Partidos políticos
Podemos se abre a acuerdos en País Valencià, Murcia y Canarias y Rufián sigue marcando agenda
Ha sido la chispa que encendió la larga y sinuosa mecha de las izquierdas en el Estado español. Con muchos días de debate mediático y expectación, Gabriel Rufián ha tenido la primera foto formal de lo que será un dilatado culebrón hasta las generales. No sin carencia de polémica: Emilio Delgado se ocupó en la previa de servir la mesa de controversia con una entrevista que lo obligó a enmendarse y disculparse.
“Somos dos que hablamos claro”, dijo Rufián desde el escenario de Chamberí. Fue un mitin con más disparadores que certezas y que buscó claramente instalar un debate y una candidatura posible para las generales. Horas antes, desde el equipo del portavoz republicano, lo decían: “La gente saldrá con más preguntas que respuestas, no esperen magia”. Pero en estos tiempos de ansiedad crónica e información líquida, cuando no hay claridad hay decepción.
Sea como fuere, lo del tándem Rufián-Delgado ha sido una primera escena para poner en marcha un debate complejo del qué, cómo y dónde, con un discurso pragmático, con baza en el miedo al fascismo por venir. No hay que ser Michel Foucault para ver que los dos dirigentes deben pulir la comunicación y entender el mayor impacto que tienen sus declaraciones (y lo que la gente espera de ellos).
Habrá un frente de izquierdas, de eso hay pocas dudas. La pregunta es su envergadura. La primera semilla no la ha puesto el exconcejal de Santa Coloma sino, y en silencio, Más Madrid, IU, Movimiento Sumar y los comuns. Este fin de semana harán público el esfuerzo de negociaciones que vienen haciendo hace meses y que en estas líneas ya se habían comentado. Lo que Rufián impulsa es algo más amplio, más táctico y con el objetivo de arrebatar escaños a la tercera fuerza, que es Vox (aunque en varias circunscripciones ya es la segunda o primera).
Tejido en común
La potencia en los medios y en las plataformas digitales que ha alcanzado la propuesta de Rufián ha sacudido a todas las formaciones progresistas y provocado un debate interno sobre qué hacer para las generales y que los votantes vean que se hizo todo lo posible por bloquear el paso a Moncloa a PP-Vox. Aunque también están aquellos que coquetean con la idea de que eso triunfe para rearmarse en mejor posición con un enemigo nítido, pero es otra historia.
Las líderes de Podemos, Ione Belarra e Irene Montero, han dado una fría acogida verbal a la propuesta del diputado pero tampoco han cerrado la puerta. Expresan estar dispuestas a dialogar aunque exigen saber qué se busca. Rufián ha elogiado a los morados, dijo que son “imprescindibles” pero pidió frenar los descalificativos.
Más allá de esto, en Podemos toman nota del impulso que tiene la propuesta en el electorado y además, de los malos resultados en Aragón y los malos augurios que esperan en Castilla y León. Por ello están avanzando en pactos de cara a las autonómicas en varias regiones.
La líder de Podem Pais Valencià, María Teresa Pérez, tiene avanzadas las negociaciones con Més-Compromís, el partido que llevará de candidato a Joan Baldoví. Fuentes de ambas partes han confirmado a El Salto que las conversaciones son muy fluidas y todo se encamina a alcanzar un pacto, en momentos en que la formación valencianista está en su mejor momento en las encuestas (cerca de hacer el sorpaso al PSOE, al igual que Vox con el PP).
De las conversaciones para la coalición también participan Iniciativa del Poble Valencià e IU. “El acuerdo sería para València, Castelló y Alacant, a nivel autonómico y municipal y tendría una arquitectura similar y flexible como la de las municipales de 2023”, señalan desde Compromís, en alusión a la marca Acord per Guanyar, de la que no formaron parte ni Podemos ni IU pero en la que los valencianistas se aliaron con ecologistas y sectores no soberanistas.
El impulso del frente también va para Canarias, en donde Noemí Santana mantiene aceitadas conversaciones con Nueva Canarias (nacionalistas progresistas escindidos hace años de Coalición Canaria), Izquierda Unida y Sí Se Puede. Si bien la diputada ha hecho público el intento este jueves, fuentes moradas aseguran a El Salto que las negociaciones llevan semanas. Por ahora, Proyecto Drago (de Alberto Rodríguez) no sería de la partida, aunque ha sido invitado.
También en Murcia hay negociaciones incipientes para un frente con Izquierda Unida y las lleva adelante Javier Sánchez Serna. La duda es si Podemos permitirá la sincronía con las generales, pero definitivamente hay un trabajo en común que está comenzado.
El debate también ha llegado a Esquerra. Las organizaciones independentistas suelen tener una relación complicada con los proyectos de poder que tengan que ver con España y los dirigentes no se animan a repetir públicamente lo que dicen en privado. Sorprendería la reacción pragmática de algunos dirigentes intermedios de ERC con respecto a la estrategia de Rufián.
Junqueras ha dicho públicamente que avalará que el portavoz repita como cabeza de lista para las generales (hubo rumores sobre la voluntad de sustituirlo) y no se ha mostrado a favor de una papeleta de unidad en Catalunya (aunque ERC sí acepta esos frentes en Illes Balears con Més, por ejemplo). En medio de todo esto, nada menos que Joan Tardá ha enviado un guiño y dijo que “el debate interno sobre la conveniencia” de un frente de izquierdas “se hará de manera madura y lo decidirá la militancia, sin renunciar a las siglas”.
Adeus Yolanda, arde Madrid
El oleaje por el frente amplio ha llevado a acelerar decisiones. Desde estas líneas se avanzó hace semanas que los partidos de la coalición Sumar le habían sugerido a la vicepresidenta Yolanda Díaz que se pronunciara sobre su voluntad o no de repetir como candidata en las generales (varios de ellos deseando que la respuesta fuera negativa).
Finalmente, fuentes del entorno de la ministra han asegurado a El Salto que la decisión de dar un paso al lado es “casi un hecho” y que incluso tenía previsto hacer el anuncio formal en estos días pero que se le ha pedido que lo postergue para que no coincida con el acto de los cuatro partidos.
Lo más probable es que antes de marzo, la ministra de Trabajo, la segunda que más tiempo ha ostentado el cargo desde el fin de la dictadura, solo superada por Fátima Báñez, haga el anuncio pero el cual no incluirá una dimisión a su cartera. En un posteo en redes sociales, Díaz dio la bienvenida al debate impulsado por Rufián (“adelante”, les dijo).
Pero de todas las conversaciones disparadas estos días, la más agria sin duda es en el interior de Más Madrid. El partido regional está abierto en surco en una disputa que, cuando se habla con dirigentes de rango medio y cargos electos, va más allá de la batalla por la candidatura a presidente de la comunidad de Madrid.
El Salto ha podido comprobar el cabreo de algunos de los principales líderes del partido, entre ellos de la ministra Mónica García o el concejal Eduardo Rubiño, con Delgado. La catarsis vino por su entrevista con declaraciones polémicas pero el problema es más de fondo. También el diputado y concejal de Móstoles ha sabido ir cultivando apoyos de muchos dirigentes que no se atreven a hacerlo tan explícito, como sí lo hacen algunos como Jorge Moruno.
Un concejal de una importante ciudad del ‘cinturón rojo’ madrileño así lo explica: “Esto no es tanto por ir o no en la candidatura, sino más bien para romper este bloque en la dirección de partido. Desde que se fue Errejón es muy difícil”. El bloque al que se refiere es el triunvirato García-Bergerot-Maestre, a quienes acusan de asfixiar el debate interno y el crecimiento de otros liderazgos.
También, todo se ha dicho, algunos dirigentes del partido (incluso afines a Delgado) señalan que el verdadero deseo del mostoleño es tener un escaño en el Congreso y pasar a la política estatal, y que su crecimiento como tertuliano y comunicador en redes sociales tiene más ese fin, y que la excusa de la presidencia de Madrid sería una prenda de negociación.
Más Madrid no es un partido tan grande, todos se conocen entre sí, la mayoría desde los tiempos en que estaban en Podemos o Anticapitalistas. Este enfrentamiento lo pone a prueba no solo política sino emocionalmente. En el acto de Rufián se puedo visualizar: una de las personas que trabaja en el día a día con García estuvo presente. “Es que también soy amigo personal de Emilio. Tenía que venir”, dijo con cruda sinceridad.
Y entre toda esta ebullición, quien mira interesado es el PSOE. Más específicamente, el Gobierno. “Para nosotros esta discusión de los partidos a nuestra izquierda es muy importante”, se le escuchó decir a María Jesús Montero, la vicepresidenta saliente (en primavera dejará el cargo para irse a competir en Andalucía). Los tiempos del bipartidismo casi perfecto han acabado hace rato y los socialistas necesitan con quién pactar una investidura, ya que ellos no parece que vayan a mejorar mucho su cantidad de diputados.
Por eso lo de Rufián lo observan en Moncloa con atención. Y hay alguien que no solo lo observa sino que lo empuja y lo anima. Y que no van a admitir nunca en público que lo hace, para no erizar la piel de la izquierda y el soberanismo, pero en el entorno de Rufián saben que cuentan no solo con su apoyo, sino con su aliento.
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