Andalucía
El desahucio de Maricarmen sacude Andalucía: “No es sólo una crisis habitacional, es una crisis humanitaria"
El dramático desalojo de Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años expulsada de su vivienda en el barrio madrileño de Retiro, se ha convertido en el detonante de una ola de indignación ciudadana en todo el país. Mientras en España se ejecutan una media de 44 desalojos diarios y la legislación estatal continúa ofreciendo incentivos fiscales al rentismo, colectivos vecinales y sindicatos de inquilinos han tomado las calles para exigir el fin de la especulación inmobiliaria y defender el derecho a un techo digno.
Ni su situación de vulnerabilidad, con un 50 % de discapacidad, ni la movilización ciudadana y vecinal, ni las distintas ofertas económicas para evitar el lanzamiento han logrado frenarlo. Tampoco la petición de medidas cautelares del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas, que había reclamado a España la suspensión del desahucio mientras se garantizaba una alternativa habitacional. Tras resistir cuatro intentos, Maricarmen ha sido finalmente desalojada y trasladada al hospital, donde ha tenido que ser atendida por un cuadro de agotamiento severo.
Andalucía se ha sumado a la ola de protestas e indignación que ha recorrido el país tras el desahucio. Los sindicatos de Inquilinas de Sevilla, Málaga y Cádiz convocaron este miércoles concentraciones de urgencia, mientras que Huelva y Granada hicieron lo propio este jueves. En Córdoba, Stop Desahucios ha convocado una movilización para el próximo lunes, 28 de septiembre, en solidaridad con la mujer de 87 años que el pasado 23 de septiembre fue desalojada de la vivienda en la que había vivido toda su vida.
“Luchad por vuestra vivienda, porque tenemos derecho a ella”. Las palabras de Maricarmen han encabezado carteles y pancartas junto a lemas como «Por todas las Maricarmen» o “Hoy es Maricarmen, mañana puedes ser tú”. Mensajes que han convertido el caso de esta mujer en el símbolo de un malestar que trasciende su historia personal y expresa el hartazgo de cientos de andaluces y andaluzas ante una crisis de vivienda que deja cada vez a más personas en situación de vulnerabilidad.
Sevilla: “Si pago el alquiler, no llego a fin de mes”
Unas 700 personas se concentraron en Sevilla frente a la Subdelegación de Gobierno el mismo miércoles del desahucio. La concentración se ha desplazado pacíficamente hasta la plaza de San Francisco, en la parte trasera del Ayuntamiento, donde portavoces del Sindicato de Inquilinas y Asamblea de la Vivienda de Sevilla han clamado contra la normalización en la subida de los precios, han criticado que las leyes de vivienda son insuficientes y han pedido que “cada casa sea una trinchera para construir un escudo”.
La policía ha intentado bloquear el final de la concentración y han tomado datos de uno de los miembros del sindicato. No obstante, la concentración ha finalizado sin incidentes con los aplausos de las asistentes y al grito “Vergüenza me daría ser un policía”.
Ibán, del Sindicato de Inquilinas de Sevilla, nos cuenta que el caso de Maricarmen ha encendido la alarma social porque todo el mundo dice: “Podría ser mi madre, podría ser mi abuela; es una persona que no ha hecho nada para que la echen de la casa; pero es que nadie hace nada malo para que le desahucien de su casa”. Confiesa que desde el inquilinato atienden situaciones “muy jodidas” con “niños chicos y desahucios muy dramáticos” y que, como no están en el foco mediático, “no se entera nadie”.
En el caso de Maricarmen, Ibán pone énfasis en la importancia de la resistencia de una mujer mayor que decidió quedarse y resistir; y que, apoyada por el Sindicato de Madrid, ha creado atención social acerca de “una conciencia de que hay que plantarse, decir basta y resistir”. Defiende que la solución a un tema que se viene arrastrando desde hace años es muy difícil pero que “se le puede dar un empujón al decreto que modifica la ley de arrendamientos urbanos y que le meta mano alguno de los aspectos más sangrantes de la regulación de alquileres para que haya una mayor protección de las personas vulnerables y una mayor estabilidad para los inquilinos”.
“En las leyes de vivienda, la gente no tiene poder, se escucha a todo el mundo menos a los inquilinos, a los hipotecados, a las personas que habitan”, Ibán, del Sindicato de Inquilinas de Sevilla.
También toma nota del buen trabajo que, a su parecer, están desarrollando los sindicatos de inquilinas en Madrid y Barcelona, “hay que aprender de ahí, tomar las cosas que que puedan servir para construir”. Lamenta que ahora mismo en la configuración de las leyes la gente no tiene poder, “se escucha a todo el mundo menos a los inquilinos, a los hipotecados, a las personas que habitan” y se legisla para los fondos, las inmobiliarias, los constructores y los intermediarios; y resume: “hay que construir ese poder a través de la organización y si esto nos da un empujoncito, es algo que tenemos que aprovechar, el camino es muy largo”.
Málaga: “Cada casa, una trinchera”
En Málaga, la protesta tuvo lugar también este miércoles, 23 de septiembre. Allí hablamos con Ana Cortés, integrante del colectivo de mujeres Un Techo por Derecho, que lucha por el acceso a una vivienda digna y contra los desahucios en una de las ciudades más tensionadas de Andalucía. Cortés denuncia con dureza la actuación policial durante las protestas de Madrid contra el desahucio de Maricarmen. “Parece que defender hoy en día los derechos es que te muelan a palos”, afirma. A su juicio, “la policía debería defender los derechos de las personas, a las vulnerables, a las personas mayores, y nos han traicionado”.
Para esta activista, el caso de Maricarmen no es una excepción. Lo conecta con las historias de otras mujeres a las que se ha intentado desahuciar o que finalmente han perdido sus viviendas en Málaga, como Tita Mari, Teresa, Mariló, María y Francisca. Todos estos casos, sostiene, ponen de manifiesto que el problema de la vivienda en España no es la ocupación, “que es la tapadera que ponen para arremeter contra los pobres”, sino la especulación. Cortés considera que la reacción social al caso de Maricarmen tiene que ver con la identificación de muchas personas con lo que le ha sucedido: “La gente se ha puesto en el pellejo de Maricarmen y se está dando cuenta de que lo que está pasando es una monstruosidad”. Y apunta directamente a la dimensión humana del problema: “Hemos fracasado cuando dejamos que con nuestros mayores hagan estos crímenes, nos hemos deshumanizado”.
“Hemos fracasado cuando dejamos que con nuestros mayores hagan estos crímenes, nos hemos deshumanizado”, lamenta Ana Cortés del colectivo de mujeres 'Un Techo por Derecho'.
Frente a esta situación, defiende la intervención del mercado de la vivienda y reivindica una idea que resume buena parte de las demandas de los colectivos antidesahucios: “Las viviendas son para vivir y no para especular”. Cortés cuestiona además el papel de los fondos extranjeros y denuncia que parte de los beneficios obtenidos mediante la vivienda “se llevan fuera de nuestro país”.
“Lo que hace años parecía una crisis habitacional se ha convertido en una crisis humanitaria”, afirma. Una crisis que, asegura, tiene consecuencias especialmente graves para quienes parten de una situación de mayor vulnerabilidad: “La vivienda a los ciudadanos nos cuesta la vida. Imagínate cuando tienen problemas o son madre sola, gente racializada, vulnerable, precaria; a esa gente de los márgenes, los envían a los márgenes de los márgenes, a lo más profundo de abajo”.
Granada: Todas somos Maricarmen
Miles de personas han participado en la concentración convocada por Stop Desahucios Granada y el Sindicato de Inquilinas frente a la Subdelegación del Gobierno. Desde allí, la movilización ha recorrido la Gran Vía hasta llegar a la Plaza del Ayuntamiento, en una protesta que ha puesto el foco en la emergencia habitacional y en el creciente número de desahucios. Para las organizaciones convocantes, el desahucio de Maricarmen, ejecutado recientemente en Madrid, ha sido “la gota que ha colmado un vaso que se anda llenando mucho tiempo”, explica Mar, integrante del Sindicato de Inquilinas. Su caso, señala, ha vuelto a poner en el centro del debate una realidad que afecta a miles de personas y que, advierte, puede tener consecuencias dramáticas. Recuerda el caso de Olga, una mujer que recientemente se suicidó en Cataluña ante su situación de desahucio: “Y no es la primera ni la última persona”.
Desde el Sindicato de Inquilinas apuntan también al impacto que está teniendo la expansión de los pisos turísticos en la ciudad. “En el centro de la ciudad ya no quedan prácticamente vecinas a las que socorrer como sindicato de vivienda, solo quedan pisos turísticos y algunas familias”, denuncia Mar. La organización asegura que sus asesorías están atendiendo actualmente a familias de la zona Norte de Granada con problemas relacionados con viviendas de gestión institucional. Nacho, también integrante del Sindicato, valora que la situación esté recibiendo ahora una mayor atención social y mediática. “Parece que la sociedad y los medios ahora sí están mirando un problema que llevamos mucho tiempo reivindicando”, señala. A su juicio, la movilización puede servir como punto de inflexión: “Esperemos que esta chispa que ha prendido Maricarmen nos permita reclamar nuestros derechos y combatir el negocio de la vivienda”.
“El caso de Maricarmen es un caso más entre los miles que están por venir”, Jose Juan Martínez, de Stop Desahucios Granada.
Desde Stop Desahucios, su portavoz, José Juan Martínez, considera que el caso de Maricarmen “es un caso más entre los miles que están por venir”. Martínez se muestra satisfecho por la respuesta a la convocatoria y atribuye la movilización a “la rabia, la indignación ante una situación en la que nadie hace nada ante un problema que viven miles y miles de personas”.
Jose Juán explica que en Granada hay familias que llevan meses enfrentándose a lanzamientos de sus casas. “No encontramos ninguna solución porque estamos ante un sector de la clase política que no da soluciones, que no reforma nada y al que tenemos que forzar organizadamente para que implemente las medidas que nos lleven a acabar con el negocio de la vivienda”, afirma.
La convocatoria de Huelva también se ha celebrado este jueves, 24 de septiembre, a las 19:30 horas frente a la Subdelegación del Gobierno. En Córdoba, la convocatoria de Stop Desahucios para el lunes, 28 de septiembre, exigirá “acabar con este sistema injusto que hace de la vivienda un negocio”, como comunicaba el colectivo.
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