentado en una cantidad finita de actos reflejos y reacciones condicionadas durante un tiempo determinado, tiene un contexto nunca ajeno a la política, lo que permite desde interpretaciones materialistas a filosóficas, la reivindicación de una infancia perdida y, por supuesto, la resonancia de conexiones inesperadas y el establecimiento de patrones ahí donde todo parece caos.

La reacción de la mayoría de analistas argentinos ha sido rechazar la narrativa de la conspiración a través del humor o el periodismo crítico

A estas alturas ya han escuchado las conjeturas en las que se basa el contenido de decenas de influencers y periodistas argentinos. El FBI iba a detener al presidente de la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) y los jugadores lo supieron. Los jugadores se dejaron perder porque, a raíz de su valiente reivindicación de las Malvinas como territorio argentino, la FIFA amenazó con expulsar a la selección de las competiciones internacionales durante los siguientes diez años. Era perder o dejar de ir a los próximos dos mundiales. El presidente de la FIFA necesitaba que ganara una selección europea para amarrar los votos de cara a su reelección. Las apuestas deportivas y el boyante mercado de las predicciones determinaron el resultado.


Los puntos a conectar se unen con una serie de indicios: los jugadores parecen decaídos en un vídeo, el mejor jugador del mundo no acelera en una carrera que parece que podía ganar, dos jugadores caen lesionados, un delantero de prestigio no juega un minuto en la final; estaba todo escrito en una portada de The Economist, en un anuncio de Adidas. Etcétera.… “¿No les parece raro?”. 

Para que la cosa funcione, son necesarios los difusores/monetizadores de ese contenido. Los periodistas argentinos Eduardo Feinmann y Pablo Carrozza o el expresidente del club argentino Independiente de Avellaneda Andrés Ducatenzeiler ‘Duka’ han sido los principales agitadores de la idea de la gran conspiración contra Argentina. Una de las publicaciones de Ducatenzeiler, difundida por una cuenta de información de izquierdas, ha alcanzado los 394.000 likes en Instagram; el post de Carozza “La final que nadie se anima a explicar” supera las 890.000 visualizaciones en Youtube. Feinmann, involucrado en el pasado en otros episodios de fake news en torno a la tragedia de la discoteca República Cromañón (2004), lanzó inicialmente la idea de que “algo pasó” en las horas previas al partido para después rechazar la conspiración y dedicar varios de sus programas a la existencia de un complot internacional antiargentino.

Más de 80.000 personas han firmado en una petición en Change.org para repetir la final del Mundial —20 millones firmaron para expulsar a Argentina del mismo campeonato— y un 17% de las conversaciones en redes sociales en el país del Cono Sur se refirió a algunos de los supuestos de la conspiración. La reacción de la mayoría de analistas argentinos ha sido rechazar la narrativa de la conspiración a través del humor o el periodismo crítico, pero independientemente del caso de estudio, lo fundamental de las teorías de la conspiración es que son inmunes a la verificación y su finalidad no es la búsqueda de la verdad oculta si no los beneficios que da ese señuelo.

El periodista Mariano Angarolla, cuya respuesta a estas teorías se hizo igualmente viral, responde a la pregunta de El Salto sobre si después de la frustración de los primeros días ha decrecido la ola conspiracionista:

“La espuma baja porque como siempre ocurre, una noticia tapa a la otra, entonces con el correr de las semanas ya no se va a hablar de esto y seguramente muchos que hoy creen esas teorías conspirativas hasta cambien de opinión, pero en líneas generales, a millones de argentinos les va a quedar en su mente que “algo raro pasó“, y se lo dirán a sus hijos cuando pasen veinte años. Más con el fútbol, que acá es religión, y por ejemplo todavía se habla de la final que perdió Argentina con Alemania en 1990 con un arbitraje muy polémico y del doping positivo de Maradona en 1994.

Hay antecedentes en Argentina como para creer en que la FIFA pudo haberle hecho algo a la Selección Argentina, pero por hechos que ocurrieron hace más de 25 años. Y además, porque el fútbol argentino está muy manchado. Su Presidente, Claudio Tapia, tiene abiertas muchas causas por lavado de dinero, tiene que darle explicaciones a la justicia de Estados Unidos y hasta el equipo del que fue Presidente, Barracas Central, club de tercera división que no tiene más de 2.000 hinchas, hoy juega en Primera, con un estadio renovado con palcos que tienen sillones de cuero y aire acondicionado y arbitrajes claramente favorables.

Un Presidente de AFA que ha llegado a cancelar descensos en una temporada de la Liga para favorecer equipos y asi ganar votos para su reelección, o ha inventado campeones a mitad de temporada (...)

Entonces, al argentino lo han castigado tanto desde la política, ya sea la política del país y la del fútbol, que también tiene motivos para sospechar de todo, aunque sean teorías ridículas, como lo son las del Mundial.

No creo que aumente la difusión del tema pero la creencia, para muchos, quedará. Y creo que ni siquiera alcanzaría con que Messi salga a decir que no pasó nada. De hecho ya varios futbolistas de la selección hablaron y desmintieron todo esto, pero igual no les creen, ni a ellos ni a los periodistas más respetados que cubren hace años a la selección.

Pero sí le creen a un tipo que promociona cursos empresariales sospechosos en tik tok, al que le ponen un millón de likes en su teoría conspirativa.

Lo más doloroso y contradictorio es que Messi se vaya de la Selección y millones de argentinos se queden con una imagen de que fue para atrás, justo Messi, que dio la vida por la selección y fue el que nos llevó a la gloria. Pero al argentino lo han castigado tanto, que también lo entiendo, y por eso hasta votó a un presidente de ultra derecha que hizo campaña solo por tiktok y hoy quiere derogar la ley de tierras para que los extranjeros compren lo que quieran. Pero esa ultraderecha llegó porque la izquierda dejó cientos de causas de corrupción

Asi somos, no hay término medio. Te amo y te odio, hasta con Messi”.

Lo woke y otras tribus ocultas

Si bien Javier Milei no se ha unido explícitamente a estas teorías, su reacción ante ese clima refuerza una de las condiciones básicas para que funcione la conspiranoia. Con su mensaje tras la final “nos tienen celos”, Milei refuerza la idea de cohesión interna y creación artificial de grupos que inspira las teorías de la conspiración. La exdiputada en el Congreso de los Diputados Pilar Rahola desarrollaba esa idea en el programa de Eduardo Feinmann. “Estamos hablando de todo el wokismo internacional, que se ha aliado en esta locura, en esta confabulación (...) esta es una campaña de aquellos que detestan lo que Argentina tiene de bueno”, explicaba Rahola. “¿Qué es Argentina en este momento: la defensa de la democracia liberal, la defensa de los valores judeocristianos, la defensa de un modelo económico de relación en el mundo… y esto lo odian ‘los Irene Montero, los Pablos Iglesias, los Bardem’, etc”. 

Daniel Jolley, profesor de psicología social de la Universidad de Nottingham es una de las personas que más estudios ha llevado a cabo sobre teorías de la conspiración, como muestra su página del portal de divulgación científica The Conversation. Para Jolley, ese apretar las filas del grupo es uno de los efectos inmediatos de la asunción de esta ideología: “Una de las razones por las que las teorías de la conspiración pueden ser tan atractivas es que ayudan a las personas a dar sentido a eventos decepcionantes o inesperados. Si tu equipo pierde un partido importante, suele ser más fácil creer que hubo una injusticia que aceptar que ganó el mejor equipo. Las teorías de la conspiración proporcionan una explicación clara y, lo que es más importante, a alguien –o a otro grupo rival– a quien culpar”.


Los hechos, las percepciones, la rabia y la ira pueden ser catalizadores para la expansión de estas hipótesis. Es un hecho que la reivindicación de las Malvinas por parte de varios jugadores de la selección argentina tras el partido de semifinales contra Inglaterra, que es la potencia ocupante de esas islas, puede acarrear sanciones importantes para la AFA, dado que así se establece en el reglamento de la FIFA. Es un hecho que la AFA está siendo investigada por lavado de dinero por parte del FBI. Es un hecho que la adopción de la tecnología de revisión del juego, el llamado VAR, no ha acabado con las percepciones sobre la injusticia de decisiones determinantes en los partidos de fútbol, sino más bien todo lo contrario. Es un hecho también que la FIFA firmó un contrato de patrocinio con la empresa de predicciones Adi Predictstreet, una empresa investigada en Alemania cuya actividad está bajo el escrutinio de los reguladores de varios países europeos.

La teoría de la conspiración, para serlo, se establece cuando se toman una serie de hechos y se da un salto hacia las conclusiones

En el ramillete de explicaciones sociales a la necesidad de cohesión del grupo, es un hecho que ha habido ataques en redes sociales al pueblo argentino que se han extendido de izquierda a derecha. También que, después de la final, hubo más de 20 agresiones a argentinos en España, dos de ellas muy graves. Es un hecho que en un giro de la opinión pública y en un mes y medio, Argentina pasó a ser el pueblo del Ni una menos al “pueblo más racista del mundo”, en palabras del actor estadounidense Samuel L. Jackson. También es un hecho que los aficionados del Real Madrid han mostrado históricamente su animadversión al capitán de Argentina porque jugó en el FC Barcelona. Y es un hecho que en España hay racismo (como lo hay en casi todos los países del mundo) y una mirada colonial imposible de esquivar cuando se habla de Latinoamérica.

Pero muchos hechos juntos no conforman una trama. La teoría de la conspiración, para serlo, se establece cuando se toman una serie de hechos y se da un salto hacia las conclusiones.  Noel Ceballos, periodista y autor de El pensamiento conspiranoico (Arpa, 2021), establecía en ese ensayo una serie de ideas acerca de la conspiranoia, un término que no fue recogido por el diccionario de la Real Academia hasta 2022. Entre ellas está el hecho de que la mecánica interna del poder (y los secretos de Estado) “generan un escenario excluyente, luego la noción de que existen pistas aparentemente inofensivas que, tras ser interpretadas del modo correcto, podrían darnos acceso a una visión de conjunto, se vuelve cada vez más y más atractiva”.


Mecánica interna del poder: Infantino, el CEO del fútbol mundial, la FIFA, Donald Trump, el FBI, un negocio de más de diez mil millones de dólares. Una caja negra de intereses en torno a la máxima institución del fútbol mundial que, como el Comité Olímpico Internacional, es un vivero de corrupción casi desde su nacimiento. Pistas: dos lesionados, una arenga desangelada. Visión atractiva: la derrota no se debe a la vieja dicotomía entre mala suerte y la falta de talento, sino a una verdad que permanece oculta, que es posible enunciar pero que será muy difícil probar. Y sin embargo, parece estar en cada frame de cada vídeo, en audios en los que puede barruntarse una explicación, en un ambiente turbio. “¿No les parece raro?”.

Las redes sociales proporcionan un entorno ideal para este tipo de contenido porque recompensan la curiosidad y la interacción, señala Daniel Jolley: “Las publicaciones que insinúan que ‘algo no cuadra’ animan a la gente a detenerse, ver el vídeo y, a menudo, compartirlo. El contenido es entretenido y apela a nuestra curiosidad natural. Es importante destacar que el creador no siempre necesita aportar pruebas ni una conclusión clara. Simplemente generar sospechas puede ser suficiente para captar la atención”. Jolley explica que esto “crea una estructura de incentivos donde formular preguntas provocativas suele ser más gratificante que ofrecer respuestas bien fundamentadas”.

“La creencia en la conspiración también se predice por el narcisismo colectivo: una creencia en la grandeza del grupo junto con la creencia de que no se aprecia”, señala el estudio de Douglas

Entre los grupos que adoptan estas ideas por motivos sociales o políticos las propias dinámicas de la conspiranoia resisten los intentos del periodismo por desmontarlas. A medida que se ha acrecentado la incertidumbre en un planeta en crisis, el gran relato sobre el periodismo ha sufrido un declive en todo el mundo. Pero no se trata solo de esa crisis de legitimidad —justificada o no— de los medios de comunicación, sino que, como han expuesto los investigadores dirigidos por Karen M. Douglas en el trabajo The Psychology of Conspiracy Theories, las teorías de la conspiración son “resistentes a la falsificación, puesto que postulan que los conspiradores utilizan el sigilo y la desinformación para encubrir sus acciones, lo que implica que quienes intentan desacreditar las teorías de la conspiración podrían, a su vez, formar parte de la conspiración”. 

Otro artículo, publicado en 2024 por la profesora de psicología social Colleen Sinclair, subraya algo que puede parecer evidente, pero que es fundamental para comprender la expansión del fenómeno: los emisores de la teoría conspirativa no tienen que creer en ella para difundirla. El fenómeno, entonces se produce por motivos como la conquista de la atención, el beneficio monetizable a través de clics y likes y la captación de personas propensas a la radicalización a través de una “conspiración de iniciación” aparentemente neutral en términos políticos como la creencia en la vida alienígena. 

Daniel Jolley no considera que las redes sociales provoquen teorías conspirativas por sí solas, pero sí tienen un efecto amplificador necesario: “Las plataformas facilitan la rápida difusión de afirmaciones especulativas, conectan comunidades afines y mantienen a los usuarios interesados ​​en contenido cada vez más similar. Como resultado, lo que comienza como una vaga sensación de que ‘algo no cuadra’ puede, con el tiempo, convertirse en una convicción mucho más fuerte de que ha habido una conspiración, especialmente cuando proporciona una explicación sencilla para un suceso inesperado e identifica claramente a un grupo culpable”, explica este experto.

Angarolla coincide: “Los algoritmos son cada vez más veloces, entonces vos ves un video en tiktok donde messi tiene cara de preocupado y te dicen que 'algo pasó' y en menos de 10 segundos, cada video que sigas viendo en TikTok, Instagram o X también habla sobre la cara preocupada de Messi antes de la final. Y esa repetición, en fracción de pocos minutos te mete una idea en la cabeza y que encima es una idea fácil para cualquier ser humano, porque es más fácil echar culpas, sea por el motivo que sea, que hacer autocrítica. (...) Por lo tanto acá solo ganan unos pocos, los que quizás saben que la final del mundo no tuvo nada raro, pero generan este tipo de contenidos sabiendo que van a generar interacciones y de esa manera se ganan algunos dólares”.

La gran ideología

El hecho de que el presidente de EEUU haya abrazado algunas de esas teorías o se haya aupado a través de ellas, en casos como el del Pizzagate o el “robo electoral” de las elecciones de 2020, que dio lugar al asalto al Capitolio de enero de 2021 o que el propio Milei enarbole lo que se ha llamado una “política exterior conspiratoria”, basadas en la dicotomía entre fuerzas del mal y del bien, o del Cristo-Anticristo en la narrativa de personajes influyentes como Peter Thiel, da muestra de la pujanza de la conspiranoia como la gran ideología de nuestro tiempo. En casos como el del negacionismo de la crisis climática, defendida por políticos conservadores, no importa tanto el hecho en sí como lo que interpretan como un ataque al estilo de vida (de los madrileños, los andaluces, etc).

Algunos de los últimos estudios publicados a nivel mundial, enmarcados en el creciente interés en los mecanismos psicosociales que influyen en el auge de la conspiranoia, están refutando la idea de que estas teorías se extienden más en personas con bajo nivel educativo. Subrayan, por el contrario, que tienen más que ver con personalidades narcisistas. Esto apunta el estudio antes citado de Douglas: “La creencia en la conspiración también se predice por el narcisismo colectivo: una creencia en la grandeza del grupo de pertenencia junto con la creencia de que otras personas no lo aprecian lo suficiente”. En un mundo en el que la idea de comunidades amenazadas gana elecciones y legitima el poder en Rusia, India, Estados Unidos o supone un atractivo electoral pujante en Alemania, Reino Unido y Francia, la teoría de la conspiración como la del “gran reemplazo” es la expresión más actualizada de la conspiranoia en clave supremacista y xenófoba.


La convención ha convertido a la teoría de los Protocolos de los Sabios de Sion como la primera conspiranoia moderna. Esta falsificación antisemita fue adoptada por la extrema derecha europea a comienzos del siglo XX como hoja de ruta para los pogromos contra judíos en todo el continente, pero también sedujo a una parte de la izquierda, mostrando una transversalidad de las teorías de la conspiración que alcanza hasta hoy.  

Desde las fumigaciones hasta la pandemia del Covid-19, pasando por la conspiración en torno al SIDA o sobre la segunda vida de Jesús Gil y Gil, las narrativas del complot confirman que, pese al actual auge de la extrema derecha, la conspiranoia funciona como un imán para quienes piensan que algo no funciona. En una entrevista reciente, el sociólogo Cesar Rendueles afirmaba que el auge de la conspiranoia como gran ideología de nuestro tiempo “tiene que ver con cierta individualización de las pasiones políticas: “Es aplicar la idea del pensamiento crítico, que tenía que ver con la elaboración colectiva –entre todos y todas somos capaces de pensar algo que desafía las verdades más o menos establecidas–, y llevarlo al terreno individual. 'Yo soy más listo que los demás, me he formado en YouTube y tú, borrego, te crees a los expertos del gobierno'. Es entender las ganancias en conocimiento como algo individual, que tiene que ver con el secreto que yo descubro”.

“Las conspiranoias suelen aumentar en contextos de crisis o incertidumbre: la coyuntura histórica en cual vivimos está representada justamente por esos dos conceptos”, apunta Forti

Steven Forti, historiador especialista en la extrema derecha, confirma la idea de que siempre hubo “conspiraciones para todos los gustos o conspiraciones que pueden ser hasta un cierto punto transversales, es decir que las pueden comprar personas que defienden visiones del mundo distintas”. No obstante, para Forti, el uso generalizado de la conspiranoia por parte de la extrema derecha obedece a una idea básica de comportamiento social. El uso masivo de  bulos y teorías del complot cumple con un objetivo “de aumentar la desconfianza y el resentimiento en la población: una sociedad más desconfiada es terreno abonado para las ideas extremistas o, sencillamente, de ‘ley y orden’. Teniendo en cuenta esto, todo apunta a que será predominante su uso por parte de la extrema derecha”, autor de Democracias en extinción (Siglo XXI, 2024).

La periodista Nuria Alabao incide en la idea de que las teorías conspirativas “funcionan porque dan sentido a los malestares difusos que sufre la gente. Pueden ser materiales o de otro tipo y ofrecen esta respuesta emocional en momentos de aumento de la incertidumbre. Esto permite construir una comunidad que está basada tanto en la sospecha como en el acceso a una verdad revelada a la que no todo el mundo tiene acceso. Y claro, en una época de creciente desafección política donde la gente dejó de creer en las instituciones, en los medios y en la política, el complot ofrece la ilusión de verdad y al mismo tiempo despolitiza. Porque si no es problema del sistema económico, sino que hay una conspiración que es tan grande que incluye a todas las élites de todo el planeta, de alguna manera, tú no puedes hacer nada organizándote políticamente. Simplemente tu acción va a ser revelar esa verdad a la que tienes acceso junto con tu grupo de pares. En ese sentido, esas fake news o conspiraciones sustituyen lo que fueron también las grandes narrativas de clase o de nación”.


Forti señala que el futuro puede hacer más proclive a la izquierda a aceptar la ideología conspirativa en función de tres elementos: “Por un lado, el aumento de los niveles de desconfianza hacia las instituciones, pero también los medios y los expertos, afecta también a personas que se definen progresistas; aún más donde gobierna la extrema derecha. Por el otro, la viralización de bulos y fantasías conspirativas por parte de Internet, las redes sociales y ahora la IA afecta a toda la población, aunque haya mayor predisposición en el electorado conservador. Por último, las conspiranoias suelen aumentar en contextos de crisis o incertidumbre: la coyuntura histórica en cual vivimos está representada justamente por esos dos conceptos”.

En 2001, el año del atentado contra las Torres Gemelas –uno de los acontecimientos más coloreados en la historia del complotismo–, el neurocientífico Peter Brugger recogía el concepto de “apofenia”, nacido unas décadas antes inicialmente asociado a la psicosis. La apofenia, desde Brugger, es entendida como una percepción no motivada de conexiones, una tendencia a identificar patrones aunque no haya motivo para esa inferencia. Según la psicología moderna, la apofenia puede contribuir a dar sentido al mundo que nos rodea.

Con una mirada provocativa, los economistas Jim Powers y Chris Johns se han referido a la religión como la teoría de la conspiración más longeva y se refieren a la crisis de la creencia en dios como un factor determinante para el boom actual de la conspiranoia. Y es que, ¿no les parece raro que haya un viejo allá arriba que controle todo lo que pasa en el mundo, hasta algo en teoría tan poco relevante como que un jugador de fútbol coloque el cuerpo bien en el momento apropiado?

Asalto Podcast
Podcast | Meta quiere ser Polymarket: Zuckerberg entra en la industria de las predicciones
El “mercado de las predicciones” es tan peligroso para algunos como rentable para otros. Hablaremos de esta nueva y viciada industria. También damos contexto a la huelga de algunos sindicatos médicos.
Argentina
Dónde está la resistencia al Gobierno de Javier Milei
¿Dónde están la oposición política, los sindicatos, los gremios, los movimientos sociales y la sociedad civil para hacerle frente a la ofensiva ultraderechista del Gobierno de Javier Milei?
Pensamiento
Richard Seymour
“Detrás del ‘no puedo tener sexo’ de los incel hay realmente falta de interés por el sexo”
Este investigador marxista analiza las corrientes populares de la extrema derecha bajo el prisma de lo que llama “nacionalismo del desastre”.
Utopía X
Utopía X | Episodio 4: Teoría de la conspiración, “gran reemplazo” y racismo tecnológico
Cuarta entrega del podcast sobre extrema derecha de El Salto Radio. Más de quince personas participan en este análisis sobre las intersecciones entre los movimientos conspiranoicos y el racismo del siglo XXI.
Pensamiento
Amador Fernández-Savater
“No cambiamos porque nos expliquen lo que está bien, cambiamos cuando algo toca el deseo”
Este 'filósofo pirata' madrileño ha publicado 'La batalla del pensamiento', un compendio de ideas, reflexiones y textos de agitación que recorren los últimos años de militancias y conspiraciones (en positivo).
Cargando valoraciones...
Comentar
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra en tu cuenta.
Cargando...
Cargando...
Comentarios

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...