“Ahí te vas a quedar sepultado”

El Tribunal Europeo de los Derechos Humanos da la razón a un activista del CSOA Casas Viejas (Sevilla), al que condenaron por calumnias tras denunciar torturas.

CSOA Casas Viejas Agustín y Beatriz 01
Agustín Toranzo y Beatriz Moreno Julia Rodríguez

publicado
2018-12-12 10:00:00

El 29 de noviembre de 2007, a las siete de la mañana, se inicia el desalojo del Centro Social Autogestionado (CSOA) Casas Viejas, en Sevilla, que dura 36 horas, hasta casi las nueve de la noche del día siguiente. Seis integrantes del colectivo realizan una acción de resistencia no violenta dentro del espacio, dos de ellos en un túnel a 4 metros de profundidad. El 1 de diciembre, en rueda de prensa, uno de ellos, Agustín Toranzo, señala que en el desalojo sufrieron “tortura física y psicológica”. Es denunciado por calumnias y condenado en el Juzgado de lo Penal número 13 de Sevilla. Agotadas las instancias españolas, recurre a Europa. Once años después, el 20 de noviembre de 2018, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) sentencia a favor de Agustín Toranzo.

En su dictamen, el TEDH “observa que, según las sentencias dictadas por la Sala de lo Penal y la Audiencia Provincial, los métodos utilizados por la policía no solo consistían en la negociación, sino también en atar la cintura del demandante con una cuerda e intentar persuadirlo de que se retirara, amenazarlo con el uso de gas y advertirle del inminente derrumbe de toda la estructura, así como en atar su mano a su tobillo durante un largo período de tiempo en una posición dolorosa”, la postura del balancín. Casi toda la violencia ejercida fue recogida por el colectivo con una cámara oculta, aceptada como prueba en los tribunales, como testimonio de lo ocurrido en el desalojo: “Esta no la vas a contar”, “Gases, a tomar por culo”, “Una vez que te hayas roto la muñeca te van a dar por culo”, “Ahí te vas a quedar sepultado, hijo puta”, “Vamos a cargar las diligencias. ¿Estáis dispuestos a comeros un atentado?”. Casi toda la violencia… porque tras apagar la policía la cámara, apenas una hora antes de que acabase el desalojo, sobrevino la segunda tanda de violencia, el torniquete, la tortura “blanca” que no deja huella.

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Charlamos con Agustín Toranzo y con Beatriz Moreno, integrante del CSOA Casas Viejas y mediadora en el desalojo. 

¿Qué habéis sentido con la sentencia del TEDH después de tantos años?
Agustín: He sentido alegría. Cuando me condenaron por calumnias, se condena a todo el mundo a que no hable de esto, a que tenga miedo, a no usar esa palabra [tortura]. Ahora, la sensación que tengo es como si estuvieran diciendo desde Europa: podéis hablar de lo que pasó allí, que no es delito. Tenéis una sentencia que dice que podéis hablar con total amplitud de lo que queráis. Creo que no van a recurrir la sentencia porque hay unanimidad en la sala, y si es así, van a recurrir para nada.

Cuando me condenaron por calumnias, se condena a todo el mundo a que tenga miedo

Beatriz: Estamos tan poco acostumbradas a ganar juicios… y, entonces, claro, te da alegría, pero después, cuando lees la sentencia, también me dio mucha pena que te dé alegría el que te permitan decir que te han hecho mucho daño. Hay motivos para estar contentas, pero qué pobre es la parcela que nos dejan.

Parte del argumentario de la sentencia del TEDH a favor de Agustín es reconocer los hechos denunciados como tortura recogidos en las sentencias previas españolas.
B. En el juicio por calumnias llegaron a decir que el Estado tenía la potestad para ejercer la violencia.
A. Yo salí muy contento del juicio de Sevilla por calumnias, porque, aunque hubo una condena, para mí fue una victoria porque, por primera vez, voy a un juicio en el que el juez reconoce parte de la violencia. No toda, hay una violencia que obvian. Hay una persona a la que marginaron en ese juicio, el perito de mi defensa, Pau Pérez-Sales [psiquiatra del Hospital Universitario La Paz, consultor de la OMS y asesor del Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura]. El juez no lo dejaba hablar, porque ese hombre venía a decir claramente que se había hecho una tortura muy refinada, que era la del torniquete o isquemia transitoria, que se practica habitualmente con miembros de movimientos sociales y no deja huella.

Los gritos al inicio del documental Londres no es Sevilla (Intermedia Producciones, Mariano Agudo, 2010), que recoge lo sucedido en el desalojo, son desgarradores, pero para ti lo peor vino después cuando apagaron la cámara.
A. Los gritos de Ibán [La persona que realizó junto a Agustín la resistencia bajo tierra] son de la primera tanda de brutalidad. Eso fue muy desgarrador porque le lesionan la mano que tiene dentro del tubo y en esa mano él tenía su llave del candado. A él se le hincha tanto la mano que no puede abrir el candado. Policías y bomberos nos dejaban mucho tiempo solos en el túnel y él se pegó horas y horas sin saber si iba a poder salir, hasta que le bajó la hinchazón, pero esas horas fueron brutales… Yo le tranquilizaba, le aseguraba que todo se iba a arreglar. Que si hacía falta yo le sacaría de allí con un martillo eléctrico. Eso le ayudaba. Y luego viene la segunda tanda. No sabíamos qué estaban haciendo, estábamos los dos desconcertados en silencio… Mientras hacían el torniquete.

Derechos Humanos
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Once años después del desalojo del CSOA Casas Viejas, una sentencia del tribunal de Estrasburgo viene a corregir parte de las injusticias que se cometieron en su momento contra el colectivo que protagonizó la sonada resistencia.

¿En qué consistió la tortura del torniquete?
A. El torniquete es, primero, atar una cuerda muy fuerte en la muñeca, que estrangula la circulación y, segundo, precintar la mano, como si fuera una bola, para que no puedas mover ni un solo músculo para aliviar ese corte. La sensación es que se te quema o congela la mano. Y en tercer lugar la postura de balancín o plátano, una forma de tortura en sí misma. En la primera tanda del torniquete consiguen sacar a Ibán, porque ya estaba tocado. A mí me hacen la tanda del balancín y el torniquete dos veces, y la técnica del torniquete no se puede alargar mucho tiempo, porque tiene riesgo de gangrena, entonces, a mí me quitan todo para evitar la gangrena y empiezan con una segunda tanda [Reconstrucción en vídeo de la tortura del torniquete más el balancín].

La cámara es testigo de gran parte de lo que ocurrió.
A. Eso es otra alegría del juicio por calumnias en Sevilla, que recojan un trabajo que hemos hecho de cámara oculta y lo acepten como prueba legal, porque lo normal en estos juicios es que digan: todo lo que estás diciendo es mentira. La cámara funciona durante dos días hasta una hora antes de que acabe el desalojo, la apagan cuando empiezan a hacer los torniquetes.

CSOA Casas Viejas Agustín y Beatriz 03

B. Pero el ruido del precinto sí se escucha justo antes de apagarse… De la cámara se dieron cuenta antes.

A. Sí, se dieron cuenta por la mañana el primer día. El desalojo empezó a las siete de la mañana. Nosotros teníamos una puerta de hierro en el habitáculo, los policías tardaron unas dos horas en romperla y nada más entrar atan a Ibán el brazo libre y a mí me atan una cuerda a la cintura y empiezan a tirar a lo bestia. En esa primera tanda brutal de maltrato ellos todavía no habían descubierto la cámara, porque entraron a lo loco. Cuando terminan esa primera tanda y no habían conseguido sacarnos, se van para arriba, y ahí tuvimos unas horas de calma, entonces entran los bomberos sobre las once de la mañana, y ahí ellos descubren las cámaras.

Aunque el TEDH afirma que “no está obligado a determinar si el solicitante fue sometido a tortura o no”, ¿la sentencia supone un reconocimiento de tortura?
B. Claro, directamente sí, porque tú tienes libertad de expresión, pero tú tienes libertad para expresar una verdad, tú no tienes derecho a expresar algo que es mentira, entonces sería una calumnia. Hay libertad de expresar una cosa que está demostrada que ocurrió así, que es real, que no se lo ha inventado, entonces está reconociendo que sí lo torturaron. De todas maneras, en la sentencia de Estrasburgo hay una parte que es interesante, donde dice que el hecho de que él haya dicho que se sintió torturado es una cosa que no se puede discutir, porque es una sensación suya, la sentencia no quiere poner la palabra “tortura”, porque se quiere escapar de eso, pero todo lo demás coincide con la sensación de una persona torturada, indefensión, miedo, angustia.

En la sentencia de Estrasburgo hay una parte interesante, donde dice que el hecho de que él haya dicho que se sintió torturado es una cosa que no se puede discutir

A. Pero yo me sentía muy cómodo en la rueda de prensa al hablar de las torturas porque había una cámara que había recogido casi todo, menos el torniquete, yo estaba memorizando todo lo que sabía que estaba grabado en cámaras, describiendo una cosa de la que sabía que había pruebas, teníamos los materiales que respaldaban lo que allí había pasado. Y el tribunal europeo, además, dice: todo lo que ha dicho Agustín en la rueda de prensa, menos el torniquete, el Juzgado de Sevilla lo ha dado como válido. Encima tuvimos la gran suerte de que la productora Intermedia sacó el documental sobre el desalojo un año antes del juicio por calumnias. Lo estaba viendo mucha gente, y eso creo que nos ha beneficiado muchísimo en los juicios.

El artículo “Transitory ischemia as a form of torture: a case description in Spain”, publicado en 2010 en la revista Torture: Journal on Rehabilitation of Torture Victims and Prevention of Torture, recoge vuestro caso, señalando que la isquemia transitoria es una “forma de tortura” (White Torture) “insuficientemente descrita y estudiada”, generalmente no incluida en los informes médicos de evaluación de torturas y no explorada suficientemente en el Protocolo de Estambul. ¿Se ha avanzado algo en este sentido?
A. Pau Pérez-Sales cita en el artículo mucha bibliografía en este sentido, que habla de por qué no se reconoce la práctica de tortura en las instituciones. Uno de los libros que cita dice, no, no es sólo que no se reconozca, es que encima de que no lo reconocen, como hay crítica a la tortura y hay gente que está al loro de que no se produzca, denunciándola, están pasando a la tortura “limpia”… el torniquete, la bolsa, la bañera, cosas que no dejan huella, son muy hipócritas, porque al final estás haciendo lo mismo, pero como hay observadores que están encima lo que haces es practicarla de esa manera.

B. Hay un tema interesante de cómo hubo un cambio de concepto de tortura, donde la tortura primero se ve como unas técnicas para sacar algo de la persona y ahora ya el objetivo es hacer daño y estropear a la persona moralmente para no sacar nada. Es un cambio de definición de tortura, ya no se ve que tiene un objetivo concreto de sacar información, sino de destruir tu persona.

Derechos Humanos
Lecciones desde Andalucía y Estrasburgo

Hace ya 11 años, el 30 de noviembre de 2007, el activista Agustín Toranzo, junto a otro compañero, fue extraído por la fuerza de un túnel bajo tierra en el que se encontraba sujeto como forma para protestar por el desalojo judicial del inmueble situado en la calle Antonia Sáenz nº12, en la ciudad de Sevilla.

¿Cómo valoráis el papel realizado por bomberos y medios de comunicación en el desalojo?
B. En el caso concreto de la tortura, es un tema que la prensa no ha querido tratar y ha boicoteado totalmente. Aparte, el papel de los bomberos fue nefasto…

A. No se puede generalizar, porque bomberos hay de todo tipo, pero en este caso hicieron un papel muy malo, ellos no nos tocaron un pelo, físicamente no nos han hecho nada, pero su función era todo el rato el chantaje, la amenaza, los trucos, la mentira.

B. La foto… ahí se ve la calaña de ellos [Los bomberos les sacan fotos en el túnel el segundo día del desalojo cuando ya están solos y a oscuras justo antes de empezar el torniquete]. Parecía que iban de coleguitas, tenían el papel del poli bueno.

A. Ese fue el papel de ellos.

Tu papel de mediadora es tremendo…
B. A mí me coge el jefe que dirigía todo eso y me dice que les queda muy poco tiempo de oxígeno, que se van a morir, que hable con ellos… Yo sabía que no podían asfixiarse porque conocía cómo estaba hecho eso, pero pensaba, es que a lo mejor han tapado los tubos de ventilación… Diego Cañamero, el otro mediador, le preguntaba a una compañera del grupo de cámaras ocultas: “¿Estás segura de que no se están asfixiando?”, “Sí, Diego, segura”, “¿Pero segura?”, “Sí, segura”. Los del túnel tenían un teléfono móvil escondido con el que, entre otras cosas, pudieron avisar al grupo de mediación de que la crisis del oxígeno era un montaje. ¡Menos mal!

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Se empezó a preparar la resistencia tres años antes del desalojo. Después de todo lo ocurrido, ¿hay algún aprendizaje? ¿Habríais cambiado algo?
A. Hay compañeras y compañeros que nos dicen, bueno, ¿ahora quién se va a querer meter en los tubos después de lo que ha pasado?, pero es que ese tipo de acciones se había hecho muchas veces, por ejemplo, en Inglaterra, en el colectivo de Solidarixs con Itoiz, la lucha contra el pantano, y nunca habían utilizado tortura blanca, el torniquete.

B. Yo no haría ya nunca una resistencia a cuatro metros bajo tierra, porque si ya ellos torturan a plena luz del día, imagínate sin que te vea nadie. Lo que haría es un túnel con muchas puertas, y nada de estar atados, que en cuanto lleguen a tu cuerpo te saquen.

A. Haber puesto cuatro puertas y haber tardado tres horas en cada puerta.

B. Técnicamente, lo de las cámaras se hubiera podido mejorar mucho, incluso con los medios de entonces, porque había fallos con las conexiones.

A. Y una de las cosas que cambiaría es la coordinación de los grupos, tú tienes diseñada una acción y tienes un grupo de mediación, un grupo en cámara oculta, un grupo de apoyo arriba de gente entubada y gente de apoyo y luego en prensa tienes otro grupo. Lo que mejoraría es la coordinación entre esos grupos. Por ejemplo, el objetivo de las cámaras ocultas era parar los malos tratos si los hubiera, y los hubo, y los teníamos grabados, y la idea era, en cuanto se produzcan los malos tratos, se entregan las imágenes a los periodistas que hay fuera o se pone un enlace en Internet y se pone la primera tanda de brutalidad y ya que los medios empiecen a publicar lo que están haciendo, lo que pasó es que la gente de las cámaras ocultas se quedó bloqueada y no se hizo eso, no pasa nada, porque tiene su ventaja también, si no publicas las imágenes en cuanto pasan, las cámaras van a durar más, porque en cuanto publiques te van a romper las cámaras y no habríamos recogido las burradas que ocurrieron después.

B. Pero cuánto tiempo estuvimos la gente haciendo guardias, cuántas noches…

A. Desde que dice el juez a partir de este día tenéis que estar fuera de la casa, el día del lanzamiento hasta que llegó el día del desalojo, pasó un mes y medio, que teníamos que dormir todas las noches en el túnel.

B. Podríamos habernos coordinado mejor, pero es que ya la guardia era una coordinación muy grande, de turnos de día y de noche, durante un mes y medio.

A. Otro aprendizaje es la necesidad de cuidados en el colectivo… Por eso el colectivo de la PAH me gusta mucho, porque tienen una sección de atención psicológica y el tema psicológico es muy importante en nuestros movimientos sociales.

B. Creo que cada vez se está currando más el aspecto humano, hay mediadores en los colectivos, una figura que antes no existía. El feminismo ha hecho mucho bien, por ejemplo, con todo el tema de los malos tratos, son palabras que la gente maneja mucho más que antes. Los colectivos se han apropiado también de todos esos conceptos.

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