Honduras
Víctor Fernández: “No tenemos otro país. Lo que le queda a Honduras es nuestro trabajo, nuestro compromiso"

Martín Fernández y Víctor Fernández son activistas del Movimiento Amplio por la Dignidad y la Justicia de Honduras. Ambos actuaron como abogados de la COPINH en el primer juicio por el asesinato de Berta Cáceres.

Abogados COPINH 1
Víctor Fernández y Martín Fernández, activistas del Movimiento Amplio por la Dignidad y la Justicia de Honduras, en su paso por Madrid en abril de 2019.. David F. Sabadell

publicado
2019-07-03 07:00

El pasado 28 de junio se cumplían diez años del golpe de Estado en Honduras que supuso la destitución del entonces presidente Manuel Zelaya, seguida de meses de resistencia y represión. Desde entonces el pueblo de Honduras vive en una crisis social continua mientras los movimientos sociales luchan por conseguir un cambio en la situación política. Este pasado mayo se levantó una nueva oposición contra los planes de privatización total de la educación y la salud acordados por el Fondo Monetario Internacional y el gobierno de Juan Orlando Hernández reelecto de manera anticonstitucional —la constitución en Honduras prohíbe la reelección presidencial—, en noviembre del 2017.

Durante los últimas semanas se han intensificado tomas de carretera, movilizaciones, acciones colectivas, resistencias pacíficas de diversos sectores de la sociedad hondureña en varias partes del país y que se han encontrado la respuesta represiva por parte del Estado pues el mandatario ha ordenado el despliegue de fuerzas armadas. A finales de junio las movilizaciones se saldaron con muertos y heridos.

Honduras
Desde Tegucigalpa, a diez años del golpe de Estado

Diez años en resistencia en Honduras deben ser el espejo de lo que los pueblos pueden sobrevivir volviéndose a pensar. Acá todavía bailamos el fin de semana, comemos frijoles, sembramos maíz y verduras, hacemos foros, hacemos el amor, sembramos los muertos, gritamos asesinos en el entierro de quienes nos han matado. 

Por el mes de abril de este año los abogados Martín Fernández y Víctor Fernández recorrieron diversas ciudades europeos y recogieron el XVI Premio Solidaridad que otorga el Estado alemán de Bremen como reconocimiento al trabajo que viene haciendo la organización Frente Amplio por la Dignidad y la Justicia (MADJ) a la que ambos pertenecen. Su lucha consiste en seguir profundizando en los espacios de participación de la sociedad hondureña para el fortalecimiento de la democracia.

El Salto conversó con ellos a propósito del reconocimiento a su trabajo pero sobre todo para ponernos al día respecto al clima adverso que viven los movimientos sociales, y en general la ciudadanía hondureña, durante los días más convulsos de la presidencia de Juan Orlando Hernández. Martín y Víctor Fernández, coordinador ejecutivo y coordinador político del MADJ, son abogados y trabajaron junto con el COPINH en el primero de los juicios que intentan esclarecer la autoría intelectual del asesinato de la lideresa Berta Cáceres. Sobre lo que ha significado el fallo de este juicio, también nos han contado.

¿Qué ha significado este viaje a Europa tomando en cuenta la delicada situación que vive vuestro país?
Martín Fernández: Primordialmente hemos venido a recoger el premio lo que permitió se abrieran espacios de encuentro para dar a conocer la situación de Honduras, además de la creación de enlaces. Hay que destacar que el premio tiene un carácter político por toda la implicación que tiene la defensa de DDHH y del medio ambiente que ha venido manejando esta organización, el Movimiento Amplio por la Dignidad y Justicia, de la cual somos co-fundadores, y a raíz de la problemática que enfrenta el país para los defensores y defensoras. Hoy por hoy somos el país, después de Brasil, donde es más peligroso ejercer este tipo de funciones. Hemos logrado enlazar todo este proceso de lucha, pero el premio no es para Víctor o para mí, sino para una organización que colectivamente viene forjando un proceso de resistencia y de ejercicio de soberanía territorial. El premio ha venido en buena hora porque Honduras es un país en donde se invisibiliza toda la labor que se hace desde distintos espacios, no solo desde el Movimiento Amplio.

Hoy por hoy somos el país, después de Brasil, donde es más peligroso defender los derechos humanos.

Hemos tenido la oportunidad de compartir toda la experiencia de Honduras, tanto de manera específica, en los casos que trabajamos como organización, como otras experiencias que hacemos con otras organizaciones.A Parte de Bremen hemos podido estar en Berlín, Valencia e Irlanda. Víctor estuvo en Ginebra porque hace poco hubo el crimen de dos compañeros de un pueblo indígena llamado los Tolupanes, y se concertaron algunas citas con los relatores de DDHH y de Pueblos Originarios. Igualmente hemos aprovechado para denunciar todas las atrocidades y el montaje de este proceso de narcodictadura —como nosotros lo llamamos— por parte de la estructura criminal que dirige el país, aplaudida por EEUU y todos los gobiernos de Europa.

Cuando hablan de Movimiento Amplio, ¿de qué organizaciones hablamos? ¿Quiénes lo forman?
V.F.: El Movimiento amplio nació siendo un espacio que aglutina otras organizaciones. Al principio, cuando nacimos en el 2008 lo formaban organizaciones más renombradas, pero luego se incorporó la participación de organizaciones más a nivel de base, juntas de agua, de patronatos, de consejos comunales. La estructura del movimiento es a través de núcleos de base comunitaria, es decir, comunidad rural y comunidad urbana, y dentro de esa estructura también participan espacios que ya existían.

¿Cuál es la situación actual de Honduras y cómo la enfrenta el Movimiento Amplio?
V.F.:Honduras viene de once años de lucha sostenida e intensa. Nosotros situamos el inicio en el año 2008 porque fue cuando se produjo la huelga de los fiscales que duró 38 días, y que significó la siembra de un movimiento cultural y ciudadano que enfrenta una estructura del poder que se sostiene sobre la base de la corrupción pública. Ese es un escenario muy importante. Luego el 2009 que se produjo el golpe de estado que va elevando el nivel de participación y de articulación de los distintos espacios. después un evento sobresaliente en el país es el que se produce en 2015, nuevamente el movimiento de lucha ciudadana contra la corrupción, hasta el último acontecimiento clave que es la lucha popular contra el fraude electoral del 2017.

Honduras se viene moviendo a nivel de distintos espacios e iniciativas ciudadanas populares, otras menos populares, pero digamos que conforman un movimiento de oposición a las nuevas manifestaciones de una dictadura. Es un golpe de estado que sigue desarrollándose en su vertiente económica, en la distribución así descarada de la riqueza del país y allí entonces está la disputa. Esa es la Honduras que tenemos: entre una tendencia oficialista conservadora vinculada a las prácticas oficialistas de corrupción, digamos, de entender que es el Estado el espacio a sangrar, a saquear, y luego la combinación de esta práctica histórica de corrupción pública con estas otras prácticas más propias del crimen organizado y violento.

Honduras
El fraude electoral en Honduras como continuación del golpe de Estado
La tibieza de la ‘comunidad internacional’ desde el golpe de 2009 y los intereses económicos multinacionales marcan el giro electoral y la nueva crisis política en Honduras.

Así, más que el gobierno de Honduras de los últimos once años, es la estructura de poder que es manifestación de distintas expresiones del país, incluso de políticas partidarias y económicas, la que configura ese escenario. Una estructura de poder con respaldo internacional que se sostiene sobre la base de la militarización de la sociedad, de la corrupción y del contrapeso que hace el movimiento popular hondureño. El movimiento, con sus distintas vertientes, una más de base, que es en la que nosotros participamos, la organización comunitaria —superando este letargo o estancamiento que tiene el movimiento obrero histórico, que está desaparecido del escenario— junto a los otros espacios del movimiento de DDHH, hacemos el contrapeso. Se suma una oposición política partidaria que quizá no es tan clara, pero la gente del sector popular anda en esa búsqueda: entre la lucha popular social propia y su convergencia con las otras tendencias políticas electorales que pueden ser más o menos afines a este espacio.

Honduras entonces, en ese escenario, se disputa con un gobierno corrupto, narcotraficante, con muchos de sus liderazgos extraditados a EEUU. Estamos viviendo la fase post fraude electoral con mucha impunidad, muertes violentas y criminalización de los movimientos. Somos eso pero también hay una ciudadanía, y esto lo reivindicamos nosotros, en movimiento. De eso es parte el Movimiento Amplio por la Dignidad y la Justicia.

Eso es Honduras hoy más toda la presión que está viviendo actualmente la región en su conjunto. EEUU presionando a través de la frontera sur de México para ejercer políticas extractivistas de las que también participan empresas y gobiernos europeos. ¿Esto hace que el contexto sea más adverso para organizarse?
V.F.: Sí, además porque lo que te presenta el modelo son salidas fáciles, las inmediatas, las de supervivencia. EEUU lleva esta crisis, sostiene estos gobiernos, eso produce la expulsión de la gente, por eso las caravanas de migrantes... decir que luego pretenden ser detenidas con un discurso racista y fundamentalista.

Ese es el escenario, pero habemos mucha gente que no tenemos como opción salir del país. Tenemos un arraigo y unas condiciones que nos obligan a quedarnos. Desde que desarrollamos un poco de conciencia pues no tenés más opción que asumir la defensa de tu territorio. Pensar que este momento adverso que vivimos en la historia del país lo debemos convertir en oportunidad. Una oportunidad que te dice no te regaló nada tu país, no te regaló nada el mundo, no te regaló nada la vida entonces lo que te regala es una oportunidad de construir. En eso estamos. Esa es la inspiración nuestra, esa es la perspectiva de la dignidad que nosotros desarrollamos. Es decir, donde te la niegan entonces tenés que sacarla, a la vez de configurar un entorno que trascienda la dignidad individual para para encontrar este enfoque de dignidad colectiva, que es el que procuramos en un espacio como el nuestro, diverso. Habemos desde profesionales, campesinos, indígenas... una configuración de lo que es el país.

Entonces digamos, sí, el panorama es adverso, es la militarización, es la violencia en sus distintas manifestaciones, entre ellas la violencia estructural —esa que lleva el sistema, que te empobrece, que te deja un reparto a 200 años de independencia de cerca del 70% de gente empobrecida en un país como el nuestro con toda la riqueza que tiene—. Nosotros impulsamos entonces esta idea de que lo más adverso te coloca en la necesidad de luchar, de construir para nosotros dignidad y justicia.

¿Y qué viene en los próximos meses en términos de sostener una resistencia activa?
M.F.: Para nosotros el escenario no ha cambiado, pero tampoco ha cambiado la expectativa que tenemos como país. Siempre hemos dicho, no tenemos otro país. Lo que le queda al país es nuestro trabajo, nuestro compromiso, nuestro aporte. La organización ha cumplido once años el 24 de mayo pasado, y nosotros tenemos un proceso de evaluación de cada diez años para valorarnos si efectivamente el trabajo contribuye al proceso y a las necesidades del país. Hicimos una evaluación bastante crítica y autocrítica sobre nuestra gestión. En estos primero diez años nos fijamos metas importantes y obviamente el movimiento no ha podido extenderse como quisiéramos, pero los ejercicios que hemos venido haciendo en los territorios son muy importantes. Nos hemos constituido en un movimiento de base territorial, después del saqueo de todas las instituciones, seguimos apostando a un proceso que se ha forjado en el proceso de resistencia.

Hoy por hoy podemos decir que todo el proyecto de concesiones hondureño sufre las consecuencias de un trabajo que se has venido haciendo de manera organizada, pero que también nos estamos enfrentando a un monstruo. Y nos ha tocado venir resistiendo un montón de procesos concesionarios que hemos logrado frenar, que no le ha salido fácil el trabajo al modelo. Entonces, entramos de una etapa que iniciamos con el eslogan “hambre de justicia y sed de dignidad”. En los siguientes diez años que tenemos para seguir trabajando, decimos que como hemos estado trabajando en un proceso de resistencia nos ha permitido bloquear el desarrollo de las iniciativas tanto mineras como hidroeléctricas, y que de alguna manera hemos podido desnudar la forma con la que se ha venido saqueando el país. Hemos entrado a una etapa en la que creemos fundamental la reivindicación de esos procesos. Aparte de eso, necesitamos crear un proceso de soberanía territorial. Por eso hemos venido construyendo estos procesos tras los cuales el modelo extractivo no va a poder seguir siendo igual. Entonces, es un trabajo permanente de todos los días, pero es un trabajo que tiene sentido.

Y claro, como dinámica fundamental, la organización ha definido en sus procesos de asambleas, que son la voz de la población que está involucrada, la voz de nuestra organización como autoridad máxima, de profundizar los procesos de organización y de formación, y aumentar los niveles de difusión y de conexión con otros procesos tan necesarios, no solamente en Honduras si no también fuera. Venimos participando de varios procesos como el de los afectados por represas, que nació en 2016, que involucra a 14 países de Latinoamérica. Y que procura un proceso no solamente de resistencia a todo este modelo, si no de construir una alternativa a toda estas iniciativas perversas del capital.

Todo esto nos permite desarrollar capacidades. Seguramente todos estos proceso de articulación van a ser tan importantes para poder hacer ese intercambio necesario que necesitamos de experiencias, que en muchas ocasiones se quedan ocultas. Venimos haciendo toda esa conexión de luchas en todos los territorios. Tenemos claro que hay un proceso que necesita la participación permanente. Así como el modelo quiere dominarnos, así nosotros tenemos que tener nuestras propias rebeldías.

Tenemos claro que hay un proceso que necesita la participación permanente. Así como el modelo quiere dominarnos, así nosotros tenemos que tener nuestras propias rebeldía

V.F.: En un enfoque tal vez mas macro, más tradicional de la vida política de Honduras, la gente se pregunta eso... luego del fraude electoral que fue avalado por la comunidad internacional, ¿Juan Orlando va a terminar o no su periodo presidencial? Es una pregunta permanente justo cuando la coyuntura coloca temas que cualquier sociedad no toleraría. Es decir, es un presidente insistentemente vinculado a la corrupción pública, sus campañas fueron financiadas con el dinero de los principales casos de corrupción del país, su familia, su estructura partidaria aparece vinculada directamente a los actos más escandalosos de corrupción, y finalmente, su partido y familia aparecen estrechamente vinculadas al narcotráfico. Su hermano Juan Antonio Hernández, es decir no es nadie distante, está siendo juzgado ahora en Nueva York. Está probado que están vinculados al narcotráfico a gran escala, no en Honduras si no en toda Centroamérica. Y finalmente hay información sobre el capital que acumuló su hermano: como manera de lavarlo, lo pasó al presidente y su esposa.

Cualquier sociedad pensaría que ese es un gobierno que tiene tanta ilegitimidad que al mismo sistema le favorece limpiarse un poco de este tipo de sujetos. Pero nuevamente, el actor decisivo aquí hasta ahora, los sectores políticos partidarios junto a los representantes de la embajada y del gobierno de los EEUU parecen ser los que marcan la línea decisoria de hacia dónde va Honduras. Es decir un gobierno como este puede aguantar hasta en tanto le favorezca o no los intereses de EEUU. Les interesa extraditar a los narcos que no le sirven, cuando ya los gastó. La pregunta es: al régimen de EEUU ¿hasta cuándo le va a ser útil Juan Orlando? ¿cuánto le beneficia o le perjudica que sea el próximo extraditado? O que la Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (Maccih), que es este espacio creado por la OEA en el marco de los reclamos de la gente, de nosotros mismos, ¿cuándo lo va a acusar? ¿cuándo le va a imputar los casos de corrupción de los cuales es responsable?. Eso está en un ámbito de los cálculos políticos de los actores hoy día decisivos. Ese es el tema.

A la par está lo que plantea Martín, los esfuerzos de bases populares en sentido de proceso más que de coyuntura. Ojalá nuestros procesos, en la próxima coyuntura del país, estuviéramos al nivel, a la altura, con la fuerza suficientes para que no seamos espectadores de los que han decidido siempre actores como los político-electorales, como una comunidad internacional, o un imperio norteamericano, que siempre las crisis las convierte en un elemento de fortalecimiento de ese modelo oprobioso que nosotros vivimos. Ese es el desafío.

Berta Cáceres
“En Honduras hay una dictadura caradura”
Activistas de la Plataforma por Honduras se están movilizando para denunciar las limitaciones del juicio por el asesinato de Berta Cáceres.

Hoy vale la pena más que en otras ocasiones pensarse eso: la Honduras sin Juan Orlando y su estructura. Esa va a ser una Honduras nuestra, o, una Honduras más proclive al imperio norteamericano. Esa es la disputa. Aquí entonces nosotros nos movemos en perspectiva de ser más protagonistas en un escenario como ese, y aquí los grandes desafíos históricos de los movimientos populares: la unidad, el planteamiento alternativo claro. El sentido de mayor enfoque de base, popular, que quiebre el sistema. De lo contrario, entramos en esta lógica del avivamiento o la regeneración del sistema.

Ahí estamos, puedan ser que pasen estas cosas, pueda ser que estemos en la antesala de una nueva coyuntura —sería la quinta, sexta coyuntura de los diez, doce últimos años en la historia de nuestro país— pero estamos siendo protagonistas. Esto se mueve no solo por la conveniencia de los actores externos, se mueve por que hay un reclamo popular que de alguna manera lo están deteniendo y siempre te están dando una respuesta para detenerte. Nosotros esperamos que la manera de detenerlos, que la ha tenido en los últimos tiempos, se rompa. Y que desandemos este camino, de eso se trata. Nuestra historia es muy circular, un momentito nos salimos de la rueda y podemos cambiar eso. Esa es nuestra esperanza.

M.F.: Yo creo que lo que está planteando Víctor podría ser a nivel interno, pero para nosotros, tenemos como tarea fundamental convertir en oportunidad cada espacio. Y hoy por hoy, seríamos muy miopes de no conocer la situación que está viviendo Honduras y que está viviendo mucha gente fuera de Honduras. Estoy hablando en términos de la ciudadanía de los hondureños que ahora les ha tocado salir expulsados. De hecho agradecemos todo este trabajo que estamos haciendo acá, nos solo a los hondureños sino a mucha gente que ahora está participando de procesos en solidaridad con Honduras. Porque el proceso hondureño tenemos que articularlo desde distintos espacios, no importa el lugar en el que estén nuestros compatriotas, pero desde ahí tenemos que crear estos proceso necesarios de denuncia, resistencia y participación sobre la realidad del país. Conectando luchas, y estas luchas se van ampliando. Vamos coincidiendo y entendiendo mejor la necesidad no solo de un país sino de un planeta.

El juicio sobre el asesinato a Berta Cáceres se esperaba como un episodio en el que al menos el poder judicial hondureño iba a responder a la ciudadanía con una verdad incuestionable. ¿Se ha perdido una oportunidad?
V.F.: Una interpretación justa de ese fallo necesariamente lo tenemos que entender como el producto de la lucha popular. Si ustedes recuerdan, el 3 de marzo de 2016, la primera declaración oficial del ministro de Seguridad de Honduras en relación al asesinato de Berta Cáceres es que ese crimen tenía como móvil un conflicto pasional o un conflicto interno del COPINH. Esa es la verdad oficial que quisieron vender siempre. Luego de eso viene todo lo que ha pasado, y eso es producto de la disputa que ha hecho una organización como el COPINH, nosotros como Movimiento Amplio nos hemos sumado a esa causa, porque como dice todo el mundo, Berta somos nosotros.

Es muy importante que se sitúe ese primer fallo, que se corresponde a la verdad material de lo que pasó el 2 de marzo de 2016. Esas siete personas sí participaron en el crimen, pero esas personas que tienen vínculos con actores intermedios, y estos, con los actores intelectuales del crimen, jamás hubiésemos llegado a ellos. De hecho el primer capturado no era ninguno de estas personas. Por práctica histórica en Honduras, que tiene el 95% de impunidad en cuanto a las muertes violentas... si es por términos estadísticos este caso hubiera quedado en la impunidad y los responsables hubiesen sido el COPINH o alguien cercano a Berta Cáceres. Entonces, lo que decimos es: nos hemos evitado a pulso, a pura fuerza de articulación nacional e internacional, el que además de haber matado a Berta, mataran el esfuerzo político, porque ese es el guión histórico. Es decir, cuando se mata un dirigente, una dirigenta, vincularlo con un conflicto interno. Entonces, el golpe es humano directo y el golpe político.

Este primer fallo es eso. Como que le quitamos al lobo un pelo y luego vamos en los siguientes niveles. Viene el juicio contra Roberto David Castillo Mejía, que todavía no es un autor intelectual , él era un empleado de la empresa Desarrollos Energéticos S.A. (DESA), es un actor intermedio, y luego están los actores intelectuales de este crimen. Pero luego está la estructura que ejecuta este tipo de crímenes y que además es partícipe de los otros crímenes que vive, no solo Honduras, sino las distintas sociedades que ahora estamos expuestas al modelo extractivo, que es la moderna expresión de este neocolonialismo que vivimos.

Nos hemos evitado a pulso, a pura fuerza de articulación nacional e internacional, el que además de haber matado a Berta, mataran el esfuerzo político

Entonces, vamos por las empresas, las que tienen que rendir cuentas, por lo menos tienen que ser expuestas frente a toda la normalizada criminalidad con la que han venido actuando. Pero atrás de ellos está también el sistema financiero, que puede ser que sean los mismos. Pero no son aolo los del sistema privado, está la banca multilateral, es decir el Banco Mundial metiendo la plata de los países, de los pueblos, a este nuevo despojo bajo la lógica del supuesto desarrollo. Son los banco regionales como el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) que estuvo muy de cerca con esto. De eso se trata y lo vamos a conseguir no porque al gobierno o a equis estructura de poder se le ocurra, no, eso se le disputa, se le pelea.

Hay que entenderlo en esa lógica, y sacar las claves de ese avance cualitativo que se tiene en algunos casos para que tenga carácter emblemático, para que alumbre los otros procesos. Nosotros como organización tenemos un montón de procesos de liderazgos asesinados y hemos aprendido mucho de esto, que al sistema, al régimen se le disputa en sus distintos espacios. En la policía, vas y se los disputás, en el ministerio público vas y se lo disputás, en los tribunales, en los medios, en la comunidad internacional, en los sistemas de derechos humanos internacionales en los que también tienen poder. Aquí nosotros recogemos la ruta que deben seguir los movimientos verdaderamente alternativos que quieren quebrar el sistema. Este es el aporte de Bertita, enseñarnos todo el engranaje del sistema que hay que enfrentar desde su asesinato. En eso estamos varias organizaciones que trabajamos su caso y eso nos sirve para todo lo demás que estamos haciendo.

Volviendo al premio que os han otorgado en Bremen...
V.F.: El premio tiene que ver sí con un gesto de solidaridad política con dos temas, uno, la defensa de los derechos humanos y otra —que lo dice específicamente— el reconocimiento que tiene que ver con la lucha que ha hecho la organización contra la corrupción pública. Y queremos destacar qué significa eso para nosotros.

Primero, que es importante que sea una instancia oficial. Es un estado, de los dieciséis que integran la Federación alemana, que tiene una posición pública sobre esto, que reconoce que hay organizaciones, en este caso la nuestra, que luchan contra la corrupción pública y los derechos humanos, en un contexto adverso. También es importante para nosotros que lo diga Alemania porque tiene mucho peso en los proyectos “de desarrollo” para nuestros pueblos y eso coloca un contrapeso. Y todavía más importante fue que el Ayuntamiento de Bremen convocara a la embajada de Honduras al evento del premio. Entonces el mensaje es para el gobierno hondureño a la vez que para la comunidad internacional, esa que no se manifiesta en Honduras, esa que hace alianza con el régimen de Juan Orlando. Puede que Bremen sea el estado más pequeñito de Alemania pero para nosotros tiene un significado muy importante.

En términos más específicos, nosotros decimos que este tipo de reconocimientos ayudan a salvar procesos y ayudan a salvar vidas. Es cierto que hay una situación altísima de peligro en Honduras, no queremos vernos como víctimas de eso pero es cierto, uno puede ser noticia de un momento a otro. Puede ser que esta sea nuestra última visita de trabajo a Europa... esa es la realidad de Honduras. Tenemos normalizado el tema del riesgo pero a eso estás expuesto en una sociedad y un régimen como el hondureño. Entonces que aparezcan y lleguen estos mensajes de todos lados es muy importante, pero si llegan de actores oficiales, es decir de gobierno, eso tiene una importancia sobresaliente. Por eso para nosotros es fundamental hacer vínculos con la sociedad civil, con alianzas política acá en esta zona, además de con parlamentarios, gente de los ministerios de inversión, de economía y relaciones exteriores... para que sepan que algo se tiene que mover en un país como Honduras. Reivindicamos sin duda la importancia de este reconocimiento.

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M.F.: Hemos estado hablando de la necesidad que tenemos de evidenciar todo el proceso que vive Latinoamérica ahora, en especial nuestro país. Les decía a los irlandeses, por ejemplo, que no importan las ideologías en el sentido del tema de la corrupción, porque la corrupción es una práctica que se está dando en todos los Estados, y que como sea, debilita de manera absoluta las cosas básicas que necesita el ser humano. La práctica de la corrupción, desde cualquier estructura de gobierno, irrumpe y socava las posibilidades de que tengamos sociedades más justas. En la medida en que somos tolerantes con ese tipo de prácticas, podríamos incluso estar viviendo en un estado de bienestar pero ¿a costa de qué?.

Si hoy le estamos dando el poder máximo a las empresas para que puedan asesinar gente en otros territorios, seguramente estas empresas acá se van a volver más gigantes y cada vez más van a debilitar los sistemas propios de su país. Necesitamos mecanismos de control. Este es un llamado para ir reflexionando desde estas sociedades. Por otra parte, el poder trasladar estos proceso de lucha es para mandar el mensaje a las sociedades que están cómodas, para poder romper con su comodidad porque al final estamos a las puertas de un modelo que nos va a aplastar a todos, y que es capaz de acabar en el menor tiempo inclusive con la vida de cada uno de los que habitamos. Hay acabar con a especulación y la voracidad que tiene este modelo.

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