Opinión
Reaccionarios y fascistas del ladrillo

El problema de la vivienda es uno de los caballos de Troya de la ola reaccionaria. Las empresas de desokupación ejercen de plataformas de propaganda de ideas fascistas. Mientras tanto, los partidos políticos se alimentan electoralmente de este trabajo.
Bilbao EHKS plaza del gas
Gedar El Movimiento Socialista lleva un lustro impulsando una dinámica propia de movilización en Huelgas Generales y Primeros de Mayo. En la foto acto del final de la manifestación de EHKS el 1° de Mayo de 2024.
21 ene 2026 05:28

En estos últimos días se han producido, al menos, cuatro nuevas actuaciones de empresas de desokupación en Euskal Herria, en este caso en Bilbao, Gasteiz, Zornotza y Barakaldo. Se demuestra así que no estamos al margen de la creciente ola reaccionaria, en la que empresas fascistas ayudan a ocultar las causas reales del empobrecimiento, propagan ideas reaccionarias y señalan a sectores vulnerables.

La vivienda es una de las expresiones más duras del deterioro de nuestras condiciones de vida. Cada vez más personas viven en la calle; se producen más de tres desahucios diarios en Euskal Herria y crecen las infraviviendas que difícilmente pueden llamarse hogares. Pero, ¿para qué vamos a poner el foco en esto? Es más fácil manipular los datos y construir un relato de caos e inseguridad que culpe al inmigrante, al okupa, al menor extranjero o a cualquier otro grupo vulnerable, legitimando la estigmatización, la discriminación y el trato excepcional para una parte de la población.

Esta lógica refuerza la idea de un “nosotros”, la gente “de bien” que ha pagado su vivienda, frente a un “ellos” que se aprovecharía del trabajo ajeno. Además de este elemento clasista, la reacción se apoya en una idealización del pasado, un imaginario nostálgico en el que el capitalismo habría sido un sistema armónico en el que todos vivíamos bien. Pero alguien está destruyendo ese paraíso y, por lo tanto, es necesario un héroe que venga a salvarnos. Hablamos de empresas como Desokupa y sus sucedáneos, cuyo negocio procede de ejercer violencia contra las clases trabajadoras al servicio de los propietarios, o de partidos como Vox, el fenómeno Alvise o el PP, que se alimentan de este relato para promover medidas cada vez más autoritarias.

No podemos dejar de lado el marcado carácter escuadrista de empresas como Desokupa y sus sucedáneos, sirviendo de bastiones para fascistas de todo el Estado

Todo el relato irracional promulgado por medios de comunicación, redes sociales o partidos políticos distorsionan la percepción de la realidad, logrando que el problema de la vivienda sea visto como el problema de que te ocupen tu casa, mientras que la realidad demuestra que el verdadero peligro es ser desahuciado. Si nos fijamos en los datos, queda claro: en el año 2024 solo se dieron ocupaciones en el 0,057% de las viviendas, mientras que el 58% de las familias tienen problemas para pagar el alquiler.

Poner el foco en elementos periféricos es una de las claves del auge reaccionario, fomentada por personajes como Vito Quiles o el mismo Daniel Esteve y con la inestimable ayuda de medios sensacionalistas como Antena 3. Si nos fijamos en la expansión en redes de palabras como “ocupación ilegal” o “antiokupa”, es evidente su inmenso crecimiento a partir de 2016. 

Cabe mencionar la expansión del término “inquiokupación”, que intenta extender la estigmatización de la ocupación a los casos de imposibilidad de pago del alquiler. Este es un claro ejemplo del uso de las redes sociales como medio de propaganda, en las que se hace uso de etiquetas para deshumanizar y facilitar la toma de medidas represivas y coercitivas contra un sector de la población. Un caldo de cultivo perfecto para que estos fascistas del ladrillo se lanzaran al mercado a partir de 2016, con la creación de Desokupa por Daniel Esteve.

A partir de ese año, el sector ha seguido creciendo, llegando a ser más de 50 empresas en 2024. Las principales fuentes de negocio de estas empresas son: la seguridad privada para el cuidado de la vivienda, servicios de “mediación”, sistemas de vigilancia, compra-desalojo y venta de viviendas o servicios de búsqueda de inquilinos, entre otros.​

Esta base cultural e ideológica es muy funcional para las élites gobernantes, ya que legitima la reforma autoritaria del Estado, por un lado, aumentando el rango de acción de las leyes y los propietarios, y por otro lado, normalizando mecanismos extrajudiciales, como los que utilizan las empresas de desokupación. Ejemplo de ello son las medidas disciplinarias que endurecen las penas, el aumento de los recursos policiales y jurídicos para propietarios y los castigos, o la aceleración de los procedimientos contra grupos de apoyo a la ocupación.

Siguiendo con la radiografía de estas empresas, no podemos dejar de lado su marcado carácter escuadrista, sirviendo de bastiones para fascistas de todo el Estado. Ejemplo de ello son los innumerables vínculos con círculos fascistas como Frente Bokerón en Málaga o grupos de Valencia. Según el análisis de Sistema 161, el 55% de estas empresas cuentan con miembros de extrema derecha entre sus filas. Sin olvidar sus estrechos vínculos con las fuerzas policiales, con amplias simpatías dentro de la Ertzaintza o directamente dando formaciones, como fue el caso de Desokupa con el Sindicato Unificado de Policía (SUP). 

Gracias a la posesión de viviendas, la aristocracia obrera y pequeña burguesía puede mantener una buena posición social con la extracción de rentas de estratos más bajos

Otro ejemplo cercano fue el del policía municipal de Iruñea diciendo “Desokupa manda” mientras realizaba un control de acceso en un bloque de la parte vieja. Tampoco podemos obviar que la expansión de estas ideas, empresas y partidos políticos fascistas no se dan de la nada, sino que está apoyada y financiada por diferentes fracciones de la burguesía. Desde la financiación de giras de propaganda hasta la compra de material, como fue el caso de la lona de Desokupa. Esta lona de grandes dimensiones, colocada en el centro de Madrid, tenía el lema “Tú a Marruecos (con la cara de Pedro Sánchez) Desokupa a la Moncloa”. Lona que poco después fue saboteada por el movimiento de vivienda de Madrid. Es fundamental seguir el rastro del dinero de estas acciones porque, como se demostró, esta acción costó 40.000 euros, que fueron financiados por el bufete jurídico DP Abogados, liderado por Xaime da Pena, abogado de Vito Quiles y del mismo Daniel Esteve.​

Este tipo de arietes ideológicos son alimentados por el miedo de una clase media que, en el caso de Euskal Herria, está íntimamente ligada al ladrillo. Una aristocracia obrera y pequeña burguesía que, gracias a la posesión de viviendas, puede mantener una buena posición social gracias a la extracción de rentas de estratos más bajos. Este miedo de la clase media ha sido un elemento clave en el auge del fascismo en diferentes periodos históricos, como en el nazismo. Esa defensa a ultranza de la propiedad encaja muy bien con las ideas meritocráticas y antiproletarias de amplias capas de esta clase media.

Pero este tipo de ideas y prácticas no son exclusivas de los partidos de derechas. Los partidos de izquierdas intentan aparecer como el antídoto al auge del fascismo, suavizando las graves consecuencias del problema de la vivienda, pero sin poner en duda la propiedad privada. Mientras toman medidas como limitar las viviendas turísticas para satisfacer a gran parte de su electorado de clase media, no les tiembla el pulso a la hora de tomar medidas contra el proletariado, como la última ley contra la ocupación o el endurecimiento de los delitos por hurtos.

Los partidos de izquierdas intentan aparecer como el antídoto al auge del fascismo, suavizando las graves consecuencias del problema de la vivienda, pero sin poner en duda la propiedad privada

Para finalizar, cabe recordar que es tarea de todos y todas hacer frente al auge reaccionario, contrarrestando estos discursos, poniendo el foco en las causas del problema de la vivienda y en los culpables de su perpetuación. A su vez, es indispensable que hagamos frente a empresas y propietarios que ejercen la violencia, amparados por la impunidad de la que gozan.

Cuando les hemos hecho frente, se ha demostrado que somos capaces de bloquear este tipo de prácticas; sigamos en ello. Es importante recordar que todas estas ideas buscan generar división y bloquear la organización política, por lo que debemos promover la unidad de acción de la clase trabajadora para hacer frente a los verdaderos culpables de esta situación, la oligarquía y los grandes propietarios. 

Para ello, es importante que generemos espacios de solidaridad y politización con las diferentes capas del proletariado, en especial con los sectores racializados. Resulta indispensable que sigamos politizando y luchando en la calle, expandiendo estas ideas entre la juventud y todas las capas de la clase trabajadora. 

El 31 de este mes tenemos una cita muy importante en las calles de Bilbao e Iruñea. Allí nos veremos.

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