Nueva piel para la vieja ceremonia: la izquierda confederal luce su acuerdo en un acto en Madrid

Comuns, Más Madrid, Movimiento Sumar e Izquierda Unida presentan su alianza de cara a las próximas elecciones generales. Las ausencias de Yolanda Díaz y de Gabriel Rufián, agitador del escenario político de la izquierda, señalan los límites del evento de hoy.
Acto CBA Alianza Izquierda
Bruno Thevenin De izquierda a derecha, Lara Hernández, Antonio Maíllo, Mónica García, Ernest Urtasun y Rita Maestre.
21 feb 2026 17:03

Los actos políticos se definen también por los nombres propios que se escuchan en ellos. Por supuesto, los de quienes los protagonizan; en este caso y por orden de aparición, Rita Maestre, Lara Hernández, Ernest Urtasun, Antonio Maíllo y Mónica García. También, por quienes faltan y a quienes se nombra: hoy, Yolanda Díaz y Gabriel Rufián. Se saluda a quienes acompañan —Pablo Bustinduy, Ada Colau, Alberto Garzón, Pepe Álvarez o Unai Sordo— y hay un goteo selecto de nombres de enemigos y representantes de lo que se quiere combatir: Donald Trump, Javier Milei, Santiago Abascal, Grupo Quirón. No se nombra lo que es mejor callar. Ninguna mención a Podemos, Irene Montero o Ione Belarra. 

Si el resumen del acto que esta mañana ha tenido lugar en el Círculo de Bellas Artes bajo el lema “Un paso al frente” se ciñese a los nombres propios, quienes leyeran una crónica del mismo podrían hacerse la idea general de lo que sucede en este momento con una parte de la izquierda, a la que apellidaremos confederal para simplificar. Muchas complicidades, entre ellas las de Bildu, ERC y Compromís, y también un par de asientos sin ocupar que tienen una significación especial en la fotografía. En primer lugar, la de Yolanda Díaz. El segundo asiento vacío, el de Rufián.

Tras el acto del 18 de febrero protagonizado por el diputado republicano y Emilio Delgado, la ausencia de Rufián daba muestra de que, pese a la aparente simpatía que genera su impulso, la realidad a 21 de febrero de 2026 es que no hace falta ser el detective Benoit Blanc para saber que el plan de “Ciencia, método y orden” es más difícil de hacer que de decir. La realidad es que las complicidades y las alianzas no se forjan con golpes de efecto y, en lo práctico, que la composición electoral de cara a las próximas elecciones generales va camino de ser más parecida a la del 23 de julio de 2023 que a la del Frente Popular francés. A pesar de ello, las palabras que rodean al plan Rufián son de aliento y hasta de esperanza. Al menos en público.


Tal vez conscientes de la dificultad del punto de partida, las cuatro organizaciones representadas hoy, las firmantes de la Alianza de Izquierdas (Izquierda Unida, Movimiento Sumar, Más Madrid y Comuns), han enviado sus saludos a Rufián, pero han hecho pocas referencias a su iniciativa de I+D+i político-electoral. También han dejado la puerta abierta a Podemos más o menos explícitamente, pero no ha habido ningún reconocimiento de los errores que provocaron la explosión del grupo parlamentario en diciembre de 2023, y con ello la aventura en solitario de Podemos.

Las cuatro organizaciones, eso sí, parecen haber encontrado una sintonía real, no meramente táctica. Una sintonía forjada en el Consejo de Ministros, donde las cuatro fuerzas están representados y en una serie de encuentros a lo largo del último año que han servido para trascender afrentas pasadas como, por ejemplo, la que sostuvieron Más Madrid e IU en la Comunidad y, sobre todo, en el Ayuntamiento de Madrid. Superado el experimento Sumar, o al menos reducido al papel de una fuerza más dentro de la propuesta, la alianza presentada hoy pretende hablar un mismo idioma y compenetrarse mejor de lo que ha parecido hasta ahora.

En una referencia sutil que ha cruzado varias intervenciones, desde la tribuna se ha discutido sobre “seguridad” desde un enfoque realista: hoy la violencia machista mata y los burkas no

Pero los actos no son solo nombres propios. Son argumentos y son matices que de verdad importan. Si el acto del 18 de febrero de Rufián y Delgado destacó en negativo por la ausencia de discurso feminista —hasta el punto de que la periodista Sarah Santaolalla tuvo que intervenir para tapar ese hueco—, la presentación de Rita Maestre ha deshecho parte del camino que asfaltan los nuevos referentes de la izquierda sin tapujos. En una referencia sutil que ha cruzado varias intervenciones, desde la tribuna se ha discutido sobre “seguridad” desde un enfoque realista: hoy la violencia machista mata y los burkas no. Hoy es mucho, pero mucho más probable morir a manos de un marido o un exnovio que a manos de una banda de quinquis de barrio.

Sin embargo, la izquierda que representan estos cuatro grupos sigue adoleciendo de omisiones importantes. Lo que no se nombra no existe. Eso sirve para Podemos, pero también para la Ley de Seguridad Ciudadana, aka Ley Mordaza, desaparecida en esta legislatura como caballo de batalla del ala izquierda del Consejo de Ministros. Ninguna referencia a Pablo Hasél, rapero que lleva cinco años en la cárcel, y solo una breve mención a ese pequeño porcentaje de fascismo —si lo prefieren, autoritarismo— que llevan incorporadas de serie las democracias liberales. La ha hecho Antonio Maíllo, el único en acordarse de que hay una serie de reformas de la judicatura y de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado que están pendientes y que sin ellas el huevo de la serpiente permanecerá latente incluso aunque se logre superar a Vox en las próximas generales.


La idea del acto era sacudirse el pesimismo, como han repetido el propio Maíllo y Mónica García. El argumento recurrente, que aun es posible parar los pies a la extrema derecha y evitar un Gobierno de PP y Vox. El entusiasmo generado entre los propios, bastante elevado. El grado diversidad de ese público, preocupantemente bajo. El resultado final, demasiado provisional para ser final. Faltan por saber cosas nimias como el nombre en la papeleta, y no tan nimias como quién ocupará los puestos de salida, el número uno por Madrid y quién acudirá a los debates electorales si el plan Rufián no sale.

Todo queda en un gran continuará, que debe alcanzar mayor grado de concreción una vez que Yolanda Díaz anuncie lo que ya es un secreto a voces, a saber, que no repetirá como candidata del espacio político que improvisó sobre la base de Unidas Podemos en el invierno de 2023. Esa concreción cuenta, desde la pasada semana, con la propuesta de I+D+i lanzada sobre la mesa por Gabriel Rufián. Una apuesta que, en teoría, debería servir para optimizar los resultados de 14 organizaciones y espacios políticos con el fin compartido de parar los pies a la extrema derecha. De momento, cuatro de esas organizaciones se han conjurado para acudir a la ceremonia electoral de la mano. La noticia no es esa, sino que parecían contentas de hacerlo.

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