Derecho al agua
La paradoja de embotellar un litro de agua: gastar diez más
Hay un dicho que se le atribuye a uno de los rusos —Tolstoi, Chejov, hay tantos rusos…— que no se sabe si lo dijo o lo dejó escrito uno de ellos o vete tú a saber quién, porque el asunto de las citas de personajes históricos es que todas se le pueden atribuir a Séneca o a Winston Churchill, si nos ponemos. La cosa es que la frasecilla dice algo así como que, si quieres ser universal, canta o cuenta tu aldea, es decir, de lo local a lo global. Para eso hay un término también: glocal. ¿Y qué hay más glocal que el mal uso, sobreexplotación y contaminación del agua?
El filme ¿El agua es nuestra? parte de una premisa local, la lucha popular y vecinal de una plataforma contra la instalación de embotelladoras de agua sobre acuíferos del Valle de Lecrín, en Granada. Una zona muy fértil (se les anima desde aquí a que prueben las naranjas de sus árboles frutales) que está a medio camino entre Granada capital y la costa granadina, y está situada en las faldas de Sierra Nevada, donde hay mucha agua en el subsuelo por el deshielo.
El relato que construye el realizador del filme, Óscar Berdullas, parte de este ejemplo de lucha popular de vecinos de varias localidades del Valle. De ahí, de ese empeño de personas frente a empresas que pretenden drenar literalmente la vida del subsuelo del Valle, se parte hacia la paradoja del agua: para embotellar un litro y medio de agua en plástico hacen falta diez litros de agua.
Imagínense el siguiente escenario: un señor inglés (podría ser camboyano también, la nacionalidad en esta fábula da más o menos igual) camina, despacio, por las estrechas y empinadérrimas calles del Albaycín turistificado un 20 de julio. Claro está, al llegar a plaza Larga, centro del Albaycín turistificado, necesita hidratarse, si no la visita a Granada acabará en visita hospitalaria. Compra una botella de agua de litro y medio de una marca conocida en una tienda, si la encuentra. Se pimpla el litro y medio de agua y no fenece. Ese señor se acaba de dar una ducha de diez litros de agua.
“Lo más triste de esto es que para fabricar una botella de plástico de un litro y medio hacen falta seis litros de agua y para reciclarla tres. Haciendo las cuentas: tres más seis, más el litro y medio que lleva dentro son diez litros por botella, o sea, que cada vez que vas a comprar supermercado y coges una botella, tienes que tener en cuenta que se está gastando”, afirma Berdullas, el director y guionista de la película que se proyectará en e Festival de Cines del Sur de Granada.
Pero la cosa no queda ahí, porque ese plástico contamina. Según nos cuenta el realizador, la película se gestó en realidad por su preocupación por el efecto del plástico en la salud y durante su investigación y puesta en marcha del proyecto irremediablemente le llevó hasta las investigaciones del Doctor Nicolás Olea Serrano, que interviene en la película.
Óscar Berdullas: “Lo más triste de esto es que para fabricar una botella de plástico de un litro y medio hacen falta seis litros de agua y para reciclarla tres”
“Cada vez son más frecuentes los estudios en los contaminantes en el agua embotellada. Lo que intentan ver es si alguno de los componentes del plástico se libera por el tiempo, por la temperatura, por la luz al líquido que contiene. Todos coinciden en que sí”, asegura el médico, investigador y docente de la Universidad de Granada.“En el año 2017 publicamos nuestro primer trabajo sobre actividad hormonal del agua embotellada en el mercado español. Hicimos una publicación muy bien presentada en una revista internacional y decíamos que, analizadas 32 diferentes marcas de agua del mercado nacional en supermercados estándar, había un 47% que tenía actividad estrogénica, un 21% actividad antiandrogénica y un 38% actividad antiestrogénica. Es decir, que había una actividad biológica que no se encontraba en el agua de grifo y una media de 87 contaminantes que vienen del embalaje o del envase del plástico”, continúa el experto.
En definitiva, de un problema local, de unos vecinos y vecinas que protestan para que no sequen pozos naturales de agua que necesitan para la subsistencia y el riego de sus campos, hasta la contaminación que genera el plástico en el que es embotella y despilfarro de agua que supone meterlo en un recipiente de este tipo.
Olea, en la intervención de la película añade además: “El PET (tereftalato de polietileno) no es hormonalmente activo. El polímero, o el monómero de ese polímero, no tiene actividad biológica pero sí que lo tienen los aditivos”. El doctor explica que este derivado del petróleo se hace en España. “Hay varios puntos donde se fabrica masivamente para toda la geografía para cualquier embotellador. Ellos hacen una base, que es el chupete, y después en un molde adopta la forma del producto final”.
Nicolás Olea: “Otro vicio: la reutilización de las botellas de plástico. Eso es pecado. Está desaconsejado por los propios fabricantes”
Uno de los peligros es el uso continuado de las botellas: “Cuanto más se utilice —remarca Olea—, más componentes libera. Y la liberación de esos microplásticos y sus componentes depende de la fabricación del propio PET, del calor al que haya sido sometido. ¿A qué calor va a ser sometido? Hombre, cuando dejas una botella de litro y medio en la parte de atrás de un coche en Granada, el agua no se puede beber, está a 50 grados”.
El investigador alerta asimismo contra lo que considera “un vicio”: la reutilización de las botellas de plástico. “Eso es pecado. Está desaconsejado por los propios fabricantes. El PET, cuanto más se utilice, más componentes libera. Inmediatamente se publica el contrainforme de un grupo catalán muy poderoso, por supuesto subvencionado por la industria embotelladora de agua, donde dice que han analizado los componentes químicos y están todos dentro de los límites de la legalidad”.
Otro de los expertos que participa en la película y donde Berdullas asienta el marco científico que apoya el relato es Antonio Castillo Martín, hidrogeólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y de la Universidad de Granada. “Si estamos produciendo ocho mil millones de litros al año de agua embotellada son cantidades muy pequeñas. Pero claro, son ocho mil millones de botellas de un litro, y si las botellas son más chicas, pues bastante más. Ahí tenemos un grave problema”, explica durante la película. “¿Qué solución tendría? El plástico teóricamente se está reciclando, pero, la verdad, ahí están nuestros ríos llenos de plásticos, de botellas... y, realmente, botellas de plástico tenemos en todos los sitios. En los océanos hay grandes masas de botellas. Y otros especialistas hablan de microplásticos. Que ya ha entrado el plástico en las cadenas animales. Esto va a ser un problema muy gordo. Bueno, lo es ya y será un problema muy gordo a futuro”, continúa.
“El agua es de la tierra, no nos pertenece, aunque la gente piense que por estar en un terreno de su propiedad es suya. El agua nos pertenece a todos, es de todos”, afirma Berdullas
A colación de los plásticos que nos rodean en lo cotidiano, durante la película Olea habla de un fenómeno cuando habla del empaquetado de alimentos en supermercados y establecimientos, y que lo cataloga como una “orgía de plástico”. Berdullas en este sentido explica: “Entras en un supermercado y todo es plástico. Yo le propongo a que cualquier persona que consume y hace la compra en supermercados y centros comerciales que pruebe a dejar todo el plástico que consume en su casa en bolsas y cuando pase una semana descubrirá que hay kilos de plástico”.
Una de las pretensiones de la película, según cuenta el realizador, es crear conciencia con respecto a la cantidad de plástico que consumimos en el día a día. Sin embargo, además, en el propio título nos presenta una incógnita: ¿el agua es nuestra?
“El agua es de la tierra, no nos pertenece, aunque la gente piense que por estar en un terreno de su propiedad es suya. El agua nos pertenece a todos, es de todos. Pero la pregunta ahí tiene un doble sentido, porque, si es nuestra, ¿por qué las empresas se la están llevando y están pagando nada y menos por ella? Se están enriqueciendo y no se les pone un precio que les haga frenar, o unas condiciones en su extracción, y para eso se le tiene que dar más fuerza a nuestras consejerías de Medio Ambiente. Y, por otro lado, nuestros gobernantes deberían legislar a favor de la naturaleza. Una cosa es que necesitemos agua y otra muy distinta que la derrochemos”, afirma Berdullas.
A colación del precio del agua, Castillo Martín añade a lo que menciona Berdullas: “Posiblemente, en España —y este es mi juicio, pero esto vale poco— el agua es barata. Pero no soy economista y no me siento seguro de lo que digo”. Para él, la discusión sobre si las empresas que están obteniendo grandes beneficios en el uso del agua están contribuyendo a ese consumo de agua es un debate universal. “Ocurre en todos los países, hay países donde el precio del agua es muy alto y las empresas están pagando por esas plusvalías que obtienen, y países como el nuestro y muchos donde el agua es prácticamente gratis”, finaliza.
Derecho al agua
El Valle de Lecrín en Granada se moviliza contra la embotelladora que extraerá 250 mil litros de agua diarios
Plástico
Hasta 11.000 partículas de microplástico por ración en comida para bebés de Nestlé y Danone, alerta Greenpeace
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!