Opinión
Huelga General: que no se laven las manos
La vivienda es la principal preocupación de la ciudadanía de Euskal Herria, junto a otros ámbitos fundamentales como la sanidad, el encarecimiento de los bienes básicos o el mercado laboral. Aunque hayan inyectado miles de euros en campañas del miedo sobre la inseguridad o la inmigración, la principal preocupación de la gente sigue siendo lo más básico: tener un hogar, dar de comer a su familia, la salud y conseguir un trabajo que te posibilite algo de esto
La crisis actual nos muestra, una vez más, la incapacidad de este sistema para asegurar unas mínimas condiciones de vida para toda la población, mientras algunos se enriquecen aún más con la vivienda, otros muchos viven hacinados, con miedo a ser desahuciados o directamente vivir en la calle.
Puede haber quien considere este un mal momento que pronto pasará, pero si echamos la mirada atrás veremos una larga taryectoria de degradación social continuada. La inestabilidad y la inseguridad para poder mantener un mínimo estándar de vida ha sido una constante en nuestra sociedad, también en este supuesto oasis vasco.
Ejemplo de ello es el aumento considerable de los alquileres de la mano de fenómenos como el chabolismo y el hacinamiento a principios del siglo XX en ciudades como Bilbao, Barakaldo, Sestao o Eibar, lo que provocó la primera huelga de alquileres de Euskal Herria en Barakaldo en 1905.
Si seguimos repasando la historia, podemos observar otros momentos en los que la vivienda ha sido una de las mayores preocupaciones sociales. En los 80, observamos una degradación de los barrios obreros junto a un desempleo masivo; a partir de los 90 tenemos la burbuja inmobiliaria y los pelotazos urbanísticos como el del Guggenheim de Bilbao; en 2008 la época de los desahucios hipotecarios; y ahora una nueva crisis de vivienda, con precios por las nubes y más de tres desahucios al día.
Quien vea en esto algo pasajero es alguien que no quiere enfrentarse a la realidad: la sociedad capitalista basada en el sacrosanto mercado, es estructuralmente incapaz de satisfacer algo tan básico como la vivienda. Y esto nos algo exclusivo del Estado español, sino que afecta a todos los países europeos, como hemos podido observar en las protestas de las últimas semanas.
La Europa del progreso es un eslogan que esconde la precarización del mercado laboral, el desmantelamiento del Estado de bienestar y la transferencia de riqueza a las capas más altas.
Esa Europa del progreso, los derechos y el bienestar general no es más que un eslogan que esconde una ofensiva de clase: la precarización del mercado laboral, el desmantelamiento del Estado de bienestar y la transferencia de riqueza a las capas más altas.
Y ahora todos los políticos se llevan las manos a la cabeza, señalan la responsabilidad ajena y esconden la propia. Todo el mundo parece estar en contra del negocio de la vivienda, pero si empezamos a profundizar y observamos lo que han hecho, o han dejado de hacer más bien, nos daremos cuenta de que todos han tenido algún tipo de responsabilidad en la actual crisis.
Me gustaría destacar el papel del PSOE y del PNV, ya que el primero es, junto al PP, el principal artífice de las políticas de vivienda desde el 78, además de gobernar actualmente en Nafarroa. El segundo, porque ha sido el principal partido de las administraciones vascas durante décadas.
Mientras el PSOE está intentando hacer de la vivienda su bandera de campaña con decretos rentistas y un adelanto electoral, el PNV, como buen partido del negocio constructor y rentista, prefiere desviar el foco hacia temas como la seguridad o la inmigración para intentar paliar su descenso electoral.
Mientras el PSOE hace gala de lo bien que va la economía, la clase trabajadora percibe el deterioro de las condiciones de vida, mientras la vivienda ha funcionado como catalizador de todo este descontento
El Partido “Socialista” destaca por haber favorecido el negocio de la vivienda de las siguientes maneras. Entre las medidas señaladas se encuentran la utilización de fondos públicos para favorecer a promotoras y constructoras mediante la financiación de nuevas viviendas, así como la aprobación de incentivos fiscales destinados a aumentar la rentabilidad de las actividades rentistas. También se destaca el impulso y la negociación de reformas de la Ley del Suelo orientadas a facilitar la actividad de las empresas constructoras.
Desde una perspectiva de más largo recorrido, se suma la modificación del artículo 135 de la Constitución en 2011, que estableció la prioridad del pago de la deuda pública sobre cualquier otro gasto del Estado. Finalmente, se menciona el rescate del sector financiero mediante la inyección de más de 55.000 millones de euros de dinero público y la posterior venta de las viviendas gestionadas por la SAREB.
El PNV por su parte mantiene una línea parecida. Entre las medidas propuestas se encuentra la utilización de 2.000 millones de euros de fondos públicos a través de un Fondo Social de Vivienda, con el objetivo de aumentar la rentabilidad de la construcción de vivienda protegida. Asimismo, se plantea la reducción del porcentaje obligatorio de viviendas de protección oficial (VPO), la agilización de los trámites urbanísticos para favorecer la actividad de las empresas constructoras y la aplicación de bonificaciones fiscales destinadas a los propietarios que obtienen ingresos del alquiler de viviendas.
Los vínculos tanto legales como ilegales del PSOE y el PNV con el negocio inmobiliario son indiscutibles
A esto le podemos sumar la interminable lista de puertas giratorias hacia grandes constructoras, promotoras, entidades financieras y consultorías, como Amenabar, Sukia, Altuna y Uria, Lurgoien, Moyua o Urazca en el caso del PNV o hacia el Banco Santander o Caixa Catalunya en el caso del PSOE. Esto todo sin hablar de los casos de corrupción de uno y otro partido. Los vínculos tanto legales como ilegales entre estos partidos y el negocio inmobiliario son indiscutibles
Lo que hemos visto estas semanas es la manifestación de algo que lleva muchos años gestándose. Mientras el PSOE hace gala de lo bien que va la economía, la gran mayoría de la clase trabajadora percibe en sus propias carnes el deterioro de las condiciones de vida. La vivienda ha funcionado como catalizador de todo este descontento.
Y ahora, vista la oportunidad, el PSOE junto a sus fieles súbditos sindicales, CCOO y UGT, han puesto toda su maquinaria en marcha para salvar los muebles y capitalizar electoralmente el creciente enfado social.
En Euskal Herria, hemos demostrado que un sindicalismo de vivienda con un discurso y una propuesta radical puede movilizar a miles de personas como vimos en las capitales de Hego Euskal Herria hace unas semanas
Esta maniobra vuelve a poner sobre la mesa una de las principales necesidades de cualquier movimiento revolucionario: la independencia política respecto a los partidos cuyo objetivo es conseguir votos para así gestionar las administraciones del Estado. En Euskal Herria, hemos demostrado que un sindicalismo de vivienda con un discurso y una propuesta radical puede movilizar a miles de personas como vimos en las principales ciudades de Euskal Herria hace unas semanas.
Hay que poner en valor la importancia de contar con sindicatos independientes que luchen en cada pueblo y barrio, sin importar quién gobierne. En el caso concreto de esta huelga, esto es sumamente importante, ya que corremos el peligro de que se convierta en una palanca electoral para Pedro Sánchez u otros partidos.
Desde el Sindicato Socialista de Vivienda de Euskal Herria nos comprometemos a luchar para que esto no acabe así.
Otro elemento importante en esta huelga será la política de acuerdos entre diferentes organizaciones, donde debe primar la unidad en base a un contenido y no la mera unión de siglas. Un contenido basado en unas propuestas que atajen el problema de raíz y señalen a todos los responsables.
Desde el Sindicato Socialista de Vivienda junto a la Red de Sindicatos de Vivienda de Euskal Herria hemos puesto sobre la mesa tres ejes de transformación: expropiación de los especuladores, prohibición de la especulación y la planificación de la vivienda en base a las necesidades de la clase obrera. Todo ello con el objetivo de que la vivienda no sea un bien de mercado y pueda convertirse en un derecho garantizado para todas y todos, sea cual sea nuestra situación económica y laboral.
Esta huelga debe servir para aumentar la concienciación de la clase trabajadora, para evidenciar las evidentes limitaciones del sistema capitalista y señalar a los responsables de esta situación. Es momento de fortalecer la organización y extender la voluntad de lucha en cada pueblo, barrio y empresa.
Debemos seguir dando pasos en esta dirección, ya que pase lo que pase el 29N, la ofensiva contra nuestra clase continuará. Y la única garantía para hacer frente a todo ello es la articulación de un gran movimiento obrero.
Derecho a la vivienda
Ahora toca organizar una huelga general unitaria por la vivienda
Derecho a la vivienda
El Sindicato de Vivienda de Euskal Herria propone la “expropiación de pisos turísticos”
Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!