Al debate sobre la prostitución le falta renta básica

En el debate sobre la prostitución estamos desterrando la capacidad de equivocarse y todo son sospechas. Escribimos con miedo a decir cosas que luego no podremos enmendar, de hacer aseveraciones que nos invaliden como feministas, casi como personas.

Trabajo sexual
Trabajadoras del sexo se manifiestan, en 2014, Madrid en contra de la ordenanza municipal que incluye la sanción a los clientes. Adolfo Luján
Sarah Babiker

publicado
2018-11-15 09:29:00

Tomaba un café en un barcito de mi barrio, una chica dominicana atendía la barra. Iban llegando parroquianos y ella les escuchaba con una sonrisa cálida y neutra. Un señor entró. “¿Qué tal?”, le saludó, y enseguida empezó a contarle sus penas. Tenía un piso cerca de ahí, en uno de esos bloques avejentados, se lo alquilaba a una pareja joven con dos hijos. “Dominicanos también, llevan meses sin pagarme el alquiler y me lloran que si no tienen trabajo, que si está muy difícil... Pero ¿qué quieren que yo le haga?”, dijo el señor apelando a la empatía de la camarera. “Además, ella es así como tú, joven y guapa, y le digo ‘pero con esa carita que tú tienes, con ese cuerpo que dios te ha dado, te vas a Colonia Marconi un par de noches y me saldáis la deuda’”, concluyó risueño.

Esto fue hace más de un año. Por aquella época el barrio estaba lleno de papelitos. En los parabrisas de los coches, desaparramados por el suelo, toda una oferta de culos y tetas iba tomando las calles. Chicas nuevas y calientes. Latinas, negras, asiáticas. Dóciles y rebeldes. Complacientes y díscolas. No venían las tarifas pero se prometían precios asequibles para bolsillos obreros. Que ningún hombre se quedase sin su ración de coño exótico.

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¿Qué hacemos con la publicidad de prostitución en las calles?
Desde la campaña No Acepto han presentado 34.000 firmas al Ayuntamiento para que persiga los anuncios de servicios sexuales en las calles.

Un día, saliendo del metro, me crucé con unos chavales. Hablaban de acostarse con chicas, de enrollarse, cosas de adolescentes. Uno empezó a presumir de la felación que le había hecho esa chica tetona del grupo. “¡Porque le pagaste 20 euros, cabrón!”, le vaciló otro. “Bueno, yo quería una mamada y ella una copa, al final todos contentos”.

Últimamente me parece que la ciudad está llena de repartidores. Con sus chaquetas y sus app, sus aguerridas bicis y sus nulos derechos laborales se buscan la vida en las cada vez más grandes afueras de un mercado de trabajo digno. Quienes sobran se tienen que apañar con lo que tienen. Sus piernas que pedalean, sus manos que limpian váteres, sus vaginas que son penetradas. Hace poco tuve una pesadilla, soñé que una puntera aplicación nos permitía ofrecer y recibir sexo por dinero.

Soñé que una puntera aplicación nos permitía ofrecer sexo por dinero. La próxima maravilla de la economía colaborativa

Así, si no tenías una habitación para alquilar en Airbnb, piernas fuertes para recorrer la ciudad llevando comida, o no te alcanzaba para alimentar a tus hijas con tu salario de dependienta podías crearte un perfil y elegir a tus clientes. Sería el colmo de la libre elección y la flexibilidad, y en lugar de tratar con oscuros proxenetas, generarías plusvalía para aseados emprendedores con cuentas en paraísos fiscales. La próxima maravilla de la economía colaborativa.

Yo no consigo pensar en la prostitución como una opción desmarcada del contexto neoliberal, no consigo ver en qué sentido es empoderante mercantilizar nuestros cuerpos, no alcanzo a entender qué tiene de moralista denunciar la extrema cosificación de las mujeres que implica, ni qué tiene de aburguesado y blanco desear que nadie tenga que ganarse la vida prostituyéndose. Así que sí: comparto la visión del abolicionismo que considera que la prostitución es un refugio del patriarcado y que en un horizonte feminista nadie debería tener que someterse al deseo masculino por dinero, asumirlo como única forma de supervivencia.

Pero a veces las miradas estructurales tienen sus falencias: se alejan de la realidad concreta y cotidiana de las personas, sus peleas diarias, su supervivencia, lo que ellas perciben como urgente y necesario. Y aquí yo creo que el abolicionismo aporta una panorámica necesaria para marcar horizontes, pero rígida para el camino. Señala tanto la estructura que acaba negando la agencia de los sujetos que en ella habitan y luchan. Es importante conocer lo que es el patriarcado del consentimiento, los mecanismos que estrechan el marco de la posible hasta el punto de que no hay prácticamente margen para otra cosa que consentir, que barnizan esa única elección posible como deseable. Pero siempre se corre el riesgo de ver las cosas tan claras que acabes pertrechada en una verdad indiscutible.

¿Quieren las abolicionistas putas sin derechos? ¿Quieren las regulacionistas acabar con el feminismo de la mano de proxenetas y puteros?

¿Quieren las abolicionistas putas sin derechos? Yo creo que no. El abolicionismo quiere mujeres con derechos y considera que esto no es compatible —ni individual ni colectivamente— con la prostitución. ¿Pueden las políticas públicas abolicionistas cuando aplican medidas punitivas empeorar la vida de las mujeres que se prostituyen, aun cuando los penalizados sean los clientes?

¿Quieren las regulacionistas acabar con el feminismo de la mano de proxenetas y puteros? Yo creo que no. Que piden derechos y posibilidad de sindicación para las prostitutas porque creen que es lo justo. ¿Puede su defensa de los derechos de las trabajadoras sexuales contribuir a la normalización de la prostitución como salida individual a la precarización de nuestras existencias, dejar zonas francas al patriarcado?

Puedo errar en lo que pienso, pero reivindico mi derecho a hacer preguntas. Estamos desterrando la capacidad de equivocarse y todo son sospechas. Escribimos con miedo a decir cosas que luego no podremos enmendar, de hacer aseveraciones que nos invaliden como feministas, como anticapitalistas, como periodistas, casi como personas.

Conozco y respeto a feministas abolicionistas. Y si bien ando espantada con la virulencia con la que algunas de ellas están señalando a lo que consideran el otro bando, no puedo pensarlas como personas antiderechos ni comparto que a muchas se las impugne que se centren en una forma de explotación y no en otras. El ataque que se hace a la sindicación no tiene tanto que ver con los derechos de las prostitutas, lo que cuestionan es que los sindicatos sean maniobras del empresariado para legitimar su negocio.

Estoy rodeada de gente más cercana a planteamientos regulacionistas, a quienes escandaliza que se haya denunciado a un sindicato de prostitutas. Puedo discrepar cuando hablan de puritanismo o de que las abolicionistas dividen a las mujeres en buenas o malas. Calentarme si siento que están banalizando la explotación sexual cuando dicen que es lo mismo limpiar váteres que comer pollas, o revolverme cuando entran en una especie de cultura cool de la prostitución. Pero no dudo ni por un momento en que ellas son tan feministas como yo.

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Y entonces salgo de Twitter, del cruce de acusaciones, de los artículos que polarizan. Salgo de la velocidad y de los miedos de ser etiquetada de una forma u otra, de la tentación de cerrar filas en territorio conocido y sentirme arropada. Vuelvo al bar donde ese señor plantea que una mujer se prostituya para pagarle el alquiler. Me la imagino a ella, agobiada, con sus dos hijos, la cuenta en números rojos, el casero mirándole de arriba abajo, evaluando su valor en el mercado de los cuerpos. Y me vuelvo abolicionista hasta la médula. Pero también pienso en Colonia Marconi, en las mujeres que no han encontrado otra salida, o en quienes defienden que su elección es esa. Y me hago preguntas.

Pienso en el aquí y el ahora, pero también en el largo plazo. En cuánto ganaríamos si todo el esfuerzo que estamos dedicando las feministas a este debate lo dedicásemos a exigir una renta básica universal, para todas nosotras, para que todas tengamos más opciones que elegir si limpiamos un millón de váteres por una miseria o comemos 20 pollas al día contra nuestro deseo. Para que, si decidimos lo segundo, no tengamos que prostituirnos de cualquier manera, en cualquier lugar y a cualquier precio porque nuestra supervivencia depende de ello.

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18 Comentarios
Voropérez 18:24 16/11/2018

La RBU es ni más ni menos que una herramienta transitoria hacia un modelo económico que, con ella, sí puede desarrollarse fuera de los postulados del capitalismo. El término Universal hace que se refiera a todas las personas que residen en un territorio concreto, aquel en el que se implanta la RBU. Su distribución a todas, independientemente del perfil ecómico de cada una, evita el costes administrativos de control, regulaciones subjetivas y aporta agilidad en su implementación. La pregunta es, ¿ queremos una RBU para perpetuar el capitalismo?¿para seguir consumiendo? ¿ O quiza podemos utilizarla como punto de partida para la construcción de un nuevo modelo de relaciones y de vida, alejado del consumo? Para esto último, el emisor de esa RBU no puede ser el estado.

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Rafael Pla López 13:37 17/11/2018

O Trabajo Garantizado

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#26374 15:43 19/11/2018

Primero mejor democracia+RBU

Sino te puedes encontrar con sopresas como que el trabajo garantizado publico es de prostituta/prostituto y con salario de becario (y ni lo has decidido tu, ni te puedes escapar de el).

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#26330 11:56 18/11/2018

Con el "trabajo garantizado" pasa lo mismo que con la RBU o el "estado de bienestar", no son viables dentro del capitalismo a largo plazo. Los problemas del capitalismo como el desempleo no pueden eliminarse, salvo que superes el capitalismo

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paco 7:28 16/11/2018

Algo no cuadra en la reflexión final que propone“exigir una renta básica UNIVERSAL, para todas nosotras”.
Sena como de oidas, la palabra universal hace el sentido como más incluyente. pero el sentido de la frase es claro : Renta Básica para las mujeres por ser mujeres y, según la autora para facilitar la libre elección.
penoso, y bochornoso. la degradación del concepto renta básica universal (incondicionada, para todos, desde el nacimiento hasta la muerte y con independencia de la renta), para convertirlo en reicindicación de una ventaja parcial para un sector de la población, por su "lindo sexo".

A veces pienso que mejor no decir nada, y observar los desvarios desde la distancia del anonimato. .

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Vanessa 12:27 16/11/2018

Habla de las implicaciones que la RBU tendría para las mujeres precarizadas que se ven obligadas a mercantilizar sus cuerpos para mantener satisfechas las necesidades básicas, de cómo socialmente se nos hace saber a las mujeres que siempre podemos ser prostituidas en caso de no tener dónde caernos muertas.
Es un artículo sobre cómo la RBU podría permitir una salida de la prostitución, ejercida en su inmensa mayoría por las mujeres. Es, por tanto, un artículo dirigido a las mujeres en precario.
A veces me sigo sorprendiendo de la capacidad de los hombres de no mirar más allá de su ombligo y quedarse tan agusto por no haber visto nada.

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#26177 9:15 16/11/2018

El todas es plural femenino inclusivo e incluye también a los hombres. Vamos... que se refiere a todas y a todos.

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#26082 16:04 15/11/2018

La reflexión del articulo me parece buenísima, pero por desgracia termina con la conclusión simplista y simplona de que la solución es la renta básica. La RB es solo una medida más del llamado estado del bienestar, y por lo tanto solo es un paliativo temporal y limitado, que si bien puede ser necesario, no puede solucionar ni de lejos el problema.

Tenemos que ser claros, dentro del sistema capitalista las necesidades de la clase obrera JAMÁS pueden ser satisfechas. Este es un sistema crecientemente contradictorio, y la prostitución es una más de esas contradicciones que no pueden tener solución dentro del sistema. La única solución segura y definitiva a la pobreza, desigualdad, desempleo y demás contradicciones del sistema, es superar el capitalismo y sus estados.

Evidentemente estamos más lejos que nunca, y por el camino necesitamos medidas para el momento presente, pero si dejamos de señalar ese horizonte como nuestra meta, seguiremos alejandonos más de dicha meta.

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#26178 9:20 16/11/2018

La rbu no es una herramienta revolucionaria, pero sí un mecanismo de autonomía y dignidad. O a caso va a funcionar mejor la pobreza y la atomización en el autoempleo por horas que nos vaya a dejar la cuarta revolución tecnológica con sus mecanismos neoliberales de acumulación y desequilibrio? Es mucho mejor que rogar viviendas a un presidente como si un puto dios azteca se tratara.

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#26278 11:44 17/11/2018

Para que nos diera autonomía... debería funcionar en el largo plazo, y no puede hacerlo, porque en cuanto el capital vea amenazada su ganancia, recortara la RBU, igual que recorta salarios y prestaciones sociales con cada crisis.

Al capitalismo no se lo reforma ni se lo remienda, se lo destruye. Todo lo demás son paliativos, que están muy bien, pero siempre que se le diga a la gente la verdad, de que no son la solución a los males que causa este sistema.

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maría 19:00 15/11/2018

un mundo donde se compra lo que no se debe vender es asqueroso, más educación para bajar la demanda, si la precariedad me obligara , yo preferiría robar.

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#26209 13:34 16/11/2018

Para cualquier profesion no todo el mundo vale y hay gente que no vale para ninguna profesion (o peor, que hace mas daño que bien en caso de obligarsele a hacer algo sin RBU [como robar]).

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#26270 8:33 17/11/2018

No sé si lo leerás. En el mundo de la prostitución las realidades de las mujeres son diversas. En El Caribe, muchas mujeres van a de sus zonas a las grandes ciudades en la época de turismo. Ganan dinero, son el pilar económico de su estructura familiar, mienten sobre su actividad laboral (jamas le diría a una de estas mujeres que no van a trabajar y nunca cuestionaria su decencia). Esto las hace libres, autónomas y les permite dar un futuro digno a sus hijos e hijas. Muchas con estudios y desempleo. Qué te parece mejor realidad, prostituirse, la maquila, el trabajo doméstico en Europa o abandonar a tu bebé en orfanatos fronterizos para que no mueran de hambre mientras tú te conviertes en una espalda mojada más. La institución es una aberración de la culturs patriarcal, pero estas mujeres son dignas y trabajadoras. Es esa mirada moralista la que se critica, precisamente.

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#26055 14:06 15/11/2018

Juan Luis no sabe leer?

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Juan Luis 13:05 15/11/2018

Cómo vas a conseguir dignidad si tras insinuar luz y libertad, renta básica y derechos humanos, acabas insinuando y concluyendo que comer pollas o tragar semen a manguerazos es trabajo (ayns otra vez el mismo error de base), la comparación con limpiar váteres o con cualquier otro trabajo que consideres malo o indigno no se sostiene ya, es ridículo cuando asumes que va contra tú deseo.
"..más opciones que elegir si limpiamos un millón de váteres por una miseria o comemos 20 pollas al día contra nuestro deseo."
La esclavitud se combate, no se discute.
#AboliciónProstitución

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#26075 15:44 15/11/2018

Lo mismo se podría concluir de la institución matrimonial y nos seguimos casando. Ciertamente, todos nos prostituimos un poco, por una hipoteca, un coche, un viaje. La renta universal sería una manera de elegir en qué trabajar. El artículo dice lo que muchas vamos pensando, que lo de la pobreza va para largo y sus realidades son diarias. Que no son enemigas, que son sus cuerpos. Y eso no significa que los puteros nos sigan pareciendo ruines.

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#26385 19:38 19/11/2018

La diferencia entre prostitución y un trabajo ejercido en condiciones denigrantes (sí, eso que decís muchxs de que "todxs nos prostituimos un poco"; una afirmación poco exacta, porque no se trata de eso) es que en este último sólo es denigrante las condiciones en que se ejerce (capitalismo) mientras que la prostitución es denigrante en si misma (patriarcado, amplificado por un capitalismo que convierte casi todo en mercancía). Aparte de eso, el debate está viciado por errores en las premisas de base. No hay por qué cuestionar el por qué esas mujeres ejercen la prostitución. La ejercen, y punto; bastante tienen con ser víctimas de esa esclavitud (porque son víctimas). Tampoco nadie va a decirles a esas mujeres lo que tienen que hacer (yo no lo voy a hacer, desde luego). Lo único que digo es que no podemos pedir que la prostitución sea regulada, convertida en epígrafe fiscal, porque eso sería un triunfo inapelable del patriarcado y del mercado, y no podemos darles esa ventaja. No soy abolicionista, en el sentido de que históricamente la abolición es la conversión de algo legal en ilegal. Aquí la prostitución simplemente es alegal, y así debe seguir siendo, porque no es su legalización el campo de batalla. El campo de batalla es el patriarcado y la cultura violenta y machista. Niego la mayor: la legalización no dará ningún derecho a las prostitutas, y las prostitutas "de verdad" no están pensando en sindicarse, precisamente. En vez de centrarnos, unxs y otrxs, en las prostitutas, en lo que deben o no deben hacer, o en hablar por ellas (porque eso es lo que hace el autodenominado sindicato OTRAS: hablar por ellas.....porque le interesa), centrémonos en los puteros y en las instituciones del patriarcado, atacando y minando las bases de la cultura machista......para ello no sólo habremos de combatir al patriarcado, sino también al capitalismo, a cualquier tipo de autoritarismo (sobre todo el estatal), al productivismo, a la lógica del crecimiento económico, etc.....va todo en el mismo paquete........y olvidémonos de regulaciones que sólo benefician al enemigo (al ideológico y al de clase)

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#26059 14:22 15/11/2018

Precisamente es un artículo que pretende salir de ese enfoque... ¿No ves que nos invita a reflexionar y a no cerrarnos en bandos como si no quisiéramos, a la larga, lo mismo?

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