Sevilla
La vivienda prende la mecha de una Sevilla solidaria y organizada hacia el 11N
Maricarmen avivó la llama de una candela que llevaba tiempo prendida. Tras su desahucio, ejecutado por un sistema que solo beneficia a poderosos y especuladores, llegó su muerte-asesinato, que provocó que miles de personas salieran a las calles en señal de solidaridad y denuncia ante una situación, la de la vivienda, que lleva asolando a la clase trabajadora desde hace décadas y que, en los últimos años, ha alcanzado uno de sus momentos más críticos.
En Sevilla se acumulan casos recientes que han generado una gran preocupación social: el desahucio de Raquel y su padre, de 87 años, previsto para el 10 de noviembre; las 102 familias de Jiménez Becerril; los Corralones de Castellar… Numerosas manifestaciones y concentraciones han contribuido a visibilizar estos conflictos y a fortalecer la organización ciudadana, evidenciando un contexto cada vez más asfixiante.
En octubre de 2026, el precio medio de un piso de un dormitorio en Sevilla superaba los 850 euros mensuales, lo que supone una subida del 36,7 % en cinco años
La capital sevillana refleja una creciente dificultad para acceder a una vivienda. Según el censo municipal de Emvisesa, en 2022 había 18.002 viviendas vacías en la ciudad, el 5,6 % del parque residencial. Por su parte, en octubre de 2026, el precio medio de un piso de un dormitorio en Sevilla superaba los 850 euros mensuales, lo que supone una subida del 36,7 % en cinco años, según datos del portal inmobiliario Idealista.
El 28 de septiembre, la plaza de la Encarnación de Sevilla comenzó a llenarse de tiendas de campaña. Lo que arrancó con 25 tiendas y entre 50 y 60 personas terminó reuniendo alrededor de 150 tiendas y unas 300 personas, al calor de otras acampadas desplegadas en diferentes capitales del Estado. Las Setas se convirtieron entonces en un espacio de encuentro entre ciudadanía, colectivos y organizaciones asamblearias, donde compartir impresiones y construir colectivamente propuestas de cara a la huelga general convocada para el próximo 11 de noviembre.
Aunque durante los primeros días la organización estuvo más pautada por el Sindicato de Inquilinas, fue evolucionando de manera natural hacia un modelo más colectivo, junto a otros movimientos por la vivienda, con comisiones de trabajo y personas responsables de distintas tareas. Así lo explica Niklas, del Sindicato, quien asegura que se prepararon para permanecer allí durante un tiempo, pese a no contar inicialmente con un plan cerrado para la acampada.
“Para el Sindicato fue un momento muy intenso. Nos sorprendió mucho la aceptación social que tuvo la acampada, ya que nos preocupaba generar conflictos con los vecinos, pero ocurrió más bien lo contrario. Incluso algunos comerciantes nos trasladaron su apoyo y nos contaron que entendían perfectamente lo que estábamos haciendo, porque también tenían familiares que no podían acceder a una vivienda”, explica.
¿Qué piden los movimientos?
Entre las reivindicaciones que los distintos movimientos por la vivienda llevan a esta huelga general destacan varias demandas compartidas: el fin de los desahucios, la defensa de la vivienda como un derecho y no como un negocio, una mayor protección de las inquilinas frente a los propietarios y la bajada de los alquileres para que las personas puedan asumir el coste de sus viviendas, entre otras.
Desde la Asamblea por la Vivienda de Sevilla dejan claro que su principal exigencia es que la vivienda deje de ser un negocio al servicio del enriquecimiento de unos pocos y se garantice como un derecho universal. “No podemos permitir que un bien básico se convierta en una mercancía que impida a la mayoría desarrollar un proyecto de vida”.
En este sentido, exigen una bajada drástica de los alquileres, de manera que ninguna familia tenga que destinar más del 30 % de sus ingresos al pago de la vivienda. También reclaman “contratos de alquiler indefinidos para acabar con los desahucios invisibles y la incertidumbre que sufren miles de personas”. Asimismo, insisten en acabar con “los incentivos fiscales a los propietarios que favorecen la especulación” y se oponen frontalmente a la privatización de vivienda pública. “Una vivienda construida con dinero público debe seguir siendo pública para siempre”, sentencian desde la Asamblea.
La organización también pone el foco en la empresa municipal de vivienda y en las dificultades de acceso a la vivienda pública en Sevilla. “Hay que señalar las responsabilidades de las instituciones públicas y es por eso que denunciamos las prácticas de Emvisesa, que, pese a ser la empresa municipal de vivienda, reproduce lógicas especulativas y no siempre responde a las urgencias sociales que existen en la ciudad”.
El Sindicato de Inquilinas de Sevilla recuerda que “desde el principio hemos insistido en que el decreto, incluso en su versión más ambiciosa, era solamente el comienzo”.
También reclaman la ilegalización de las empresas de desokupación, “ya que son generadoras de violencia inmobiliaria mediante amenazas y agresiones contra nuestras vecinas. Consideramos que se ha construido un discurso de miedo y desinformación a su alrededor que contribuye a criminalizar al movimiento por la vivienda y a desviar la atención del verdadero problema: la especulación y el negocio inmobiliario”.
La Asamblea por la Vivienda explica que ha apostado por incorporarse a los distintos comités de huelga por barrios. “Estos espacios están consiguiendo sumar a nuevas compañeras a la lucha, queremos que esa organización no termine el día de la huelga”
Por su parte, el Sindicato de Inquilinas de Sevilla recuerda que “desde el principio hemos insistido en que el decreto, incluso en su versión más ambiciosa, era solamente el comienzo. Medidas como topar los precios del alquiler, impedir los desahucios o equilibrar la negociación entre caseros e inquilinos mediante contratos de renovación automática son necesarias, pero no resuelven el problema de fondo”.
Ese problema estructural, explican, reside en que “la vivienda no puede distribuirse exclusivamente en función de la capacidad económica de cada persona. Hay que introducir criterios sociales y tener en cuenta muchas otras circunstancias que quedan fuera de la lógica del mercado”.
Vuelta a los barrios
La movilización surgida en torno a la acampada ha trasladado su lucha y organización a los barrios sevillanos. “Venimos de un ciclo de cierta desmovilización, especialmente después de los grandes momentos de movilización feminista de 2018 y 2019. Había generaciones de personas que se habían retirado después de participar en luchas intensas y que ahora están volviendo a organizarse”, advierten desde el Sindicato.
Por su parte, la Asamblea por la Vivienda explica que ha apostado por incorporarse a los distintos comités de huelga por barrios que se han organizado a partir de la acampada. “Estos espacios están consiguiendo sumar a nuevas compañeras a la lucha y queremos que esa organización no termine el día de la huelga, sino que tenga continuidad”.
Así las cosas, la Asamblea afirma que su papel está siendo “aportar herramientas, experiencias de lucha y nuestras reivindicaciones para acabar con el negocio de la vivienda. También estamos trabajando codo con codo con el resto de organizaciones de vivienda de Sevilla y con los sindicatos laborales combativos para contribuir al éxito de esta primera huelga general en 14 años”.
Desde el Sindicato aseguran que la respuesta de los barrios está siendo mucho mejor de lo que esperaban. “Depende de cada distrito, pero en la mayoría estamos encontrando una respuesta tremenda. Hay muchas ganas de movilizarse y estamos viendo cómo personas que llevaban tiempo alejadas de las luchas sociales vuelven a incorporarse con muchísimo entusiasmo. Prácticamente todos los días hay alguna actividad en los barrios para promocionar la huelga, aunque sea pequeña. Estamos viendo mucho movimiento en zonas como Macarena Sur, Triana, Cerro-Amate y otros barrios populares de Sevilla», señala Niklas.
El portavoz también matiza el sentido de la huelga general, a la que define como una herramienta de expresión de la clase trabajadora: “Su objetivo básico es que las personas que trabajan dejen de trabajar. Esto significa que cada barrio tiene que ser consciente del papel que desempeña dentro de la huelga”
Consenso en la no instrumentalización de la lucha
“No vamos a permitir que ningún partido político ni sindicato se apropie de una lucha que llevamos años desarrollando los colectivos por la vivienda, muchas veces sufriendo persecución, violencia y también el silencio de quienes ahora pueden querer situarse en primera línea. Si alguien pretende utilizar esta huelga para ganar protagonismo o conseguir rédito político y electoral, nos tendrá enfrente, denunciándolo. Esta movilización tiene detrás años de trabajo y de lucha colectiva que no vamos a permitir que se instrumentalicen”, aseguran desde la Asamblea.
Por su parte, el Sindicato advierte de que “hay que tener cuidado con que otros actores se apropien de nuestro discurso o de nuestra imagen, aunque tampoco debemos caer en la antipolítica. Que los partidos hablen de los problemas que nosotros consideramos importantes es una victoria del movimiento por la vivienda. No podemos adoptar una actitud infantil diciendo que esto no es política. Lo que debemos evitar es que se instrumentalice nuestra organización”.
Hacia el 11 de noviembre
El Sindicato de Inquilinas de Sevilla llega a la huelga con las ideas claras, ya que, según explican, “el escenario político no ha cambiado demasiado para nosotras. Que se hayan aprobado unos decretos con fecha de caducidad no cambia el sentido político de esta huelga general».
En este sentido, insisten en mantener sus principales reivindicaciones: frenar los desahucios y abordar el problema estructural de la vivienda. “En estos días hemos conseguido una presencia mediática y social importante, aunque siempre recordamos que hay otros colectivos de vivienda en Sevilla que llevan incluso más tiempo trabajando y luchando”. Para preparar la convocatoria, están desarrollando “una campaña propia, con materiales, piquetes informativos, reparto de panfletos y asambleas abiertas”. Al mismo tiempo, aseguran estar plenamente integradas en los comités de barrio surgidos a partir de las asambleas de la acampada.
Paralelamente, la Asamblea por la Vivienda de Sevilla entiende que esta huelga general es “una herramienta para confrontar el sistema capitalista de producción y consumo. Pero también tiene una particularidad: ha sido impulsada por los movimientos por la vivienda de todo el Estado, que hemos empujado a los sindicatos a convocar”.
En este sentido, explican que “estamos trabajando para que la huelga sea un éxito y para conseguir que todo pare el 11 de noviembre. Queremos aprovechar esta movilización para señalar a quienes consideramos responsables y cómplices de que el derecho a la vivienda no esté garantizado”.
¿Y después de la huelga general?
Preguntados por los pasos que seguirán después de la huelga, desde el Sindicato recuerdan que, aunque la acampada ha servido para reunir a muchas personas y organizaciones, “lo importante es que toda esa energía no desaparezca después de la huelga. Los comités de barrio están permitiendo que personas que quizá no habían participado antes en estos espacios se incorporen a la organización y empiecen a trabajar colectivamente”.
Por tanto, “para nosotras la huelga no es un punto final, sino una oportunidad para reforzar el movimiento por la vivienda, ampliar su presencia social y seguir construyendo organización en los barrios”.
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