Felipe y Francisco regresan a casa. Las primeras víctimas del franquismo identificadas en Padul, Granada

Los restos de Felipe Fernández Fajardo y Francisco Rodríguez López, las dos primeras víctimas del golpe franquista identificadas en Padul, han sido entregadas este lunes, 12 de octubre, a sus familiares en una emotiva ceremonia donde han recobrado su historia y dignidad
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Las familias de Felipe Manuel Fernández Fajardo y Francisco Rodríguez López con sus restos en el centro Federico García Lorca de Padul, Granada. Jaime Cinca

En el cementerio de Padul, la búsqueda de las víctimas de la represión franquista continúa casi nueve décadas después de la Guerra Civil. Hasta ahora, los trabajos de localización y exhumación del equipo de Memoria de la Universidad de Granada han permitido recuperar los restos de 35 personas asesinadas en la tapia del cementerio, una de ellas mujer. Las investigaciones históricas apuntan a que en este mismo espacio podrían encontrarse los restos de entre 33 y 35 víctimas más, hasta alcanzar un total estimado de entre 68 y 70 personas represaliadas.

La intervención comenzó en 2021 con una primera campaña de localización. En 2022 se encontraron las primeras víctimas y, después de una campaña de apenas un mes, el proyecto quedó sin ejecutar en 2023. Los trabajos se retomaron posteriormente en 2024 hasta 2026, con una financiación que, según el equipo responsable, ha sido limitada y ha condicionado el alcance de las actuaciones. Los trabajos se desarrollan fundamentalmente en el cementerio municipal, aunque existen testimonios que señalan otros lugares de Padul donde también pudieron producirse ejecuciones y enterramientos ilegales. La investigación se ha concentrado en el cementerio porque los indicios apuntan a que allí podría encontrarse la mayor acumulación de restos, nos cuenta Fran Carrión, sociólogo del equipo multidisciplinar de la UGR que aborda las exhumaciones y todo el proceso posterior.

El Padul, señala Fran Carrión, era un punto clave de la represión franquista en este valle granadino. Describe un ejercicio de deslocalización utilizado por los golpistas para la ocultación de los hechos y los cuerpos: “si eran de Dúrcal o Nigüelas, les detenían allí pero los llevaban a otro lugar donde los asesinaban”. El sociólogo comparte con este medio que escuchan testimonios muy duros de personas que recibieron la información, “mira, a tu padre lo han dejado tirado en Padul“; o de niños pequeños que iban allí a comprobar los hechos, ”y efectivamente lo ven; pero claro, no pueden intervenir porque por razones obvias les podrían haber asesinado también”.

La represión franquista ejercía la deslocalización de los cuerpos para ocultar los hechos, "les detenían en su casa pero los llevaban a otro lugar donde los asesinaban”, Fran de Asís Carrión.

El reto actual de las exhumaciones de los cuerpos en Padul, explica Fran, reside en un obstáculo inesperado: la excavación ha encontrado varios nichos construidos décadas después que ocupan parte del área donde podría encontrarse más víctimas y “sería necesario trasladar temporalmente los restos que contienen para poder continuar los trabajos y reconstruirlos posteriormente”.

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Cementerio de Padul, granada. Parte donde se están realizando las exhumaciones. Francisco de Asís Carrión

La solución, nos explica, depende en buena medida de alcanzar un acuerdo con las familias titulares de esos nichos. El Ayuntamiento de Padul está mediando para facilitar ese proceso. La alcaldesa, Celia, ha mantenido reuniones tanto con el equipo técnico como con familiares de las víctimas y, según explica Fran, ha mostrado su disposición a mediar entre las distintas partes. Ahora esperan el resultado de esas conversaciones. También que continúe el compromiso de las instituciones públicas con la financiación y el apoyo a este tipo de trabajos de memoria histórica.

Hoy en el Padul, en la ceremonia de entrega de los restos de Felipe y Francisco, su alcaldesa, Celia Villena de Francisco, ha mostrado su cariño y respeto hacia las familias. En su discurso ha señalado que reivindicar la verdad, la justicia y la reparación no es mirar al pasado con rencor, “Es mirar al futuro con dignidad. Es defender una sociedad en la que nunca más se persiga, se encarcele o se asesine a nadie por sus ideas. Hoy Padul quiere ser un lugar de encuentro, de respeto y de memoria. Un pueblo que no olvida, que acompaña a las familias y que entiende que la democracia también se construye reparando las injusticias de nuestra historia”.

Montserrat Luque Molina, fiscal delegada de Derechos Humanos y Memoria Democrática en Granada, ha trasladado a las familias el respeto y la cercanía de la Fiscalía. Ha señalado en Padul que una democracia madura no puede mostrarse indiferente ante quienes fueron privados de su vida, de su identidad y, durante décadas, incluso de la posibilidad de ser recordados y honrados por sus seres queridos. Para Montserrat, la identificación y entrega de estos restos supone la culminación de un largo proceso de búsqueda de la verdad. Un proceso que permite devolver un nombre a quienes fueron reducidos al anonimato, restituir una identidad que les fue arrebatada y reconocer una dignidad que nunca debió ser negada. “Detrás de cada una de estas identificaciones existen historias personales y familiares marcadas por el sufrimiento de la pérdida y por la incertidumbre prolongada durante décadas”, ha lamentado.

Felipe Manuel Fernández Fajardo

La biografía del equipo Universidad y Memoria de la Universidad de Granada nos cuenta que Felipe Manuel Fernández Fajardo residía en el pueblo granadino de Dúrcal en 1936. Padre de familia y albañil de profesión, señalan que no se había destacado especialmente en la política de los años republicanos. Eso no fue óbice, continúa la biografía, “para que los señoritos del pueblo lo incluyeran entre los objetivos a eliminar tras el golpe de estado”. Conducido a Padul, fue fusilado en las tapias del cementerio, algo que la familia no conocería hasta años después. A pesar del silencio imperante y las miserias vividas tras el asesinato de Felipe su memoria fue conservada y reivindicada por la familia, “permitiendo hoy la recuperación de sus restos de la fosa a la que fue arrojado por la barbarie fascista”.

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Felipe Fernández Fajardo, foto cedida por la familia.

Su nieto, Francisco Manuel Fernández, ha comentado hoy en el Centro Cultural Federico García Lorca de la localidad la alegría que le produce a él y a su familia, la entrega de los restos de su abuelo, “arrebatado por un sinsentido que dejó a su esposa y sus dos hijos de 6 y 3 años de la forma más cruel en una época muy difícil sin recursos”. En una ceremonia que “cierra parte de la herida abierta tras 90 años de angustia, dolor e incertidumbre”.

“Si me llevas al cementerio de Padul, voy”: 89 años después, Francisco seguía buscando a su padre.

Francisco comenta que la familia de su abuelo, Felipe, quedó en una pobreza extrema, “su mujer vivió en una habitación con sus hijos y los animales". Francisco Manuel, nacido en 1965, recuerda haber crecido en el silencio respecto a la historia. Él y su hermano Felipe vivieron su infancia durante el franquismo y comenzaron a tomar conciencia cuando ya eran adolescentes. Pero en casa apenas se hablaba de lo sucedido. “Han vivido la época de la posguerra que era que o te callas o te callas”, resume Francisco Manuel. El silencio se prolongó durante décadas.

Francisco Manuel reconoce que siempre tuvo “una espinilla” con la historia de su abuelo. Pensaba que podía estar enterrado en cualquier cuneta. Ahora, con la investigación de las fosas de Padul, esa historia ha adquirido una dimensión diferente. Su padre, Francisco Fernández Fajardo tenía tres años cuando mataron a su padre. Hoy tiene 92. Durante toda una vida ha cargado con aquella ausencia y con una historia que conoció a retazos, entre los silencios de su familia y los relatos de los mayores del pueblo. Sabía que a Felipe Fernández, albañil como el resto de los hombres de su familia, se lo llevaron junto a otros cuatro vecinos y lo asesinaron en Padul. Se lo contaron cuando apenas tenía seis años. Desde entonces, esa certeza ha convivido con una pregunta: su paradero. “Si hubiera sabido dónde estaba, hubiera ido y lo hubiera sacado. Y lo hubiera traído aquí”, explica Francisco Fernández.

Para él, recordar es precisamente la forma de impedir que vuelva a ocurrir. Le preocupa que parte de la juventud desconozca lo sucedido y qué discursos políticos que apelan a la exclusión, al autoritarismo o al rechazo de los inmigrantes puedan volver a ganar espacio. “No sé qué camino va a tomar, pero no pinta bien”, advierte.

Ahora, Felipe descansará en la misma tumba que su mujer. Su familia ha estado preparando esta ceremonia en Dúrcal con mucho cariño, recopilando fotos y memorias para que no vaya solo, para que la historia de su familia descanse con él. 

Francisco Rodríguez López

Francisco Rodríguez López fue asesinado con su mujer Enriqueta Guerrero Martín. Francisco nació en Ízbor aunque residía junto a su familia en el pueblo de Pinos del Valle, dedicándose a la elaboración de carbón vegetal junto a otras labores del campo, con las que ganar el jornal y sacar adelante a su familia. La biografía elaborada por el equipo ‘Universidad y Memoria’ de la Universidad de Granada, explica que su detención y asesinato, junto al de su mujer, “parece atender a la necesidad de imponer un castigo ejemplarizante a la familia al haber fracasado los golpistas en detener a Ramón Montoro, yerno de Francisco y Enriqueta, y a la sazón secretario de las Juventudes Socialistas de Pinos del Valle”.

Para ocultar el crimen, apuntan, el matrimonio fue conducido hasta Padul, en las tapias de cuyo cementerio fueron fusilados. A pesar de que los fascistas pretendían ocultar para siempre bajo la tierra de la fosa excavada en el cementerio civil el destino de Francisco y Enriqueta, la familia nunca se dio por vencida, pudiendo hoy restituir abiertamente la memoria de dos inocentes cuyas vidas quisieron ser silenciadas por las balas.

“Si me dieran un certificado diciendo dónde están mis abuelos, compraría una carpeta de plata para guardarlo”, Enrique Moreno Rodríguez

Enrique ha sabido toda su vida que a sus abuelos los asesinaron durante la Guerra Civil. Lo que nunca ha sabido es dónde están. Tampoco conoció apenas su historia. Ese silencio no era casual. Durante décadas, recordar lo ocurrido fue un tabú. La historia familiar comenzó a reconstruirse de manera más precisa gracias a Silvia González, documentalista que empezó a investigar después de que José Luis le contara que su compañero tenía unos abuelos asesinados y procedentes de Pinos del Valle.

Por su parte, Silvia González explica que la historia de Francisco Rodríguez llegó a sus oídos en 2014, de la mano de José Luis Villegas, investigador de Churriana de la Vega. “Tras conversar largamente con Enrique, le manifesté mi intuición, basada en mi trabajo como documentalista de la fosa y en las noticias que tenía sobre las últimas víctimas recuperadas, de que sus familiares podían estar en la fosa del Padul”. Su compañero Pepe Peña consiguió la documentación relativa al matrimonio, que permitió a la familia conocer los datos exactos de edad que necesitaba para avanzar en la identificación. La investigación continuó en el Archivo Militar de Almería, donde obtuvieron información complementaria. También gestionaron la extracción de ADN y trasladaron las muestras al laboratorio de la Universidad de Granada (UGR).

El caso de Enriqueta Guerrero formará parte, además, de una investigación más amplia que Silvia González y su equipo están desarrollando sobre las mujeres asesinadas en la provincia de Granada. Los primeros resultados se darán a conocer el próximo 29 de octubre, en unas jornadas organizadas en la Subdelegación del Gobierno en Granada. González reivindica el papel fundamental del movimiento memorialista en este proceso. “Este caso es una muestra del necesario trabajo de los memorialistas, del trabajo familia a familia, casa a casa, estando al pie del cañón en todo momento, sea cual sea la circunstancia política de nuestro país. Pase lo que pase, después de las próximas elecciones estaremos apoyando a las familias”.

“Os deseo toda la suerte del mundo porque la suerte de ustedes es la mía”, Enrique Moreno al equipo 'Memoria y Universidad' de la UGR.

Según figura en la entrevista del sociólogo Fran Carrión a Enrique Moreno Rodríguez, las hijas del matrimonio de Francisco y Enriqueta tuvieron que abandonar el pueblo y marcharse a Granada, donde se pusieron a servir junto a una hermana mayor. La familia aprendió a convivir con la ausencia y con el miedo. Enrique recuerda que, cuando decidió entrar en política, su madre le dijo que le había dado “el disgusto más grande” que podía darle en la vida.

“Eso no se podía hablar”, explica José Luis Villegas, amigo de Enrique desde hace décadas. Un miedo que, en los pueblos, adquiere una dimensión todavía mayor porque “todo el mundo se conocía”. La propia familia de Enrique tardó generaciones en poder hablar abiertamente de lo sucedido. Para Enrique, esa búsqueda tiene algo de reparación íntima. Ha vivido siempre con el recuerdo de una madre que murió sin saber dónde estaba su padre.

Él siempre ha pensado que si recibiera un documento que certificara que sus abuelos fueron asesinados y que sus restos habían sido localizados, compraría “una carpeta de plata” y guardarla para la historia. El paso del tiempo es precisamente una de sus mayores preocupaciones. “Los años pasan y se va deteriorando la memoria”, señala. Y con ella desaparecen también quienes pueden contar lo ocurrido de primera mano. Su hermano mayor ha muerto, como otros familiares que conocían la historia. Por eso considera fundamental que quede constancia de lo sucedido. “Hay que saber de dónde venimos para saber adónde queremos ir”, afirma.

Enrique no habla desde el rencor. Su colega José Luis considera que las administraciones deben dotar a estos procesos de medios económicos, humanos y legales. Pone como ejemplo otros casos que conoce de posibles víctimas cuyos restos podrían estar localizados, pero cuya recuperación se encuentra con obstáculos administrativos o legales. “Me duele que la ley no sea más contundente”, sostiene. Enrique ha expresado su gratitud al equipo de la Universidad de Granada al que siempre ha deseado toda la suerte del mundo porque “la de ustedes es la mía” y la satisfacción de recuperar a su abuelo. Frente a quienes sostienen que recuperar las fosas supone “reabrir heridas”, rechazan de plano esa interpretación. Enrique insiste en que ese no es el objetivo. “Una cosa es informar y otra es adoctrinar. Informar, sí. La verdad, sí”, defiende.

Los trabajos en el Cementerio Municipal de Padul forman parte de las actuaciones de investigación, localización, exhumación e identificación de víctimas que desarrolla la Universidad de Granada, que próximamente retomará las labores de localización y excavación de fosas comunes en el Barranco de Víznar y Güéjar Sierra en Granada.

Granada
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