Revisitando el terrorismo de Estado, 50 años después del golpe en Argentina

Durante los primeros tres años de dictadura, la clase obrera argentina protagonizó huelgas sorpresivas parciales y centenares de sabotajes. El movimiento de los Montoneros fue acompañado de una movilización masiva.
Argentina dictadura
Jóvenes peronistas durante una manifestación.
22 mar 2026 10:30

Podría afirmarse que el terrorismo de Estado en Argentina comenzó antes del 24 de marzo de 1976, cuando las tres armas (Ejército, Marina, Aeronáutica) comenzaron con su gobierno de facto, llevando adelante un “plan sistemático” de secuestros, torturas, asesinatos y “desaparición forzada” de para reestructurar las bases sociales, económicas, políticas y culturales del país, al que denominaron Proceso de Reorganización Nacional.

Como señala Pilar Calveiro en su libro Poder y desaparición. Los campos de concentración en Argentina, la modalidad represiva ya implementada por la Triple A se transformó en oficial por parte del Estado. La “experiencia concentracionaria”, que apuntó a una deshumanización total de quienes pasaban por ella, se llevó adelante en alrededor de 340 campos de detención y exterminio que funcionaron en 11 de las 23 provincias del país, y por los cuales pasaron cerca de 20.000 personas, contando con una participación colectiva de las Fuerzas Armadas y de la policía que buscó “ensuciar las manos” de la mayor cantidad de efectivos en la represión, para “comprometerlos personalmente”.


Fue ese carácter sistemático del plan de exterminio de los proyectos de emancipación y la voluntad por parte de las clases dominantes de dar una vuelta de página a la matriz productiva del país, la que diferencia aquella dictadura del accionar terrorista de las bandas que operaban durante los dos años anteriores, como la Alianza Anticomunista Argentina, organización paraestatal dirigida por José “El Brujo” López Rega, influyente ministro de Bienestar social de la presidenta María Estela Martínez de Perón, quien queda al mando del Ejecutivo Nacional tras el fallecimiento –el 1º de julio de 1974– de su marido, el líder político más destacado de la Argentina durante esas últimas tres décadas.

Lo central de aquella apuesta siniestra quedó retratado de manera clara y concisa ya desde el primer aniversario del Golpe, cuando Rodolfo Walsh escribe la “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”. El periodista y militante montonero fue asesinado el 25 de marzo de 1977, mientras distribuía dicho texto a la prensa internacional, permaneciendo su cuerpo desaparecido hasta el día de hoy.

En 1977 fueron cien los conflictos, con 514.000 asalariados movilizados. Fue un año de “trabajo a tristeza”, método de lucha  que consistía en ir a trabajar, pero desarrollar las tareas “con desgano”

Días después aparecen las Madres de Plaza de Mayo, quienes lograron poner en pie un movimiento de derechos humanos sin precedentes, caracterizado por el filósofo argentino Raúl Cerdeiras como un auténtico “acontecimiento” político, reconocido a nivel mundial por el pañuelo blanco que esgrimían las mujeres en sus cabezas, en muchos casos con los nombres de sus hijas e hijos desaparecidos bordados sobre la tela.


Ese dar vueltas a la Plaza como “unas locas”, mientras la policía les decía que estaba prohibido el derecho de reunión, saca el fenómeno de la órbita de los derechos humanos tal como se entendía hasta entonces: ya no víctimas, como se promovía desde las potencias occidentales, sino hacedoras de una lucha que seguirá hasta el día de hoy, exigiendo “Verdad y Justicia”, ejercitando una memoria que no quedó aprisionada en la experiencia de sus familiares, sino que se hizo extensiva al conjunto del campo social e, incluso por años, llegó a ser política de Estado.

La resistencia obrera

Durante los primeros tres años de dictadura, la clase obrera argentina protagonizó huelgas sorpresivas parciales y centenares de sabotajes. Según indican datos parciales, sólo durante el año 1976 –en los momentos iniciales y más crudos de la represión militar– se produjeron 89 conflictos sindicales, que movilizaron a 190 mil trabajadores. En 1977 fueron cien los conflictos, con 514.000 asalariados movilizados.

Ese fue, además, un año repleto de “trabajo a tristeza”, método de lucha invisible para las patronales, que consistía en ir a trabajar… pero desarrollar las tareas “con desgano”. Al año siguiente los conflictos laborales aumentaron: 1.300 solo durante el primer semestre y un total anual de 4.000. Incluso algunos gremios llegaron a movilizarse a pesar de la estricta prohibición del gobierno de facto. Es ese el camino que conduce a la histórica Jornada Nacional de Protesta del 27 de abril de 1979, que permite que luego la central obrera, a pesar de su ilegalidad explícita, comenzara a recomponer sus fuerzas organizativas y actuara con cierto margen de visibilidad, hasta llegar al 22 de julio de 1981, cuando se lleva adelante la segunda huelga general contra el régimen. A diferencia del anterior paro de la CGT, esta vez la adhesión obrera fue muy masiva, a pesar de que ese mismo día los principales dirigentes fueron enviados a prisión por los militares.

Dictadura Argentina 2
Manifestación en Buenos Aires.

A la resistencia de la clase trabajadora se le sumaron reclamos y demandas populares más amplias. En octubre de 1981 un Arzobispado de la Iglesia Católica convocó a una “Marcha del hambre” y, al mes siguiente, la central obrera organizó una peregrinación a San Cayetano (“Patrono del trabajo”), a la que asistieron 50.000 personas bajo la consigna “Paz, Pan y Trabajo”. Aquella movilización fue la primera verdaderamente masiva contra la dictadura y el reclamo por la “aparición de los desaparecidos” ya no podía ocultarse.


En diciembre de 1981 Leopoldo Fortunato Galtieri asumió, también de facto, la Presidencia de la Nación, en lugar de Jorge Rafael Videla, al mando del Ejecutivo desde el inicio de la dictadura. El 30 de marzo de 1982 miles de personas marcharon a la Plaza de Mayo y a las plazas de las principales ciudades de la Argentina, convocadas por la CGT, quien reclamó el fin de “este proceso que ha logrado hambrear al pueblo sumiendo a miles de trabajadores en la indigencia y la desesperación”.

El 2 de abril la Junta militar declaró la guerra a Gran Bretaña tras el intento de recuperación de las Islas Malvinas, fracaso bélico que aceleró la retirada de los militares a los cuarteles, fuertemente desacreditados por todo el proceso de luchas obreras antes descriptos, y por aquello que el filósofo argentino León Rozitchner caracterizó como el desarrollo de una ineficaz estrategia de “guerra limpia” por parte de quienes sólo podían ser eficaces para llevar adelante la “guerra sucia” contra su propia población, porque así habían sido formados por la doctrina de Contrainteligencia y Seguridad Nacional norteamericana.

La resistencia guerrillera

Ni bien comienza la nueva dictadura, la principal organización de la izquierda marxista, el Partido Revolucionario de los Trabajadores/ Ejército Revolucionario del Pueblo, ya golpeado por el frustrado intento de copamiento del Cuartel de Monte Chingolo en diciembre de 1975, lanza la consigna: “Argentinos, a las armas”. Pero para mediados de año se encontraba ya prácticamente desmantelada, tras ser interceptada por el Ejército, a fines de marzo, una reunión del Comité Central donde varios de sus integrantes fueron asesinados y otros secuestrados y desaparecidos; en julio, su principal dirigente, Mario Roberto Santucho, resultó asesinado durante otro operativo de represión (su cuerpo también permanece desaparecido hasta la actualidad). Una de sus últimas acciones del PRT/ ERP, en febrero de 1977, fue el intento fallido de ejecución del dictador Videla.

Por su parte, Montoneros, la principal organización de la izquierda peronista, sostuvo durante esos primeros meses una política que consistió en atacar militarmente lo que consideraba el “centro de gravedad” del régimen. De allí los grandes operativos guerrilleros que se realizarán durante el segundo semestre de 1976: atentados contra Coordinación Federal de la Policía Federal, el cuartel general de la Policía de la Provincia de Buenos Aires y el Círculo Militar; ejecución del jefe de la Policía Federal; colocación de explosivos en el Ministerio de Defensa durante una “Conferencia antisubversiva”. La respuesta de las Fuerzas Armadas no se hizo esperar y los asesinatos de militantes detenidos en cárceles se multiplicaron.


Para entonces Walsh participa de un área de Inteligencia de Montoneros. Desde allí elaboran unos documentos internos críticas hacia la Conducción Nacional. Argumentan que el plan de “aniquilamiento de la subversión” de la dictadura no sólo resultaba eficaz, sino que incluso se llevaba adelante con mayor velocidad que la prevista. Por eso recomiendan a la organización que abandone los grandes operativos y retorne a las lógicas de la “Resistencia peronista” de 1955, que con miles de pequeñas acciones de baja intensidad había logrado incorporar masivamente a los trabajadores a la lucha antidictatorial.

Durante 1978, en el marco del Mundial de Fútbol, Montoneros lanza una campaña de propaganda internacional con denuncias a la dictadura

Pero el ejemplo del desembarco triunfante del Ejército rebelde en Cuba, o la estrategia de “guerra popular y prolongada” de China y Vietnam resultaban más atractivos en términos de modelo, por más que el peronismo –principal movimiento político de masas de las últimas tres décadas en Argentina– permaneciera replegado, producto de los golpes que le asestaba la dictadura, y disperso, tras la muerte de su líder.

Durante 1978, en el marco del Mundial de Fútbol, Montoneros lanza una campaña de propaganda internacional con denuncias a la dictadura, sobre todo desde el Movimiento Peronista Montonero, inaugurado en abril de 1977 en Roma con importantes referencias del campo cultural argentino en el exilio. También introduce pelotones de combate desde el exterior, que cuentan con un nuevo armamento: los lanzagranadas livianos RPG7, probados durante los entrenamientos en Medio Oriente. La consigna que se promueve es “Argentina campeón/ Videla al paredón”.

En 1979, las fuerzas montoneras concentradas en el exilio, retornan al país, previo entrenamiento en el exterior. Son las conocidas Tropas Especiales de Infantería (TEI) y Tropas Especiales de Agitación (TEA), que tenían como objetivo “golpear el equipo económico” de la dictadura y acompañar con propaganda los crecientes conflictos sindicales y descontento popular con los militares.

Después de aquel fallido intento de que el retorno montonero dinamizara y condujera algún tipo de situación insurreccional, la organización queda duramente golpeada. Así y todo, entre mediados de 1980 e inicios de 1982, pequeños pelotones de combate persistieron (en muchos casos desvinculados de sus estructuras orgánicas), en sostener acciones de sabotaje contra las fuerzas de represión y el empresariado, realizando interferencias con los modernos aparatos móviles de “Radio TV Liberación” y acompañando los conflictos obreros que proliferaban.

Un importante sector de la militancia montonera (así como del PRT/ ERP que intenta reagruparse en el exilio), acompaña activamente la ofensiva final del Frente Sandinista de Liberación Nacional que, en julio de 1979, llega al poder en Nicaragua, dando inicio a la segunda revolución socialista de América Latina, en un contexto en el que las luchas emancipatorias en el Cono Sur habían sido arrasadas por las dictaduras coordinadas por el denominado “Plan Cóndor”.

Entre abril y mayo de 1983 fueron asesinados el militante Osvaldo Cambiasso y dos miembros de la Conducción Nacional: Raúl Clemente Yager y Eduardo “Carlón” Pereyra Rossi.

La derrota de las Fuerzas Armadas Argentinas en la guerra de Malvinas, como estocada final de la dictadura, encuentra a Montoneros en una maniobra de pasaje a la lucha política de superficie, dejando a un lado ya los intentos por sostenerse como una fuerza insurgente. En julio de 1982 se realiza después de muchos años un acto público (y masivo para las condiciones aún represivas de la época) en homenaje por un nuevo aniversario de la muerte de Eva Perón y se impulsa un espacio, junto a otros sectores nacional-populares, denominado Intransigencia y Movilización Peronista.

Dictadura Argentina 3
Manifestación en Argentina.

Así y todo, Montoneros padece sus últimos reveses, frente a unas fuerzas armadas que, aunque en retirada, no dejan de cobrarse vidas: en diciembre de 1982 fue asesinado Ricardo René Haidar, uno de los sobrevivientes de “La Masacre de Trelew” acontecida una década atrás, y entre abril y mayo de 1983 fueron asesinados el militante Osvaldo Cambiasso y dos miembros de la Conducción Nacional: Raúl Clemente Yager y Eduardo “Carlón” Pereyra Rossi.

Es todo este largo proceso de luchas de la clase trabajadora e incluso de accionar político-militar de las organizaciones armadas lo que lleva al historiador argentino Pablo Pozzi a destacar, en su libro Oposición obrera a la dictadura, que resulta indudable que “el proceso de resistencia obrera desarrollado a partir de marzo de 1976 y que culminó con la movilización de marzo de 1982, representa la base material de la conquista de la democracia y de la derrota de la dictadura”.

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