Memoria histórica
CGT-A solicita que el campo de concentración de Los Remedios sea un ‘Lugar de la Memoria’

El grupo Recuperando la Memoria de la Historia Social de Andalucía (RMHSA-CGT.A) pide que el emplazamiento del que fue un campo de concentración franquista en este barrio de Sevilla se reconozca como Lugar de la Memoria Histórica de Andalucía.

Represión. Constantina 1936
Mujeres suplicando por la vida de sus familiares presos en Constantina, Sevilla, durante el verano de 1936. Fuente: Wikipedia.
15 may 2020 06:00

Los lugares de la memoria son los que evocan un significado especial en el recuerdo por estar cargados de resonancia en el presente. Son los lugares en los que, según John Banville, el pasado late dentro como un segundo corazón. Los campos de concentración franquistas, pese a su cercanía, son una de las partes más opacas y olvidadas de nuestra historia reciente. Sobre ellos, como ocurre con otras cuestiones de memoria histórica, ha caído un predominante silencio que, desde hace alrededor de veinte años, se está intentando romper. Como parte de su labor de visibilización de la represión franquista, el pasado 11 de abril, el grupo Recuperando la Memoria de la Historia Social de Andalucía (RMHSA-CGT.A) presentó una solicitud a la Consejería de Cultura para que el campo sevillano Los Remedios sea denominado como Lugar de Memoria Histórica de Andalucía.

Las investigaciones sobre el campo de concentración Los Remedios comienzan junto al desarrollo del movimiento memorialista

A partir del año 2000 hay una proliferación de organizaciones y activismo ciudadano dedicados a la recuperación de la memoria histórica, con el objetivo principal de exhumar las fosas comunes, pero también otros como el reconocimiento oficial de los crímenes contra la humanidad, la creación de un archivo histórico sobre la represión franquista o la reparación pública de las personas represaliadas por la dictadura. Es en este momento cuando se empieza a investigar la historia del campo de concentración “Los Remedios”, llamado así por haberse situado en los límites entre el barrio actual de ese nombre en Sevilla, y Triana. Su ubicación exacta es compleja debido a la intensa urbanización que experimentó esa parte de la ciudad en años posteriores al cierre del campo. El historiador especializado en memoria José María García Márquez lo sitúa en la que hoy es la calle Virgen de Fátima, mientras que la Doctora en Historia María Victoria Fernández Luceño calcula que el campo se encontró entre los terrenos del barrio de Los Remedios y el Charco de la Pava, señalando que “debió ser construido tan rudimentariamente que no quedó el más mínimo resquicio de su emplazamiento”.

En unas declaraciones recientes recogidas por María Serrano en Público, el historiador José Luis Gutiérrez deduce que el campo de Los Remedios pudo abrirse a lo largo de 1937 y estar en funcionamiento hasta el primer trimestre de 1939. Por allí pasaron, al menos, quinientos presos, de acuerdo con el coordinador de RMHSA-CGT.A, Cecilio Gordillo, “militantes políticos y sindicales, presos gubernativos, mendigos y personas que vivían, por diversos motivos, en la marginalidad social, pero también algún que otro representante de la burguesía sevillana, como Antonio Rodríguez de la Borbolla Serrano, catedrático de la Universidad de Sevilla, y del mundo del cante, como Enrique Guillén Cascajosa (el Bizco Amate) y José Loreto Reyes (el Feongo), bailaor de flamenco de Jerez de la Frontera.” Hubo, además, traslados de presos entre el campo de Los Remedios y otros centros penitenciarios, como la antigua prisión de La Ranilla y “Las Arenas”, en La Algaba, cuyos archivos han sido analizados por Fernández Luceño.

Parece claro que las condiciones de vida en los campos de concentración eran penosas (en Las Arenas, por ejemplo, más del 50% de los reclusos, 144 personas, fallecieron de inanición). Sin embargo, hasta el momento no se conoce información sobre el índice de mortalidad o ejecuciones en Los Remedios. Según Gordillo, “en muchos casos los presos enfermos o para su ejecución eran trasladados a la prisión provincial para que murieran allí o fueran llevados a paredón”, con lo que se conseguía que el resto de instalaciones no quedaran “marcadas”.

Los campos de concentración fueron uno de los métodos de represión empleados por el franquismo

La represión franquista en Sevilla, comandada por Gonzalo Queipo de Llano, tuvo un carácter sistemático y masivo. Todas las personas sospechosas de disidencia a la dictadura fueron perseguidas desde el inicio del golpe de estado, como demuestran los 1.103 asesinados en menos de un mes que yacen en la fosa común de Pico Reja (en el cementerio de San Fernando) o el hacinamiento de 1.438 presos en la prisión de La Ranilla —con capacidad para 350 personas— ya al quinto día tras la sublevación militar.

Memoria histórica
Comienzan los trabajos de exhumación en la fosa común de Pico Reja en Sevilla

Familiares de las víctimas, activistas por la memoria y representantes institucionales se dan cita en el acto simbólico que da inicio a los trabajos de exhumación en el cementerio sevillano de San Fernando.

Debido a la carencia de espacio para la población reclusa, los dirigentes franquistas idearon primero una serie de prisiones improvisadas utilizando instalaciones ya existentes, como las cocheras de Jáuregui, los sótanos de Capitanía de la Plaza de España, el cine Lumbreras, el club Variedades o el buque Carvoeiro. Poco después pasarían a la creación de campos de concentración, que se pueden dividir en tres tipos: de “Clasificación” (como el de Sanlúcar la Mayor o la azucarera de La Rinconada), de trabajos forzados (El Colector en Heliópolis, Los Merinales, La Corchuela y El Arenoso en Dos Hermanas, los cortijos Caballero en Guillena y Casavacas en La Rinconada o Torre del Águila en El Palmar de Troya) y “Gubernativos”, como es el caso de Los Remedios y de Las Arenas.

En muchos de estos casos es difícil el acceso a la documentación técnica por la diversidad de actores involucrados (titulares de la propiedad del suelo, dependencias militares y/o penitenciarias, municipales,...), lo que imposibilita que conozcamos detalles sobre las instalaciones de los campos. “En veinte años de trabajo solo hemos podido localizar un expediente con toda la documentación técnica, concretamente el que monta el ayuntamiento hispalense en Heliópolis para llevar a cabo una obra municipal [el Colector]”, señala Gordillo.

La Junta de Andalucía reconoce ocho Lugares de la Memoria Histórica en la provincia de Sevilla

Hasta el momento, la Junta de Andalucía ha otorgado la denominación de “Lugar de la Memoria Histórica de Andalucía” a ocho emplazamientos en la provincia de Sevilla: la Antigua Comisaría de Investigación y Vigilancia de Sevilla, la casa y el lugar de fusilamiento de Blas Infante, la Antigua Cárcel de Ranilla de Sevilla, la Pañoleta, el Canal de los Presos, la fosa común del cementerio de la Puebla de Cazalla y el Aguaucho (Parque Luchadores por la Libertad). RMHSA-CGT.A ha solicitado la denominación de todos los campos de concentración anteriormente mencionados, así como de otros en distintas provincias andaluzas, pero la única resolución favorable definitiva ha sido la del campo Isla Saltes en Huelva.

Memoria histórica
Andalucía, tierra de fosas (y de memoria)

El movimiento ciudadano atado a la memoria histórica es el soporte vital de un territorio a la vanguardia de las políticas pero donde “queda mucho trabajo”. La proximidad de las elecciones autonómicas revuelve el paño de los temas candentes dejando a la reparación memorialista en un discreto segundo plano.

La Junta de Andalucía se suscribe, desde 2011, al Decreto sobre Lugares de Memoria Histórica, desarrollado en 2017 en la Ley de Memoria Histórica y Democrática de Andalucía, para cuya implementación se aprobó el I Plan Andaluz de Memoria Democrática 2018-2020. Entre sus objetivos se encuentra “facilitar el conocimiento de los hechos y circunstancias acaecidas en ese periodo, asegurando la preservación de los documentos y favoreciendo la investigación y divulgación para su estudio y conocimiento científico”, sobre lo que Gordillo declara que “han sido muy escasas las iniciativas de la Junta en materia de conocimiento y divulgación más allá de algún cuaderno puntual, la grabación de ‘pequeñas’ entrevistas a represaliados y familiares y el apoyo financiero a través de subvenciones de trabajos de investigación (ediciones cortas, sin distribución comercial garantizada, ni envío de ejemplares a bibliotecas públicas)”.

En Andalucía hubo, al menos, 53 campos de concentración franquistas. La investigación, señalización y difusión de estos lugares sigue siendo una tarea pendiente de la memoria social andaluza; necesaria para evitar que esta parte de nuestra historia caiga en el olvido.

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