Irán se prepara ante un eventual ataque estadounidense

En los últimos días, Estados Unidos ha estado redistribuyendo sus activos militares en la región bajo el pretexto de una posible operación contra el régimen iraní.
AntiUS billboard in Tehran
Cartel publicitario de grandes dimensiones instalado en la plaza Enghelab, en Teherán.

“El portaaviones Abraham Lincoln ha entrado en el área de responsabilidad del Comando Central en el Océano Índico occidental”. Así anunciaba este lunes el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) que el mayor portaaviones de la flota del país había sido trasladado hacia una de las áreas con mayor inestabilidad del planeta. La embarcación —con decenas de aviones de combate y de apoyo— ha llegado a la región acompañado con tres barcos de guerra más pequeños que lo escoltan —equipados con misiles Tomahawk de largo alcance— y que se encuentran frente a las costas de Omán. Según el CENTCOM, este movimiento se ha llevado a cabo con el objetivo de “promover la seguridad y la estabilidad regionales”. Hasta el domingo, el buque había estado en el Mar de China Meridional. 

La respuesta de Irán no se ha hecho esperar y también ha puesto en alerta a su ejército y a la Guardia Revolucionaria

La decisión de llevar el Abraham Lincoln al Índico Occidental, uno de los barcos de guerra más grandes del ejército estadounidense, que puede albergar hasta 7.000 soldados, no es aislada, ya que Donald Trump lleva días movilizando activos militares hacia Oriente Medio. No obstante, ha sido durante esta última semana cuando se ha intensificado el desplazamiento de efectivos. La respuesta de Irán, por otra parte, no se ha hecho esperar y también ha puesto en alerta a su ejército y a la Guardia Revolucionaria. Según la Agencia de Noticias de la República Islámica (IRNA), en las últimas horas se han incorporado 1.000 drones a la estructura operativa del Ejército, “de acuerdo con las amenazas existentes,  la preservación y el fortalecimiento de las ventajas estratégicas para un combate rápido y una respuesta contundente a cualquier agresión”.

En el plano comunicativo, y ante el avance de los movimientos de Trump, los ayatolás también han dado un paso y el pasado domingo instalaron un mural gigante en la plaza Enghelab, una de las principales de Teherán, en el que se puede leer: “Quien siembra vientos recoge tempestades”. En el mural se aprecia el portaaviones estadounidense siendo atacado y dejando un reguero de sangre roja en el mar, emulando la bandera de Estados Unidos. 

Durante la tarde del miércoles Donald Trump mencionó la posibilidad de llegar a un acuerdo con el régimen en referencia a las armas nucleares —aunque no especificó demandas concretas u otros detalles—, ocasión que aprovechó para volver a amenazar a los iraníes. Dejó claro que, en caso de una intervención, esta sería más “severa” que la que se produjo en junio. Ese mismo día, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, aseguró que no iban a negociar bajo “amenazas” y que su país está preparado para “responder de forma rápida y decisiva a cualquier agresión contra el suelo, el espacio aéreo o las aguas territoriales” del país. Hoy viernes está previsto que Araghchi se reúna en Turquía con su homólogo para abordar las relaciones bilaterales entre ambos países, el programa nuclear iraní y otros asuntos relacionados con la seguridad de la región, que pasan por la situación en Gaza o en Siria. 

Amenazas, cambios de opinión repentinos y estado de alerta

Acorralado por las protestas dentro de su propio país ocasionadas por el asesinato del ciudadano Alex Pretti a manos de la patrulla fronteriza el pasado sábado, el presidente norteamericano Donald Trump lleva días sin concretar si finalmente llevará a cabo alguna acción contra el régimen iraní o no, pero la tensión ha ido subiendo a lo largo de la semana. En las múltiples apariciones en prensa que protagoniza, y como ya es habitual en él, el mensaje ha ido cambiando, pero ha mantenido una amenaza velada al régimen que no se ha disipado. 

En el auge de las protestas en Irán, hace un par de semanas, y por las que habrían sido asesinados unos 6.000 manifestantes, la Casa Blanca aseguró por activa y por pasiva que respondería militarmente si el régimen ahorcaba, como al parecer estaba previsto, a una serie de manifestantes que habían sido arrestados en el marco de las protestas. Eso no sucedió y Donald Trump puso la opción de una intervención en pausa. Sin embargo, fuentes expertas y analistas internacionales ya apuntaron entonces que habían sido las presiones de Qatar, Arabia Saudí, Egipto y Omán, pero sobre todo las de Israel, las que habrían frenado la intervención. Trump negó la mayor hace apenas unos días y remarcó que quien había tomado la decisión era él, para dejar claro que no sucumbe a presiones externas. 

La actitud de los países del Golfo ante una posible intervención norteamericana tiene sentido si se tiene en cuenta que cualquier ataque será respondido hacia los objetivos militares de Estados Unidos en la región

Ha trascendido, sin embargo, que Arabia Saudí le ha prometido al presidente iraní, Masoud Pezeshkian, que no dejará que los estadounidenses usen su espacio aéreo ni terrestre para ninguna acción militar contra Irán. La actitud frontal de los países del Golfo ante una posible intervención norteamericana tiene sentido si se tiene en cuenta que cualquier ataque —como ya han advertido los iraníes— será respondido hacia los objetivos militares de Estados Unidos en la región; es decir, hacia las bases norteamericanas en sus países.

El pasado mes de junio, y en respuesta a los ataques recibidos por parte de Estados Unidos, Irán respondió con un ataque a la base militar de al-Udeid, en Qatar, la más grande que Estados Unidos tiene en Oriente Medio; con un destacamento de unos 10.000 soldados. EEUU tiene un total de ocho bases militares en la región, distribuidas entre Egipto, Irak, Jordania, Israel, Qatar, Arabia Saudí, Bahréin y los Emiratos Árabes Unidos (EAU).

Los movimientos de efectivos militares estadounidenses han puesto en alerta a toda la región, una buena prueba es la cancelación de los vuelos de algunas aerolíneas de sus vuelos a Israel, como la holandesa KLM —que forma parte de Air France— o el grupo Lufthansa, que incluye diversas aerolíneas como Austrian Airlines, Eurowings o Brussels Airlines. No solo eso: también los houthies de Yemen —respaldados por Irán— han elevado al máximo su nivel de alerta y China, comprador del 80% del petróleo que produce Irán, ha hecho un llamado a la calma. En la sesión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas del miércoles, el embajador y representante de China apostó por la “estabilidad de Irán y la preservación de su soberanía, seguridad e integridad territorial”; al tiempo que advertía de “un abismo impredecible” en la región.

La desestabilización de Irán, un país de unos 92 millones de habitantes con diferentes credos y minorías étnicas, tendría un impacto regional muy considerable y se sentiría más allá de las fronteras iraníes. Para empezar, podría provocar el bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde circula el 20% del petróleo mundial. De hecho, ayer mismo el precio del petróleo alcanzó su máximo de los últimos cuatro meses.

Irán no es Venezuela

Si bien hay analistas que auguran un ataque a Irán de manera inminente y comparan la situación con lo que sucedió en Venezuela el 3 de enero, tal y como apuntaba hace unos días en El Salto el analista y catedrático de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Complutense de Madrid, Ignacio Álvarez-Ossorio, “Irán no es Venezuela”. Y, si bien Trump podría estar buscando una intervención similar, los regímenes son completamente distintos, así como el contexto regional; mucho más volátil e inestable. 

Eliminar Ali Jamenei  haría cambiar algunas dinámicas, pero no haría caer el régimen

En primer lugar, el régimen iraní, a pesar de haber quedado debilitado por los ataques de junio — que dejaron en maltrechas condiciones las instalaciones de  Fordow, Natanz e Isfahán, y en el que murieron un millar de personas— está descentralizado. Eliminar, hipotéticamente, al Líder Supremo, Ali Jamenei (86 años), haría cambiar algunas dinámicas, pero no haría caer el régimen, que a lo largo de estos años se viene preparando para esta casuística. Si bien no hay un ‘sucesor’ per se, el poder está ramificado de tal forma que no sería suficiente para acabar con los ayatolás.

Por otra parte, una intervención militar foránea podría acarrear una reacción negativa de la población que, contraria al régimen, tampoco es proclive a una intervención extranjera. El hartazgo del régimen es grande en Irán, pero también lo es la animadversión a Estados Unidos e Israel. De hecho, la gran mayoría de analistas internacionales coinciden en  que el derrocamiento del régimen solo sucederá si se da desde dentro, algo poco probable en la actualidad; ya que las fisuras son prácticamente inexistentes. Las Fuerzas Armadas y la Guardia Revolucionaria —una rama del ejército iraní nacida en 1979 durante la revolución— son las que sustentan políticamente al régimen, y, de momento, caminan en la misma dirección. Esa cohesión es, precisamente, uno de los cimientos del sistema y el motivo por el cual protestas pasadas —como las de 2009 o 2022— no han triunfado. 

La Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, considerada grupo terrorista por la UE

Ayer jueves, y tras una reunión de ministros de Asuntos Exteriores europeos, la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, anunció que a partir de ahora la Guardia Revolucionaria Islámica pasará a ser considerada organización terrorista. La noticia llegaba durante la tarde del jueves. “La represión no puede quedar sin respuesta”, escribió en su cuenta de X.

La medida, una respuesta a la violenta represión de las protestas por parte del régimen, ha venido acompañada de un nuevo paquete de sanciones contra Irán. Entre los individuos sancionados se encuentran Eskandar Momeni, ministro del Interior, o el fiscal general, Mohammad Movahedi-Azad, entre otros.
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