Opinión
Imágenes y experiencias en las fosas de Granada

Este artículo recorre, desde la experiencia directa de Francisco de Asís Carrión Jiménez, el trabajo con las familias, las exhumaciones y las imágenes tomadas con una cámara de más de ochenta años que intentan romper décadas de ocultamiento, en un momento en que la urgencia de la memoria vuelve a estar en disputa.
Víctima en Fosa Municipal de Padul
Francisco de Asís Carrión Jiménez Víctima de la represión franquista en una fosa en el cementerio de Padul, Granada.
Licenciado en Sociología, Máster en Filosofía Contemporánea y Doctorando en Ciencias Sociales en la Universidad de Granada.
10 feb 2026 06:00

A finales de 2020 se me propuso participar como sociólogo en un proyecto que terminaría por llamarse Barranco de Víznar. Lugar de Memoria . Durante dos meses se abrirían las fosas comunes localizadas en 2013 en este paraje granadino. El equipo necesitaba a algún técnico que realizara entrevistas a las familias que, casi cinco décadas después de la muerte del dictador, aún no habían podido encontrar a las víctimas del Barranco, o les habían impedido buscarlas. 

Conocía de forma indirecta la entidad y la dificultad del cometido, así como la dedicación que exigía. Mi propio padre, Paco Carrión, profesor de la Universidad de Granada, llevaba dedicándose a ello desde la década de 2010 con una entrega admirable. Mi formación como licenciado en Sociología y doctorando en Ciencias Sociales, junto a una experiencia prolongada en entrevistas y al estudio previo de la represión ejercida tras el golpe de Estado de 1936, hacían que el proyecto me interpelara de manera profunda. Intelectual y políticamente me suscitaba una emoción intensa, así que me incorporé en cuanto fue posible.

Como en cualquier proceso científico, inicié una revisión bibliográfica exhaustiva hasta que, en marzo de 2021, comenzó la primera campaña de exhumaciones en el Barranco de Víznar. El tránsito de la teoría a la práctica, sin embargo, no fue en absoluto sencillo.

Sobre las familias y las víctimas
La presentación pública del proyecto tuvo lugar en el Hospital Real de la Universidad de Granada, a principios de marzo de 2021, antes del inicio de los trabajos de campo. Fue mi primer contacto con las familias que buscaban a los cientos de civiles secuestrados, torturados, asesinados y ocultados en fosas comunes durante los primeros meses del golpe de Estado en la provincia.

La mayoría de las personas asistentes eran de edad media o avanzada. Cuando nos presentamos como equipo técnico responsable de la intervención, comencé a reconocer emociones que con el tiempo me resultarían familiares: ilusión, calidez y gratitud, junto a una tristeza profunda y persistente; un dolor ancestral donde pasado y presente se superponen. Aflicción y fortaleza. Angustia y urgencia.

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Flores colocadas en las fosas del Barranco de Víznar, Granada. Francisco de Asís Carrión Jiménez

Recopilar y visibilizar las historias de las víctimas y de sus familias, así como el impacto emocional de la búsqueda de sus parientes asesinados, fue mi ocupación principal al inicio del proyecto. Durante los primeros años realicé este trabajo junto a Silvia González y Rafael Gil, de la Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica (AGRMH).

Pese a mi experiencia técnica en entrevistas, no estaba preparado para encuentros de esta naturaleza. Solo la exposición directa y continuada fue permitiéndome sostenerlos. Una de mis primeras entrevistas tuvo lugar en el Molino de la Venta, cedido por el Ayuntamiento de Víznar y convertido desde 2020 en el centro neurálgico del equipo. Allí acudieron los sobrinos de Antonio Jiménez Merino, víctima desaparecida en el Barranco. No recuerdo el momento exacto en que el ambiente distendido de las primeras preguntas se quebró, pero sí cómo se me empezó a helar el corazón con lo que estaba escuchando.

“He pensado con frecuencia en las personas que hay detrás de los nombres de los listados. En cómo me habría gustado conocerlas, escucharlas, saber cómo afrontaron su final”

Antonio tenía 43 años. Trabajaba como guardia en Santa Fe y formaba parte de la Sociedad de Trabajadores de La Esperanza. Una noche alguien pintó de rojo una estatua de los Reyes Católicos situada en la plaza del pueblo. Antonio habría visto quién fue. Tras salir de trabajar, se dirigió a una cantina donde vivía un hermano. Estaba sentado en un nogal cuando llegaron a buscarlo. Lo ataron y lo obligaron a correr detrás de un carro hasta la plaza. Allí fue torturado públicamente. Le partieron los brazos y le cortaron la lengua por no delatar a nadie. Días después, la familia supo que había sido llevado a Víznar y asesinado.

Este testimonio ofrece una idea del trato infligido a cientos de personas antes de ser ejecutadas. Historias silenciadas durante décadas, salvo por el esfuerzo de investigadoras e investigadores aislados y asociaciones memorialistas. Da cuenta de sistemas de violencia ejercidos contra población civil inocente ampliamente desconocidos o trivializados, y de heridas abiertas que siguen atravesando en el estado español a miles de personas sin haber recibido reparación ni empatía social.

¿Quiénes eran las personas arrojadas a las fosas del Barranco de Víznar?
A lo largo de estos años he pensado con frecuencia en las personas que hay detrás de los nombres de los listados. En cómo me habría gustado conocerlas, escucharlas, saber cómo afrontaron su final.

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Víctima de la represión franquista en una fosa del Barranco de Víznar, Granada. Francisco de Asís Carrión Jiménez

En una de las entrevistas, Rafael Cano Guervós, nieto de Rafael Guervós Cantano, maestro asesinado, me pidió leer la carta de despedida que su abuelo logró hacer llegar a su familia. Es lo más cerca que he estado de oírlos hablar: Querida Carmela y queridos hijos míos: estas son las últimas letras que escribo, pues me llevan, dicen, a Víznar donde se consumará el sacrificio de este infeliz, que muere inocente y mártir. Procura sobreponerte a la terrible desgracia y vivir para nuestros infelices hijos, que siempre sepan que su padre fue persona digna y honrada y que muere limpio de culpa.

Pensar en las víctimas de Víznar —Rosario Fregenal, la cenetista Madre Carmela, Antonio María García Martín, Pedro Domínguez Mazo, José Raya Hurtado, Eloísa Martín Cantal, entre tantas otras— es pensar en población civil secuestrada de sus casas o trabajos y asesinada por sus ideas políticas, por su activismo sindical o, en muchos casos, por un azar fatal. Personas buscadas desde 1936.

Hasta hoy he registrado las voces de más de un centenar de familiares involucrados en esa búsqueda. Ninguno reclama nada más que recuperar los restos de sus seres queridos y darles un entierro digno. Que se conozcan sus historias y se rompa el ocultamiento. Nada más. 

Desde el inicio del proyecto he procurado estar a la altura de las víctimas y de sus familias: de quienes aún buscan, de quienes murieron esperando y de quienes les precedieron sin poder ver cumplida esa esperanza. Son hombres y mujeres extraordinarios que han dedicado toda una vida a reclamar la localización, identificación y un trato justo para sus seres queridos, y ese compromiso y respeto es un sentir compartido por todo el equipo.

Los trabajos en el Barranco
Además de las entrevistas, he participado en la excavación de fosas y la exhumación de restos, alternando el ejercicio sociológico con el trabajo manual. A simple vista, el Barranco de Víznar es un espacio apacible, incluso bello. Sin embargo, bajo pocos centímetros de tierra se esconden algunas de las expresiones más extremas de brutalidad humana en forma de una arquitectura de restos óseos superpuestos en estructuras amorfas, despersonalizadoras y crueles.

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Carpa protectora de los trabajos de exhumación de las víctimas en el Barranco de Víznar, Granada. Francisco de Asís Carrión Jiménez

Si un enterramiento convencional es un ritual de despedida, las fosas comunes constituyen un anti‑ritual. Los cuerpos, atravesados por proyectiles, aparecen arrojados sin orden, superpuestos de forma cruel. Maniatados con cables eléctricos o cuerdas ya degradadas, golpeados, abandonados a la acidez de la tierra, al agua, a las raíces. Personas que amaron, cuidaron, enseñaron y crearon, reducidas a una nada socialmente aceptada.

Nuestro trabajo busca desarticular esa nada, devolver identidad y afecto desde el rigor técnico. Hasta la fecha se han recuperado 194 víctimas de 29 fosas comunes. Once han podido ser identificadas y devueltas a sus familias.

Imágenes en torno al Barranco de Víznar
En 2022 comencé a asumir nuevas tareas: comunicación cotidiana con las familias, encuentros informativos y entrevistas a habitantes del pueblo, personalidades políticas, judiciales, docentes, investigadoras y asociaciones como Abuelas de Plaza de Mayo. Ese mismo año asumí también el registro fotográfico de los trabajos de campo.

Sin formación previa en fotografía, utilicé una Canon EOS 70D para documentar todas las fases de la intervención. Grandes profesionales de la fotografía han podido plasmar situaciones concretas del Barranco de manera extraordinaria -Jaime Cinca de este diario ha hecho un trabajo fantástico-. 

Yo no soy fotógrafo, no conozco la técnica. Solo he tenido el privilegio de registrar la continuidad de ese espacio durante nuestro trabajo. Recoger sus variaciones, sus formas cambiantes al emerger cada nueva fosa mostrando las trágicas siluetas de los cuerpos que allí estaban ocultos. Aumentando con cada hallazgo la entidad terrible y desconocida del Barranco. Elaboré así un archivo de imágenes con el fin de dar testimonio de ello y, principalmente, hacerlo llegar hasta las familias o ciudadanía interesada que no pudiera trasladarse hasta nuestros trabajos. 

Con el tiempo he tratado de desarrollar mi visión, tratando de transmitir el impacto de esta realidad en mí mismo, empleando especialmente el uso de subexposiciones, saturaciones bajas y sombras en mis fotografías.

Algunas de estas imágenes fueron publicadas en medios nacionales e internacionales como El Independiente de Granada, Ideal, El Salto, eldiario.es, Europa Press, RTVE o Al JazeeraA pesar de que ahora el proyecto goza de un reconocimiento público importante, no fue así desde el principio. El punto de inflexión llegó en 2024, cuando se hallaron los restos de un niño de entre once y catorce años. Hice algunas fotos apresuradas en la caja de luz con los objetos asociados al niño: el lápiz, la goma y un proyectil.  Esta imagen sería adaptada por Carlos Hernández en la novela gráfica La huella de Lorca. 

El niño cambió el estatus mediático del proyecto y atrajo una atención mayúscula sin precedentes. Visibilidad que a su vez nos acercó a nuevas familias que aún no sabían que se venían realizando campañas de exhumación en el Barranco de Víznar. 

Al tiempo sustituí la Canon 70D por una Canon R5, pero sentía que no estaba logrando ni captar ni transmitir algo.  Es lo que he intentado con una Leica IIIC de más de ochenta años, inspirándome en el legado de Aleksandr Ródchenko. El uso de esta última, empleando película en blanco y negro —Eastman XX, TMAX 100, HP5 Plus— responde a una búsqueda estética y ética: llenar un vacío visual, realizar las fotografías que el miedo y la represión impidieron durante décadas. Con ella he plasmado distintas partes del proceso -excavación de las fosas, exhumación  y limpieza de los restos, entre otras-.

La entrega de restos
El último ejercicio que realicé con la Leica III fue en uno de los momentos más complejos y significativos del proyecto es la entrega de restos identificados a las familias. Los días previos están cargados de tensión. Durante la preparación, introducimos cuidadosamente los restos y objetos personales en sus cajas. Es un acto solemne, nuestra despedida.

Antes del acto público mantenemos un encuentro privado con las familias. Les explicamos cómo fueron encontrados los restos y, si lo desean, se los mostramos. Después, tiene lugar la entrega pública. Escuchar a las familias hablar en ese contexto tras noventa años de espera es una de las experiencias más reparadoras que pueden vivirse en un proyecto como este.

“Junto a la alegría de quienes recuperan a los suyos, permanece el dolor de quienes aún esperan. Esa mezcla reactiva en mí la angustia y la urgencia”

Junto a la alegría de quienes recuperan a los suyos, permanece el dolor de quienes aún esperan. Esa mezcla reactiva en mí la angustia y la urgencia. Ante un panorama político incierto para los proyectos de memoria histórica, es urgente reivindicar su centralidad como un pilar de cualquier gobierno y ciudadanía comprometidos con los derechos humanos ¿Cómo hemos llegado a trivializar prácticas asesinas? ¿A aceptar la desatención del dolor transmitido durante generaciones?

Las familias no pueden soportar una nueva asfixia legislativa ni continuar en soledad esta lucha por una narrativa justa. Se requiere un esfuerzo colectivo inmediato. Tenemos que seguir. Y llegamos tarde.

Granada
Los restos de Madre Carmela, José Raya, José García y Francisco Soriano vuelven a casa, con sus familias
La entrega de sus restos, las últimas exhumaciones realizadas en la 5ª campaña del proyecto “Barranco de Víznar. Lugar de Memoria” que recupera los cuerpos de víctimas del franquismo; devuelve su historia, memoria y dignidad para ellos y sus familias
Memoria histórica
Los restos de Eloísa Martín Canal, granadina de 19 años ejecutada en 1936, vuelven con su familia
Su hermano Mario, que tenía tres años cuando se llevaron a Eloísa, ha recogido los restos de la primera mujer identificada en las exhumaciones del Barranco de Víznar 89 años después de su ejecución en una emotiva ceremonia.
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