Opinión
Nos preguntarán por qué
Ha pasado desapercibido, pero entre el 8 y el 18 de junio tuvo lugar en Bonn (Alemania) un encuentro importante para el futuro de prácticamente todo lo que se nos ocurra: la SB64 de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático. Se trata de una de las citas preparatorias del año, a medio camino entre la fallida Cumbre del Clima de Belém (COP30) y la futura COP31 de Antalya (Turquía), que sirve para avanzar en los debates con el fin de allanar consensos en la gran cumbre anual que los pueblos de la Tierra se dan para discutir sobre su mayor problema venidero: el desarrollo imparable de la crisis climática.
Por supuesto, al igual que suele ocurrir en las COP, el titular que ofreció su cierre incluye la palabra “bloqueo”. Dos semanas de negociaciones finalizaron sin acuerdos ni avances en tres de los cuatro paquetes para los que estaba mandatado el encuentro. No hubo progresos reseñables en mitigación –o sea, reducir emisiones y frenar la crisis climática–, adaptación ni financiación. La presión de los países productores de petróleo, unida a un Norte global cada día más influenciado por una ultraderecha que flirtea abiertamente con el negacionismo de la ciencia y que no quiere pagar la factura de un cambio climático que ha provocado, ha sido el principal lastre. Solo en el apartado de Transición Justa se ha avanzado algo, aunque tímidamente y con concesiones a los grupos más contrarios a la lucha climática.
Ya llevamos más de 50.000 hectáreas quemadas hasta el 30 de julio, el 40% de todo la superficie quemada en la UE
Sí ha sido noticia la histórica ola de calor que azotó Europa a mediados de junio, cuando media Francia alcanzó las temperaturas más altas desde que hay registros. No será la última del verano, visto lo que nos vienen deparando los últimos estíos, especialmente en la península ibérica.
También fueron noticia las altas temperaturas que soportaron los más pequeños en sus últimos días de cole en junio, o en los campamentos de julio. Y lo serán los incendios que vienen, como titulamos esta revista. También los que fueron: ya llevamos más de 50.000 hectáreas quemadas hasta el 30 de julio, según el último balance del Sistema Europeo de Información de Incendios Forestales de Copernicus, el 40% de todo la superficie quemada en la UE. Y nadie quiere repetir el desastre de 2025, cuando el fuego calcinó más tierra ibérica que en ningún otro año en más de tres décadas.
Dentro de unas décadas, será irreversible. Será entonces cuando quienes no tuvieron nada que ver con esto nos preguntarán por qué
Estamos perdiendo el norte. También el sur, donde el impacto será aún más fuerte. Nadie se puede salvar de lo que vendrá si la humanidad no pone en lo más alto de su pirámide de prioridades frenar realmente la crisis climática. Si el mundo sigue priorizando el beneficio de unos pocos en detrimento de la inmensa mayoría. Si no paramos la escalada de guerras por el control del petróleo o por la desaforada ambición nacionalista –cuando no supremacista– de unos poderosos que imponen sus ideas a golpe de dólares y control mediático. Si no salimos de una espiral de odio donde las urnas dan poder a quienes quieren seguir quemando combustibles fósiles en base a unas ideas fabricadas en laboratorios de la ultraderecha estadounidense para su propio beneficio. Si no damos la vuelta a la tortilla a todo esto, las condiciones del mundo tal como lo conocemos se harán extremadamente más difíciles.
La crisis climática se cobrará vidas y condiciones de vida. El mundo será mucho más duro, especialmente para quienes menos pueden escapar en sus burbujas. Ya lo estamos sufriendo, y el proceso se está acelerando. Dentro de unas décadas, será irreversible. Será entonces cuando quienes no tuvieron nada que ver con esto nos preguntarán por qué. Por qué no hicimos nada. Por qué no les paramos los pies.
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