Granada
El ‘Orgullo Granada’ premia la educación en diversidad y estrena en su marcha una gran bandera bisexual
La IV Gala de Premios Orgullo Granada + Premios Arco Iris LGBTIQA+ 2026 reunió este miércoles, 24 de junio, en Maracena a entidades, artistas, colectivos y centros educativos de toda la provincia en una cita cultural y reivindicativa del colectivo LGBTIQA+. Durante el acto se entregaron reconocimientos a personas e iniciativas destacadas por su compromiso con la igualdad y los derechos humanos, entre ellas Amets Suess Schwend, Carla Antonelli y David Uclés. La gala, que incluyó por primera vez el Pregón del Orgullo Granada, a cargo de la directora de cine, guionista, escritora y psicóloga María Pasadas, combinó la entrega de premios con una programación artística inspirada en el cine y la cultura queer.
Los premios Arco Iris de este año han destacado el trabajo de los grupos y aulas de diversidad de distintos centros educativos granadinos como el IES Alba Longa de Armilla, el IES Severo Ochoa de Granada, el IES Miguel de Cervantes de Granada y el IES Montevives de Las Gabias, así como la labor de la Unidad de Igualdad y Diversidad de la Universidad de Granada.
Educación para prevenir la discriminación
Mamen Conde Puertas es docente y coordinadora de Igualdad del IES Miguel Cervantes de Granada, el único de la provincia con un ciclo superior de Promoción de Igualdad de Género que además cuenta con un Aula diversa. El IES se ha convertido en un referente en Granada en la formación de profesionales especializadas en igualdad; según explica Mamen, docente del programa, se trata del único ciclo público de estas características en la provincia y uno de los pocos existentes en Andalucía.
La formación nació en el curso 2023-2024 por iniciativa de la dirección del centro, que detectó la necesidad de preparar profesionales capaces de dar respuesta a las exigencias de las leyes de igualdad y a la creciente demanda de especialistas en género. Aunque reconoce que el mercado laboral todavía presenta dificultades, especialmente porque muchas administraciones y entidades continúan exigiendo titulaciones universitarias para puestos relacionados con igualdad, defiende que se trata de una formación con múltiples salidas profesionales.
Las personas tituladas pueden trabajar en asociaciones, administraciones públicas, centros municipales de información a la mujer, proyectos comunitarios o en el diseño y seguimiento de planes de igualdad, además de adquirir competencias en gestión de proyectos sociales, intervención socioeducativa y dinamización comunitaria. La docente destaca el perfil vocacional del alumnado, especialmente comprometido, participativo y sensibilizado con las cuestiones sociales; “la mayoría se sitúa entre los 18 y los 20 y poco; pero también tenemos alguna alumna más mayor que retoma sus estudios o gente que viene de bachillerato y quiere hacer el ciclo o quiere complementarlo con una carrera universitaria más tarde”.
Entre las materias que conforman el ciclo figuran asignaturas específicas sobre promoción de la igualdad de género, prevención de la violencia de género, intervención socioeducativa, información y comunicación con perspectiva de género y participación social de las mujeres, “no sólo a nivel político, también comunitario, con un repaso a la historia y empoderamiento de las mujeres, con lecturas de autoras como Silvia Federici” puntualiza Mamen. Además, la diversidad afectivo-sexual se aborda de forma transversal en distintos módulos, integrándola en la reflexión sobre género, derechos y ciudadanía, nos explica.
Uno de los aspectos que la docente más valora es la metodología práctica del ciclo. El alumnado no solo estudia los contenidos, sino que diseña campañas, materiales divulgativos y talleres que posteriormente desarrolla con otros estudiantes del centro. Esta forma de aprendizaje permite aplicar los conocimientos adquiridos y generar un impacto directo en la comunidad educativa.
Precisamente de esa voluntad de trasladar la igualdad y la diversidad a la vida cotidiana del instituto nació Aula Diversa, un proyecto reconocido recientemente por su labor educativa. La iniciativa surgió con el objetivo de crear un espacio seguro para alumnado interesado en cuestiones relacionadas con la diversidad afectivo-sexual, la igualdad y los derechos humanos.
El aula funciona como un punto de encuentro semanal durante los recreos. En ella participan estudiantes de distintas edades,— “los verdaderos protagonistas de este reconocimiento de la Federación Arcoiris”, puntualiza Mamen — que proponen actividades, organizan campañas de sensibilización, preparan talleres para sus compañeros y comparten inquietudes relacionadas con la diversidad. Según explica, el proyecto busca fomentar el pensamiento crítico, la convivencia y la participación activa del alumnado, “nos juntamos, hablamos y preguntamos y respondemos sobre cuestiones, dudas, como: ‘no tengo claro cuál es la diferencia entre bisexualidad y pansexualidad”.
Al analizar los retos actuales en materia de igualdad, Mamen señala una preocupación concreta: la necesidad de trabajar con los chicos adolescentes. Considera que muchas veces las acciones educativas se dirigen a quienes ya están sensibilizados, “predicar a conversos no sirve de nada”, opina, mientras que el verdadero desafío consiste en implicar a aquellos jóvenes que pueden mostrarse más resistentes a los discursos sobre igualdad y diversidad.
“La educación debe alejarse de planteamientos basados en la culpabilización y apostar por estrategias pedagógicas que favorezcan el diálogo y la reflexión”, Mamen Conde.
A su juicio, la educación debe alejarse de planteamientos basados en la culpabilización y apostar por estrategias pedagógicas que favorezcan el diálogo y la reflexión, “en el momento en el que tú llegas a un aula diciendo: esto que dices está mal o esto que haces está mal, no te van a hacer caso”, advierte, consciente de que muchos adolescentes conocen perfectamente el discurso socialmente aceptado sobre igualdad, pero no siempre han interiorizado esos valores en sus comportamientos cotidianos.
Por ello, defiende que la coeducación y el trabajo sobre nuevas masculinidades deben abordarse de forma transversal y continuada, más allá de actividades puntuales o charlas aisladas. Considera que la prevención de la violencia y la construcción de relaciones igualitarias requieren procesos educativos sostenidos en el tiempo. “Si hablamos de igualdad para todos, todas y todes, y excluimos a la mitad de la población, igual que el machismo nos excluye a nosotras, y desde el feminismo asumimos que la mitad de la población son el enemigo, no vamos a conseguir nada, sobre todo con menores”.
Aunque reconoce que existen situaciones de acoso y discriminación en todos los centros educativos, destaca la importancia de contar con espacios de prevención, acompañamiento y sensibilización. En este sentido, insiste en que proyectos como Aula Diversa “deberían extenderse a todos los institutos, acompañados de profesorado con formación específica y de una apuesta firme por la educación en igualdad”.
La bisexualidad: una de las orientaciones más invisibilizadas del colectivo LGBTIQA+
El psicólogo y sexólogo Víctor Paterna lleva años vinculado al movimiento LGBTIQA+ andaluz tanto desde el ámbito asociativo como profesional. Durante su etapa universitaria participó en grupos relacionados con la diversidad sexual y de género y, posteriormente, trabajó atendiendo a víctimas LGTBI en Andalucía. Actualmente desarrolla su labor como psicólogo especializado en atención a personas LGBTIQA+, un campo al que, asegura, siempre ha orientado su trayectoria profesional por sensibilidad personal y compromiso con el colectivo.
Con motivo de la visibilización de la bisexualidad, Paterna considera que todavía persisten numerosos prejuicios sobre esta orientación. Explica que una de las ideas erróneas más extendidas es entender la bisexualidad como una atracción dividida entre hombres y mujeres o como una cuestión de porcentajes, “suelen preguntar:¿Qué te gusta más? ¿Los chicos o las chicas? Y es que realmente se trata de otro modo de vivir la atracción”. Subraya que se trata de una orientación que puede implicar atracción hacia personas de distintos géneros y que no debe entenderse desde una lógica binaria. “Se suelen hacer símiles de es como que te da igual carne o pescado y ya está. Pero la realidad es que, por ejemplo, el colectivo bisexual no es binario, a pesar de que el nombre puede crear confusión”. Victor señala el prejuicio de una sociedad que sólo contempla hombres o mujeres y “nos quita de en medio a todas las personas no binarias, las personas que no encajan con las etiquetas de hombre o mujer”.
A su juicio, uno de los grandes problemas es la invisibilidad, “Mientras la bandera arcoíris es ampliamente reconocida por la sociedad, la bandera bisexual sigue siendo desconocida para gran parte de la población y refleja la realidad de muchas personas bisexuales, cuya orientación suele quedar oculta o cuestionada dependiendo de la relación que mantengan en cada momento”.
Paterna señala que las personas bisexuales se enfrentan con frecuencia a la llamada bifobia interiorizada y a prejuicios persistentes. Entre ellos, la creencia de que se trata de una fase temporal, una etapa de confusión o una orientación incompleta. “Encuentro ese prejuicio hacia las mujeres bisexuales como que están abiertas a tener relaciones con su pareja hombre, pero también con otra mujer por una fantasía, por la sexualización de las mujeres sáficas en general. Y en cambio, si tú eres un hombre bisexual y tienes relaciones con un hombre te atribuyen que eres un gay que todavía no ha aceptado su condición”. Es por este motivo por el que denuncia el desgaste que puede ocasionar en la comunidad bisexual la necesidad constante de explicar o reivindicar la propia orientación; obligadas a realizar una “salida del armario continua”, corrigiendo las etiquetas que otras personas les atribuyen en función de la pareja con la que se les vea.
Victor Paterna denuncia el desgaste que puede ocasionar en la comunidad bisexual la necesidad constante de explicar o reivindicar la propia orientación; obligadas a realizar una “salida del armario continua”.
Pese a estas dificultades, considera que la comunidad bisexual ha desarrollado importantes redes de apoyo mutuo. También valora positivamente que una mayor visibilidad permita a muchas personas cuestionarse aspectos de su propia identidad y encontrar referentes que antes no tenían. Respecto a la situación actual del colectivo LGTBI, el psicólogo observa una realidad contradictoria. Por un lado, aprecia una mayor apertura entre las generaciones más jóvenes y un aumento de personas que viven su orientación o identidad con naturalidad pero también advierte de un incremento de discursos reaccionarios y de políticas impulsadas por sectores de extrema derecha que cuestionan derechos ya conquistados. “Veo que hay avances pero también retroceso y creo que todavía queda mucho por hacer”.
También critica el “pinkwashing”, el uso de símbolos y discursos favorables al colectivo por parte de instituciones, empresas o actores políticos que posteriormente no respaldan esos gestos con medidas concretas. En su opinión, la defensa de los derechos LGTBI no puede limitarse a exhibir una bandera durante el mes del Orgullo.
“la prevención de la LGTBIfobia pasa por la educación y la creación de espacios seguros donde niños, niñas y adolescentes puedan desarrollarse sin miedo a ser discriminados por quienes son”, Victor Paterna.
Desde su experiencia clínica, asegura que una gran parte de las personas LGTBI que acuden a consulta han sufrido algún tipo de violencia relacionada con su orientación o identidad, “Pasamos por mucha violencia y necesitamos hablarlo para poder desahogarnos y sentirnos seguras, comprendidas”. Los ámbitos donde más frecuentemente aparecen estas experiencias son la familia, “si no ejercida por el núcleo duro de padre, madre, hermanos y demás; se manifiesta por parte de la familia un poco más lejana” y los centros educativos, aunque comenta que también siguen produciéndose agresiones y situaciones discriminatorias en espacios públicos.
Por ello, defiende la necesidad de reforzar los recursos educativos destinados a la diversidad. Considera fundamental que todos los centros cuenten con iniciativas similares a Aula Diversa, así como protocolos de actuación y profesorado sensibilizado. Según explica, la infancia y la adolescencia son etapas en las que las diferencias suelen ser señaladas con dureza cuando no existe una educación adecuada en diversidad y respeto; por eso, “la prevención de la LGTBIfobia pasa necesariamente por la educación y la creación de espacios seguros donde niños, niñas y adolescentes puedan desarrollarse sin miedo a ser discriminados por quienes son”.
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