Opinión
296 tiroteos en Suecia y son buenas noticias (I)
Un día oí una explosión mientras paseaba a la perra. Vivo cerca de unas cocheras del metro de Estocolmo y no es raro oír golpazos, como de planchas metálicas golpeando contra el suelo, pero en el sur de Estocolmo tampoco es raro del todo oír explosiones. Al final a todo se hace uno. Esto era una granada de mano. Igual que pasa con los tiros, no suenan como en las películas. Estalló una granada de mano, una bomba improvisada un poco más allá y la policía encontró esa misma mañana dos granadas sin estallar en la misma calle.
Un par de semanas después, estábamos paseando a las perras a las seis de la tarde (noche cerrada todavía en el puro invierno escandinavo que nos deja el calentamiento global) cuando vimos una furgoneta de la policía con todas las luces encendidas iluminando el bosque con proyectores. Un poco más adelante otra patrulla haciendo lo mismo en otra parte del bosque. Lejos de donde estábamos oímos nítidamente ¡PRA! ¡PRA!¡PRA!¡PRA!¡PRA! Fuego de un arma semiautomática. Nadie parece inmutarse entre los que pasean perros, quienes juegan al fútbol sobre el césped artificial, ni la policía en sus coches iluminados como árboles de navidad, que siguen a lo suyo.
A partir de esa zona, y más cuanto más se va en dirección sur, la presencia de las bandas va siendo cada vez más obvia a simple vista, hasta llegar al punto de que una de ellas tenía un altar en plena calle homenajeando a uno de sus miembros caídos. Hace tiempo que no paso por allí, pero la gente del barrio me dijo que el altar tenía vigilancia 24/7. En su momento pasé cerca a las 4 de la tarde y a las tantas de la mañana y, en efecto, allí cerca había un coche aparcado con gente dentro y policías no parecían, aunque solo fuera porque estaban todos fumando.
En ese barrio he visto gángsters adolescentes ocupando la acera entera, caminando de cuatro en fondo, y todo el mundo apartándose discretamente. He visto a un par de ellos caminando por el asfalto, por ese bulevar que es la arteria principal del barrio, ralentizando el tráfico. Parándolo. Con una sonrisa en la cara. Usando uno de los raros bancos de la calle como oficina. Enseñoreándose. Gustándose. No van vestidos con los colores de nada, pero todo el mundo sabe que van vestidos de lo que son. Gángsters.
Los niños que están entrenando con sus equipos de fútbol paran el balón y corren a saludar a los veinteañeros, treintañeros que aparcan el coche deportivo con lunas tintadas para darse un baño de masas y a veces repartir dinero. “Toma, cómprate unas Nike”, les dicen. Tan jóvenes y ya saben que seguramente con el fútbol no van a tener para esa ropa y ese coche, y saben también que los del coche no lo han pagado trabajando. El magnetismo del malote es muy poderoso.
Los 296 tiroteos (casi todos relacionados con las bandas criminales) que tuvimos en 2024 en Suecia son una buena noticia porque el número está bajando. En 2025 fueron 144. En 2022 fueron 391, con 62 muertos y 90 explosiones. El que no se consuela es porque no quiere.
Los 296 tiroteos (casi todos relacionados con las bandas criminales) que tuvimos en 2024 en Suecia son una buena noticia porque el número está bajando
¿Pero qué es lo que está pasando en Suecia? La criminalidad y las bandas son cada vez más violentas en toda Europa, cada vez usan más armas largas, más bombas y son menos cuidadosos y más escandalosos con el uso de la violencia; cada vez causan más daños a terceros, a gente que no está en el ajo. Lo que pasa es que en cosa de diez años, Suecia ha pasado de los puestos de cola de la lista de víctimas de armas de fuego al puesto número dos, solamente superada por Albania. Hay gente de todos los países en todas partes, gente que tiene primos que conocen a uno que puede traer esto o que tiene aquello, gente que compra y gente que vende, gente que crea mercados, gente que los explota y gente que los roba y los defiende. ¿Pero por qué es especial Suecia?
Hay muchas teorías y ninguna parece explicarlo del todo; aun así, yo también tengo una. Como nada en esta vida, mi teoría no nace de la nada y bebe de unas cuantas teorías ya existentes.
Unos cuantos factores: Hay un millón de personas en Suecia que vive en lo que se denominan “zonas vulnerables”, áreas donde los comercios han ido cerrando, donde hay un desempleo altísimo y donde la mayoría de la población es de origen inmigrante. El desarraigo de primera y de segunda generación, el racismo más o menos oculto, lo fácil y lo difícil que puede ser salir del barrio y que el barrio salga de ti. El Gangsta Rap es gigantesco en Suecia. Los raperos que cantan las hazañas de criminales de carne y hueso (que a veces salen en sus videoclips y en ocasiones hacen bastante más que eso) son muy populares y el estilo de vida que promueven es muy atractivo para muchísimos chicos jóvenes.
Hay un millón de personas en Suecia que vive en lo que se denominan “zonas vulnerables”, áreas donde los comercios han ido cerrando, donde hay un desempleo altísimo y donde la mayoría de la población es de origen inmigrante
Algo único del Gangsta Rap sueco es lo salvajes que llegan a ser unos con otros, llegando a cotas únicas en el mundo. No hablo de peleas de gallos, no. Ha pasado más de una vez que uno ha hecho una canción que no le ha gustado a otro (algo tan típico como pasarle la mano por la cara a alguien en una canción) y no solo le han dado una paliza sino que lo han grabado y lo han subido a internet. La tendencia se fue agravando y se llegó a mostrar a los perpetradores orinando en la cara a su víctima tras darle una paliza. A otro le obligaron a ponerse lencería erótica femenina para humillarlo al compartirlo en redes sociales. No tardó mucho hasta que estas cosas terminaron en muertes. Estas ejecuciones se graban también. Todo es de cara a la galería. Algunos de estos criminales tienen miles de seguidores en Instagram, y Flashback (el Forocoches sueco) está lleno de material de todo tipo relacionado con las bandas y sus crímenes.
Una trabajadora social que trató a muchos adolescentes que llegaron por su cuenta a Suecia me contaba que algunos afganos a los 15 años habían echado a andar y al cabo de año y medio se habían plantado en Suecia. Estos chavales no daban crédito cuando, una vez que eran funcionales en inglés y en sueco, se enteraban de que por el hecho de nacer o de vivir aquí de forma regular puedes estudiar prácticamente lo que quieras y hasta te pagan para que no tengas que trabajar a tiempo completo. No todo el mundo puede vivir de ese dinero al 100%, pero siguen siendo condiciones inimaginables incluso en la mayor parte de Europa.
Algo notable es que muchos de estos criminales que tienen varias muertes a las espaldas antes de la mayoría de edad, los que tirotearon a un padre de familia en un parque hace poco porque les contestó, y tantos otros, son inmigrantes de segunda generación. Sus padres vinieron de países devastados por la guerra y ellos nacieron aquí o vinieron en los brazos de sus madres en muchísimos casos. Hay quien dice que las políticas de integración han fallado (lo que sea la integración esa, lo digo como inmigrante) y hay quien le echa la culpa a la inmigración y se queda tan ancho. En un país con uno de cada ocho con raíces fuera de Suecia o con al menos uno de los padres nacido fuera del país, hablar de inmigración como un problema con una brocha muy gorda es de ser un poco zopenco, por no decir muy zopenco. Las cosas son siempre más complicadas de lo que parecen y es difícil explicarlas en dos plumazos.
En un país con uno de cada ocho con raíces fuera de Suecia o con al menos uno de los padres nacido fuera del país, hablar de inmigración como un problema con una brocha muy gorda es de ser un poco zopenco...
Tenemos que remontarnos a 2020, cuando las cosas estaban ya bastante liadas en el crimen organizado sueco con robos espectaculares a mano armada, tiroteos con armas automáticas, videoclips con gente encapuchada y armada en una estación de tren que está al lado de una comisaría, muertos y heridos de forma regular... y ahora nos tenemos que poner un poco técnicos porque hay que hablar de criptografía. Seguiremos en la segunda parte.
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