Tribuna
De icono rojo a presidente de la “vuelta al orden”: el viaje de Sánchez

Que Sánchez haya optado, contra lo que se esperaría de él, por la expulsión de Podemos y por mantener abierto el conflicto catalán, en vez de por la cooptación y la solución a la crisis catalana, es paradójicamente lo que mantiene en crisis al PSOE y al propio régimen. Se abren posibilidades.

Daniel Ripa

Es diputado de Podemos en Asturias.


publicado
2019-10-15 06:43

Noche del 28 de Abril. Sonrisa de oreja a oreja. Champán, besos y un incómodo “Con Rivera no”, de fondo. “Yes, I am a feminist” escrito en la camiseta de la vicepresidenta Carmen Calvo, que se abraza al futuro presidente socialista. Sánchez no sólo era un hombre victorioso que aspiraba a liderar a una generación sino, más importante, era un líder icónico admirado a partes iguales por votantes de Podemos y PSOE. Ese es el capital político que, incomprensiblemente, acaba de dinamitar, en apenas cuatro meses. Quien asesora a Sánchez hizo caer al ‘icono rojo’ para mutarlo, veremos si con éxito, en un dirigente de ‘orden’, que excluye a Podemos e IU de las decisiones del país y afronta con inquina la crisis catalana.

El presidente en funciones había sido una creación involuntaria de sus adversarios que, por oposición a Susana Díaz y Felipe González, le convirtieron en el Jeremy Corbyn español: Un hombre enfrentado al aparato corrupto de su partido, que renunciaba a su acta de diputado y recorría España para volver victorioso en las primarias contra el establishment cantando “La Internacional”. Aunque después apoyó el 155 de Rajoy en 2017, su gobierno tras la moción de censura y la campaña de las elecciones del 28A se caracterizaron por un giro simbólico a la izquierda, confrontando con Vox y el trío de Colón. Podemos tal vez cometió un gran error al avalar que éste era un ‘nuevo PSOE’. Lo comprobó el día después de los comicios autonómicos: la soberbia en la negociación del PSOE, su intención de forzar nuevas elecciones, sus ataques a los dirigentes podemistas (desde el veto a Iglesias al “no podría dormir bien con Podemos en el gobierno”, como le pedían empresas del Ibex 35, fondos de inversión, el Banco Santander, círculos de empresarios y la CEOE, o la UE y Macron) y finalmente su giro nacional en campaña electoral (“Ahora gobierno, Ahora España”). Sánchez será otra cosa (ahora habla en las reuniones privadas como en la tele, curiosa metáfora de su cambio psicológico), nunca más lo que fue. Pero, ¿por qué destruir algo que tenía un valor incalculable, el storytelling más fuerte de la política española en las últimas décadas?

“Podemos ya fue”

Si fuera alcaldesa o diputado autonómico y le preguntaran “¿cuál es la primera medida que llevará a cabo tras las elecciones?”, ¿cuál elegiría? Reconocimientos históricos de derechos, emprender la gratuidad de la educación, subir pensiones o recuperar derechos laborales, incluso impulsar grandes pactos ante problemas territoriales... Esa misma pregunta, tras las elecciones de mayo, contestada por los dirigentes del PP y PSOE, tuvo una respuesta muy diferente (¡venga, les conocen y lo intuyen!): Cientos de municipios y parlamentos (en Asturies, desde Xixón y Uviéu hasta el parlamento autonómico) veían cómo la primera medida era subirse sus sueldos y aumentar privilegios de la clase política. 

En España, Sánchez, tras acordar con Cs en 2016 subir el salario a 1.000 euros ¡en el año 2040!, tuvo que aceptar la mayor subida de la historia del SMI o la ampliación de permisos de paternidad

La pregunta a realizarse es ¿por qué llevarían a cabo medidas tan impopulares? La respuesta es evidente: Consideran que el tsunami del 15M ya pasó. Que a la gente se le pasó el enfado. Que Podemos ya fue. Que volvía la España feliz previa a 2011, donde dos partidos se repartían gobiernos, prebendas y redes clientelares sin incordios de los nuevos partidos. Que lo que toca es la reconstrucción del bipartidismo. Y así actuaron PP y PSOE desde entonces: máster en navajeo negociador a Podemos y Ciudadanos en los acuerdos post-electorales (Cs está descubriendo que tres son multitud en el banquete del bipartidismo), ofertas inasumibles, programas sin intención de cumplir,o entrada testimonial en gobiernos sin apenas responsabilidades. Pero había un problema: el bipartidismo no podía reconstruirse con los resultados electorales del 28A, donde sólo suman el 45% de los votos, y Podemos cuenta con 42 diputados.

“Espera, ¿Podemos tenía tanta fuerza?”

“¿Cómo va a tener fuerza Podemos si sólo cuenta con 42 diputados, 30 menos que en 2016?”, se preguntarán. Bloqueo, bloqueo, bloqueo. Esa es, afortunada y desgraciadamente, la característica principal de esta fase política. Déjenme explicarlo antes de que repitan con desasosiego que son las cuartas elecciones en cuatro años e insistan en ponerse de acuerdo.

Hagamos memoria. Casi ganamos en 2015 (IU y Podemos superaron al PSOE en votos), victoria hegemónica entre los sectores de edad menores de 55 años y en las grandes capitales. No lo conseguimos, pero PP y PSOE tampoco obtuvieron mayoría para gobernar sin Podemos. Es decir, no teníamos fuerza suficiente para gobernar pero sí para bloquear que PP y PSOE lo hicieran y que, como consecuencia, pusieran en marcha cualquier programa de ajuste de la Troika. Más interesante era la disyuntiva en que se situaba el PSOE: o avanzaba concediendo logros a Podemos, o pactaba con el PP, o repetía nuevamente elecciones.

Esta es la principal causa de la repetición electoral. No ganamos, pero sí empatamos. Logramos frenar su proyecto regresivo. Querían acostumbrar (disciplinar) a la sociedad a los recortes en derechos efectuados entre 2010 y 2014, antes de abrir un nuevo ciclo de precarización social. Les paramos. Y la única forma de salir de ese impás de repeticiones electorales era pactando entre PP y PSOE, como hicieron en 2016; o aceptando concesiones concretas a Podemos, como sucedió en 2018.

En Asturies, tras dos prórrogas presupuestarias (2015 y 2017) y un acuerdo con el PP (2016), el PSOE por fin aceptaba en 2018 un acuerdo presupuestario que reducía las matrículas de 0 a 3 a la mitad, recortaba en un 25% las matrículas universitarias —ahora las terceras más bajas del país—, contrataba 600 profesionales sanitarios y recuperaba las 35 horas en la función pública. En España, Sánchez, tras acordar con Cs en 2016 subir el salario a 1.000 euros ¡en el año 2040!, tuvo que aceptar la mayor subida de la historia del SMI o la ampliación de permisos de paternidad. Lo hizo porque sin Podemos no tenía una mayoría que sustentara su breve gobierno.

A pesar de que nos hubiera gustado un ciclo electoral más prolífico, si comparamos los logros institucionales del ciclo 2010-2015 con el 2015-2019, los avances son indudables. Pregúntese: si le hubieran dicho hace un lustro que va a dedicar años de su vida a constituir un partido y que lo único que conseguirá es que casi un millón y medio de personas incremente sus salarios hasta un mínimo de 900 euros, ¿no habría merecido la pena?.

La repetición de elecciones es, por tanto, síntoma de un bloqueo que provoca Podemos y el mantenimiento de esa capacidad de bloqueo es lo que está en juego en estas elecciones. Esto escribía en Diagonal después del 26J de 2016, cuando Sánchez buscaba una nueva repetición electoral: “La pregunta correcta no es cómo evitar unas terceras elecciones sino por qué PSOE y PP las desean. Está claro: Creen que Ciudadanos y Podemos se derrumbarían por el voto útil y la abstención, reanudando el ciclo del bipartidismo. Nos han hecho creer, como en un espejo invertido, que el bloqueo político es una derrota. Pero el gobierno del PP está paralizado como consecuencia de la entrada de Podemos en los Parlamentos. No pueden recortar derechos, pese a la Troika. No ganamos, pero tampoco perdemos. Y sólo hay dos desbloqueos posibles. El primero, la gran coalición. El segundo, la rendición de Podemos en las instituciones o la desmovilización y derrota en las urnas”. La historia se repite.

De Lledoners a Teruel Existe

¿No habría sido mejor para Sánchez el pactar con Podemos y asegurarse gobernar? Probablemente, el presidente en funciones, que convocó elecciones con encuestas a favor y la confianza en el desgaste de Podemos y Cs, debe estar preguntándose eso mismo a día de hoy. Aunque, para entender su decisión, debemos mirar hacia Lledoners.

Los gobiernos centrales de PP y PSOE llevan 40 años alcanzando estabilidad tras acuerdos con la treintena de diputados nacionalistas catalanes y vascos (a cambio de inversiones y apoyo mutuo). El referéndum del 1-O, el 155 y el envío a la cárcel de Lledoners de los líderes independentistas, unido a la exaltación de la España de las banderas del otoño de 2017, impedía a PP y PSOE recurrir a estos partidos, con la excepción de un PNV que, tras una turbulenta primera década del siglo XXI, volvía a un perfil moderado.

La existencia de Podemos y Ciudadanos, unido al apartheid político a los partidos de Lledoners, aporta una novedad: Los números no dan y quien tiene un voto en el Congreso, tiene un tesoro que vende al mejor postor. Los cinco votos del PNV y el de Coalición Canaria valían 1.000 millones de euros en los presupuestos. El primero en entenderlo es Miguel Ángel Revilla, que por primera vez obtiene representación y comienza ipso facto a negociar inversiones para Cantabria. No extraña que Compromís busque recuperar grupo valenciano, la tensión en Adelante Andalucía, o la inesperada candidatura de Teruel Existe que tras obtener en Teruel 2.500 avales más que Errejón en Barcelona (para un total de 6.780) logrará representación en el Congreso y un efecto en cadena en la España vaciada, donde Vox, Cs y PP salivaban con una revuelta rural.

En ese contexto, para Sánchez, cualquier gobierno con Podemos tendría dos características: imposibilidad de efectuar recortes ante una recesión económica y dependencia extrema de los independentistas, que se iban a cobrar la pieza tras la sentencia condenatoria del Procès. Ahí estaba el dilema: ¿Un gobierno breve e inestable dependiente de Lledoners y Podemos o un giro hacia acuerdos con PP y Cs que den estabilidad a largo plazo? La respuesta la tenemos sobre la mesa: “Ahora España”, como lema de campaña socialista y paso previo a reconstruir alianzas en el eje nacional.

Aún así, se pregunta Enric Juliana, ¿qué dirigente sería tan irresponsable como para convocar elecciones en las fechas en que se conocería la sentencia del Procès? Sólo Pedro Sánchez, que pretende arrinconar electoralmente a Podemos y Más País, convirtiéndose en la izquierda que no reniega de España y la que demanda ‘el íntegro cumplimiento de la sentencia’. La solidaridad con los condenados por parte de Podemos espera que aísle a esta fuerza de la mayoría de la sociedad. Cuanto más masiva y más violenta sea la respuesta ciudadana en Catalunya, más se añadirá un clima de excepcionalidad que alejará del centro a PP, Cs y Vox (proponiendo una respuesta de caos), pero que también podría situar a Podemos como el partido que apoya la desestabilización. Ante ello, sólo habría una salida de ‘orden’, española y que no lleve al caos, la que intenta aglutinar Sánchez.

Es evidente que, aunque Sánchez no quiera volar todos los puentes, estas acciones le van a alejar en el corto plazo de Podemos y los partidos independentistas (que se verán sometidos a un nuevo chantaje, teniendo que elegir entre apoyo gratis a Sánchez o verle en manos de PP y Cs). Sin embargo, la amenaza independentista hace de cola y pegamento entre el PSOE, PP y Cs, señala Guillem Martínez, así como de propaganda discursiva y motor electoral. Algo que conoce Puigdemont y la CUP, quienes necesitan evitar la normalización política.

Para el expresident, cuanto peor, mejor, por lo que un gobierno de PP, Cs y Vox en España es una oportunidad para la independencia a partir de la internacionalización del conflicto en una España que no tendría reforma posible. A la vez, su chicken game impide a Esquerra poner en barbecho el procès y liderar un nuevo ciclo desde el gobierno, mientras construye bases más sólidas para un futuro asalto a la independencia. Con un conflicto enquistado, trasladando el eje de debate de lo social a lo nacional, hay ganadores y perdedores, en Catalunya y en España. Perdedores serán quienes les gustaría estar hablando de otra cosa. Sánchez, acostumbrado a un lustro de sorprendentes victorias, espera estar entre los vencedores, aun dinamitando el mito del icono rojo.

Entonces, ¿cuál es el primer problema de España?

Está claro lo que responderían a esta pregunta un hiperexcitado Albert Rivera, el aznarista Pablo Casado o Santiago Abascal echando la mano a la pistola para ir a por Quim Torra a acabar la faena. Si le preguntan a cualquiera de ustedes: ¿No contestarían sin dudar que el principal problema de España es el precio de la vivienda, las pensiones empobrecidas, la brecha de género o la precariedad laboral? Por eso es aún más sorprendente lo que están respondiendo Pedro Sánchez e Íñigo Errejón: el bloqueo político.

Si el principal problema de España es la independencia catalana, todo vale para frenarla. Si por el contrario, es la vivienda, empleo o desigualdad, la solución es garantizar medidas concretas y garantías de cumplimiento. Pero, si lo que hay que solucionar es el bloqueo político, ¿qué hay que hacer? Exactamente lo que dice Pedro Sánchez: otorgar apoyo político gratis y sin garantías para que pueda haber gobierno y estabilidad.

Esa es la principal debilidad de Errejón: Que ha legitimado el bloqueo como principal problema de España y un discurso de apoyo gratis y diálogo amable con el PSOE, a partir de una equidistancia entre Podemos y el PSOE. Una jaula de magdalenas. Por mucho que pudiera ser táctica en el corto plazo para abrir hueco electoral y no espacio estratégico a ocupar, los discursos crean realidades. En este caso, Más País se cerca en una jaula, con barrotes de magdalenas, que poco a poco se solidifican y hacen difícil salir de allí: ¿cuándo ya no será oportuno entenderse con el PSOE? ¿Es nuestra única función el tirar del PSOE para evitar sus pactos con el PP o Cs?


“Errejón, todo tuyo” y los tres espacios

La victoria el 28-A la consiguió una hipermovilización de la izquierda abstencionista hacia Unidas Podemos y PSOE, tras un 8M que activó al electorado social y feminista. El ciclo electoral comenzó en Colón, pero siguió con el 8-M y acabó con la condena de la Manada dos meses después: una victoria feminista ante el riesgo de retroceso en derechos. Una movilización excepcional y, probablemente, irrepetible. Por eso, un gobierno de PP, Cs y Vox -más tras la sentencia del Procès- es una consecuencia factible de la repetición electoral, si hay abstención entre votantes de Podemos y PSOE.

Y en éstas apareció Errejón, al que perseguirá en campaña el tuit del asesor de Sánchez (“Errejón, todo tuyo”) tras la fallida investidura de Julio. El mismo apoyo mediático con el que ha contado durante el lanzamiento de su proyecto, se ha cortado el día en que se cerraba el registro de las listas electorales, buscando evitar su captura del voto socialista. La simpatía generada por Errejón y la necesidad de presencia mediática son límites de Más País, con más votantes que militantes, a excepción de Madrid, donde tras la noche en que Podemos dijo “Carmena no es Podemos”, mucha gente amaneció al día siguiente siendo sólo de Más Madrid.

Con todo, Errejón podría provocar una activación doble. La primera, de un electorado que abandonó emocionalmente a Podemos, en 2017 y en la primavera-verano de 2018, debido a errores propios, a un acoso mediático terrible y a un PSOE renacido, y que en estas elecciones podría haberse abstenido (y que en algunas circunscripciones podría incluso votar a Podemos en una competencia virtuosa). El éxito futuro de Íñigo se medirá por su capacidad de ampliar el espacio sin dañar a Podemos. La segunda activación, más sorprendente a priori, es la de unas bases de Podemos que veían con hastío una nueva repetición electoral y que ahora ven necesario defender a su formación ante un ataque externo. El paso a la primera línea de campaña de Ada Colau, los ataques a Errejón del número dos de Teresa Rodríguez o la unidad con Podemos del PCE e IU (a los que Errejón les recuerda demasiado al trauma de Nueva Izquierda) resumen la paradoja de que, en el peor momento y como reacción a Más País, más gente puede movilizarse en esta campaña y de forma más unitaria.

Errejón querría representar a la “juventud sin futuro”, chicos y chicas que se han esforzado, que representan el futuro del país y que merecen más que los empleos precarios con los que cuentan, lo que haría necesario “sustituir unas élites corruptas por otras nuevas”, un nuevo pacto social (verde), recuerda Emmanuel Rodríguez. Y para ello constituye, como explica Guillem Martínez, “un partido de cuadros más libres, relacionados más con votantes –ese ser lejano– que con militantes –ese engorro–”. La paradoja es que potenciales abstencionistas de Podemos, tras conocer las líneas maestras de Más País, podrían votar a Iglesias porque desconfíen de Errejón, que llegará a las elecciones sin haber desarrollado su proyecto.

No es lo mismo la seducción de la posibilidad de un partido diferente idealizado que su constatación práctica, mucho menos ideal. ¿Se han enamorado alguna vez de alguien a quien apenas conocían? Proyectamos sobre el otro lo que deseamos que desea, no lo que esa persona es [o lo que aún no sabemos si será]. Algo así sucede con los significantes vacíos como aglutinantes en política. Hasta que tienes que definirte. O lo que es lo mismo: Te puede caer muy bien Errejón y muy mal Iglesias y sin embargo votar a Podemos porque ves necesario un espacio político no subordinado al PSOE en el Congreso. Todos los efectos anteriores deberían de preocupar a Pedro Sánchez.

¿Cuál es la hoja de ruta de Errejón? Tras cooptar a Compromís, CHA y ex cargos públicos podemistas, si sus resultados no son desastrosos, el día después de las elecciones tiene ante sí dos opciones: El plan A, disputar un liderazgo del espacio del cambio con una OPA postelectoral sobre las confluencias andaluzas y catalanas y sobre Podemos y la izquierda movimentista. La fiereza con la que Errejón se ha enfrentado a Ada y Teresa Rodríguez, su equidistancia ante el PSOE y los recelos generados en Podemos auguran un difícil recorrido. El plan B es la constitución de un nuevo espacio progresista (verde) a la izquierda de la socialdemocracia, algo que ya sucede en Portugal con el Bloco y el PCP y Alemania con Die Linke y los Verdes, pero también en varias comunidades autónomas.

¿Existe Llamazarismo después de Llamazares?, se preguntaba el historiador Diego Díaz: “Su base material está ahí: clases medias progresistas y sectores obreros con afiliación sindical y buenas condiciones laborales. Personas que se sienten a la izquierda del PSOE pero que detestan bastante más a Podemos, discrepan de sus maneras, sus liderazgos, su juventud y su relato impugnador sobre un régimen del 78 al que encuentran más luces que sombras, y que consideran que cualquier acuerdo con el PSOE, incluso siendo un mal acuerdo, es preferible a un no acuerdo”. Ese es el espacio que tácticamente busca Íñigo Errejón el 10-N, un sector demográfico entre Podemos y PSOE, que no reniega del 78.

¿Cuál es el problema? Con los tres espacios se puede sumar más pero, incluso superando al PSOE, se suele ocupar una posición más subsidiaria. El sorpasso ya se dio en Valencia, Baleares y Asturias en 2015. En el País Valencià, Compromis, Podem e IU sumaron más escaños que el PSOE, pero la presidencia del Acord del Botànic pasa al PSOE y a Ximo Puig, al igual que en Baleares a pesar de la mayoría en escaños de Més y Podem sobre Francina Armengol.

En Asturies, Podemos Asturies y la IU amable de Llamazares ganan las elecciones en votos (31% frente al 26,4% del PSOE), pero la presidencia recae en el socialista conservador Javier Fernández. La genialidad de Podemos fue aglutinar en 2014 y 2015 a ese espacio en su conjunto, enfrentando a un bipartidismo que es parte del régimen a impugnar. Una herencia del 15M que entra en crisis si el PSOE es la izquierda y Cs sólo pacta con el PP. El eje izquierda-derecha permite graduaciones, de más a menos moderado con nichos electorales; por el contrario, el eje ético y de impugnación (viejo-nuevo) es cualitativo y más indivisible. Desgraciadamente, no es tan sencillo, ya que ambos ejes conviven en diversos perfiles demográficos. Pero, como vimos, al constituirse en fuerza electoral el tercer espacio, incluso ganando en votos, perdemos.

¿Hay horizonte?

Desde el 15M se atisbaba un horizonte de victoria por el que pelear. Tras el 28A y 26M, esa utopía quedó en barbecho. ¿No podemos ganar y, por tanto, se abre una época de resistencia? Los movimientos sociales de este ciclo han sido exitosos: se paralizaron y revirtieron recortes sociales; la revalorización de las pensiones está en la agenda; hay un antes y un después en políticas feministas tras el 27N de 2015, el 8M y las movilizaciones de la Manada; el cambio climático se debate en las instituciones tras las protestas de Fridays for Future; y la lucha contra la corrupción consigue condenas.

Pero el ciclo muestra desgaste: pérdidas de las ciudades del cambio, salvo Barcelona, Valencia y Cádiz, agotamiento de movimientos sociales y herramientas políticas, un contra-ciclo nacional-populista de la España de las banderas… Es necesaria una renovación en profundidad y una movilización social con objetivos en el medio plazo. Ambas cosas deberán de estar tatuadas en nuestras acciones post-10N. Deberán venir nuevos liderazgos que provengan de movimientos sociales —especialmente del 8M, del sindicalismo y del nuevo movimiento ecologista— y tendremos que articular una política de movimiento que marque agenda política y tenga base territorializada -que no convierta en pulmonías en los territorios los resfriados de crisis madrileñas-.

Pero es mejor entrar en esa fase manteniendo intacta la capacidad de bloquear recortes en derechos sociales y laborales. Congelamos su agenda de recortes. Ahora nos jugamos mantener el bloqueo para poder pasar a la ofensiva. Que Sánchez haya optado, contra lo que se esperaría de él, por la expulsión de Podemos y por mantener abierto el conflicto catalán, en vez de por la cooptación y la solución a la crisis catalana, es paradójicamente lo que mantiene en crisis al PSOE y al propio régimen. Se abren posibilidades. Ampliemos base social y militante. Seamos didácticos (defendamos la alegría como forma de hacer política). Recordemos los logros y que den orgullo para avanzar. El 10-N luchamos por no retroceder una década. Si lo logramos, acelerará un horizonte de avances sociales.

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6 Comentarios
#41241 11:17 16/10/2019

Icono rojigualdo querrá decir el titular.

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#41213 9:54 16/10/2019

En mi modesta opinión de persona de izquierdas, a estos partidos que se dicen izquierdistas lo mucho que les sobra de estrategia les falta de ideología.....

Saludos.

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#41191 24:57 15/10/2019

Perdón pero lo de subirse el sueldo no es, por desgracia, cosa solo del PP y Psoe, sino que lo hacen todos los partidos. Ada Colau también se subió el salario un 40% en cuanto tuvo ocasión amén de echufar a su pareja en el ayuntamiento, y Pablo e Irene se han puesto el equivalente a diez (sí, habéis leído bien) salarios base: 3 SMI para él, más 3 SMI para ella, más otros 2 SMI para él por haber sido papá, más otros 2 SMI para ella por haber sido mamá (ya ves tú que mérito extraordinario), total 10 SUELDOS para la parejita, sin pudor ninguno. Luego encima se preguntarán por qué van de batacazo en batacazo. De verdad, es una vergüenza, en el fondo todos los políticos son iguales.

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#41144 15:26 15/10/2019

Pero ¿aun hay alguien que se fie del okupa de la Moncloa? Realmente es el adn del Partido de los Socios Listos sin tapujos. Ese partido que colaboro con la dictadura de Primo de Rivera,en la dictadura del fascismo patrio, nadie conocia a Isidoro (Felipe Glez). Mas tarde este Isidoro fue al congreso de Suresnes(donde se hizo con la secretaria general del partido) de la mano de los servicios de investigacion creados por Carrero Blanco y que le facilitaron los pasaportes. Del no a la OTAN al si. Luego hay una historia oculta que relacionan a personajes de este partido con el 23F. Caso Filesa (corrupcion del partido). Corrupcion con el hermano de Alfonso Guerra y su despacho. Creacion del grupo terrorista GAL.
Negarse a investigar los crimenes del fascismo patrio. Negarse a revisar las sentencias ocurridas durante el fascismo. Negarse a investigar las fortunas hechas al calor del fascismo patrio. Negarse a romper con el Estado confesional catolicismo. Ser parte y representante del nacionalismo cavernario Español, a costa de hundir a otras nacionalidades.Revisar la Constitucion para calmar a los mercaderes y poner un techo de gasto, a costa de recortes a las clases mas desfavorecidas.
Esta es la historia del Partido de los Socios Listos

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#41146 15:45 15/10/2019

no tienes ni idea

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#41138 13:21 15/10/2019

Este pelele es un mandao

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