Venezuela
El ocaso de la insurrección de Guaidó

La reciente visita de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, y el avance de las negociaciones en Noruega han dividido a la oposición venezolana. Mientras tanto, una vez disipada la amenaza de una intervención militar, Maduro debe enfrentar los graves problemas internos y las corrientes chavistas críticas con su gobierno. 

Juan Guaidó 23 de enero Caracas
El 23 de enero de 2019, el presidente de la Asamblea Nacional se autojuramentó como presidente de Venezuela frente a una multitudinaria manifestación en Caracas. Cris Fortune

Sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela


publicado
2019-07-18 13:03

El levantamiento de Guaidó transita su momento terminal. No percibimos su fin como líder, ya que aún reúne, articula y genera importante consenso en la oposición. Lo que ha fracasado de manera contundente es su intento de formar gobierno fuera de un evento electoral con el padrinazgo de los halcones de Estados Unidos. En casi seis meses, desde su autoproclamación, se hizo notable la imposibilidad real de que pudiera ejercer gobierno. La estocada final se la dispensó Bachelet cuando le visitó en la Asamblea Nacional, de la cual es presidente y diputado. La alta comisionada de la ONU no le reconoció como Presidente de la República, pero sí le propuso una ruta de presión sobre el Gobierno que Guaidó aceptó, aunque ello implique apartarse del cese de la usurpación que reza su programa mínimo.

Venezuela
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Estados Unidos y Europa dedicaron buena parte de sus energías políticas y diplomáticas en derrocar a Maduro los primeros seis meses de este 2019. Y no lo lograron. Pence, Pompeo y Mogherini derrocharon valiosa cantidad de tiempo con resultados desastrosos. Desde que se abrió la mediación en Noruega, los halcones han preferido lavarse las manos y dejar a Guaidó a su suerte. La Comunidad Europea, en cambio, trata de sacar provecho al hastío del funcionariado de Estados Unidos y produce una agenda de diálogo que parecía improbable en enero pero que ahora va funcionando.

La división de las fuerzas de la oposición se agudiza en cada derrota. La oposición facturada desde Estados Unidos es cada vez más poderosa en las redes y menos en el territorio nacional. Voluntad Popular de Leopoldo López donde milita Juan Guaidó, un partido radical minoritario de apenas 14 diputados de 165, fue elegido por los halcones para encabezar una nueva avanzada que no solo está derrotada en los términos que se planteó, sino que está siendo acusada de “entreguista” por sus propios sectores radicales después de promover los encuentros con el Gobierno bajo los auspicios de Noruega. Como dice el refrán popular: “se quedaron sin el chivo y sin el mecate”. Esto es, nunca llegó la invasión esperada y los actores que podían hacer política a lo interno, como los grandes partidos de oposición, quedaron desplazados por los que impuso la mediática internacional. Ahora es muy difícil recomponer una mayoría que articule a la debilitada clase media opositora con las oposiciones regionales de corte popular, incluidos sus cuatro gobernadores.

La oposición facturada desde Estados Unidos es cada vez más poderosa en las redes y menos en el territorio nacional

La convocatoria de la marcha del 5 de julio evidenció que la oposición ya no moviliza ni a las bases de sus partidos. Leyendo las redes opositoras más radicales y movilizadas puede comprenderse que le recriminan a Guaidó el fracaso de su intento de gobierno y su ineficiente gestión para lograr una intervención militar. También pesan los hechos de corrupción de su equipo en la entrega de ayuda humanitaria, destapados por medios opositores.

Desde enero de este año, cuando se autojuramentó Guaidó, era previsible que las movilizaciones de calle no serían suficiente para derrocar a Maduro, ni siquiera la del 23 de enero cuya amplia convocatoria derivó en fuertes protestas en barrios populares. Se esperaba alguna actuación directa de fuerzas armadas de Estados Unidos o países vecinos para que la escalada del conflicto se trasladara de los medios de comunicación al territorio. El clímax, ubicado el 12 de febrero en torno al ingreso por la fuerza de ayuda humanitaria, rápidamente se vio asfixiado. Lo mismo que el 30 de abril con el golpe militar al que no se le sumó ni una guarnición. Fueron estos movimientos muy débiles que nuclearon a Maduro y las fuerzas armadas, lo contrario a lo que buscaban.

Así que “la rebelión de Guaido” como momentum constituyente interno no fue más que un conjunto de fakes en torno a un líder azaroso y recién salido del marketing político. Pero el declive de Guaidó no significa una victoria definitiva del Chavismo. Puede incluso debilitarlo. Veamos.

El informe Bachelet 

La visita por tres días a Venezuela de la expresidenta chilena Michel Bachelet como alta comisionada para los derechos humanos de la ONU, que realizó del 19 al 21 de junio y que tiene como momento cumbre la entrega del informe el 5 de julio, puede leerse como un cambio de escena del conflicto venezolano.

Durante su estadía se reunió en el palacio presidencial con el Presidente Maduro y en la Asamblea Nacional con Juan Guaidó. Esto puede sorprender si recordamos que desde enero muchos gobiernos extranjeros, casi 50, han reconocido a Guaidó como Presidente encargado de la República, aunque en este tiempo no ha podido ejercer función alguna como tal. Bachelet acabó con la farsa y puso las cosas en el sitio en el que realmente están, algo que la comunidad internacional no se atrevía a hacer: le sacó la silla virtual a Guaidó y reconoció a Maduro como único presidente.

El informe Bachelet constituye una operación efectiva para trasladar el conflicto a la arena política porque es aceptado de manera entusiasta por la oposición, aunque no recoja su mantra del “cese de la usurpación”, y aunque Maduro fustigó el informe hizo gestos importantes al ser publicado como la excarcelación de 22 presos políticos. Así que Maduro abre un escenario de negociación, en el que la experiencia de Noruega puede cumplir un papel preponderante. Pero no podemos olvidar que el Maduro que está hoy en el Gobierno ya viene de soportar las peores presiones del belicoso gobierno de Estados Unidos y de todos sus vecinos, ergo, no va a negociar desde complejos de inferioridad.

El informe Bachelet constituye una operación efectiva para trasladar el conflicto a la arena política porque es aceptado de manera entusiasta por la oposición, aunque no recoja su mantra del “cese de la usurpación

La operación de Bachelet presenta opciones interesantes a ambas partes del conflicto. A Maduro le permite que se desconozca el interinato de Guaidó y se le quite el control a Estados Unidos de la hegemonía política sobre el tema Venezuela. Y a la oposición, que sufre una nueva derrota y una nueva división interna, le permite seguir teniendo beligerancia en Caracas, ya que por el camino insurreccional tendría que terminar de trasladarse a Washington, Miami o Bogotá. Pero además pone en la agenda varias demandas del chavismo de base, como la crítica a las policías y la inacción del Estado en el tema económico. Una vez abortado el escenario de intervención militar, la presión resurge de la situación interna de Venezuela y es ahí cuando el Chavismo entra en debate.

El Chavismo en su trinchera

Los factores de cohesión del Chavismo son más externos que internos. El chavismo se compacta cuando confronta una fuerza enemiga de las proporciones del gobierno de Estados Unidos o Colombia. O cuando la oposición recurre a hechos violentos. Una vez que se sincera el “efecto Guaidó” como acto impotente, el Gobierno se queda sin oponentes tangibles y comienza a afrontar la situación de crisis en la cual luce incompetente. Es allí cuando comienzan a verse las costuras de la fortaleza institucional que cubre al Gobierno, debido a su incapacidad de controlar una economía que ya está, de facto, liberalizada y dolarizada.

Recientemente también se ha evidenciado el descontrol del Gobierno sobre los cuerpos de seguridad. Obviamente, el chavismo se resiente cuando tiene que confrontar situaciones actuales como la muerte por torturas del capitán Acosta Arévalo el 29 de junio. Y luego, la captura del militante de base bolivariano José Ramón Rodríguez el 5 de julio y de líderes campesinos el 16 de julio. Así las cosas, el señalamiento a la actuación de los cuerpos policiales del Informe de Bachelet es compartido por algunas corrientes del chavismo.

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Bachelet ha reconocido que Maduro está moviendo fichas para abrir el escenario del diálogo. Las negociaciones impulsadas por Noruega abren un escenario que puede destrancar el juego de la política interna. La situación económica requiere un giro en las relaciones políticas y diplomáticas que permita salir del atolladero económico en el que se metió Venezuela y apenas comienza a impactar en la región. Las próximas semanas veremos si los sectores radicales, incluido el gobierno de Estados Unidos y los sectores duros del chavismo, permiten el desarrollo de este escenario o prefieren desecharlo.

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