Honduras
Karla Lara: “El mundo está secuestrado por quienes tienen tanto que se asumen impunes siempre”
La cantautora y activista Karla Lara (Tegucigalpa, 1968) lleva muchas décadas cultivando resistencias con canciones y una fuerte pulsión por lo colectivo. Compañera de luchas de Berta Cáceres, testigo del mortal apetito de quienes lo quieren todo para sí, Lara es una de esas personas en Honduras que pasan el tiempo en marchas, manifestaciones y asambleas, esas personas a las que la agenda colonial del capitalismo nunca deja descansar.
Sin parar de hacer cosas, Lara llevaba desde 2018 sin salir del país, hasta que la organización Entrepueblos la invitó el pasado marzo a cruzar el Atlántico en el décimo aniversario de la siembra de Cáceres. Invitaron a Lara para que cantara y contara lo que pasa en su país. Y así lo hizo, con el músico Yunior Velásquez acompañándola en los escenarios.
En Honduras han pasado muchas cosas en pocos años. El golpe de 2009 y la enorme resistencia que se levantó en el país, el asesinato de Cáceres en 2016, un nuevo golpe en 2017, y en el mismo año, la irrupción de Prospera y otros Zonas de Empleo y Desarrollo económico (ZEDES), con su utopía para multimillonarios de autogobierno empresarial.
Después llegaría el nombramiento en 2022 de la primera presidenta mujer, el encarcelamiento y posterior liberación de un ex presidente condenado por narcotráfico y, en 2025, la llegada de un presidente aliado a Estados Unidos, Nasry Asfura, en unas elecciones marcadas por la sospecha de fraude. De todo ello habla esta cantautora, haciendo memoria pero también describiendo un presente en el que se confabula cada día contra el gusto del poder por perpetuar el despojo.
Oponerse al extractivismo y al secuestro político del país por parte de Estados Unidos es peligroso, lo que le pasó a Berta, sigue pasándole a otros activistas. Y además la violencia asociada al narcotráfico o a las bandas va en aumento. Llevas muchos años luchando, ¿nunca has pensado en marchar?, ¿en ponerte a salvo?
Siento que hay que quedarse. Es un compromiso. No puedo irme a otra parte y volver a empezar. Siento que me ha costado mucho llegar hasta este punto. Es una forma de consecuencia también, estoy muy vinculada a compromisos, a proyectos, que no solo son míos, que involucran a otras personas. Ahora tenemos una casa cultural. Yo ya probé desde muchos otros lugares, y la verdad es que el camino es el arte. Y ahora estamos construyendo colectividad desde el arte.
Hay un poder en el lenguaje del arte que no tiene nunca el discurso, ni el análisis, ni la academia, ni la arenga siquiera
Bebes de la tradición de la trova, de la canción protesta ¿qué lugar tiene esta música en la lucha por el común, por la tierra?
Hay un poder en el lenguaje del arte que no tiene nunca el discurso, ni el análisis, ni la academia, ni la arenga siquiera. Creo que las músicas y todas las disciplinas artísticas tocan como cositas que no logras tocar de otra forma: sensibilidades, recuerdos… Te conectan con un nivel de la emocionalidad que es muy político. Pero además, ahora que cada vez más vivimos en sociedades que tienen mucho miedo a sentir, a expresar lo que sienten, creo que el arte te deja sentir, te deja imaginarte cosas y rompe con esta idea de que todos seamos como robotitos, personas que siempre estamos produciendo. Entonces, el arte, por su esencia, está ligado al ocio en el sentido bueno, no produce cosas ni productos, sino emociones y sentimientos.
Escuchamos música todo el tiempo en el móvil, pero no es lo mismo que escuchar a alguien que te está cantando en directo, ¿qué activa estar en un concierto, en una sala de teatro, con otras personas?
Para mí, la energía en ambos sentidos. Que voy a estar dando mucho y recibiendo mucho. Ese vaivén, eso solo la presencia física te lo da. Incluso podemos ver conciertos en vivo, transmitidos en una pantalla y nunca van a ser lo mismo que la experiencia física del estar ahí. Y tiene que ver con eso, la mirada, lo que uno recibe no solo en el aplauso y la atención de la gente, en las miradas de la gente. Porque la gente es bien reveladora, está tan metida que te aprueba y te desaprueba con la mirada. Decís una cosa que les parece escandalosa y hace un gesto y vos decís “¡ay, escandalicé!”, o un gesto de aprobación o de ternura… vas leyendo los rostros de la gente.
Yo estoy hablando de escenarios pequeños. He cantado algunas veces con mucho público en escenarios muy grandes, pero no es lo que más haya hecho. He hecho más cosas pequeñas. Nosotras creemos además mucho en el impacto que tiene un trabajo como de hormiga. Poquito, poquito, poquito a poquito y ahí va, ahí va y ahí va, hasta que hacen camino.
En ese marco, construir una casa cultural, suena un poco a “hemos intentando cambiar el mundo, está difícil, entonces creemos mundos que sean como los que quisiéramos habitar”.
Eso es, sí. Nosotras nos juntamos varias que hacemos arte de diferentes disciplinas. Por otro lado, Tegucigalpa es una ciudad donde hay mucho acoso callejero, mucho acoso sexual y mucha violencia. En la noche es bien difícil ir a un espacio, un bar y no tener siempre como alguna anécdota de un hombre que te dijo una vulgaridad, o sentir inseguridad incluso a veces para entrar al baño. O ves una mesa donde hay seis muchachas y llega un hombre y dice “¿por qué tan solas?”
Nuestra casa se llama Casa Cultural La Ilimitada y primero lo nombramos como un lugar seguro y entonces armamos conversatorios para pensar colectivamente qué era un lugar seguro. Terminamos definiendo el espacio como un lugar valiente, porque nosotras no podemos garantizar que no sucedan cosas, pero sí podemos garantizar que si sucede, vamos a hacer algo frente a eso. Si aparece un tipo y dice cosas, lo vamos a sacar y le vamos a decir por qué lo estamos sacando. Y le vamos a decir que no puede volver.
Entonces dijimos eso, un lugar seguro y valiente. Luego también un espacio donde trabajemos para crear las condiciones, aunque sean las mínimas, para poder presentar nuestros trabajos artísticos y que los artistas puedan tener un ingreso en puerta y que nadie les diga de qué pueden y de qué no pueden hablar. Que sea autónomo, que sea independiente, que lo auto gestionemos. Y que la gente también aprenda, porque el clasismo internalizado hace que la persona llegue al espacio y está esperando que le sirvan, que le recojan. Nuestro espacio lo servimos, lo recogemos, lo cuidamos juntas y nos sirve para encontrarnos.
Un espacio también donde tener debate político que no sea partidario, porque nos cuesta mucho pensar lo político fuera de lo partidario. Un espacio movimentista, un espacio feminista, un espacio que celebre la diversidad, las disidencias. En Honduras el odio hacia las diversidades y las disidencias es tremendo. ¿Cuántas personas trans son asesinadas, violadas por los policías? Todas las que se dedican al trabajo sexual, todas las violan los policías.
Estamos terminando de armar el espacio, de tener buenas luces, buen sonido, buen equipo. Tenemos un pequeño estudio de grabación. Una sala de ensayo también para que los grupos puedan llegar y ensayar. Teníamos una radio en línea, Disonancias Radio, que alimentábamos con la programación de las radios comunitarias, ellas pasaban sus contenidos, nosotros los nuestros, para poder tener así las voces del interior, de los lugares donde hay luchas, y poder alimentar nuestra programación y viceversa. Tenemos una pequeña biblioteca popular. Sostenemos la casa, en los costos básicos, con la venta en barra. Es un espacio autogestionándose porque hacen falta espacios como esos.
Además de comunicar con la música, con el arte, has escrito numerosos artículos. ¿De qué manera se complementan tus canciones con esta pulsión periodística?
Yo creo que tiene que ver con la realidad de allá. Veo que acá todo el mundo como que está especializada en las cosas, ¿verdad? Y allá es como que todos tenemos que hacer un poquito de todo, porque así es la vida. Yo escribo, primero, porque me ayuda un poco a ordenar el pensamiento, pero trato de hacer todo lo que hago desde la emocionalidad. Me cuestan las cifras, ese otro tipo de análisis un poco más estadístico, que incluso a veces pienso que tiene mucha importancia, no lo logro poner en lo que escribo. Casi todo lo que he escrito tiene que ver con que voy a un lugar, conozco gente o situaciones o cosas, y entonces, después, pienso sobre eso y lo quiero poner en papel.
Cada vez lo hago con más irregularidad. Es cierto que me propongo: “voy a hacerlo, lo disfruto, ¿por qué no hacerlo con más regularidad?, ¿así como lo hace la gente?” Pero luego siempre estoy metida en muchas otras cosas, entre la sobrevivencia y entre las cosas que pasan en el país: que hay movilización para tal cosa, o hay que ir para allá porque no sé cuánto… Y también hacer mucho turismo judicial, que pensábamos que íbamos a dejar de hacerlo en el tiempo de Xiomara Castro, pero resultó que no, que había que andar otra vez de juicio, en juicio, de velorio en velorio. Una mierda, porque no dejaron de fregar.
Han pasado diez años del asesinato de Berta Cáceres. En enero se publicó el informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), encargado de investigar la autoría intelectual de este crimen. ¿Qué pone en evidencia este informe?
Diría que lo más fuerte de este informe es que ellos dicen que el asesinato de Berta era previsible, que se sabía que la iban a matar por las escuchas que habían hecho los militares, pero para mí lo que no se atreven a decir es que el informe desvela que unos y otros son los mismos. Está secuestrado el mundo, eso es lo que queda ahí: son la misma gente que se quitan el uniforme, se quitan el traje y la corbata y ya no son funcionarios, son asesinos. Son empresarios, pero lo que son es bandas delincuenciales. Pues eso es lo que quedó ahí.
Ellos sabían que iban a matar a Berta. Berta también sabía que la iban a matar. Ya se lo habían dicho demasiadas veces, ellos, los que la mataron. Nos lo decía: Compas, me van a matar... y hacía bromas, como “no me vayan a poner en una camiseta cuando me maten, por favor”. Entonces, yo creo que el informe del GIEI, vuelve a decir lo que nosotros hemos estado diciendo. Pero cuando lo dicen los expertos internacionales pues claro —no voy a desmeritar el trabajo de este grupo porque aporta, porque además fue dedicado, no lo hacen con mala intención— lo que hay en el fondo, es que necesitamos que nos digan de fuera lo que ya sabemos dentro.
Todos sabían que la iban a matar. ¿Qué nos dice entonces eso? Pues lo que dijo Berta, nosotros sabemos que nos puede costar la vida, pero hay que hacerlo porque es muy indigno no hacer nada. A Berta le gustaba la vida. Todo le gustaba. ¿Ves que hay personas que son gozosas de todo? A ella le gustaba comer. Le gustaba beber tequila y le gustaba bailar. A ella le gustaba reírse, contar chistes. Una persona con mucha vitalidad.
Dentro de este entramado, de este “todos los mismos”, llama la atención el rol de los bancos de desarrollo holandés y finés. ¿Qué hace este concepto de desarrollo para perpetuar el despojo?
Son los mismos que mandó la Reina Isabel con Cristóbal Colón 500 años atrás. Es lo mismo: es el poder que se cree tan impune, que piensa que puede hacer cualquier cosa, porque su dinero, su propio caudal —que no es producto del trabajo sino del saqueo— les protege. Es el FMO, es el FinnFond, no es el pueblo de Finlandia, ni es el pueblo holandés, son esos otros poderes otra vez, empresariales, estatales. El mundo está secuestrado por esta gente que tienen tanto que se asumen impunes siempre. Es su ofensivo exceso lo que les tiene ahí, lo que les hace matar. Dan dinero sabiendo que eso va a financiar el despojo, porque es mucha su avaricia. No es que tienen más. Quieren más.
Sembrar, cultivar tu propia comida, eso le da también a una como una certeza de que sí, se puede vivir de otra manera. Mi referencia ahorita más fuerte es mi colectividad.
Frente a esta avaricia y este secuestro de la vida, las defensoras de los derechos y de la Tierra también aportan otra narrativa de lo posible, de que hay otras formas de estar en el mundo. Parece que con tanto ruido, los últimos años está siendo más difícil oír sus voces, atender a la enunciación de otros caminos.
Yo cuando estoy así como muy poco optimista, como que estoy por decir: “pucha, ¿vale la pena?”, pienso que el encuentro en la movilización, en la calle, el simple hecho de ver a la gente que querés, te da tanta energía… Eso primero: la calle, el encuentro para movilizarnos, no el encuentro para sentarnos y volver a descomponer el mundo. Eso también es bonito, porque nos volvemos a sentar, platicamos y decimos y volvemos a decir lo mismo. Y está bien, ¿verdad? Pero el encuentro cuando es con la consigna, cuando es en la calle, cuando es incluso el desafío, la adrenalina de “¿irán a reprimir?” y que vos decís: “vamos a caminar de aquí hasta tal punto”. Y cuando lo caminas te das cuenta que pudiste caminarlo porque venías con más gente. Si no, no se puede caminar tanto. Se puede caminar así porque vas con más gente. Eso es muy potente.
Yo, por ejemplo, he tenido el privilegio de ir a Vallecito, que es una zona de recuperación importante del pueblo Garífuna, porque es una ocupación, como dice Miriam Miranda, cultural, —es todo: lo que comemos, lo que hablamos, la forma de nuestras casas, la importancia del coco, cortar todo lo que se pueda de palma aceitera para que ya no haya más—. Ahí, el contacto con la tierra, el ruido del mar, el sol de la costa. Eso te da también mucha fuerza.
Nosotras, las que conocimos COPINH con Berta. Tenemos mucha nostalgia de ese COPINH. Obviamente ya no está Berta y es otro COPINH, pero hay una cosa que quedó, y es la cocina comunitaria. Se siembra alrededor del espacio, que se llama Utopía, y es como una casa grande donde se pueden quedar los compas y las compas cuando vienen de comunidades, cuando se hacen los talleres.
Sembrar, cultivar tu propia comida, eso le da también a una como una certeza de que sí, se puede vivir de otra manera. Mi referencia ahorita más fuerte es mi colectividad. Nosotras por ejemplo, no ganamos ni el salario mínimo y trabajamos mucho, tenemos que meter mucho tiempo a la casa. Hacemos cosas, por ejemplo, como que el almuerzo es colectivo y cada una tiene un día de cocinar, entonces la que le toca cocinar ese día cocina para las que más o menos andamos rondando. Somos como diez personas que regularmente comemos en esa mesa. Cada diez días te toca cocinar. Ese es un acto de compartir, pero es un acto también de poder sobrevivir económicamente, porque es muy caro comer en la calle, porque no es sano, porque las cosas que puedes hacer de manera individual son más hermosas si las haces de manera colectiva. Comes diferentes sabores, conoces diez cocineras y cocineros distintos. Ese ejercicio de hacer la cocina, de comer colectivamente, lo queremos ir agrandando, pudiendo invitar a otros grupos que haya cerca.
Ahorita que salgo, aquí comienzas a conocer otras cosas. Por ejemplo, en Barcelona está esa casa donde está Entrepueblos y que hay varios colectivos, y un espacio que se llama La descomunal, y es un lugar que se autogestiona... yo me ponía a pensar: “ay, si allá nos juntáramos con este colectivo y con este otro y este otro, y entre todos alquilamos una casa más grande, con más posibilidades”. Creo que es así como tenemos que proponernos vivir la vida. Hay que sembrar. Eso es un acto de resistencia muy importante, el tratar de sembrar.
Y es otro de los caminos de la Casa. Hay mucho terreno baldío en la capital. Tenemos que hacer para conseguir un espacio donde aprendamos a sembrar y donde volvamos a la tierra. Esa es una cosa también muy movilizadora: La comunidad. Es que la comunidad es la respuesta, ¿verdad? Nosotras solemos juntarnos mujeres porque somos mujeres, pero el sujeto mujer ya no nos alcanza porque estamos muy cerca de otras corporalidades que son parte de y hacen la comunidad. Hay que fortalecer la comunidad.
Me gustaría hacer un poco de genealogía y hablar de esas comunidades de resistencia que surgieron tras el golpe de 2009 —aquella especie de ensayo de los golpes que vinieron después por el resto del continente—, de cómo se pensó que se podría incluso llegar a las instituciones y cambiarlas, y sobre todo, qué queda de todo aquello, tras una vuelta de tuerca que ha dejado a Asfura en el poder.
Yo creo que el primer impulso era como que íbamos a derrotar el golpe, y en el corto plazo nos hizo juntarnos, nos hizo irnos a la calle. Era muy fuerte, decíamos, “vamos a revertir el golpe”. Fueron meses que yo ni sé cómo fue que los pasé. No tenía trabajo, yo tengo cuatro hijos y en ese tiempo tenía pareja y pues lo habrá pagado él todo, porque yo no sé ni cómo hicimos.
Ahí estábamos para revertir el golpe, y pasó que no. Y pasó además una cosa muy trapera. Nosotras tenemos una frase bien hondureña para decir eso, “allá donde la mula botó a Genaro”: Ahí es donde ya vos decís. ¿Y ahora para dónde fue? pues porque ya te dejaron otra vez tirado en el suelo. Lo que pasó fue que Mel Zelaya negocia afuera, en Dominicana, su retorno para formar su partido político. Entonces toda la fuerza movilizada en el Frente Nacional de Resistencia Popular se va a la lucha electoral y la lucha electoral tiene otros tiempos, otras lógicas, otras necesidades, otra agenda. El movimiento social se queda sin agenda, porque toda la agenda ya es la conquista del poder, toda esta historia.
En ese momento nosotros creamos otro espacio que coordinaba Berta, la Plataforma del Movimiento Social y Popular. Allí estábamos las organizaciones que habíamos hecho parte del Frente Nacional de Resistencia Popular, pero que cuestionábamos el pasar a convertirse en partido político con la misma base social del Frente. En las elecciones del 2017 es cuando hubo el fraude. Imagínate cómo es la historia: el candidato en esas elecciones era Salvador Nasralla, que iba como candidato de LIBRE siendo un hombre de derechas. Pero es que ni de derechas, ¡es un libertario!
Imagino el sentimiento de traición.
Imagínate a cuánta gente la golpearon, murió, estuvo presa en todas las protestas que hubieron contra el fraude del 2017. Fue muy doloroso. Y todo para que fuera presidente ese tipo. Entonces la traición no es de Nasralla. Nasralla es un tipo que está bien donde lo pongan. Él ha armado y desarmado no sé cuántos partidos. Es un tipo nefasto. Pero, ¿y el partido LIBRE?
Yo por lo menos siento que tengo ya como un tiempo de no esperar de ahí. Ahí no va a pasar. Esa estructura, el Estado, la democracia liberal, está hecha para que no pase. Entonces, creo que lo que sí deberíamos es tener capacidad autocrítica, pensar qué cosas hemos dejado de hacer nosotros por estar ahí. Mira a las feministas, con el cuento de la primera mujer presidenta, “cómo vamos a decirle nada a la Presidenta, eso es dañar, bastante tiene con los machos que están ahí —los de su partido más todo lo que tenía de adversario— nosotras las mujeres no podemos dañarla”. ¡Hombre!, es otro proyecto político. No es el nuestro.
No nos dieron la despenalización del aborto... ni nos la tenían que dar, nosotras dejamos de luchar por la despenalización, por no pedirle a ella algo que no nos iba a poder entregar. Para no dejarla en evidencia nosotras bajamos la bandera, para que la señora no tuviera que estar en la dificultad de decirnos que no al aborto porque ella es católica, porque ella es una mujer conservadora, porque ella es una mujer hacendada, una señora con dinero, una mujer que por lo menos a mí no me representa.
Después de ver cómo se moduló la agenda de los movimientos desde una estrategia, digamos, malmenorista, para al final llegara la catástrofe con Asfura, quería preguntarte por algo que creo que tiene bastante relevancia en este ciclo y de lo que no se habla suficiente, el factor de Próspera y las ZEDES, como la última utopía capitalista.
Fíjate que se puede ligar con lo que habías dicho antes, sobre el significado del golpe de 2009 en términos de ensayo. Ahora es lo mismo, para nosotras es eso, un golpe electoral. Es un fraude impuesto por Trump, está completamente ligado al indulto a Juan Orlando Hernández, y a la imposición desde afuera del proyecto de las Zonas Especiales de Desarrollo. Tenemos una posición crítica sobre las izquierdas del malmenorismo, pero siempre va a ser peor la derecha, y esta derecha libertaria, ni digamos. Xiomara Castro, en papeles y en discurso propagandístico, se la pasaba diciendo que ella había derogado el decreto que le daba vida a las ZEDES, pero frente a la demanda de Próspera ante la CIADI (Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones) no quisieron hacer mayor cosa. Y eso que ganaron que la demanda no fuera de los millones que ellos estaban exigiendo.
¿Qué pasó cuando triunfó la Revolución Cubana en los 60? Era otro tiempo, era otra cosa, pero tuvieron el arrojo de volarse la Nestlé y de mandarlos a la soberana mierda. Y dijeron no, pues aquí no va a haber Nestlé, con todo lo que eso implicaba. Ya no hay izquierdas que hagan eso. Todo es coqueteo con la empresa privada, con el poder transnacional. Tienen como un noviazgo así, bien heteronormativo.
Estamos secuestradas y secuestrados por estos dizque empresarios, que son delincuentes, que son narcotraficantes, que son pedófilos
También hay una parte importante de impotencia, ¿no? El poder está cada vez más concentrado lo que hace más difícil escapar a sus lógicas.
Exacto, es otra realidad. Las ZEDES no pararon a pesar de que hubiese declaración de inconstitucionalidad. Parar, parar, Próspera no paró. Y son proyectos, además, de un tamaño y de un nivel… Están ligados a los archivos de Epstein. Están ligados a estos experimentos horrorosos de longevidad, de eterna juventud. Pero además están ligados con experimentos en humanos. Pueden hacerlo en estos lugares donde ellos no tienen nada que les prohíba hacerlo. Algo que cuando lo contábamos antes, cuando comenzamos en la lucha cuando todavía se llamaban Ciudades Modelo, la gente decía: “no ustedes están exagerando, están contando una historia ya muy ficcionada, eso no va a pasar”. Está pasando y por eso impusieron a este Asfura, porque él va a darle continuidad. Y eso se sostiene también con el narcotráfico. Estamos secuestradas y secuestrados por estos dizque empresarios, que son delincuentes, que son narcotraficantes, que son pedófilos. Están muy envalentonados de todo lo que van a poder hacer ahora con Asfura.
Yo fui a Crawfish el año pasado a un encuentro que hicimos de acompañamiento a la comunidad, porque vos venís sobre la calle principal, tomás un desvío, pasás en frente de la entrada a Próspera, seguís la calle y llegás a Crawfish, que tiene una población a la que nosotros decimos “negros ingleses”, porque se diferencian de los garífuna de la forma en que llegaron. Próspera ha traído a mucha gente de la Moskitia. Entonces, en la comunidad, la disputa entre la gente es entre miskitos y negros ingleses. No es entre ellos y Próspera. Y vos notás las condiciones en las que viven los empleados miskitos y en las que vive la población en general, que es gente que tiene un empleo muy explotado de toda la industria turística que hay en la zona. Entonces ahí vos notás las casas de los empleados que son en su mayoría miskitos, que es otro pueblo indígena también muy empobrecido, en disputa con los locales negros ingleses de la zona. Y Próspera a sus anchas, es bien peligroso.
Es como una versión distópica y a gran escala de un barrio privado, ¿no?
¿Y viste este caso, que también se ha vuelto emblemático, de la muchacha que secuestraron? Recién Radio Progreso acaba de sacar un documental. Fue una muchacha que andaba de vacaciones con su familia, se monta en una mototaxi y desaparece y la familia comienza a buscarla, a buscarla, y a raíz de eso están encausados cuatro norteamericanos. Ahorita hace poco fue la audiencia. Es trata, prostitución de menores inclusivo y son toda la cúpula de la red que operaba en Roatán son gringos, son norteamericanos, y hay todo este involucramiento de la policía y de las instituciones del Estado en Roatán. Te asustas. Eso es Próspera, es el secuestro y la trata que hay ahí. Y narcotráfico, experimentos, muchos ligados a esta idea absurda de no morirse nunca.
Hay una invasión en toda Honduras de tiendas de ropa usada, y todas son de la iglesia israelita. Vos entrás a esas tiendas y está la bandera de Israel
Hablando de quienes hacen lo que desean en total impunidad, Israel está entrando cada vez más fuerte en Honduras. Tenemos este tándem de Israel y Estados Unidos que se permiten secuestrar presidentes, asediar países, organizar golpes.
Yo creo que va a volver a pasar. No vamos a dejar de ser por mucho tiempo el lugar donde se experimenta, el laboratorio político de esto. Porque el indulto, por ejemplo, de Juan Orlando Hernández, es un aviso muy claro de a quiénes ellos pueden botar cuando les convenga. Tanto que se habla de que la justicia norteamericana sí funciona, que esa justicia sí es justicia. Vieras qué fuerte es ese discurso en Honduras, cuando era el juicio de Juan Orlando y se transmitía, había una expectativa en la gente, decía: “es que la justicia en Estados Unidos... Mira, a ese narcotraficante, sí lo van a castigar”.
Creo que con eso van a seguir experimentando, cómo reacciona la gente, qué cosas pueden hacer, qué marco jurídico crean para que esas cosas sean posibles. De ahí todo el tema del ensayo de esa cosa absurda de Próspera: Ellos solo se gobiernan y ellos deciden. A ver cómo reaccionamos a eso.
La gente en general está muy dominada, hay mucha invasión de la iglesia evangélica y el fundamentalismo religioso no deja que haya reacción. Además es completamente sionista. Hay una invasión. En Tegucigalpa, bueno, en toda Honduras, hay mucha tienda de ropa usada por esta cosa del fast fashion, y todas son de la iglesia israelita y vos entrás a esas tiendas de usados, y está la bandera de Israel y las alabanzas sonando en los parlantes. Y claro, la mayor parte de la gente compramos ropa usada, no compramos ropa nueva. Hay algunos que ya no entramos por decisión, pero es que la mayor parte de la gente compra por razones tan sencillas como que podemos comprar solo eso, somos pobres, es esperable.
Vamos a seguir siendo el laboratorio del extractivismo, su lugar de ensayo. Imagínate cómo va a afectar todo esto al pueblo Garífuna, por pensar en los más aguerridos, la gente también con capacidad organizativa de respuesta: son 61 reocupaciones las que tienen ahorita, pues imagina lo que va a significar. Vienen momentos muy duros, pero muy duros.
Pero también hay resistencias.
Sí, y el proyecto de estos demenciales no va a parar. Es su avaricia, después van a querer irse a destruir otro lugar, ya están en eso. Pero también es cierto que hay resistencias, y eso hay que reafirmarlo para que tengamos una sensación no de derrotismo, tampoco de esperanza, sino de certeza de que este tiempo nos tocó vivir. Esto nos tocó vivir y no se trata de ser una heroína, pero esto nos tocó y hay que afrontarlo. Siempre ha sido así, pero no hay proyecto, no hay abuso que a ellos se les ocurra, frente al cual no haya resistencia.
¿Que vamos a hacer una fotovoltaica? Allí viene la gente y se organiza en contra. ¿Que vamos a hacer un hotel? La gente se organiza y se opone el hotel... y así en todo el mundo. Es cierto que somos muy reactivas. Pero también hemos ido aprendiendo que el mundo no es de ellos. No va a ser siempre así. No fue siempre así. Es el ejercicio de memoria política que nosotras hacemos. La memoria es el ejercicio político más profundo, porque sino pensamos que así va a ser siempre.
No, antes fue de otra manera y entonces tenemos que acordarnos cómo era antes para luchar, para que un día deje de ser el el proyecto de muerte que ellos quieren instalarnos y sea el de vida que tuvimos antes de la colonia. Porque de otra manera no gobernábamos, de otra manera vivíamos, de otra manera nos asumíamos como un ser vivo más. No siempre fue el mundo de ellos, de sus abusos, su locura, sus excesos. Tampoco lo quiero romantizar, también tenía sus cosas torcidas. No lo sabemos porque la historia que conocemos la escribieron la gente blanca. Pero era de otra manera. Y por lo menos todo lo vivo estaba vivo, no como ahora.
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