Opinión
La transferencia del desempleo no admite improvisaciones
En nombre de un grupo de trabajadores y trabajadoras del SEPE que será transferido a Lanbide el 1 de enero de 2027.
¿Qué ocurrirá el 1 de enero de 2027 si miles de personas solicitan una prestación por desempleo y el sistema no está preparado para responder? Esa es la pregunta que nos hacemos quienes llevamos años trabajando en el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) gestionando diariamente las prestaciones por desempleo. Y la respuesta, desgraciadamente, nos preocupa mucho.
No escribimos estas líneas para cuestionar la transferencia de esta competencia al Gobierno Vasco. Al contrario. Queremos que salga bien. Nadie tiene más interés que nosotras y nosotros. Somos quienes conocemos este trabajo, quienes vamos a seguir realizándolo y quienes estaremos cada día delante de la ciudadanía cuando acudan a solicitar una prestación. Precisamente por eso creemos que tenemos la obligación de advertir de un riesgo que, a nuestro juicio, todavía puede evitarse.
Existe un riesgo real de que el servicio de prestaciones por desempleo entre en una situación de colapso a partir del 1 de enero de 2027 si la transferencia a Lanbide continúa preparándose como hasta ahora.
Las prestaciones por desempleo no son una ayuda cualquiera. Son un derecho que los trabajadores han generado con sus cotizaciones y, para miles de familias, constituyen el único ingreso con el que pagar el alquiler, la hipoteca, los suministros o la compra de cada mes. Cuando una prestación no llega a tiempo, no estamos hablando de un simple retraso administrativo. Estamos hablando de personas que no saben cómo llegar a fin de mes. Por eso nos preocupa profundamente cómo se está planificando esta transferencia.
Las prestaciones por desempleo son una de las materias más complejas que se gestionan en la Administración. No basta con calcular una prestación. Cada expediente exige interpretar una legislación extensa y cambiante, aplicar instrucciones, conocer la jurisprudencia y resolver situaciones muy diversas: subsidios, mayores de 52 años, trabajadores agrarios, artistas, expedientes de regulación de empleo, contratos a tiempo parcial, compatibilidades, suspensiones, extinciones o cobros indebidos. Es un trabajo que requiere mucha formación y experiencia.
Sólo 104 de las 468 plazas que se transfieren estarán ocupadas cuando el servicio pase a Lanbide, apenas 50 personas en Bizkaia para gestionar las prestaciones por desempleo de toda la provincia
En los últimos meses hemos recibido visitas de personal de Lanbide interesado en conocer nuestro trabajo. Valoramos sinceramente ese interés. Pero también creemos que sería un grave error pensar que un servicio de esta complejidad puede aprenderse acompañando durante un par de días a quienes llevamos años desempeñándolo. Quienes hacemos este trabajo hemos necesitado mucho tiempo para adquirir los conocimientos necesarios y desenvolvernos con seguridad en una materia tan técnica.
Por eso nos preocupa que se haya subestimado la complejidad de este servicio. Nos preocupa que, a pocos meses del traspaso, todavía no exista una formación suficiente para el personal que deberá asumir estas funciones. Y nos preocupa, sobre todo, que la planificación del servicio no parezca responder a la dimensión real del trabajo.
Falta personal, formación y organización
De las 468 plazas que se transfieren, únicamente 104 estarán realmente ocupadas cuando el servicio pase a Lanbide. En Bizkaia seremos apenas 50 personas para gestionar las prestaciones por desempleo de toda la provincia. Y las solicitudes de prestaciónes no van a esperar a que la Administración termine de organizarse. Llegarán desde el primer día.
Llevamos años sosteniendo este servicio con plantillas claramente insuficientes. Ya en el SEPE sufrimos una falta crónica de personal que provoca dificultades para conseguir una cita en un plazo razonable y obliga a las plantillas a trabajar por encima de lo que sería asumible en condiciones normales. Aun así, el servicio ha seguido funcionando gracias al compromiso de profesionales que han antepuesto siempre la responsabilidad hacia la ciudadanía al desgaste personal. Pero ese esfuerzo tiene un límite.
No podremos evitar por nuestra cuenta el riesgo de colapso, porque un servicio público esencial no puede confiar en que el sobreesfuerzo de sus empleadas sustituya la falta de plantilla, de formación y de organización
No podremos evitar por nuestra cuenta el riesgo de colapso del servicio. No porque falte compromiso. Llevamos años demostrando precisamente lo contrario. Sino porque ninguna administración puede planificar un servicio público esencial confiando en que el sobreesfuerzo permanente de sus personas empleadas sustituya la falta de plantilla, de formación y de organización.
También nos preocupa que, además de asumir una carga de trabajo extraordinaria, quienes nos incorporamos a Lanbide podamos desempeñar las mismas funciones que otros trabajadores con una retribución inferior, a la espera de una futura equiparación. Después de años soportando una evidente infravaloración salarial en el SEPE, creemos que el principio de “a igual trabajo, igual responsabilidad e igual retribución” debería respetarse desde el primer día.
Pero queremos dejar muy claro que esa no es nuestra principal preocupación. No escribimos estas líneas para defender un interés corporativo. Si nuestra única preocupación fueran nuestras condiciones laborales, probablemente esta carta no existiría. Lo verdaderamente importante es que existe un riesgo real de que un servicio público esencial no pueda responder con la eficacia que merece la ciudadanía.
El Gobierno Vasco quiso asumir esta competencia. Nos parece una decisión legítima. Ahora le corresponde demostrar que puede gestionarla con la planificación, los recursos humanos y la formación que requiere un servicio de esta importancia.
Todavía estamos a tiempo
Todavía estamos a tiempo de reforzar las plantillas, formar adecuadamente al personal, aprovechar la experiencia acumulada durante décadas y planificar una transición ordenada. Ojalá dentro de un año podamos reconocer que nuestras preocupaciones eran infundadas. Sería la mejor noticia posible, porque significaría que miles de personas siguieron cobrando su prestación con normalidad.
Acabarán pagando las consecuencias miles de desempleadas que esperan que la Administración les pague un derecho que se han ganado trabajando
Pero si no se adoptan medidas urgentes, el riesgo de que el servicio de prestaciones por desempleo entre en una situación de colapso será cada vez mayor.
Y quienes acabarán pagando las consecuencias no seremos nosotros. Serán miles de personas desempleadas que únicamente esperan que la Administración les pague, en tiempo y forma, un derecho que ya se han ganado trabajando.
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