Galicia
Los enredos del Frente Amplio y Podemos acercan al BNG a su mejor resultado en tres décadas
Galicia no está ni en la puja de puestos ni en la pelea de siglas entre lo que ha venido en llamarse Frente Amplio y Podemos. El eje de debate va de Madrid a Barcelona y de Barcelona a Madrid sin parada en ningún territorio. Todas las personas que conforman la Executiva Nacional del Bloque Nacionalista Galego (BNG) lo saben y, contra reloj, acaban estos días de perfilar una campaña electoral que las ha pillado con el pie cambiado. “Los esfuerzos estaban enfocados en las municipales, pero sabemos que una buena campaña ahora es decisiva para llegar incluso a cuatro escaños”, explica una de esas personas que se sentó este martes en la última reunión del máximo órgano de dirección del partido.
En Santiago son siempre cautos con encuestas, sondeos y otros cantos de sirena que puedan llegar a decirles lo que quieren escuchar. Aunque eso casi nunca ocurra. Tienen motivos: la única empresa demoscópica de grandes dimensiones en Galicia es Sondaxe y está controlada por La Voz de Galicia, el periódico hegemónico en Galicia que siempre ha sido hostil con el Bloque y complaciente con el Partido Popular de Fraga, Feijóo y Rueda. Tampoco se hicieron ilusiones con el 1,4% de intención de voto que les dio el barómetro del CIS en enero de 2025 y que se traduciría en tres escaños en el Congreso —desde 2019 es Néstor Rego el único diputado del Bloque en la Cámara baja. Sin embargo, el escenario para las elecciones generales del próximo 29 de noviembre es radicalmente diferente al de 2023.
Yolanda Díaz ya no moviliza
Primero, lo más evidente: se acabó el efecto Yolanda. La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo decidió hace más de dos años dimitir de su puesto en la dirección de Sumar dejando a la formación descabezada hasta hoy. Sus avances en materia laboral, catalogados como “insuficientes” desde el primer momento por la CIG, sindicato nacionalista estrechamente vinculado al BNG y mayoritario en Galicia, se han convertido en un patrimonio difícil de reivindicar si la figura gallega de referencia ha decidido apartarse de la campaña y centrarse en su carrera hacia la presidencia de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
La ha sustituido otra gallega de adopción, sí, la diputada Verónica Martínez, como candidata de Sumar dentro del Frente Amplio, pero si hoy se volvieran a repetir las elecciones, su escaño por Pontevedra sería, en el escenario más optimista, casi imposible de alcanzar.
Cero concejales, cero diputados autonómicos
Segundo, lo más relevante: ni Sumar ni Podemos tienen desplegada una estructura sólida en Galicia. Nunca la han tenido y ese ha sido su error estratégico más grave desde la implosión de las mareas. “En las elecciones gallegas nos costaba encontrar hasta un recinto en el que celebrar los mítines”, explica una de las personas que fue en las listas de Sumar por A Coruña en 2023. Hay una excepción en ese espacio: los once concejales que Esquerda Unida alcanzó en las municipales de 2023, pero que todo apunta a que no remarán en la dirección del eje Madrid-Barcelona y se centrarán en las elecciones locales de mayo. Tienen mucho que perder muriendo en esa colina.
Sin embargo, el BNG cuenta con 590 concejales, 25 diputados y diputadas autonómicas y 35 alcaldes y alcaldesas; gobierna en coalición las diputaciones de A Coruña y Lugo, la capital y Pontevedra; y es condición de gobierno en muchos más municipios. Además, la CIG cuenta con alrededor de 86.000 afiliados y el nacionalismo está presente, con diferentes colectivos y nombres, en casi todas las luchas sociales del país.
El trauma de las elecciones gallegas y otros fantasmas
Tercero, la experiencia de lo votado: la guerra Madrid based de Podemos y Sumar llevó a ambas formaciones a presentarse por separado a las elecciones gallegas del 18 de febrero de 2023. En aquel momento, el cierre de filas de la Anova de Xosé Manuel Beiras y Martiño Noriega —antiguos socios de ese espacio— con el BNG de Ana Pontón dejó a ambas organizaciones contra las cuerdas. A pesar de que Yolanda Díaz hizo campaña por Sumar y que, tras haber pedido el voto para el BNG, Pablo Iglesias se retractó y también hizo lo suyo con Podemos, el resultado fue un bochorno: 28.171 votos para el Sumar de Marta Lois, 3.854 votos para el Podemos de Isabel Faraldo y, por supuesto, ningún escaño —como las encuestas habían advertido.
Quedan muy lejos ya aquellas alianzas que llevaron a Beiras y a Díaz a convertir a la extinta AGE en la principal alternativa de izquierdas en el Parlamento gallego en 2016 e igual de lejos las elecciones generales de 2015 y 2016 en las que ese espacio logró seis y cinco diputados respectivamente, superando, con creces, el máximo de tres que el Bloque logró en el año 2000.
Eso que llaman voto útil
Cuarto, la superación del voto dual: el liderazgo de Ana Pontón en la oposición del Parlamento de Galicia, dicen fuentes del Bloque, “está ayudando a que los gallegos y las gallegas vean al BNG como la alternativa de izquierdas que demostró ser para la Xunta también en el Congreso”. Les toca trabajar el imaginario y buscar comparaciones en el trabajo de Esquerra o EH Bildu. Desde ahí, empiezan las cábalas y las hipótesis matemáticas, pero esas prefieren reservárselas para los comentarios en privado. Si la alianza Podemos-En Marea-Anova-EU obtuvo 408.370 votos en las generales de 2015 y obtuvo seis escaños —habilitados para tener un grupo propio—, ¿qué conseguiría el BNG si logra trasladar las 470.692 papeletas que fueron para Ana Pontón en las elecciones gallegas de febrero de 2024?
Por ahora, el CIS de este miércoles les ha dicho que, por ahora, están lejos: les proyecta un 0,9 en intención de voto. Previsiblemente, dos escaños, uno por A Coruña y otro por Pontevedra. De aquí al 29 de noviembre, intentarán pelear, por lo menos, por el segundo en A Coruña y un menos probable cuarto escaño por Lugo.
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