Educación
¿Es la fusión de centros escolares la política que se impondrá en los próximos años?
La situación actual “obliga a repensar el mapa escolar”, ha señalado Begoña Pedrosa, consejera de Educación del Gobierno Vasco. En ese repensar, la fusión de centros ha irrumpido con fuerza: solo en Bizkaia se acaba de anunciar la fusión de 12 centros [públicos]; en concreto, en la mayoría de los casos se trata de una integración o absorción, ya que uno de los centros absorberá al otro.
La consejera ha utilizado términos como “eficacia” y “equidad”: si tienes un centro con muy poco alumnado y con altos niveles de vulnerabilidad y complejidad, lo mejor es unificarlo con otro, para lograr así un proyecto educativo más sólido.
Haizea Arbide Aza, portavoz del sindicato STEILAS, ofrece otra lectura: “El hecho de haber llegado a esta situación es una muestra de dejadez, porque llevan décadas sin realizar las inversiones necesarias en algunos de esos centros que ahora van a ser absorbidos; se les ha empujado a eso.
STEILAS afirma que “lo que traen las fusiones es el cierre de centros públicos y la reducción de la red pública”, con la desaparición de puestos de trabajo mientras se siguen concertando nuevas plazas en escuelas privadas
“El camino no puede ser ese: en el futuro hace falta una apuesta clara por reforzar lo que ya existe, por fortalecer los centros, para no llegar a ese punto”, afirma. Además, en palabras de Arbide Aza, el enfoque “no puede ser si un centro es rentable o no; ese planteamiento es peligroso, porque lo están formulando como si habláramos de mercado, pero la decisión no debería depender de la oferta y la demanda”.
El sindicato ELA también considera que el camino no son las fusiones, sino otro: entiende la bajada del número de alumnado como una “oportunidad única” para aumentar recursos y reducir ratios, y de este modo poder responder a la segregación y mejorar la calidad educativa. Para ELA, ese es el modo de reforzar la red pública.
Pública y concertada
Desde STEILAS también han señalado que estas decisiones van en detrimento de la escuela pública y suponen un debilitamiento de la red pública. Si se sigue con este ritmo de fusiones, miran el futuro con preocupación. “Lo que traen las fusiones es el cierre de centros públicos y la reducción de la red pública. Sabemos que, en el centro unificado resultante de la fusión entre Padre Orbiso y Umandi, en Gasteiz; ya han desaparecido cuatro puestos de trabajo, pese a que la consejera de Educación afirma que se mantendrán. Y, por ejemplo, aunque se haya hecho esa fusión, han seguido concertando plazas en el cercano centro concertado San Prudencio, en perjuicio de la escuela pública”.
Begoña Pedrosa sostiene, en cambio, que los procesos de integración anunciados no debilitan, sino que fortalecen la red pública, y que mantener centros con muy poco alumnado y un alto grado de complejidad tiene poco sentido. “Cuando hablamos de una escuela pública realmente fuerte, ¿de qué estamos hablando? Lo dejo ahí para la reflexión”, ha afirmado.
“Por un lado, no hay alumnado, la tasa de natalidad sigue bajando. Y por otro, estamos haciendo una distribución artificial —mediada por la decisión de las familias—, y hace falta unir a la comunidad para reflexionar. Eso no significa tener menos escuelas; significa avanzar hacia proyectos de calidad”, afirma la consejera Pedrosa
“Por un lado, no hay alumnado, la tasa de natalidad sigue bajando. Y por otro, estamos haciendo una distribución artificial —mediada por la decisión de las familias—, y hace falta unir a la comunidad para reflexionar. Eso no significa tener menos escuelas; significa avanzar hacia proyectos de calidad”, señaló la consejera en una entrevista en Argia el año pasado. “También en los centros concertados llegarán cosas así; ellos harán sus propias reflexiones. Dentro de unos años, algunos centros cerrarán sus puertas; algunos ya lo están haciendo”.
Cuando Pedrosa habla de “distribución artificial” se refiere a la segregación del alumnado, hasta el punto de convertir algunos centros en guetos. Precisamente, ha subrayado que unir escuelas que se encuentran en esa situación con otros centros sirve para hacer frente a la segregación.
Arbide, en cambio, cree que decisiones de este tipo perpetúan tanto la segregación como los desequilibrios entre el alumnado: la situación no se resuelve “y a veces incluso se agrava”. La vía, en su opinión, pasa por adoptar “medidas reales” contra la segregación.
Así lo expresaba una madre de un centro de Eibar que fue fusionado hace una década: “Responder a la diversidad de forma inclusiva no es solo juntar en un mismo centro al alumnado de escuelas diferentes. ¿Qué recursos adicionales se van a poner para responder a esa diversidad?”.
¿Qué dicen los centros?
Pedrosa anunció la semana pasada que en el curso 2026-2027 se pondrán en marcha seis procesos de integración: en Bilbao, entre los centros Ingeniero Orbegozo y Gabriel Aresti, Tomás Camacho y Maestra Isabel Gallego Gorria, y entre Deusto y la ikastola de Deusto; en Basauri, entre Soloarte y Jose Etxegarai; en Getxo, entre Larrañazubi y San Ignacio; y en Leioa, entre Lamiako y Artaza Piñueta.
Los sindicatos han denunciado que el Departamento de Educación ha actuado “a escondidas”, “en silencio” y “sin compartir la información”. “Antes de iniciar una fusión, tienen que sacar el decreto y el Consejo Escolar debe aprobarlo —explica Arbide Aza—, pero lo han hecho al revés: antes de encauzar todo eso lo han hecho público, sin decirnos nada y sin negociar; es muy preocupante esta manera de proceder”.
Según la consejera, “se ha socializado qué es una integración y cómo se hace, y han sido los propios centros los que han venido a dar explicaciones: por qué lo han hecho, cómo lo viven y por qué consideran que les corresponde afrontar este proceso”.
Angela Ortiz, directora del centro Tomás Camacho en Bilbao reconoce que las familias “lo han asumido con mucha pena, porque es una escuela pequeña y familiar”, pero afirma que la decisión tiene un porqué detrás y que “estamos trabajando todo eso con las familias: los cambios siempre dan miedo”
Junto a Pedrosa estuvo Angela Ortiz, directora del centro Tomás Camacho —uno de los que participa en un proceso de integración—, para contar su experiencia. Teniendo en cuenta la situación del colegio (muy poco alumnado, un índice alto de vulnerabilidad, diversidad de perfiles y necesidades…), defendió la decisión tomada y explicó que están trabajando para que el proceso se desarrolle de la mejor manera posible.
Preguntada por cómo lo han recibido las familias, respondió: “Es verdad que lo han asumido con mucha pena, porque es una escuela pequeña y familiar. Pero las decisiones que se toman tienen un porqué detrás, y estamos trabajando todo eso con las familias: los cambios siempre dan miedo”.
Sin embargo, Arbide Aza nos cuenta que, según el centro, hay opiniones de todo tipo, y que existen casos en los que no ha habido un proceso colectivo de reflexión, sino más bien informativo, con el Departamento de Educación acudiendo al centro con la decisión ya tomada.
En cualquier caso, si miramos a experiencias de fusiones anteriores, además de relatos optimistas también encontramos valoraciones críticas. Al fin y al cabo, a menudo no es fácil convertir en un único modelo a dos comunidades educativas —cada una con su propia filosofía, mirada, proyecto y pedagogía—, y con frecuencia se trata de procesos conflictivos y dolorosos, difíciles de consensuar. Esas claves, y otras muchas, están recogidas en un reportaje en ARGIA: Nola batu bi hezkuntza komunitate... albo-kalte gutxien eraginez.
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