Ejecutado el desahucio de Adolfo y su familia al cuarto intento

BuildingCentre, filial de CaixaBank, deja en la calle a un vecino de Vallecas, su hija y su nieto, a pesar de la presión social para pedir una alternativa habitacional
Desahucio Adolfo - 10
Adolfo es recibido a la puerta de su casa. Diana Moreno

En la mañana del 1 de julio, la policía ha acordonado la calle María Paz Unciti, en Vallecas, para ejecutar el desahucio de Adolfo, su hija y su nieto de cuatro años. Es el cuarto intento de desalojo que sufre este vecino de 67 años; el último, hace apenas una semana, fue paralizado gracias a la presión de un grupo de personas movilizadas por la PAH Vallekas, el sindicato donde lleva seis meses organizándose para tratar de permanecer en la casa que habita desde hace nueve años.

Hoy, la policía ha llegado a las 6:00 de la mañana, y sobre las 8:00 ha desalojado a las personas que se concentraban en la puerta del piso para intentar impedir su paso, antes de la llegada de la comisión judicial. Durante el desalojo de los activistas se han vivido momentos de gran tensión y varios de ellos han sufrido contusiones debido a los forcejeos. Al grito de “Adolfo, no estás solo, estamos contigo”, la PAH Vallekas calcula que más de cien personas de diferentes colectivos se han concentrado para pedir una alternativa para la familia y varios vecinos han mostrado su apoyo desde sus casas con pancartas y carteles.

Durante la mañana también han acudido miembros del Samur Social para proponer a Adolfo la opción del albergue de las Caracolas, un recurso que la misma plataforma de vivienda denunció por “vulneración de derechos” y que él ha rechazado.

Adolfo lleva viviendo en la casa desde 2017. Frente al impago del anterior propietario, su vivienda pasó a manos de CaixaBank y posteriormente fue transferida a BuildingCentre, su filial inmobiliaria. El inquilino asegura no haber recibido opción para permanecer en su casa en régimen de alquiler. 

Desde la PAH Vallekas, que le han acompañado en el desahucio pero también durante la noche previa, denuncian que la comisión judicial “ni siquiera ha querido hablar con nosotros. Los últimos meses se niega repetidamente, no solo en el caso de Adolfo, a hablar con las personas afectadas o que se proponen para mediar antes de ejecutar. Ejecutan y luego hablan. Respecto a sacar las cosas, decían, ‘haberlas sacado antes’. ¿Y si no tienes dónde ir?”. Aunque han conseguido sacar la nevera, Adolfo reconoce que quedan cosas en su casa: la cama, el resto de los muebles, la vajilla, etc. 

La plataforma de vivienda también recuerda que el abogado de oficio de Adolfo presentó el pasado jueves un escrito solicitando la suspensión del desahucio, sobre el que el juzgado todavía no ha resuelto, así como el compromiso de la mediadora Tecnotramit de negociar un alquiler social, un acuerdo que fue “firmado de su puño y letra” el pasado mes de abril pero que no ha sido respetado antes del desalojo del vecino y su familia.

Adolfo se ha mostrado muy agradecido por el apoyo y ha repetido muchas veces que “seguirá luchando”, aunque reconoce lo duro que ha sido la llegada de la policía a la casa. “Se te cae todo, todo ese paraíso que has creado para tu familia, que de un momento a otro se te hunda”, dice una vez fuera de la casa donde ha vivido nueve años. “¿Dónde llevas a estas personas a las que quieres? Es difícil cambiarlos de ambiente, de hogar”. Asegura que la situación está afectando a su familia, incluyendo a su nieto: “Anteayer vino, se echó a mi lado y quería dormir a mi lado. No lo suele hacer”, cuenta. 

Después de la ejecución del desahucio y la colocación de la puerta antiokupa, sobre las 11:30 horas, unos 80 activistas que habían intentado pararlo se han dirigido a la oficina más cercana de CaixaBank para encerrarse en su interior y exigir una alternativa habitacional, una acción que ha llevado a la policía a cortar la calle y que ha terminado con las personas expulsadas del local de una en una e identificadas.

Ahora, prioridad de este vecino es buscar un techo para su familia, aunque reconoce que no se quedarán en la calle gracias a la solidaridad. “Hay mucha gente que me conoce, siempre me ha gustado ayudar y acompañar. De alguna forma estoy recibiendo ese cariño de vuelta”, dice.

La PAH Vallekas destaca la presencia durante el desalojo de miembros de diferentes colectivos vallecanos, vecinos y gente de otros barrios. “Es un ejemplo de que no solo las personas que están afectadas se sienten interpeladas por la solidaridad y la lucha social”, valoran. “Es el claro ejemplo de que lo que no hace el estado y los servicios sociales lo hacen las vecinas y la organización colectiva. Si Adolfo hoy duerme en algún lado es por la organización y la solidaridad de la gente”.  Él mismo anima a quien esté en su situación a organizarse: “Hay mucha gente que por vergüenza o por no tener contactos para ubicar estas plataformas que apoyan a las familias que están desahuciadas, no denuncian, no buscan apoyos. La gente tiene que involucrarse. Hay que unirse”.

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