Opinión
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La asociación Comunicadoras Granada muestra su apoyo a las compañeras que denuncian agresiones sexuales en el ámbito de la comunicación en el contexto de la denuncia al CEO de ADM.
Canal Sur microfono.
Micrófono de Canal Sur Radio y Televisión.
Vicepresidenta de Comunicadoras Granada.
15 jun 2026 12:01 | Actualizado: 15 jun 2026 13:21

Querida compañera, 

Te escribimos desde Comunicadoras Granada. Somos un grupo de profesionales que nos asociamos a raíz del movimiento Las periodistas paramos. El 8 de marzo de 2018, miles de trabajadoras de medios de comunicación y empresas periodísticas secundamos la huelga general feminista convocada para esa fecha. Más de 8.000 profesionales firmamos un manifiesto en el que denunciábamos la brecha salarial, el techo de cristal, la precariedad laboral, la falta de corresponsabilidad en los cuidados, el acoso sexual y laboral, la escasa presencia de mujeres en los espacios de opinión y las tertulias, así como una mirada informativa parcial y sesgada que condiciona los enfoques y los relatos.

Han pasado ocho años y seguimos denunciando esta situación profundamente injusta y desigual. El primer informe estatal sobre violencia sexual en la industria del cine y el audiovisual se publicó el año pasado. Elaborado por CIMA, Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales, el estudio revela que el 60,3 % de las mujeres del sector ha sufrido algún tipo de violencia sexual. Sin embargo, el 92 % de los casos nunca llega a denunciarse, un dato que evidencia, según la propia asociación, los altos niveles de impunidad existentes.

El informe señala además que estas violencias se producen en todas las fases de la actividad profesional y que sus consecuencias tienen un impacto “profundo y devastador” tanto en la salud mental como en las trayectorias profesionales de las afectadas.

También denuncia la existencia de una cultura estructural de silencio e impunidad, sostenida por el miedo a las represalias, la desconfianza hacia las instituciones y la ausencia de mecanismos eficaces de protección. Las mujeres jóvenes, racializadas, LGTBIQA+ o en situación de especial vulnerabilidad son quienes sufren con mayor intensidad esta realidad.  

Además de los datos del informe “Después del silencio. Impacto de los abusos y violencias sexuales contras las mujeres en la industria del cine y el audiovisual”, podemos hablar de este tema con voz propia. Entre nuestras socias, una amplia mayoría manifiesta haber sufrido algún tipo de acoso o violencia sexual relacionado con el ejercicio de nuestra profesión. Ninguna denunciamos por distintos motivos: miedo, inseguridad, falta de apoyo, falta de asesoramiento jurídico, carencia de herramientas y mecanismos de protección. 

Es por todo esto que, en primer lugar, queremos agradecerte, con el corazón en la mano, el enorme paso que has dado al denunciar tu situación. Sabemos que no es nada fácil y que tendrás mucho miedo de todo lo que va a venir después. Hemos sido testigos de las consecuencias que suelen derivarse de denuncias de este tipo. No solo durante el proceso judicial, sino también en la exposición pública que con frecuencia las acompaña. 

Cada vez que una mujer rompe el silencio, desafía una estructura que durante demasiado tiempo ha protegido a los agresores y ha dejado solas a las víctimas. 

Aprendimos con el caso de 'La Manada' que la vida de la víctima puede ser examinada hasta el último detalle para construir relatos destinados a desacreditarla, cuestionar su comportamiento y situarla en el papel de “mala mujer” o “mala víctima”. Aprendimos también cómo la exposición pública puede convertirse en una forma más de castigo y de represalia. 

Aprendimos con el caso de Jenni Hermoso que ni siquiera disponer de pruebas aparentemente irrefutables —unas imágenes emitidas en directo ante millones de espectadores— garantiza escapar al cuestionamiento social, mediático o judicial. 

Y hemos aprendido que un interrogatorio puede convertirse en un infierno. El cuestionamiento del Juez Carretero a Elisa Mouliaá marcado por un tono, una insistencia y una dureza ampliamente cuestionados, provocó hasta 900 quejas ante el Consejo General del Poder Judicial, abrió un necesario debate sobre el tratamiento que reciben las mujeres que denuncian violencia sexual, y evidenció que siguen existiendo graves carencias en materia de formación y sensibilización en perspectiva de género dentro de la judicatura española. 

Por todo ello, queremos agradecer especialmente tu decisión, y el de todas esas mujeres que, como tú, han dado un paso tan difícil. Creemos que cada denuncia supone un acto de enorme valentía y un avance colectivo para todas las mujeres de este país. Porque cada vez que una mujer rompe el silencio, desafía una estructura que durante demasiado tiempo ha protegido a los agresores y ha dejado solas a las víctimas. Y porque cada una de esas voces abre camino para que otras puedan hablar después.

Sabemos que hay más víctimas. No solo de un depredador, sino de muchos. Y queremos dirigirnos también a vosotras.

Queremos que sepáis que os creemos, que os apoyamos y que estamos aquí. Que cualquier decisión que toméis es legítima. Tanto si decidís denunciar como si no. Porque cada mujer conoce sus circunstancias, sus tiempos, sus miedos y las consecuencias a las que puede enfrentarse.

Necesitamos una sociedad que deje de preguntarse por qué denuncian las mujeres y empiece a preguntarse por qué siguen produciéndose estas violencias.

Queremos pensar que desde el 2018 algo ha cambiado. Que entre todas hemos contribuido, aunque sea con pequeños gestos, a que el miedo empiece a cambiar de bando. Que cada acción cuenta: apoyar a una compañera, compartir información útil, denunciar situaciones de violencia a través de las redes sociales, participar en una concentración o negarse a guardar silencio ante una injusticia.

No queremos que ninguna compañera atraviese el infierno que supone sufrir acoso laboral o violencia sexual. Para lograrlo es imprescindible la implantación urgente de medidas y protocolos eficaces de prevención, detección, protección y reparación frente a las violencias sexuales, tanto en el ámbito laboral como en el digital.

Necesitamos instituciones capaces de responder con diligencia y sensibilidad. Necesitamos formación especializada y perspectiva de género en la judicatura. Necesitamos voluntad para aplicar plenamente una legislación que ha supuesto avances importantes en materia de igualdad y derechos de las mujeres.

Pero, sobre todo, necesitamos una sociedad que deje de preguntarse por qué denuncian las mujeres y empiece a preguntarse por qué siguen produciéndose estas violencias. Una sociedad que deje de juzgar a las víctimas y asuma la responsabilidad colectiva de erradicar una realidad que continúa afectando a miles de mujeres.

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