Opinión
La “Junta para la Paz” de Trump ha convertido Gaza en el lugar más peligroso del mundo para ser niño
Mohamed al-Wahidi, de 57 años, esposo, padre y abuelo, dedicaba sus días realizaba las labores propias de los trabajadores humanitarios en un lugar prácticamente devastado: retirar escombros, reabrir carreteras, reparar tuberías con fugas, llenar depósitos de agua comunitarios o construir tiendas de campaña para familias sin otro lugar adonde ir. En su tiempo libre, llevaba a cabo un proyecto arriesgado: instalar pantallas y generadores en toda Gaza para que la gente pudiera ver el Mundial. En la víspera del partido entre Egipto y Argentina, Israel lo asesinó junto con un taxista de 33 años y dos hermanos pequeños, de 8 y 10 años, que paseaban por las cercanías. El ejército israelí declaró que iba a investigar el incidente. Como casi siempre hace, Israel primero comete el asesinato y luego inventa un pretexto tras el crimen.
Al-Wahidi figura entre los nombres que aparecen en los rituales de asesinato diarios en Gaza bajo el supuesto alto el fuego. Israel ha asesinado a más de 1.100 palestinos en el enclave palestino desde octubre de 2025, 265 de ellos niños. Ni un solo civil israelí ha muerto en el otro lado. Esta es la “paz” que el gobierno de Trump está gestionando.
Entre el calor extremo, los bombardeos y la escasez de ayuda humanitaria
Casi un millón de personas permanecen atrapadas en tiendas de campaña durante un verano en Gaza en el que las temperaturas alcanzan los 35°C. Temporada tras temporada, quedan expuestas a la intemperie: primero un invierno gélido , luego el calor implacable del verano. Las familias sobreviven en campamentos de tiendas de campaña o bajo losas de hormigón colgantes en edificios destruidos. Mientras tanto, Israel continúa bloqueando la llegada de material como lonas de plástico en la frontera, tal como bloqueó las mantas térmicas durante el invierno.
En mayo, Netanyahu ordenó a las FDI que se apoderaran del 70% del territorio gazatí, lo que implica el confinamiento de 2,3 millones de personas en una jaula cada vez más pequeña
Los niños y niñas se cuecen en las tiendas de campaña, mientras Tel Aviv sigue empujando a la población civil hacia corredores cada vez más pequeños. Cuando se formó la llamada Junta de Paz, Israel ocupaba el 53% de Gaza. Un mes después, el 60%. A finales de mayo, el primer ministro Benjamin Netanyahu ordenó a las Fuerzas Armadas de Israel (FDI) que se apoderaran del 70%, lo que implica el confinamiento de 2,3 millones de personas en una jaula cada vez más pequeña, lejos de todas las zonas agrícolas. El ministro de Energía, Eli Cohen, ha dicho abiertamente lo que muchos piensan, y recientemente aseguró a la prensa israelí que el control israelí seguirá creciendo “hasta alcanzar el 100%”. La siguiente fase contempla confinar a la población palestina en “refugios humanitarios” cercados cerca de las ruinas de Rafah, como parte del programa definitivo de limpieza étnica, cínicamente presentado como “un plan para la libre circulación”.
Se trata de campos de concentración construidos en base a los mismos mecanismos que la Alemania nazi utilizó para encarcelar a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Una comisión de investigación independiente de las Naciones Unidas, cuyos resultados se publicaron este verano, concluyó que el asesinato de niños por parte de Israel en Gaza no es un daño colateral de la guerra, sino parte de una estrategia para destruir la continuidad biológica de la sociedad palestina. Actos que cumplen con la definición legal de crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad.
El número de niños asesinados representa un tercio del total de palestinos muertos en Gaza
Israel ha asesinado o herido a más del 10% de la población de Gaza desde octubre de 2023. Al menos 20.179 niños, de los cuales hay 5.000 menores de 5 años y otros 44.143 heridos. El número de niños asesinados representa un tercio del total de palestinos muertos en Gaza. La comisión documentó casos de menores abatidos por francotiradores y fusiles montados en cuadricópteros con una precisión que descartaba accidentes, y citó testimonios de soldados israelíes en los que estos celebraban y se felicitaban mutuamente tras asesinar a civiles. La comisión calificó a Gaza como el lugar más peligroso del mundo para ser niño.
En junio, un padre llamado Bahaa Abu Al-Ajeen presenció cómo un soldado israelí se arrodillaba y disparaba a su hijo de 3 años en la cabeza mientras el niño lloraba en sus brazos cerca de Deir al-Balah. En abril, Ritaj Rihan, de 9 años, recibió un disparo en la boca mientras esperaba a su maestra en una tienda de campaña dentro de un aula. Estos no son casos aislados dentro de un alto el fuego, sino la continuación del genocidio que perpetra Israel bajo la sombra del alto el fuego.
Cuando Israel y Estados Unidos lanzaron su guerra contra Irán a finales de febrero, Tel Aviv cerró por completo todos los cruces hacia Gaza. No porque exista alguna conexión, sino por la naturaleza malévola de Israel y porque puede salirse con la suya mientras se mira hacia otro lado. Las entradas semanales de camiones con ayuda humanitaria se desplomaron de un promedio de aproximadamente 4.200 a tan solo 590. Kerem Shalom y Zikim siguen siendo los únicos cruces que aún funcionan, e incluso ahora, aproximadamente la mitad de los camiones que llegan desde Egipto son rechazados en lugar de ser descargados.
Hasta ahora, la ayuda humanitaria no se ha recuperado a los niveles previos a la guerra con Irán, y mucho menos ha alcanzado el mínimo que la ONU considera necesario para Gaza. Cuatro agencias de la ONU ya han advertido que la hambruna que se suponía que el alto el fuego debía erradicar podría reaparecer sin un acceso sostenido a la ayuda.
El 68% de la población de Gaza ahora quema basura para cocinar por falta de gas. Ninguno de los 37 hospitales de Gaza está en pleno funcionamiento; solo 19 funcionan parcialmente. Casi la mitad de los medicamentos esenciales están agotados, e Israel está retrasando la entrega del equipo quirúrgico necesario para tratar a las más de 43.000 personas que sufren lesiones que deben ser atendidas. Más de 40.000 personas probablemente quedarán con discapacidades permanentes por falta de tratamiento. Esta situación constituye otra fase del genocidio perpetrado por los israelíes.
Las entregas de ayuda por camión nunca han recuperado los niveles previos a la guerra de Irán y siguen estando muy por debajo del mínimo que la ONU considera necesario
En el informe de progreso semestral de la Junta de Paz se afirma que la distribución de ayuda aumentó un 70% y que las necesidades alimentarias básicas se han “estabilizado” por primera vez desde 2023. En términos de eufemismos, el 70% de cero es cero, y la “estabilización” de las necesidades alimentarias básicas significa que los envíos llegan con regularidad, pero no que sean suficientes. Llama la atención la ausencia en el informe de cualquier mención a que las entregas de ayuda por camión nunca han recuperado los niveles previos a la guerra de Irán y siguen estando muy por debajo del mínimo que la ONU considera necesario.
El informe semestral de la Junta al Consejo de Seguridad, de hecho, dedica sus páginas a culpar a la resistencia palestina; pero no menciona nada sobre el ejército de ocupación que ha traspasado la línea demarcada del alto el fuego; ni sobre la orden de Israel a grupos de ayuda como Médicos Sin Fronteras, el Consejo Noruego para los Refugiados y Oxfam de elegir entre entregar los nombres de su personal a un gobierno que ataca a los trabajadores humanitarios o cesar por completo sus operaciones en Gaza.
Incluso la forma de contabilizar a los periodistas asesinados es objeto de controversia. El Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) fue presionado para redefinir quién califica como periodista “palestino”. Esta medida pretendía otorgar a Israel licencia para asesinar a periodistas palestinos con impunidad. Un miembro de la junta directiva del CPJ que se opuso a considerar la solicitud de Israel fue destituido a los pocos días de protestar públicamente. Finalmente, la junta mantuvo su definición, pero solo después de excluir a 20 periodistas palestinos asesinados del recuento.
Esto es lo que normaliza la Junta de Paz: una potencia ocupante que se expande mientras la tregua unilateral sigue vigente; una política de hambruna rebautizada como un éxito de estabilización; campos de concentración como un plan de vivienda; la limpieza étnica como libre circulación; y un número de muertos autorizado que sigue aumentando con impunidad.
Un abuelo que solo deseaba brindarles a las familias desplazadas una hora de alegría viendo un partido de fútbol se convirtió en una víctima más del genocidio. En Gaza, donde “la esencia de la infancia ha sido destruida”, incluso los actos humanitarios más insignificantes se castigan con la muerte. La paz nunca fue el plan de esta Junta. La gestión del genocidio sí lo es.
Artículo originalmente publicado en Common Dreams el 19 de julio de 2026.
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