Las mujeres que sostienen los barrios en Andalucía

Ante la falta de recursos y la crisis de la vivienda, las mujeres andaluzas sostienen sus barrios. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en Andalucía se concentran 10 de los 15 barrios más pobres de todo el Estado.
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Ana Cortés, del colectivo Un techo por derecho, en su barrio El Molinillo en Málaga.

Hace unos años, paseando por mi barrio, encontré una pintada en una fachada que decía: “Cada barrio, una galaxia”. El análisis que arroja esta frase no puede ser más certero. Los barrios, junto a los pueblos, son una constante cartografía de prácticas, realidades e ideas políticas emocionales únicas, pues cada barrio-galaxia tiene su idiosincrasia y lenguaje común construido, a la vez que universal. Es el espacio donde finalmente se reflejan las políticas decididas en las distintas instituciones, desde la más local a la más global.

Los cierres de centros de salud a causa de las decisiones administrativas acaban sucediendo en los barrios, los fondos de inversión acaban comprando los edificios en los barrios, las modas dirigidas por las multinacionales se acaban expresando en los barrios y, por poner un ejemplo aún más extremo, las guerras decididas en despachos a miles de kilómetros acaban arrojando sus bombas en barrios.

En los barrios andaluces, además, es donde se concentra la población empobrecida y de clase obrera. En Andalucía, más del 30,5% de la población se encuentra en riesgo de pobreza y exclusión social, según la EAPN, superando por más de 10 puntos la media estatal, una situación que reafirma el indicador AROPE, que se encuentra en el territorio al 37,5%. Según Save the Children, en Andalucía en 2023 el 46,8% de las infancias se encontraba en situación de pobreza, un marcador que aumenta si se trata de familias monomarentales, en el que más de la mitad, un 57,6%, están empobrecidas. Según los datos del INE, en Andalucía se encuentran 10 de los 15 barrios más pobres de todo el Estado.

“Las instituciones tienen que mirar con otros ojos a los barrios”, reivindica Rosario García, vecina del Polígono Sur de Sevilla.

Año a año se repiten las mismas problemáticas y preocupaciones en las calles que comparten el mismo código postal: la falta de empleo, la crisis de vivienda, el recorte de servicios sociales, los discursos de odio, etc. Si algo nos ha enseñado la ópera prima de la directora sevillana Reyes Gallego, el documental Ellas en la ciudad, es que al frente de estos espacios de vida colectiva, afrontando sus problemas, deficiencias y conflictos y buscando el bien común, siempre han estado y están las mujeres. El film se centra en los barrios sevillanos en la década de los setenta, pero la realidad se extiende a todo el territorio andaluz y del Estado español, así como hasta la actualidad.

Barrios estigmatizados

Emilia Murillo Guerra lleva más de 28 años intentando combatir la retórica negativa que se tiene acerca de su barrio, al otro lado de la frontera que supone el puente romano de la ciudad, el Distrito Sur de Córdoba, uno de los diez barrios más pobres de toda Andalucía, según el INE. “Yo estoy muy orgullosa de donde vivo, pero siempre nos tienen bajo lupa; cualquier cosa que pase en nuestro distrito la consideran alarmante y cuando pasa en otro, no ocurre nada”.

Murillo se queja de que este discurso señalatorio “no ha cambiado con los años” a pesar de la “diversidad” y los proyectos que hay en el barrio. “Desde hace 13 años tenemos el Centro Social Rey Heredia, donde se reúnen todos los colectivos sociales de la ciudad”. Un espacio social y político que también sirve para que las vecinas y vecinos hablen de sus preocupaciones, mayoritariamente la falta de empleo y la crisis de la vivienda: “Los precios son horrorosos; aunque parezca que en Córdoba afecta menos, afecta muchísimo”, y también de las cosas que le faltan al barrio: “Llevamos luchando más de 20 años por un polideportivo que no tenemos, también por el estado de las calles; necesitamos más espacios para los jóvenes y los niños”, profundiza esta vecina.

La lucha por solventar los problemas que enfrenta el Distrito Sur siempre ha venido de la mano de las vecinas: “Las mujeres son esenciales, han luchado mucho por sacar adelante a sus familias, sacar adelante su barrio y dignificarlo y para que las mujeres avancemos en todos los aspectos”, sentencia Emilia.

Rosario García lleva desde que llegó al Polígono Sur (Sevilla) en 1982 intentando mejorar su barrio: “Lo primero que tuvimos que reivindicar fue un colegio; antes teníamos que pasar por la carretera que iba a Utrera cuatro veces al día. Conseguimos un colegio a base de cortar la circulación muchas veces”, recuerda.

“Las instituciones tienen que mirar con otros ojos a los barrios”, explica García sobre la estigmatización que recorre todo su distrito, que considera que necesita cambios estructurales.is García insiste en que es necesario que  “la Ley de Barrios Vulnerables que está registrada en el Congreso se lleve a Pleno y se apruebe”. “Necesitamos un plan integral que se ponga en marcha desde dentro, no desde un despacho”. Esta vecina considera que su barrio está invisibilizado tanto por el Gobierno local, andaluz y estatal, en un lugar donde la falta de servicios e inversión es evidente en cuestiones tan cotidianas como el transporte público: “No se puede dejar a más de cinco mil personas sin autobús, y eso sí es responsabilidad del Ayuntamiento”, insiste.

García cree que el papel en su barrio de las mujeres ha sido fundamental durante todos estos años para conseguir las distintas reivindicaciones: “Quienes más participan son las mujeres; somos las que tenemos más conciencia de barrio”.

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Una mujer cruza un paso de cebra en Málaga junto a un cartel que se pregunta la ciudad, ¿Para quién?

Otro sitio al que no llega el autobús es a El Puche (Almería). Carmen, una de sus vecinas que lleva más de 45 años en el barrio, aísla estas calles del resto de la ciudad: “Hay chavales que tienen que levantarse casi de noche para poder ir al colegio”, explica. No es la única discriminación que viven: “Han puesto unas nuevas bicicletas eléctricas en toda la ciudad, pero a El Puche no llegan; la excusa que han puesto es que en el barrio hay muchos magrebíes, una discriminación muy racista”.

Además de la falta de inversión en acerado y servicios esenciales como la limpieza, los más de 15.000 vecinas y vecinos que viven en El Puche están señalados por diversos estigmas: “Por el hecho de decir que vienes de El Puche no te contratan o te dicen que no vales para estudiar; aquí tenemos jóvenes muy valiosos”, insiste la vecina. “Somos las que movemos las cosas en el barrio”, expone sobre el papel que juegan las mujeres en El Puche, Carmen; “luchamos por la dignidad del barrio, no sé por qué les interesa que el barrio esté abandonado”, se queja.

Una de las mujeres que lucha por su barrio en Granada es Laura Guillén, que lleva 33 años en el Polígono de Cartuja. Granada “es donde me muevo, me implico y soy feliz; me siento con la misma pasión que el primer día”. El Polígono Cartuja es otra de esas zonas andaluzas que cuentan con mala prensa por parte de medios de comunicación e instituciones: “Es más fácil hablar de que en zona norte hay muchas cosas malas, pero el barrio cambia de forma continua y tiene sus luces y sus sombras como todos”, expone.

Guillén pone el foco sobre el valor que tienen sus vecinas a la hora de afrontar distintas dificultades: “Hay niñas que por los cortes de luz han tenido que bajar a estudiar bajo la luz de una farola”, explica. A pesar de que, como hace hincapié, “las instituciones nos tratan como ciudadanas de segunda”. A través de distintas asociaciones vecinales como la AAVV de Nueva Cartuja, exponen tener “mucho poder e influencia para exigir a los gobiernos”, unas exigencias a las que están enfrente las mujeres que “son las que sacan el barrio para adelante”.

Cuidados colectivos

En el barrio de Verdeluz en Huelva, hay cosas que mejorar como en cualquier otro, explica Loli de la Asociación de Mujeres Esmeralda: la limpieza, la inversión, las calles; “las deficiencias están ahí, nosotras intentamos arreglarlo; una cosa es que nos escuchen o no”.

“Las mujeres somos las que mejor conocemos los barrios; el barrio tiene vida porque hay mujeres, si no, estaría vacío”, explica Loli, vecina de Verdeluz en la ciudad de Huelva.

Más allá de las cuestiones materiales, esta vecina identifica como uno de los problemas más enquistados en el barrio la soledad, que dice afecta especialmente a las mujeres mayores. “Con la asociación hemos creado un espacio donde se puede hablar, expresarse, reírse y llorar si se tiene que hacer”. Un espacio para fomentar la convivencia: “Las mujeres somos las que mejor conocemos los barrios; el barrio tiene vida porque hay mujeres, si no, estaría vacío”, sostiene.

A Estefania, vecina del centro de Jaén, dice que lo de luchar le ha venido “desde el nacimiento”. Le apena que en su barrio no haya más espacios para familias monomarentales como ella, ya que “las mujeres lo llevamos todo para adelante, incluido el barrio, en lo bueno y en lo malo”.

 “A mi barrio le han robado la alegría, le han robado la vida, le han robado la autenticidad y le han robado la originalidad, somos las vecinas las que le hemos dado vida a los barrios”, expone Ana Cortés sobre la turistificación de su barrio El Molinillo en Málaga.

Esta jienense cree que las vecinas se implican cada vez menos en lo colectivo, que considera un cuidado esencial para “avanzar”. Aunque ella no desiste en motivar a las personas que habitan su barrio: “Tenemos que concienciarnos; a los jóvenes los achucho para que se formen, para que podamos salir adelante nosotras, pero también el barrio al completo”.

Donde ya no hay barrios

Ana Cortés recuerda las noches de verano en el barrio de El Molinillo en Málaga cuando era una niña y sacaba las sillas a la puerta con las vecinas, comiendo bocadillos y jugando en la calle hasta la madrugada. Una imagen que echa de menos de su barrio, en una ciudad donde cada vez la presión inmobiliaria ha sustituido los vecindarios por una amalgama de apartamentos turísticos y lockers. “A mi barrio le han robado la alegría, le han robado la vida, le han robado la autenticidad y le han robado la originalidad, somos las vecinas las que le hemos dado vida a los barrios”, se queja.

La subida constante de los alquileres e hipotecas en la ciudad de Málaga ha llevado a un auténtico éxodo vecinal que difícilmente podrá ser reversible: “Tener una vivienda en Málaga es una fantasía, volver a tener barrios será una utopía”, sostiene. Apenas hay vecina o vecino malagueño que no tenga la vivienda como la principal de sus preocupaciones.

Esta misma vecina sufrió un proceso de desahucio que le llevó a formar parte del colectivo por la vivienda Un techo por derecho, su activismo empezó desde “la necesidad, la vulnerabilidad y ante el antigitanismo”. Cortés insiste en que son las mujeres “quienes sostenemos los barrios” y que luchan porque los valores comunitarios no se desvanezcan: “Nos estamos deshumanizando, estamos perdiendo los valores, la comunidad, no nos relacionamos con nadie, ya no conoces a tus vecinos”.

Vanessa es de toda la vida de la barriada de La Paz, un barrio obrero de Cádiz, donde a pesar de situarse alejado del centro histórico de la ciudad, el turismo también ha cambiado el vecindario. “Ya no es como antes, han subido muy caro los pisos y ya ninguna familia obrera puede comprarlos”, expone. La gaditana insiste también en como las redes vecinales se han perdido “no tienes la amistad que había antes que estaban las puertas abiertas, algo que nos aportaba humanidad, ahora es yo cierro mi puerta y si el vecino se quema que le den”.

La astrología barrial sigue albergando grandes misterios y contradicciones amparado por su vastedad y el desinterés institucional, cultural y social que los envuelven. El débil equilibrio de estas galaxias sobrevive gracias al esfuerzo de sus vecinas, con la amenaza constante de que las fuerzas externas e internas: la crisis de la vivienda, el paro, los discursos de odio, les haga implosionar. Estos universos al alcance de la mano quizá desaparezcan dejándonos ante el abismo de las puertas cerradas, las urbanizaciones y los apartamentos donde la vida común es un eco lejano.

Sevilla
“Sin las mujeres, el barrio se pararía”
El Komando G es una red feminista ubicada en el Polígono Sur de Sevilla en la que participan vecinas y mujeres representantes de entidades sociales que busca ser un espacio de cuidados y reivindicación para todas las mujeres del barrio.
Feminismos
La revolución de las comadres
Feminismos de los Sures y Mujeres Supervivientes forman parte de la cartografía de experiencias políticas basadas en las resistencias cotidianas y los afectos como motor de cambio, presentes en toda Andalucía. Estos proyectos suponen un cambio en el modo de entender el sindicalismo y el apoyo mutuo.
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