Opinión
La pandemia en El Salto: poner la información al servicio de la salud

En esta carta abierta, Sara Plaza, coordinadora de sanidad en El Salto, repasa la cobertura que hemos realizado de la crisis sanitaria durante este fatídico año que ya termina y emplaza a nuestras lectoras y lectores a respaldar con su suscripción nuestra apuesta de crecimiento para el 2021.

29 dic 2020 11:55 | Actualizado: 30 sep 2021 16:20

Fue una mañana de marzo de principios de confinamiento. Recuerdo el hilo de noticias que se deslizaba por algunos medios dando los primeros datos descontextualizados sobre muertes en residencias, al mismo tiempo que mi teléfono no paraba de sonar. Desde El Salto ya habíamos preparado algunos reportajes sobre estos centros, analizando principalmente su carencia de personal, las paupérrimas condiciones de residentes y trabajadoras y el tipo de empresas que estaban gestionando con miserias los geriátricos.

Los fondos buitre planeaban ya sobre el negocio y para algunas de nosotras los nombres de DomusVi o Amavir no eran ajenos. Por vía WhatsApp, Telegram y Facebook, familiares de residentes y trabajadoras, que ya habían participado en nuestras informaciones, me contactaban ante la gran incertidumbre reinante. Las residencias eran búnkeres y en su interior la precariedad, la ausencia de material de protección y los pocos espacios disponibles para llevar a cabo aislamientos efectivos eran el caldo de cultivo perfecto para la expansión del virus. Tenían miedo. Las trabajadoras porque asistían con impotencia ante lo que se intuía una tragedia y los familiares porque no tenían noticias. Querían hablar para que se supiera y para saber. Y empezamos a darles espacio. Ese fue uno de los frentes con los que El Salto arrancó la cobertura de la pandemia. 

Poco a poco empezaron a llegar los testimonios sobre la no derivación de residentes a hospitales. La sensación de impotencia de muchas personas que denunciaban que un familiar había muerto en soledad y sin oxígenoterapia. Hasta nuestras puertas llegaban denuncias tan duras como difíciles de probar. Faltaba todavía para que trascendieran los documentos con criterios de no derivación firmados por responsables políticos que más tarde publicamos. 

Tuvimos difíciles debates sobre cómo canalizar toda esa información.

También comenzaban a llegar testimonios desde los hospitales. Recibíamos noticias de la aplicación de criterios selectivos para el uso de respiradores. Debatíamos sobre si aquellas informaciones debían trascender inmediatamente, pues ante una situación inédita como esa a la que nos enfrentábamos no sabíamos si era mejor no alimentar el alarmismo o dejar constancia de lo que estaba pasando. Elegimos lo segundo. Pero intentamos también contextualizar y analizar el estado previo de la sanidad pública. Sabíamos que detrás de la escasez de materiales y de personal estaban en buena medida las décadas de recortes y de privatización. Si bien una catástrofe de estas dimensiones era impredecible, partíamos de un debilitado sistema de salud que poco ayudaba a frenar al virus. Nuestra revista de julio trató de analizar todos los pormenores que nos habían llevado hasta este estado.

imagen carta sara plaza


Iban pasando los meses y la estupefacción inicial se iba convirtiendo en rabia. Entre la ciudadanía y entre el personal sanitario. La improvisación, que pudiera verse justificada en los primeros compases, iba ahondando en la precarización de los sectores sanitarios y se imponían medidas restrictivas que no venían acompañadas del refuerzo de la atención primaria, clave para atajar la pandemia. Como medio que siempre ha cedido espacio a las luchas laborales empezamos a difundir las primeras protestas de la desescalada. Tras los aplausos llegaron las concentraciones a las puertas de los centros sanitarios. Luego las huelgas en los diferentes sectores. Y, finalmente, la oposición a mastodónticas y cuestionadas soluciones como el Hospital Isabel Zendal.

Y en esas estamos. Gracias a tu apoyo seguiremos haciendo la labor de auditar el gasto público sanitario, al tiempo que denunciamos las condiciones laborales del personal. Seguiremos desvelando lo que ocurre dentro de las residencias, dentro de los hospitales y dentro de los centros de salud. Recogiendo las demandas y también las victorias. Incidiendo en la salud como un derecho universal que debe estar cubierto al 100% para que ninguna pandemia nos pille al descubierto.

Desde El Salto tenemos claro que hay que poner la información al servicio de la salud. Sabemos que, más allá de intereses mercantiles, el derecho a la vida, pero a una que merezca ser vivida, debe de estar en el centro.

Y esa es la principal inquietud que compartimos contigo.

Como os comentamos en nuestra última comunicación, hemos dado un salto adelante y, contra toda lógica empresarial, hemos apostado por crecer para ofrecerte más periodistas, más contenidos, mejores análisis y nuevas temáticas que ayuden a alumbrar una realidad que últimamente nos atenaza con excesiva frecuencia. Pero este crecimiento es una apuesta que necesitamos que respaldes con tu suscripción.

Entendemos que ahora es más necesario que nunca asegurar balcones como El Salto desde donde poder contemplar el mundo de una forma diferente para construir juntos y juntas alternativas esperanzadoras. Tenemos el horizonte de llegar a las 10.000 suscripciones. Necesitamos que nos concedas tres minutos, que pinches en este enlace, te suscribas y empieces a formar parte de El Salto.

Muchas gracias por entender la importancia que tiene cada suscripción.

Nos leemos en 2021.

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