‘La vida moderna’: tramoyistas de Google, ‘Commedia’ y cierre del ciclo abierto por el 15M

Las voces de los cómicos del programa La vida moderna, un ‘fenómeno cultural de masas’ donde transluce la manera en que la clase dominante hace efectiva su hegemonía, únicamente alimentan los mecanismos de formación de plusvalía de Silicon Valley.

La Vida Moderna
Grabación del programa La Vida Moderna Dani Gago
Ekaitz Cancela

publicado
2018-07-04 06:00:00

El régimen social queda expuesto en el espacio mismo en donde sus comediantes lo representan. Estas figuras —muchas veces disfrazadas, como por ejemplo de “Elvis canario”— se encuentran en una fase inmediatamente posterior a la de aquellos indignados que fueron trágicamente heridos unos cuantos años atrás, o al menos su capacidad para siquiera cuestionar el modo de producción capitalista, durante el ‘mayo español’.

Basta contemplar el timeline nacional desde entonces para comprobar que buena parte de las energías antisistémicas se han apagado o, efectivamente, la creatividad que debiera ser movilizada para espolearlas está siendo activada mediante canales de comunicación electrónicos, cuyos servicios de intermediación son ofrecidos por unos cuantos imperios de los datos; aquellos que, a su vez, han iniciado la renovación del anticuado ‘capitalismo a la española’, pauperizando aún más las condiciones materiales de aquella juventud sin futuro, expropiada ahora de su presente.

Juventud
2K, la generación que se hace mayor con la crisis
En la mochila cargan con el peso de una crisis que les acompaña casi desde que dieron sus primeros pasos. Llevan también el móvil, cómo no.


Antes de poner las cartas sobre la mesa, y disculpándose uno de antemano por caer en aquello que algunos han denominado vulgarmente como “la turra”, cabría señalar las palabras que César Rendueles recogiera en Sociofobia: el cambio político en la era de la utopía digital: “(…) el capitalismo es imparodiable. Nada puede sorprender a un mundo que organiza el trabajo, el uso del dinero o la producción de alimentos a través de una especie de competición deportiva generalizada y obligatoria a la que llamamos mercado”. Yendo un poco más allá, esta afirmación recuerda a otra expresada por Walter Benjamin en la octava de sus tesis Sobre el concepto de la historia: “El asombro porque las cosas que vivimos sean ‘todavía’ posibles en el siglo veinte no es ningún [asombro] filosófico. No está al inicio de un conocimiento, como no fuese de que la representación de la historia de la cual proviene ya no puede sostenerse”.

Ciertamente, en el punto de fuga entre ambas afirmaciones se muestra la realidad existente en este presente momento histórico, y es fácilmente perceptible en aquello que se ha dado en llamar de manera kafkiana como La vida moderna, un ‘fenómeno cultural de masas’ donde transluce la manera en que la clase dominante hace efectiva su hegemonía; vale decir un telón, de apariencia cómica, desplegado gracias a las tecnologías de la información, como lo es YouTube, y sostenido por una serie de humoristas cuyo único cometido es mantener conectada a una generación durante prácticamente una hora al día a la plataforma de una empresa estadounidense.

O en otras palabras: atarles a una corporación privada para que esta extraiga valor (datos) de ellos al tiempo que los mantiene entretenidos durante el tiempo en que se produce esta desposesión. Ha nacido un nueva inventiva para penetrar en los individuos y que estos tomen parte activa en esta suerte de capitalismo digital ampliamente financiarizado, en lugar de pensar en transformarlo. Si acaso, además, estamos ante un buen ejemplo para ilustrar el componente creativo de la destrucción creativa schumpeteriana del sistema que está teniendo lugar.

Pensamiento
Un intelectual bielorruso para revivir a los movimientos antisistémicos
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Evgeny Morozov ha logrado anticiparse a algunas de sus tendencias para arrojar análisis certeros que deben comenzar a permear hasta las agendas de los movimientos sociales para ser llevadas después a la acción política


Digamos que si “con la modernidad el mercado se convirtió por primera vez en una institución que impregna la totalidad de la realidad social”, como expresaba Rendueles, ello comienza a venirse abajo en este siglo XXI, cuando una empresa se eleva sobre este para administrar la producción y el consumo de conocimiento. La libre competencia en este ámbito desaparece cuando programas como La vida moderna deben asumir las reglas de una plataforma en propiedad de Google, en este caso YouTube, para alcanzar cotas tan elevadas de popularidad en una generación que debiera estar demandando que la política adquiera el primado sobre el marketing. Al igual que ocurre con Operación Triunfo u otros tantos productos cuyo público son los estratos más jóvenes, si este programa ha logrado que la gente los conozca, no ha sido gracias al poder de difusión que tiene una radio —pues hoy por hoy esta ofrece únicamente el estudio, lo que queda de su marca y el sueldo, imposible a su vez sin entender el accionariado de Prisa— sino gracias a Google.

Ciertamente, “un día mas en la puta SER”, como acostumbra a señalar este trío al inicio de su show, solo es una frase que esconde la pauperización de una radio que necesita de viagra digital para llegar a a las audiencias jóvenes mientras obliga a los mejores periodistas políticos de la casa, y de toda una generación, a buscarse la vida en programas del corazón para sostenerse económicamente. Al parecer, en este monopolizado mercado, el valor de intercambio de quienes difunden conocimiento por sus ondas radiofónicas para comprender la actualidad política no puede competir con quienes llevan una “mochillo” a una radio con el fin de que su espectáculo se viralice en YouTube, Facebook o cualquier otra red de comunicación privada. En palabras más claras: las voces de estos cómicos únicamente alimentan los mecanismos de formación de plusvalía de Silicon Valley.

Y todo ello ocurre mientras los humoristas sustituyen el libro de estilo de periodismo oral de esta radio, llamado En Antena, por el libro de estilo económico-político que dicta el capital tecnológico, aquel donde casi cualquier ofensa es válida siempre y cuando nadie se desconecte de Google. Llegados a este punto, tal vez debiéramos hablar de “El fin de la puta ser” del mismo modo en que el tal Ignatius Farray habla de “El fin de la comedia”, como contenido producido únicamente para adaptarse a las reglas de una corporación que domina buena parte de la vida social de los jóvenes, pues es ésta quien ha logrado conectar con ellos, introduciendo al mismo tiempo las lógicas mercantiles en la subjetividad de estos de una manera nunca vista. ¡Y todo gracias a La vida moderna!

Volviendo a lo afirmado por Benjamin, efectivamente, la historia no se sostiene y ha llegado a su fin. Sobre lo que realmente significa este mundo emergente donde todo es privado simplemente hemos de colocar las bromas que Farray destinaba a una figura como Felipe González en su correspondiente contexto histórico. Es este socialista, quien abandonara los postulados marxistas de su partido para inmediatamente abrir la puertas a la oleada de privatizaciones sobre buena parte de las principales industrias nacionales, quien está siendo parodiado algunos años después en una infraestructura, la de Google, que se alza sobre todas ellas. Un par de ejemplos bastan de momento: BBVA y Google han firmado una alianza en soluciones de pago digitales en todo el mundo y Repsol anunció recientemente otro acuerdo alianza con esta compañía para mejorar la eficiencia de las refinerías de petróleo.

Son mediadores en un modo de producción donde la repetición constante de bromas o chistes elimina todo proceso de reflexión sobre el canal de comunicación al que nos encontramos conectados

Esto no significa que hayamos entrado en una fase posindustrial, ni de poshumor, sino que una corporación está conquistando la base sobre la que nuestra vida se despliega, determinando las relaciones de producción en esta nueva economía del conocimiento. Por eso, tampoco hablamos de una vida moderna, sino de una vida atada a la infraestructura digital de quien extrae datos sobre nuestras experiencias para fines comerciales, acabando también con todos los rastros de la cultura burguesa, de la cual la radio siempre fue un instrumento de referencia. Más que hombres —pues reproducen los mismos estereotipos patriarcales de ataño— de radio, son mediadores en un modo de producción donde la repetición constante de bromas o chistes elimina todo proceso de reflexión sobre el canal de comunicación al que nos encontramos conectados, cuya propiedad y los beneficios derivados de su explotación se concentran en las manos privadas de Silicon Valley.

Música
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Los espectadores, decenas de miles, se insertan dentro de estas nuevas relaciones sociales y, evidentemente, no adquieren ningún elemento para orientarse en el mundo moderno, como parecen creer, sino todo lo contrario: quedan despojados de cualquier noción económica o política. Los narradores no tienen ninguna otra vocación que mantener conectados a los usuarios a Google, para que le entreguen a este sus datos y liberen a través de sus canales toda la creatividad que en otro tiempo hubiera sido empleada para adquirir conciencia de la situación del individuo en el mundo y tratar de alterarlo. Probablemente, este programa sea el artefacto humorístico más perfeccionado que haya florecido nunca para legitimar el sometimiento a estas relaciones de propiedad.

Detengámonos durante un momento en ese lenguaje desprovisto de categorías políticas que utilizan estos cómicos de profesión, aunque activistas del mito tecnológico como único trabajo en la práctica. Si se trata, como decimos, de una jerga cuya única labor performativa es despolitizar a una generación, entonces debemos exponer algunos ejemplos. El uso de “looser” —por mucho que durante el tiempo que dura la broma se le atribuya a figuras de éxito notable como Cristiano Ronaldo o a enemigos comunes de quienes acostumbran a emplear la izquierda como marca, a saber, Albert Rivera— encuentra su opuesto en que el cometido social real de esta palabra es justificar que la crisis haya eliminado buena parte de las perspectivas no de futuro, sino de presente, en esa generación enganchada al consumo de productos audiovisuales en YouTube.

Ocurre que este mismo lenguaje es el que después pasa a formar parte de las conversaciones ordinarias de los jóvenes, introduciendo en su imaginario colectivo la idea de que realmente la generación a la que pertenecen debe pagar las consecuencias de la crisis de manera eterna y que, además, su única alternativa sea tomárselo con un poco humor.

Así acaban siendo todos “loosers”, “jóvenes confusos” —en lugar de jóvenes despojados de conciencia de clase— o en el mejor de los casos millennials, una criminalización de la clase obrera similar a la descrita por Owen Jones en Chavs solo que ahora se trata de una clase oprimida y condenada eternamente a condiciones materiales del digitalizado modo de producción capitalista.

A menos, claro, que sus espectadores se encuentren la escala más alta de la jerarquía social, aquella en la que, por otro lado, se encuentra el tal Héctor de Miguel (Queque), quien protagonizara una intervención ante la cámara tan grandilocuente como memorable cuando señaló su preferencia por abolir el trabajo. En realidad, únicamente estaba ofreciendo todo el plusvalor que generaba su trabajo humorístico a Google. ¿O es que alguien accede a La vida moderna mediante Firefox, el motor de búsqueda que emula a un “zooorro”?

Estamos ante una parodia que se ha insertado completamente, y de manera silenciosa, dentro de los circuitos de producción del capitalismo

Ciertamente, este programa conecta con su audiencia a través de las tecnologías de información de Google al tiempo que la desconecta de sus preocupaciones materiales y elimina la que debiera ser una pulsión para encontrar formas de conectarse en términos culturales para subvertirlas. Estamos ante una parodia que se ha insertado completamente, y de manera silenciosa, dentro de los circuitos de producción del capitalismo. Como evidencia la descripción en YouTube del capítulo 89 de la temporada cuatro de este programa: “Por lo visto en Facebook si escribes ‘s_u_d_a_c_a’ te amonestan. Me han restringido el acceso porque Zuckerberg es un Flanders. Tengo que publicar las cosas del programa a través de otro perfil. Lo pongo así aquí, no vaya a ser que también se molesten en Google”. ¿Cómo integrar toda conciencia crítica, hasta la parodia, dentro los márgenes de este renovado sistema? La respuesta es monopolizando, gracias al servicio prestado por Silicon Valley, las infraestructuras a través de las que llegan a sus fans. Nunca la hegemonía cultural se desplegó de manera tan efectiva.

Pese a todo, el tal Ignatius osaba afirmar que “la comedia es la mejor arma para inventar la realidad y la verdad”. Y añadía, en declaraciones a los presentadores de No te metas en política, Facu Díaz y Miguel Maldonado, segunda generación de comediantes privados, comunistas de bulevar que atrapan audiencias para usufructo de cualquier empresa capitalista, ya sea esta Google, Movistar Zero o Atresmedia: “Cuanto más distorsionada está la realidad, más prologada debe ser la m de Commedia”. En realidad, frases como esta nublan la percepción sobre el mundo real existente. Por eso, cabría preguntarse si esta comedia tiene algún efecto más allá de banalizar la realidad o incluso de deformarla aún más.

Dos ejemplos son interesante para referirnos a ello: “Gora moderdonia askatuta?” y “Padre, lo de Wikileaks”. De un lado, aquello que se parodia es una lucha hace años superada por la fuerza del Estado. En este preciso instante, cuando la tradición vasca está siendo galvanizada por el capital global, por ejemplo, en Bilbao, este humor, sin ningún componente subversivo, no trata de reproducir una lucha contemporánea como pudiera ser la de “Ez da turismofobia, klase borroka da” (no es turismofobia, es lucha de clases), sino que prefieren cooptar las derrotas pasadas para insertarlas dentro del universo simbólico de lo cómico, transfigurando su naturaleza para que no se revele a la luz el escenario de lucha de clases vigente. Únicamente apoyan que las lógicas mercantiles se introduzcan en los sujetos, desarraigando sus experiencias y debilitando la posible transmisión de este conocimiento histórico revolucionario que haga posible una verdadera época de revolución social.

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Claro que Silicon Valley no es un producto de la suerte. Precisamente, Julian Assange explicó en When Google met WikiLeaks cómo la inversión en inteligencia de la CIA financió las primeras pruebas del motor de búsqueda de Google, empresa que después desarrolló YouTube. Lejos de hacer visible cuestiones como estas, que colocan a las tecnologías de la información de la que se sirve este programa en la órbita del desarrollo histórico del capitalismo, prefieren crearse situaciones paródicas donde se desestima cualquier explicación sobre la utilidad de estas tecnologías, y mucho menos aquellas que pongan en tela de juicio su propiedad.

En suma, pareciera como si la juventud necesitara de la producción constante de nuevas palabras que consumir y de esta manera seguir conectada a las redes de Google. Y, además, no aburrirse, convirtiendo así el tiempo en algo extremadamente productivo para la empresa que tiene la propiedad de la infraestructura, y también quien la explota. En ello, desde luego, tienen buena parte de responsabilidad aquellos que dieron un giro lingüístico a la teoría sobre la hegemonía de Gramsci, como le recriminaba Perry Anderson a Podemos en La palabra H: Peripecias de la hegemonía: “Aquí el resultado ha sido separar completamente ideas y exigencias de amarres socio-económicos que, en principio pueden ser apropiadas por cualquier agencia para cualquier construcción política”.

No es casualidad que buena parte de las audiencias de este programa hayan dejado de estar representadas políticamente en lo que queda del cada vez más desmantelado, corrupto y pervertido sistema político del Estado español

Siguiendo esta dirección, no es casualidad que buena parte de las audiencias de este programa hayan dejado de estar representadas políticamente en lo que queda del cada vez más desmantelado, corrupto y pervertido sistema político del Estado español. Una vez entendido este contexto, y lejos de que las “fuerzas progresistas” hayan tratado de insertarlas en estructuras económicas socialistas, transformándolas de esta forma para ofrecer alternativas reales a la pauperización que viven, tampoco parece tan complicado comprender el éxito de un Estado ficticio, como Moderdonia. Como vimos en otro lugar, los productos de consumo han conectado con las clases populares de manera más eficiente que los movimientos de izquierda para eliminar sus pulsiones radicales.

Culturas
Los herederos de Gramsci, Black Mirror y Operación Triunfo
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La izquierda se encuentra luchando contra viejos fantasmas dentro de los límites culturales que los nuevos monstruos, mucho más poderosos y peligrosos que los de antaño, establecen como sentido común de época.


Estas son cuestiones, añadamos, sobre las que pudiera haber reflexionado Juan Carlos Monedero en Los nuevos disfraces del Leviatán: el Estado en la era de la hegemonía neoliberal en lugar de dejarse “chupar pezones” por Ignatius Farray y seguir su estela haciendo su propio show o “late crítico” (¡si la Escuela de Frankfurt levantara la cabeza!), llamado En la frontera, esta vez mediado por Público en lugar de La Ser, aunque igualmente necesitado de canales de comunicación privados para difundirse. Ya se lo avisó Evgeny Morozov no hace mucho en su propio programa: “La izquierda de hoy tiene que reconocer que el capitalismo es muy diferente al de los 80”.

Llegados a este punto, ilustra correctamente Daniel Bernabé en La trampa de la diversidad: cómo el neoliberalismo fragmentó la identidad de la clase trabajadora, lo políticamente incorrecto se ha convertido en algo rebelde. “Al hacer poshumor (…), Farray parece que utiliza la incorrección, cuando solo asume un papel conservador, aunque por otra parte explicita el hastío y el cansancio que existe, incluso entre los progresistas, por la sobrerepresentación de la diversidad”. Este fenómeno lo vemos de forma repetida con Ignatius Farray, o con su acérrimo seguidor, Juan Soto Ivars: dos caras de la misma moneda conservadora. Claro que en lugar de encontrarnos ante ese “mercado de la diversidad” del que habla Bernabé constantemente en su ensayo, y esto quizá sirva para exponer sucintamente algunas limitaciones de su análisis, estamos efectivamente ante una competencia descarnada pero dentro de la infraestructura de Google, empresa que administra mediante sus algoritmos la diversidad cultural. Ciertamente, las normas computacionales diseñadas por los ingenieros de Google ordenan el mercado mejor que las leyes de la oferta y la demanda.

Esta suerte de conversión de una corporación en una institución social misma, sumada a la crisis de las políticas de representación, ha posibilitado que Farray adquiriera un protagonismo como irreverente referente de toda una generación, hasta el punto de especular en su programa con la posibilidad de presentarse a las elecciones europeas. Ciertamente, nada tiene de original esta broma cuando el Parlamento Europeo lo componen personajes como Marine Le Pen o Nigel Farage. Y, al igual que Ivars, este cómico únicamente refuerza una visión que convierte la lucha por las libertades en algo mucho menos holístico e integral, como ser libres para transgredir las normas políticas siempre y cuando, claro, esto se haga dentro de los límites culturales establecidos por Google.

Estamos así ante una legitimación casi invisible del renovado sistema capitalista; igualmente a como ocurría con el barroco, que las obras transmitían la imagen del poder donde este ya no se encontraba, sucede en este programa, con la salvedad de que la misma base sobre la que se despliega su humor es ahora de propiedad privada. Qué lejos queda aquella afirmación de Gracián: “En España siempre hubo libertad de ingenio”.

En esta situación, como señalaba el teórico de referencia de la post-modernidad Frederic Jameson, deja de existir la vocación de la parodia: “Esa nueva y extraña cosa, el pastiche, viene a ocupar su lugar. El pastiche, como la parodia, es la imitación de una máscara peculiar, un discurso en una lengua muerta: pero es una práctica neutral de tal imitación, carente de los motivos ulteriores de la parodia, amputada de su impulso satírico, despojada de risas y de la convicción de que junto a la lengua anormal, de la que se ha echado mano momentáneamente, aún existe una saludable normalidad lingüística”.

Claro que incluso el pastiche deja de ser una categoría artística válida para entender el presente cuando la careta proyectada por estos humoristas únicamente sirve para maquillar la descarnada entrada del capital tecnológico en cada vez más áreas de nuestra vida. Ya lo expresó un tal C. Tangana, citando a Andy Warhol en una entrevista con casi un millón y medio de visualizaciones en YouTube: “El arte de los negocios es el paso que sigue al arte”.

Ocurre, como reconocía, que incluso el artista que quiera hacer negocios debe invertir su propio capital en producir aún más contenido para ser distribuido a su vez en las infraestructuras de Google. En lugar de denunciar en una rueda de prensa que nadie distingue su estilo, debieran entender que su incapacidad para distinguirse de otros productos de consumo deriva de una crisis de sobreproducción de contenido musical.

Culturas
Mamá, ahora sí querré ser artista

La Comisión de Cultura del Congreso aprueba por unanimidad la propuesta de Estatuto del Artista, que deberá ser ratificada en el Pleno. El texto plantea cambios legislativos de calado para adaptar la normativa a la realidad laboral de medio millón de personas.

Estos son algunos motivos que muestran por qué ninguno de los cambios en la cultura son indisociables de dinámicas económicas y políticas más profundas, a lo sumo, su expresión. Y, en efecto, esta pauperización cultural solo es posible en una plataforma que convierte todo género en una melodía que suena con el único motivo de mantener conectados a los más jóvenes para desposeerles en una economía digital que ya está aquí. Ahí donde la socialdemocracia no termina de caer, y con ella su optimismo de futuro, emergen esas voces de ultratumba y su ‘commedia’ para alimentar el mito del progreso tecnológico ofreciéndonos una versión secularizada de la salvación.

Veámoslo en ese tal David Broncano, ídolo moderno a sueldo de Telefónica, que pone el capital para su programa La Resistencia y es también accionista de Prisa, editora de “La puta Ser”, donde dirige La Vida Moderna. Ambos difundidos a través de YouTube. Puede que El Hormiguero le definiera bajo el nombre de “el curioso caso del millennial capaz de llegar a fin de mes” porque denominarle como “quien ha acumulado más o menos medio millón de euros entreteniendo a los millennials para servir a Google” era demasiado largo.

Ahora bien, tal vez debiéramos hablar ya de la figura del humorista privado, aquel que arma una comedia cada vez que sale al escenario para camuflar cómo unas pocas empresas han conquistado la tierra toda sobre la que se despliega nuestro conocimiento.

Fijándonos en la historia reciente, si Bertín Osborne se hizo un héroe español, gracias en buena parte a la televisión pública, Broncano ha heredado su mito —convirtiéndose en una suerte de galán para sus contemporáneos— gracias a una plataforma privada.

Este último personaje mantiene a la audiencia conectada para que, efectivamente, la empresa de telecomunicación que le financia siga desplegando su hegemonía cultural al tiempo que él se posiciona como aquel encargado de administrar nuestro entretenimiento convirtiéndose en el ventrílocuo jefe del capital privado. A ello le llaman La Resistencia. Digamos en su lugar que la resistencia es el instante previo a que la mercancía cultural se inserte definitivamente en un modo de producción completamente distinto, cada vez más mediado por aquellas compañías que controlan nuestros datos.

Tengamos en cuenta una nota de prensa reciente: “Telefónica comercializará el servicio G Suite de Google que permite aumentar la competitividad de las grandes empresas”. Ambas compañías ofrecen una solución que “integra en la nube todo lo necesario para crear un puesto de trabajo adaptado a las necesidades del empleado digital, flexibilidad y movilidad”. En efecto, no es la vida moderna, sino una expresión cultural de la estructura económica misma. Despojados de la propiedad del medio de producción, incluso nuestra fuerza de trabajo requiere de la potencia imprimida por las tecnologías de la información de Google, del mismo modo en que estos programas dependen de que esta empresa les ceda derechos de manera gratuita para explotar su propiedad, llegar a una audiencia mayor y convertirse en un producto masivo de consumo gracias a los instrumentos de producción que esta empresa les facilita.

Reflejemos otro párrafo presente en la nota de Telefónica para terminar de redondear este argumento: “Las ventajas de los servicios de productividad como Google G Suite, alojados en la nube, son evidentes en un momento en el que el cliente demanda inmediatez por parte de las empresas y los límites del puesto de trabajo están cada vez más difuminados. Poder trabajar desde la nube supone mayor agilidad, dado que la información está accesible desde cualquier lugar, pero también mayor facilidad de trabajo para el empleado, que podrá realizar su actividad desde donde necesite en cada momento”.

La división entre trabajo y ocio converge en trabajo productivo para beneficio de una todopoderosa empresa a nivel mundial, en coexistencia pacífica con una de las pocas empresas del IBEX 35 que ha sabido adaptarse a la transformación digital, esto es, al modo de producción del capitalismo digital.

Ha llegado el momento de escapar de las ataduras culturales impuestas por este sistema: no es una vida moderna, sino una vida donde la sociedad es civilizada por el consumo y la producción, un suceso que ocurre cuando ambos se encuentran mediados de manera inteligente por aquellas empresas que tienen la propiedad de los datos.

Y este programa es solo su expresión, la cual nos ofrece una imagen que hemos de captar para anunciar que las condiciones están listas para transformar la sociedad española. Si aquellos que llenaron Vodafone Sol fueron pioneros en movilizarse dentro de los circuitos de producción del renovado sistema capitalista, La vida moderna (antes financiada gracias a la programación de Vodafone YU) nos dice que el ciclo que entonces se abrió ha quedado cerrado definitivamente, como nos indica también el reciente reagrupamiento mediático y político en torno al bipartidismo. Esto nos lo muestra que todos esos chistes ligeramente críticos con la izquierda tengan lugar mientras nuestros datos fluyen de manera libre hacia los centros privados de las empresas de Silicon Valley.

Bruce Ackerman, en quien se fijó Iñigo Errejón para describir la nueva fase de su partido, hablaba en We The People: Fundamentos de la Historia Constitucional Estadounidense de épocas calientes y épocas frías del sentimiento político. No nos dejemos guiar por quienes han demostrado que sus teorías están lejos de desembocar en un horizonte emancipador, esos que han firmado la unión definitiva entre política y mercancía.

Si en unas cuantas décadas esta generación quiere recordar el 15M como una época fría, previa a la transformación de las condiciones materiales —no en una nueva dirección capitalista, como está ocurriendo, sino de manera que lo haga arder—, debe atacar directamente la propiedad de los datos, convertidos en un nuevo medio de producción, en lugar de verse intoxicada por los productos culturales que han creado las empresas que los controlan. Y, de esta forma, servir como ejemplo para que el fantasma se extienda hacia el resto de Europa.

128 Comentarios
Daniel 6:59 4/7/2018

El lenguaje es también un arma política, y debe unirse a la ideología. En La Vida Moderna utilizan un lenguaje que llega a las masas, a la gente normal, a lo que tú entiendes como tu clase cuando te diriges a tu verdadera clase.
Tu lenguaje solo está al alcance de una pequeña élite intelectual, y esto es grave: hace que se elimine del debate a personas que tendrían que estar en él, esas personas sobre las que tú sacas conclusiones (y repito: los que tú denominas tu clase pero de quienes te distancias al usar ese discurso universitario elitista).
Ahora me pregunto: ¿qué legitimidad tienes para criticar un discurso por el canal de comunicación? Es solo uno de los elementos de esta, y en tu caso otro elemento (el mensaje) responde a la misma lógica clasista.
Por no hablar de que El Salto está hecho para leer en smartphones, o que a él se accede desde Google.
Nos guste o no, la realidad es la que es, y criticar a todo un producto cultural por el canal (o el medio, si quieres) en el que se emite.
¿Desde cuando no podemos combatir al capitalismo utilizando sus herramientas? ¿Dónde queda la reapropiación de los mediosbde producción? ¿Quienes trabajan en Google y han construido todo esto no son trabajadorxs?
En La Vida Moderna hay una crítica social que llega a más gente que la tuya,y llega a la gente de la calle.
O estamos todos o ninguno, el discurso burgués elitista y condescendiente con los que no son élite cultural no me sirve, lo siento. Mientras no entendamos esto, Albert Rivera (que sí entiende la comunicación de la calle, por desgracia) seguirá cosechando votos, me temo...

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Carlos 10:08 4/7/2018

Daniel: Tu comentario consigue dos cosas. las dos valiosas. Mostrar al elitismo con que el está escrito el artículo y hacerlo de manera sencilla (¡Qué difícil es escribir sencillo y qué necesario!)

Cuando te he leido me he acordado de un pequeño ensayo de George Orwell, El idioma inglés y la política -original- (goo.gl/gnKsKU) -traducción española- (goo.gl/5WqrKU). En él denuncia que el lenguaje innecesariamente complicado, e innecesariamente largo, de muchos textos políticos de su época -lo cual vale para la nuestra- cumple una función: impedir el pensamiento.

En resumen el argumento de Orwell es que esas formas enmarañadas de escribir esconden una trampa. Piensan por el autor, en vez de que el autor muestre su propio pensamiento. Y a la vez convierten dicho pensamiento en algo confuso, en algo difícil de entender y en algo que provoca que cada lector entienda lo que quiera, como las manchas de un test de Rorschach. Es decir, la más completa incomunicación.

El artículo dice que usar las herramientas de empresas como Google refuerza su dominio pues le da acceso a cada vez más datos de gente para poder seguir vendiéndole sus productos y que el uso de esos medios de manera exitosa, como hace la Vida Moderna, crea o fomenta una manera de ser y de actuar en la gente que sostiene el poder de esas grandes corporaciones sobre el resto de la población.

No se necesitan mucho más de cuatro líneas, la verdad, para expresar el contenido del artículo. Pero escribiéndolo de esa forma enredada parece que dice mucho más de lo que dice. Y ese "mucho más" está expresado de manera tan laberíntica, y por momentos tan farragosa, que lo que provoca en el lector es ese distanciamiento elitista del que hablas.

Me recuerda a esos argumentos que culpan a la explotación de empresas como Zara a los obreros que compran esa ropa porque no tienen más dinero. Eso sí, aburriendo y abrumando al lector.

Y me ahorro los comentarios sobre la contradicción, que señalas inteligentemente, de criticar a Google usando una página web.

Un saludo





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#19915 14:05 5/7/2018

¿Carlos Daniel?
"Fernando Galindo, un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo"

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#19787 10:43 4/7/2018

Todo el mundo sabe qué es tener hambre, lo sentimos varias veces al día, pero no pasamos verdadero Hambre; no el que pasan en países menos privilegiados. Es una idea sencilla que se explica en dos líneas: ve a decirle a Caparrós que a su librazo le sobran 632 páginas. Los reduccionismos mejor en Twitter, please.

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Carlos 11:20 4/7/2018

Me gusta tu respuesta. Convendrás que hay un amplio espacio entre la simplificación y la verborrea gratuita.
Un saludo

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#19808 14:24 4/7/2018

¿Y desde cuándo la verborrea gratuita está mal vista por los moderdonios? https://www.youtube.com/watch?v=m0Oy1cLOk18

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Carlos 20:02 4/7/2018

Diccionario de la RAEL
Ironía f. 3.Expresión que da a entender algo contrario o diferente de lo que se dice, generalmente como burla disimulada.
Un saludo

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#19855 19:56 4/7/2018

A base de falacias no convencerás https://yourlogicalfallacyis.com/es/tu-quoque

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Carlos 8:48 5/7/2018

Pensaba que ya era evidente que renunciaba a convencerle. ;)
Un saludo

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#19897 10:46 5/7/2018

No era para ti lo de la falacia, Carlos, era para rl del video

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Carlos 14:22 5/7/2018

Ahora que lo pienso y viendo el vídeo y tu respuesta parece evidente. Jaja
Un saludo

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#19973 14:23 6/7/2018

Irene and Pablo. Carlos y Daniel. Memorias de África.

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#19782 9:48 4/7/2018

Impoluto

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#21078 8:42 27/7/2018

Invitad a Ingrid ya!

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Anónimo 14:53 16/7/2018

Vaya artículo.. Señores/as, estamos ante un programa de commedia ¿Acaso no podemos verlo simplemente desde ese punto? ¿No entienden que insultan tanto a la derecha como a la izquierda? De hecho, Quequé no para de hablar sobre que ni la izquierda ni la derecha es buena en este país, no puedo hablar del término que usa (que es perfecto) porque borrarían el comentario pero es algo así como "Sudapoll..."

Dejemos de politizar el programa sin haberse visto todos los programas para evaluarlo, obviamente tiran para la izquierda (qué mínimo).
En resumen, hay que reírse más que para no reírse ya están las otras 23 horas de lunes a viernes. ¡Sed felices y un poco menos amargados!

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19873 17:58 4/7/2018

Lo que está claro, independientemente de la utilización de citas y de argumentaciones algo farragosas, es que tenemos un debate abierto dentro de la izquierda en el uso de los medios de masas para hacer criticas al capitalismo salvaje por un lado y crear nuestro propio lenguaje político por el otro. Asimismo, duele mucho a los "fans" de "La vida..." o "La Resistencia" que de repente se cuestione su función desde la raíz, esto es, dándole la vuelta, exponiendo claramente que más que "trabajar" para Silicon Valley, lo que hacen es un humor cínico que se regodea en la porquería, más que proponer una verdadera crítica de la sociedad en la que vivimos y mucho menos medios para el cambio. Porque claro, ver NTMP o "La vida..." es ser subversivo e independiente, ver humor crítico de verdad de tíos muy valientes cuando a lo mejor no lo son tanto a no ser que se pasen de la raya sin saberlo o por creerse muy listos. Así que el artículo supone una ofensa para nosotros, chic@s subversivos y rebeldes durante nuestro tiempo de ocio y por eso escuece, y mucho más si citan a Schumpeter.

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Posmosno 22:41 4/7/2018

No sé lo que haréis en vuestros ratos libres, pero muy subversivos no parecéis. Moralistas sí, un rato largo.

Responder
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#19901 13:41 5/7/2018

Que tirria tenéis los posh-modernos con la moralidad. Eso y y decir "turra". Detector de pijos por antonomasia en 2018.

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#20566 10:34 17/7/2018

Tiene cojones, tú y el articulista ¿Qué sabras? Poshmoderno es muy de barrio, no? Y el artículista de Lega de toda la puta vida.

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#20153 8:12 11/7/2018

He llegado hasta aquí a través de Google.
En este medio, los complementos de mi firefox han tenido que bloquear los rastreadores de google-analytics.

Todo para leer una perorata basada en que un programa es muy malo porque se emite en youtube y no es realmente reivindicativo.

Pues vale, pero tal vez no hacía falta tanta paja para descubrir el concepto de pan y circo. A no ser, claro, que todo sea un homenaje del autor a sí mismo.

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#20259 15:22 12/7/2018

Tu comentario es perorata y homenaje a ti mismo.

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Max Weber 21:55 8/7/2018

Cuando quieras llamar al pasado espera al amanecer.

Cuando el punzón del tiempo te busque
No hagas caso a la nostalgia de las madrugadas,
Porque la noche convierte todo
En un desfile inagotable de derrotas,
En una inacabable despedida.

SUMPETER TE PISO EL CUELLO.

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#20055 12:22 8/7/2018

la paja en el ojo ajeno

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M 13:49 4/7/2018

Creo que el artículo se cae tan sólo con el juicio de intenciones que hace Ekaitz respecto a lo de la "puta Ser". Soy oyente habitual y la interpretación deliberada y poco acertada del autor únicamente se utiliza para sostener una opinión de la que se puede estar más de acuerdo o no.
Todo gira en torno al "Viva el capital, viva el mal". Todo programa que no sea producido por una productora independiente (a poder ser cooperativa) es el mal. Todo lo que no se ajuste a su visión del bien está mal y es una aticulación del capitalismo para lobotomizar a la chavalada. En definitica, no te flipes pavo. Y non plvs turra.

Solo este párrafo resume la flipada de Ekaitz: "Ocurre que este mismo lenguaje es el que después pasa a formar parte de las conversaciones ordinarias de los jóvenes, introduciendo en su imaginario colectivo la idea de que realmente la generación a la que pertenecen debe pagar las consecuencias de la crisis de manera eterna y que, además, su única alternativa sea tomárselo con un poco humor."

Responder
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#20054 12:03 8/7/2018

Madre mía que cortico soy. No he entendido nada!
Bueno, sí, que a este señor no le gusta LVM, ni La Resistencia, ni Broncano, ni Ignatius ni Quequé (o Queque como le llama él).
Supongo que debería renunciar a internet, la tele y vestirme con hojas de parra para poder considerarme de izquierdas...

Responder
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Anón 4:28 8/7/2018

Leo los comentarios y por un momento me parece estar en la web de El País.

Responder
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#19984 16:37 6/7/2018

Non plus turra

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#20009 12:51 7/7/2018

turra = Pijo con botelliín.

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#19981 15:34 6/7/2018

Easy now, yesyouPSOERs.

Responder
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#19974 14:29 6/7/2018

Esto de ha llenado de gente que no odia a las ballenas.

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#19956 9:10 6/7/2018

Mira que dejé de ver la vida moderna cuando tras el 1O en catalunya mezclaron una situación con "fascismo del malo" con "commedia", cosa que yo al menos no admito.... pero el articulo se pasa de pedante cuando solo quiere decir que el medio en el que se realiza el programa está bajo control de una empresa capitalista... como el wyoming, u otros tantos..
Pero si la "verdadera izquierda" no ve que debe de cambiar de manera de comunicarse con la gente, alejándose de autores que parece que solo quieren mostrar su superioridad intelectual, va a seguir igual, cediéndole el espacio comunicativo a Cárdenas, Alvaro Ojeda, Bertín Osborne etc etc..
Y así nos va.

Responder
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Anónimo 15:07 16/7/2018

Y recuerden niños, todos los nacionalismos son de faaaachas.. Anda que dejar de ver un programa solo porque hagan humor XD

Responder
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#19932 17:08 5/7/2018

Si tanto os gusta Youtube por que no metéis a Zukerberg en vuestra casa. Podemos me recuerda a Google, cuando te conocen te dicen "Do no evil". ¡Facefuckers!

Responder
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#19882 8:15 5/7/2018

Ofendiditos welcome!

Responder
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El tío de la vara 7:16 5/7/2018

Pedazo turrón de artículo. Cuánta pedantería!
Mucha palabra para decir tan poco, enséñame a hacerlo para rellenar la exposición de mi TFG por favor!

Responder
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#19902 13:42 5/7/2018

Turra o turron = Posh-modern snob.

Responder
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Mirai 2:37 5/7/2018

Madre mía, vaya turra de artículo. Nos guste o no, todo lo que nos rodea está producido por el capitalismo: la ropa que llevamos puesta, el ordenador con el que se ha escrito el artículo o el comentario que servidora está escribiendo, los libros que leemos o nuestras casas. Si se quiere luchar contra el capitalismo, creo que es más realista reapropiarse de los medios de producción, como ha comentado un tal Daniel por aquí. Por no hablar de que entre que el artículo es larguísimo y su lenguaje es pedante un rato, pues no creo que ayude a que llegue e influya a las masas, que hablan en un lenguaje llano. NON PLUS TURRA

Responder
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#19903 13:42 5/7/2018

Turra= Pijos

Responder
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Posmosno 22:39 4/7/2018

Pedantería, elitismo, neolengua. Moralismo.

Responder
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#19859 21:03 4/7/2018

Joder, qué artículo. Menudo pollavieja jaja

Responder
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#19852 19:03 4/7/2018

Madre mía con los fanboys... Si tanto os gusta "La vida..." casaos con ella.

Responder
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Morenito Yeyé 18:07 4/7/2018

Señores,ha nacido el cuñao de izquierdas.

Responder
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#19860 21:08 4/7/2018

¡Elevemos el corazooooonnnnnn!

Responder
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#19846 17:20 4/7/2018

Podéis seguir haciendo artículos tan finos y elaborados como este pero seguís siendo parte del sistema. Podéis creer que estáis haciendo la revolución por despreciar cualquier cosa que entretenga a las masas. Podéis mantener vuestra arrogancia y superioridad moral pero nada de esto hará que nada cambie. Quizás por opiniones así lvm tiene tanto éxito entre quienes han perdido la esperanza en la política y el cambio. Seguid en la lucha camaradas. Despreciad a todo el mundo, nadie os hace caso.

Responder
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Mirai 17:39 6/7/2018

Gracias

Responder
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Grocio 17:20 4/7/2018

Si no se entiende, se estudia

Responder
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#19883 8:25 5/7/2018

Los españoles no estudian. Disfrutan de matar a la inteligencia. Como ejemplo todos los tarados que repiten: turra, turra.

Responder
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Posmosno 9:03 5/7/2018

No es que se explique muy bien, pero se entiende perfectamente que es una turra escrita desde la superioridad moral e intelectual. Igual que esas reconvenciones: estudiad, no sé qué de la inteligencia y tal. Vais al desastre por ese camino.

Responder
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#19905 13:45 5/7/2018

Pijo eres y en turra te repitirás

Responder
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#19904 13:43 5/7/2018

Turra = Pijo poshmodern.

Responder
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#19839 16:30 4/7/2018

Acabas de atizarle una patada al avispero Posh-moderno. El vinilo afilado con el que piensan matarte es una colaboración de Serrat y Rafael.

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Sergio 13:19 4/7/2018

Así también hago artículos yo: http://www.elsewhere.org/pomo/

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#19833 16:17 4/7/2018

Mentiroso...

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Qué horror 16:16 4/7/2018

El uso de medios de difusión como Youtube y de las redes sociales está mal y es entrar en el juego del capitalismo más salvaje.

Excepto cuando las uso yo, claro.

Lo de turra se queda muy corto. Espantoso y pedantísimo artículo. Lo peor de la pseudoizquierda más recalcitrante.

Responder
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#19968 14:02 6/7/2018

Si tanto os gusta Youtube por que no metéis a Zukerberg en vuestra casa. Podemos me recuerda a Google, cuando te conocen te dicen "Do no evil". ¡Facefuckers!

Responder
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#19836 16:22 4/7/2018

¿Y que hace un social-democrata, tricornier y yesyoucaner agraciandonos con su presencia por estos medios?

Responder
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Qué horror 17:11 4/7/2018

Lo de "social-demócrata" está muy manido, colega. Es como si me llamas "cuñao".

Si vas a hacer de poli malo del postureo de pseudoizquierda te falta ser un poco más críptico. Que tenga que buscar el insulto en Google. Así golpeas dos veces.

Responder
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#19841 17:02 4/7/2018

Perdona, no sabíamos que aquí solo podías escribir tú

Responder
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Anónime 19:20 4/7/2018

Lo que ha parecido en tu primer comentario, es que eras tú el único que podía escribir.

El artículo es infumable aunque muy representativo del estado de la izquierda actual, perdidos en turras infumables y diversidades mientras le comen la tostada por todos los lados.

Mientras la izquierda siga con la turra y los feminismes como arma, las cosas no van a cambiar.

Responder
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#19881 8:15 5/7/2018

El feminismo anticapitalista ha traído más lucha y debate a este país en los últimos años que todos vuestros discursos de izquierda añeja.

Responder
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#19861 21:09 4/7/2018

Date por sancionado.

Responder
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#19823 16:07 4/7/2018

El honey pot para pijos de hoy. !A defender el club de la comedia, Torrentistas!

Responder
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#19822 16:06 4/7/2018

Yo por el humor blanco sin chicha ni enjundia, mato. ¡Maaaaaaaato!
Todos los ofendiditos, diverxos y tricornios no te adjuntan.

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Natxo M 10:00 4/7/2018

Me sabe mal decirlo, pero la izquierda nunca triunfará mientras siga siendo tan jodidamente ceniza y condescendiente. No vivimos en 1915, ni podemos tratar absolutamente cualquier expresión de ocio como una tara de "nuestra labor revolucionaria". Ni tampoco desmerecer la importancia del humor en el hecho de que a estas alturas medio país no se haya suicidado/iniciado olas de asesinatos en masa. En definitiva, a favor de estudiar las relaciones mercantiles y semióticas detrás de los productos culturales desde una perspectiva crítica. Radicalmente en contra de no poder echarme unas risas con Farray porque estoy faltando a mis deberes como buen vástago de la izquierda.

Responder
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#19825 16:09 4/7/2018

Yo creo que tu de izquierdas no eres. Eres mas de la botellín-democracia. Formalmente conocidos como social-demócratas.

Responder
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Natxo M 17:46 4/7/2018

Y eso lo has deducido concretamente, ¿por qué?

Responder
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#19842 17:05 4/7/2018

No me quiero imaginar lo que tiene que ser la convivencia con el resto de los mortales que hablan de fútbol, Ana Rosa y esas cosas ¿Para quién lucháis?

Responder
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#19820 15:50 4/7/2018

Joder como diría Quequé todo mal!!! El pavo no tiene puta idea de tecnología... debió ser de letras el pobre

Responder
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#19828 16:13 4/7/2018

"Pavo". Tu eres de letras como barjas yosa.

Responder
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#19810 14:56 4/7/2018

El grupo britanico de punk the clash estaba en CBS, los sex pistols estaban en VIRGIN, ¿eso invalida su mensaje?

Responder
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#19979 15:30 6/7/2018

Pork, Velocity.

Responder
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#19809 14:45 4/7/2018

Tropecientas mil palabras para explicarnos una obviedad insultante: que el capitalismo lo absorbe todo. Son ustedes unos fenómenos. Sigan dedicando su valioso tiempo a artículos como el que nos ocupa, que eso el capitalismo seguro que no lo absorbe.

Responder
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#19911 13:58 5/7/2018

Textos largos not welcome. Vete a vivir a tuiter.

Responder
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#19821 16:05 4/7/2018

Y Ud. no deje de leerlos, caballerete.

Responder
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#19807 14:03 4/7/2018

fosu....

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Anónimo 13:46 4/7/2018

La izquierda piruleta: LA TURRA SUPREMA... Así le va, a la izquierda en general, con semejantes cabezas pensantes...

Responder
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#19907 13:48 5/7/2018

Turra o turron = Posh-modern snob.

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#19826 16:10 4/7/2018

Pacto de los botellinos. No los mires por favor. Ofendiditos a tuti-plen

Responder
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Olora baggina 13:38 4/7/2018

Primero, vaya titular más esnob y pedante.

Segundo, vaya turra, me espero al Blu-ray.

Tercero, dónde está mi vaso de Batman

Responder
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#19912 14:00 5/7/2018

Turra o turron = Posh-modern snob.

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#19909 13:52 5/7/2018

Turra o turron = Posh-modern snob.

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#19908 13:50 5/7/2018

Turra o turron = Posh-modern snob.

Responder
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#19924 15:41 5/7/2018

El anti turra se ha vuelto posh. Ya dice más turra que nadie.

Responder
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#19802 13:36 4/7/2018

Pedanteria sin sentido alguno. mamotreto infumable

Responder
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#20010 12:55 7/7/2018

Me dicen por el pinganillo que se te ha visto fumando orégano por ahí.

Responder
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Txell 11:04 4/7/2018

Entre otras cosas:
Es "loser", no "looser";
Firefox no es un motor de búsqueda que emule un zooorro, es un navegador (de hecho, es una alternativa de código abierto al navegador más utilizado, Chrome, que también es de Google) a través del que se puede acceder a YouTube, al canal que La vida moderna tiene en esa plataforma y a lo que te dé la gana;
Google no desarrolló YouTube, compró la empresa.

Aparte, gracias al navegador del zorro y a sus complementos, puedo evitar que Google Analytics estudie mis hábitos de navegación y transfiera una parte (seguramente exigua) de la información recabada a los responsables de la publicación de El Salto. No digo que ello cuente con la aprobación del autor del artículo, claro.

Responder
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#19967 14:01 6/7/2018

Que sepa todo el mundo que el usuario anterior sabe ingles, videogame level, y tiene un ordenador.

Responder
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Antonio 9:34 4/7/2018

Todo este chorrazo de texto invalidado en el momento en el que lo publica un periodista, nostálgico a más no poder con un pasado que no fue mejor, que escribe para medios digitales como El Salto, Eldiario.es o La Marea, que requieren en buena medida de las mismas tecnologías que critica para llegar a su público.

Responder
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#19972 14:18 6/7/2018

"Chorrazo" = forrocoches

Responder
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#19804 13:40 4/7/2018

Usted acaba de descubrir que gracias a El Salto, un medio de propiedad colectiva y descentralizado, o mismamente La Marea, una cooperativa (ambos con distribución mensual en papel), la tecnología de la información se puede emplear de manera distinta que en un medio de propiedad privada, entre los que se encuentra Telefonica, donde el único cometido es devolverle rentabilidad a sus accionistas. Ahora que ha dado usted la bienvenida al marxismo, Antonio, piense en las posibilidades de que esas tecnologías tengan un uso social.

Responder
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#19827 16:12 4/7/2018

¿Como le llaman a esto los de los botellines? ¿Zasca?
Antonio no llores. A partir de ahora puedes votar al SOE y sentirte mejor.

Responder
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#19793 12:04 4/7/2018

Me ha parecido tan malo que no sé ni por dónde empezar. En primer lugar he leído el artículo desde google chrome y he llegado a él a través de twitter, así que no puedo evitar sentirme dolido y enfadado conmigo mismo por participar el la reproducción de los nuevos modos de producción capitalista, además con lo largo que es el artículo he permanecido varios minutos con chrome abierto, tiempo durante el cual han podido sustraer todos mis datos. Ruego que alguien escriba otro artículo acusando a Ekaitz Cancela de cómplice del capital, si no fuese por él hubiese invertido ese valioso tiempo en luchar con el capital.

Qué propone entonces el autor? Cuál es esa forma de hacer política netamente socialista y no "manchada" por la mercantilización capitalista? Porque si youtube no vale (capitalista), twitter no vale (capitalista), la televisión no vale (más capitalismo), los periódicos no valen (joder, los bancos otra vez...),... Pues nada, a transformar el mundo desde El Salto y eldiario.es, bueno este último no, que acepta publicidad... Eso sí, la plataforma de vídeos más vista del mundo se la dejamos todita a la derecha, que disfruten ellos de una política sucia y capitalista alejada de la pureza social no contaminada por el mercado!!!

Más allá de la supina tontería de que utilizar los medios que hoy en día se utilizan para la más importante de las batallas políticas (la ideológica, aunque el autor se empeñe en que lo importante en política es la economía Zzzzz...), de dónde narices saca el autor que: "Los narradores no tienen ninguna otra vocación que mantener conectados a los usuarios a Google, para que le entreguen a este sus datos y liberen a través de sus canales toda la creatividad que en otro tiempo hubiera sido empleada para adquirir conciencia de la situación del individuo en el mundo y tratar de alterarlo" En serio, Ekaitz? Pero de qué clase de cueva has salido? Sin google toda la actividad hubiese estado enfocada a adquirir conciencia? Joder, quien hubiese podido vivir en la fiesta socialista que fue el siglo XIX... El paraíso en la tierra. Maldito google!

Responder
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#19834 16:19 4/7/2018

Izquierda Unida amenaza con no leer mas El Salto. La izquierda tricornio.

Responder
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#19800 12:52 4/7/2018

Mucha crítica foribunda veo en los comentarios, quizás porque toca algo que os duele. Pues usando el lenguaje de vuestra "vida moderna": si tanto te gusta el programa follatelo.

Responder
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#19832 16:16 4/7/2018

Es la izquierda posh-moderna. En seguida se pierden en cualquier reflexión que supere los ciento cuarenta caracteres.

Responder
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#19798 12:38 4/7/2018

Artículo muy interesante que pone en la palestra la gran contradiccion entre estos cómicos

Responder
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#19795 12:27 4/7/2018

Lo siento, pero alguien que utiliza el término "schumpeteriano" cuando escribe en un diario de divulgación general no pretende que su reflexión llegue a nadie, sino mostrar lo "mucho" que sabe el autor. Una pena de artículo la verdad, más propio de ambientes intelectualoides cerrado.

Responder
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#19835 16:21 4/7/2018

Muera Schumper, Schuster y de paso la inteligencia.
Firmado:

Responder
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Macaco 11:14 4/7/2018

Gente que se flipa. Supongo que cobrarás este escrito por palabras escritas o no se entiende tal perorata que no va a ningún lado.

Responder
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#19862 21:12 4/7/2018

Flipaosssss!!!

Responder
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Verna 10:44 4/7/2018

Es difícil arrancar citando a Benjamin y terminar con un texto que sea un mínimo de digerible :/

Responder
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Tere 10:25 4/7/2018

Espero que alguna vez os bajéis de esa atalaya intelectual a la que os habéis aupado vosotros mismos.

Responder
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#19837 16:25 4/7/2018

En foro coches van a presentar una demanda.

Responder
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Pachacho 9:52 4/7/2018

POR DIOS, VAYA TUUUUUUUUUUUUUUUUUUUURRA

Responder
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#19913 14:02 5/7/2018

Turra o turron = Posh-modern snob.

Responder
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#19910 13:55 5/7/2018

Turra o turron = Posh-modern snob.

Responder
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#19781 9:43 4/7/2018

Lo más triste es que este artículo está más cerca del programa de Iker Jiménez que de publicarse en una revista de investigación; es increíble lo bajo que han caído nuestras facultades, que en lugar de producir personas de ciencia egresan de ellas expertos en verborrea y en autores pseudocientíficos.

Responder
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#19933 17:12 5/7/2018

Así que sigues a Iker. Siento mucho que no lo nombraran ministro de kulTURRA.

Responder
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Mertxe 8:14 4/7/2018

Gran artículo. Es realmente difícil encontrar este tipo de análisis críticos y es un lujazo poder leer a un autor que observa de cerca los movimientos que están transformando esta sociedad poscapitalista digital privatizada, dirigida y controlada desde las atalayas de Sillicon Valley.

Responder
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#19772 9:24 4/7/2018

Pues he llegado a este artículo a través de Google; supongo que se os habrá olvidado realizar las acciones necesarias para que Google no os indexe ni os muestre en sus resultados.
También me resulta curioso, después de leer todo el artículo, encontrarme en la página enlaces a perfiles de Instagram, Facebook, Youtube y Twitter.

Responder
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#19975 14:32 6/7/2018

Si tanto os gusta Youtube por que no metéis a Zukerberg en vuestra casa. Podemos me recuerda a Google, cuando te conocen te dicen "Do no evil". ¡Facefuckers!

Responder
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#19918 14:08 5/7/2018

¡Cuñaaaaaaaooooooooooo!

Responder
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#19863 21:16 4/7/2018

Que haces con un móvil si eres comunista. Citas cuñadas.

Responder
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#19776 9:31 4/7/2018

No se dónde esta ese "elitismo intelectual del que habláis"? Es un artículo ligero que toca muchos temas con gran profundidad, más que la inmensa mayoría de artículos periodísticos.

Responder
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#19917 14:07 5/7/2018

Mas de ciento ochenta caracteres es 2much. Expresión posh.

Responder
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#19856 20:01 4/7/2018

Enhorabuena, perteneces a la misma élite intelectual que quien escribe, yo misma también. No obstante comprendo que el 95% de quien pueda llegar aquí lo vea como un tostonaco.

Responder
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#19884 8:31 5/7/2018

Halla tu con tu mecanisma

Responder
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#19838 16:28 4/7/2018

Es que les cuesta comprenderlo y es culpa de otros.

Responder
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Natxo M 7:48 5/7/2018

¿Y no puede ser que lo entendamos perfectamente y no comulguemos con lo que dice?¿O con la manera en que lo dice? Vaya, se me ocurre.

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#19775 9:29 4/7/2018

En esta vida se puede ser de todo menos turras, que diría Quequé. El artículo no deja de recorrer lugares comunes, conservadores respecto a posiciones políticas y tremendamente nostálgicas por lo general con una redacción totalmente pedante. Y todo ello aderezado con los autores necesarios para obtener el carné de crítico de izquierdas.

Lo dicho por una compañera, tanto texto para no decir absolutamente nada tiene mérito.

Responder
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#19916 14:06 5/7/2018

Turra = Pijo posh-moderno

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#19774 9:29 4/7/2018

Tido esto para soltar un "¿Sí tan comunista eres por qué usas Twitter?"

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Ilich 8:01 4/7/2018

Todo este tocho para no decir absolutamente nada... Tiene mérito.

Responder
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La era de la precariedad cool

Pobres, 
lo que se dice pobres, 
son los que no tienen tiempo para perder el tiempo. 
Eduardo Galeano.