Opinión
Mogambo en la Sierra Norte (de Guadalajara)
El efecto mariposa en la España vaciada. Un miembro electo del partido de los pantalones color albero, las frases rimbombantes y los brindis grandilocuentes se pone a cosechar cuando no hay que hacerlo y donde no hay que hacerlo. Hablo del incendio de La Mierla, en Guadalajara. El alcalde de La Mierla ve al alcalde de Robledillo de Mohernando montado en una cosechadora en el día y la hora en la que eso sabe todo el mundo que no hay que hacerlo y le viene a decir “pero dónde vas, que vas a hacer un desaguisado”. Ni caso, claro. Impasible el ademán.
Se lía un incendio de tres pares de narices porque es un tío listísimo y un rebelde (Como Jeanette) y tres días después (y varias versiones de los hechos después, porque el ademán no era tan impasible, mire usted) una mujer hecha y derecha no puede salir a la plaza de su pueblo a ver la final del Mundial de fútbol porque la han amenazado repetidas veces. ¿Por qué? Porque es de izquierdas. Y peor todavía, se ha significado toda la vida. Que no se ha callado ni se ha escondido, vaya. Tres días después el fuego está fuera de control, van desalojando un pueblo tras otro, confinando otros, no caben más medios aéreos y, si para salvar el pellejo hay que incriminar al padre de uno, pues se hace. El efecto Mogambo donde uno menos se lo espera. ¿Va a traer eso consecuencias? Seguramente no. Es gente de derechas y la gente de derechas en ese país sin remedio puede hacer sin miedo a las consecuencias mucho más que el resto de la gente.
¿Y por qué la amenazan, si encima el que la ha preparado es uno de los suyos? Porque “sostenella y no enmendalla” es parte del mismo paquete que el “con razón o sin ella”. Un collage descerebrado de retazos interesados con Blas de Lezo, el credo legionario y el brindis risible que Ortega Smith & Wesson se aprendió pero no entendió, y se lo repitió hasta la náusea a gente que también se lo aprendió y tampoco lo entendió. Para qué entender, si la convicción es lo que vale. ¿Cojones o cabeza? Cojones, cojones.
Me cuentan que los del albero, la rimbombancia y la grandilocuencia se plantaron en el centro de coordinación del incendio e intentaron irrumpir en el lugar cuando estaba allí el presidente de la comunidad autónoma. Y eso que es del ala derechista del PSOE. Pero claro, para estos el PSOE, Mao, Pol-Pot, Durruti, Pedro Zerolo y Stalin son lo mismo. Me cuentan que cuatro guardias civiles como cuatro máquinas de vending con una cabeza encima los agarraron por banda y los sacaron de allí. ¿Habrán detenido a alguno de ellos para que un juez decida cuántos delitos cometieron? ¿Identificado siquiera? Me espero a que paren las carcajadas. Ya sabemos que no. Porque entre herreros no saltan chispas o porque la derecha española tiene bula para eso y para más. Y como un niño frustrado y malcriado siguen probando los límites todo lo que quieren. Y sigue colando.
La derecha española. La menos civilizada de Europa occidental. La de las armas registradas y sin registrar. La que nunca pagó ni pagará por un genocidio. La que no ha necesitado barniz ni disimular siquiera. Solo callar. Y poquito.
Si os ha llegado a parecer que la versión urbana de los del albero y la gomina guardan algo en el pico, deberíais ver a los del agro. A los de la España vaciada. Incapaces muchos de ellos de articular tres frases seguidas en esa lengua que dicen proteger. Votando con el hígado y desde el hígado. Sin ideología, todo sentimientos. Vísceras. La conexión entre la palmada en la barra del bar y la urna.
Un diagrama de Venn con un círculo con los “sindicatos” agrarios; otro con los escopeteros; otro con los puteros; otro con los taurinos; y en medio de todos ellos la versión carpetovetónica de un mono con una caja de bombas. Y el mono podría estar sobrio, pero también es posible que no. Podría estar borracho de sí mismo. Ciego hasta las trancas. Y ojo, que en ese diagrama hay mucha militancia doble, triple y hasta completa.
Haz lo que digo, no lo que hago. La doble moral como bandera. Prioridad nacional, menos para pagar impuestos. Ingeniería financiera a la pata la llana. Llenarse la boca de valores de camino al club de carretera. Darle patadas al diccionario con esa boca tan orgullosamente monolingüe. “Medio-língüe”. Las cosas existen antes de tener nombre. Defender la caza como amor a la naturaleza, “al campo”, porque todo es finca o campo, desde grupos de poder sostenidos por millones de escopeteros. El “vivan las caenas” tecleado y repetido en un iPhone. Somos nuestras contradicciones y ellos lo son también. España es lo que ellos digan, lo cual les permite ser desleales a todas las instituciones que no controlan ellos mismos sin por eso soltar la bandera. Siempre con esa ferocidad tan impostada, como de perfil. Como todo lo que hacen. Hueco, para que suene mucho, pero sin consecuencias.
Entre estos están los que miran de reojo, asienten y murmuran. Los que llevan la cuenta de quién hace y quién dice qué. Los que hacen listas. Los nietos morales (y en muchos casos nietos reales) de los escuadrones de la muerte del 36, con sus camisas azules y sus boinas coloradas. Aquella gente que decía colorado para no decir rojo. Aquella gente. Esta gente. Cómo vamos a ser la derechita cobarde nosotros, si estamos dispuestos a matar. Si estamos dispuestos a dar la vida, sobre todo si es la tuya. Antes roja que rota. Antes muerta que de otro. No sé de qué me suena esto.
¿Quién es el Neville Chamberlaine de este tiempo y lugar? ¿Qué paz es esa paz para nuestro tiempo que esperan obtener dejando que el fascio rampante siga calentando el agua siempre que quiera, que resulta ser siempre? ¿Alguien tiene a ese Chamberlaine a mano? ¿Le puede dar una colleja a rodabrazo, a ver si es que se ha dormido? Porque esto adrede no lo puede estar haciendo ¿no?
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