“El acoso sexual y laboral sigue existiendo en las redacciones bajo un manto de silencio abrumador”

Fundadora del Sindicato de Periodistas de Andalucía y Secretaria General hasta 2017, Lola Fernández Palenzuela defiende la sindicación como herramienta imprescindible para dejar de retroceder en materia de derechos laborales.
19 jun 2026 08:00 | Actualizado: 19 jun 2026 09:21

Es difícil no contagiarse del entusiasmo y el convencimiento que Lola Fernández Palenzuela (Madrid, 1962) muestra mientras habla de periodismo y derechos laborales. Hija de migrantes granadinos, regresa a la ciudad de su familia con 15 años y con 18 entra en SER Granada, en Los 40 Principales. Años después, una vez termina los estudios de periodismo en Bilbao, regresa a su ciudad y, de nuevo, a la radio. Esta vez comienza una nueva etapa en informativos.

Ya entonces, la realidad laboral del sector de la comunicación le obliga a tomar consciencia de las pobres condiciones que le esperaban si quería seguir viviendo del periodismo: “yo entré en esta profesión cuando el trabajo ya era precario. Se pagaba poquísimo, tanto a los redactores como a los gráficos”, dice la periodista granadina. “Tenías contratos… si es que te lo hacían, pero tenías que alternar distintos trabajos para poder comer”. Y aún así, no se achicó. 

Su trayectoria da muestra de ello: fue una de las fundadoras del Sindicato de Periodistas de Andalucía, donde llevó la secretaría general desde 1999 hasta 2017; ese mismo año pasó a la vicepresidencia de la Federación de Sindicatos de Periodistas (FeSP). Ha trabajado en gabinetes de prensa, en medios locales, ha sido directora de comunicación de la Diputación de Granada y de la Fundación Euroárabe. Ha impulsado proyectos internacionales y en su cabeza siempre hay un “¿por qué no hacemos…?”  Una formación, un nuevo proyecto, una serie de entrevistas en red con compañeras de otros territorios, como la que recibió el Premio Buenas Prácticas XII Congreso internacional para el Estudio de la Violencia Contra las Mujeres Resistencias desde la Comunicación Feminista  

Insiste continuamente en la importancia de estar sindicadas, de celebrar colectivamente logros, también compartir fracasos y de la dignidad en el trabajo que desarrolla la prensa “ No somos proveedoras de contenido. Nuestro oficio requiere reflexión, documentación, trabajar de lleno, responsabilizarte” afirma molesta Fernández Palenzuela, que es una de las fundadoras de la Red Andaluza de Comunicadoras Feministas - La Poderío. 

Le ha dado tiempo a doctorarse. Y de todo ha sabido y sabe disfrutar. 

Que no es poco.

Tu trayectoria profesional en el mundo del periodismo siempre ha estado vinculada también al trabajo sindical  ¿Cómo ha sido este doble camino?
Desde que empecé como periodista he sido consciente de la precariedad bestial que existe en nuestra profesión porque se cobraba una mierda. Tenías contratos, si es que te lo hacían, pero tenías que alternar distintos trabajos para poder comer. Soy consciente de esa necesidad pero también de que por mí misma no puedo hacer nada.

Desde muy joven he tenido conciencia de que tengo que trabajar para cambiar mis condiciones. Al igual que en lo personal buscas tener una red de amigas, de amigos, con tu pareja, con tus hijos y trabajas por ello, no esperando a que te den, sino trabajándolas, en lo profesional es lo mismo. Sobre todo con el cainismo que existe, con la precarización tan tremenda que hay, soy consciente que necesito ponerme a trabajar con otra gente para cambiar las condiciones laborales. La precarización no solamente laboral, también profesional.

En aquel entonces lo que existía era la Asociación de la Prensa y me meto en la de Granada. A finales de la década de los 90, un grupo importante de periodistas andaluces, prácticamente de las asociaciones de la prensa y periodistas no vinculados a ninguna asociación, hacen un congreso en el Parlamento de Andalucía y allí se plantea la necesidad de trabajar de forma conjunta por sacar a la profesión de la situación de precariedad en la que se encuentra. En asociaciones de la prensa se trabajaba la parte profesional, pero en ellas estaban los directores junto a los trabajadores. De este congreso salen dos mandatos: la creación de un Sindicato de Periodistas y de un Colegio de Periodistas. 

Estuvimos pariendo la creación del Sindicato de Periodistas durante nueve meses, con reuniones de periodistas de toda Andalucía. Recuerdo que nos reuníamos en Mollina y sería en Antequera, a mediados de diciembre de 1999, cuando se convoca el congreso constituyente del Sindicato de Periodistas de Andalucía (SPA). A ese congreso vinieron como invitados representantes de los dos sindicatos de periodistas que ya existían en el Estado, el Sindicat de Periodistes de Catalunya, nacido en 1992 y el Sindicato de Madrid, que se constituyó un año antes que el andaluz. En ese Congreso salí elegida como secretaria de organización, pero a los pocos días, el secretario general renunció a su cargo y la recién constituida ejecutiva, tras varias reuniones y debates, me elige a mí para ese cargo, en el que estuve durante 17 años. 

Y tuvimos que trabajar muy duro por el condicionamiento andaluz: tenemos un territorio tremendo con una población muy grande. Eso también es una virtud, un lujo. Salimos muchas compañeras en esa ejecutiva. Estábamos 50-50, la paridad siempre la hemos tenido presente. Fue duro pero comenzamos a conseguir cosas. Desde entonces siempre he estado en organizaciones. Como secretaria del SPA, también estaba en la ejecutiva de la Federación de Sindicatos de Periodistas de la que fui su vicesecretaria durante cuatro años y a la vez, en representación de la Federación, fui miembra de la Comisión de Género de la Federación Internacional de Periodistas.  Ahí te das cuenta que lo que pasa aquí en tu país, en tu región, en tu en tu ciudad, sucede a nivel global. Comprobar eso da susto. Alrededor de 2007 entró también a formar parte de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género. Las periodistas latinoamericanas son muy conscientes de todo el daño que les hacen y sufren, la persecución que viven, la violencia tremenda. Pero también tienen muchas armas porque trabajan mucho en red. 

Para mí trabajar en red siempre ha sido necesario porque he visto que sola no puedo, pero con las demás sí. Nunca he pretendido que las cosas se consigan de golpe. Hace falta muchísimo trabajo y, sobre todo, muchísima voluntad, querer hacer las cosas con las demás y empatizar, hablar con tus compañeras y compañeros. Que se lo digan a nuestras abuelas y abuelos.  Soy de una provincia, Granada, donde el convenio de la construcción ha sido uno de los mejores a nivel nacional, pero costó muertes.  O vámonos a que lo que costó al pueblo andaluz que su tierra fuera una comunidad autónoma histórica: no nos la querían dar por el 151 y también costó muertes, acordémonos del joven malagueño García Caparrós. Pero ahí la fuerza era tremenda. En Andalucía se han movido muchas cosas, lo que pasa es que siempre ha estado muy silenciada porque no existían medios propios y los medios locales tampoco lo trabajaban.

¿Qué otros proyectos has desarrollado?
He creado proyectos con compañeras que no conocía, ni a ellas ni a su idioma, como Un altavoz del silencio sobre mujeres periodistas y comunicadoras en zonas de conflicto armado que trabajo en la Fundación Euroárabe. Luego ha venido La Poderío que fue y es un regalo, donde estamos compañeras de distintos puntos de Andalucía, que nos conocimos y reconocimos por primera vez cuando creamos nuestra organización en 2017 en La Invisible de Málaga.  No nos conocíamos anteriormente. La Poderío es un proyecto muy laborioso pero muy necesario. Pienso que con sus más y sus menos, y con esto me refiero a que somos mujeres que estamos trabajando en otras cosas, que arañamos el tiempo que nos queda y lo dedicamos tiempo a una organización que es necesaria para que se conozca qué pasa en Andalucía. Precisamente por la precariedad de medios y por lo poco que se habla de Andalucía y sobre todo de las mujeres de Andalucía. De las que fueron, de las que hay y de las que vendrán también. 

En este punto quisiera destacar un hito histórico en la lucha de las mujeres periodistas fue la huelga general de las mujeres de 2018. Fue realmente importante para todas las mujeres en este país pero para nosotras, las periodistas y las comunicadoras, fue tremendo. Nos metimos de lleno en todo el movimiento reivindicativo laboral, profesional, de cuidados. Mujeres de todos los sectores, de todas las edades y condiciones dijeron basta ya. Y nosotras las periodistas a ese basta ya le añadimos que 'sin feminismo no hay periodismo' 

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¿Cómo fue en Granada? En ese momento comenzó a moverse Comunicadoras Granada
Fue alucinante. En Granada mi compañera Luz y yo hablamos de hacer un [grupo de] WhatsApp y ver cuántas periodistas se unían. Salieron más de cien mujeres. Nos manifestamos juntas y al año nos  constituimos como  Asociación de Comunicadoras de Granada. Un acompañamiento tremendo, maravilloso, porque todo lo que significa unirse, trabajar con otras compañeras, en cualquier sector, es importante para compartir tus miedos, tus preocupaciones, tus inteligencias o tus inventivas. Tienes alguien con quien hablar, alguien que te responde y siempre, o casi siempre, encuentras soluciones. 

Lo importante de esto, para mí, al igual que en el Sindicato de Periodistas de Andalucía, al igual que en la Red Internacional, en lo que fue Altavoz para el silencio o ahora en La Poderío y en Comunicadoras Granada, es que el trabajo que desarrollas con las otras compañeras para crear tiene el fin de cambiar las cosas, pero siempre como un aporte al movimiento general donde otras organizaciones buscan también mejorar. Por ejemplo, el Sindicato de Periodistas de Andalucía no surge para trabajar de forma individual y acompañar solo a los y las periodistas y trabajadores de los medios, nace para aportar algo más al movimiento sindical, para generar una mayor fuerza en las reivindicaciones.

¿No han sabido dar respuesta los sindicatos de clase y mayoritarios a la profesión periodística y por eso surge el SPA?
Los periodistas están trabajando en los medios de comunicación y los medios de comunicación están mandatados por empresas periodísticas que tienen mucho poder, nadie les quiere hacer daño. ¿Quién se mete con los medios de comunicación? ¿Quién se mete con El País? ¿Quién se mete con El Mundo? ¿Quién se mete con la Razón, con ABC? La defensa por parte de los sindicatos mayoritarios es menor. En Cataluña, por ejemplo, Comisiones Obreras aprueba la doble militancia cuando nace el Sindicato de Periodistas de Cataluña. Estamos hablando de un poder tremendo el que tienen los empresarios de la comunicación. Y ahora más que antes. 

Estamos hablando de que existe un conglomerado de medios que están en manos de muy poca gente, de la banca, de fondos, Nos tenemos que defender desde la profesión. De hecho, los abogados de la Federación de Sindicatos se han especializado a base de las demandas de los periodistas que estamos en los medios porque nos encontramos con situaciones irreales. No te estoy hablando de medios  grandes, que también tiene muchísimos problemas. Vete a medios con cincuenta trabajadores y solo cuatro de ellos periodistas. Háblales de salarios, de convenios, horarios… Las mesas de negociación con la patronal ahí están, que cada mínima mejora cuesta lo más grande, cuando no se hace un paso atrás y se cierran condiciones peores a las que se tenían. La situación de precarización de la profesión no ha cambiado. 

Es necesario que todos los trabajadores y todas las trabajadoras se sindiquen.  Me da igual dónde pero que lo hagan porque la lucha no la podemos hacer de forma individual y eso tenemos que metérnoslo en la cabeza. A mis hijos es de las primeras cosas que les dije cuando empezaron a trabajar. Solas, solos, no podemos hacer nada. 

Y ya si hablamos de mujeres eso ya es punto y aparte. El ataque bestial a las mujeres en estos momentos es increíble. ¿Por qué? Porque somos una fuerza, porque somos un valor, porque trabajamos en red, las mujeres sabemos trabajar en red y sabemos hacerlo muy bien, lo hemos demostrado en lo local y en lo internacional.

Cuando se culpa al periodista de todos los males del periodismo, vayámonos a la empresa periodística que lo tiene contratado. Esa persona, ¿qué está cobrando? ¿en qué condiciones le han hecho realizar la información?

¿Cómo ha ido afectando la precarización y el empobrecimiento al trabajo de las periodistas

Yo entré en esta profesión cuando el trabajo ya era precario. Se pagaba poquísimo, tanto a los redactores como a los gráficos. ¿Qué les está pasando ahora a los gráficos en los medios? Hace años siempre había algún jefe que decía, “Bueno, mi niña sabe hacer mejores fotos que tú” pero es que ahora tenemos la inteligencia artificial. Ese es un gran escollo. Los derechos de autor, otro: escribimos para un medio de comunicación que nos tiene contratadas y ese artículo, esa información o esa fotografía el propio medio la está vendiendo a otros sitios, a otras plataformas, ¿quién se está beneficiando de mi trabajo sin pagar un euro? 

La precariedad ahora mismo es tremenda. Estamos asistiendo a lo que llamamos periodista sin redacción. Los falsos autónomos, los becarios y trabajadores en prácticas que no trabajan como tales o los contratos de media jornada que casi nunca son medias, se trabaja a destajo por miserias. En una provincia como Granada se pueden convocar unas cinco ruedas de prensa o más en una franja que va de las 10:00 a las 14:00 y en la gran mayoría de los medios puede haber uno, dos o tres periodistas para cubrir esas ruedas de prensa y para hacer otras informaciones de lo que pasa en tu ciudad y provincia. ¿Cómo se puede cubrir todo eso con ese personal? Esto ¿es una dejación, una mala praxis del o la periodista o del medio de comunicación y de la empresa en la que se sustenta?

Cada vez hay más despidos. Venimos de crisis en crisis. La crisis del 2008 se perpetúa en el tiempo: el segundo sector con más despidos en ese momento fue el de la prensa, el de los medios de comunicación. El primero fue la construcción. Eso fue una debacle y no hemos salido de ella.  Los cambios tecnológicos que ha sufrido esta profesión han sido tremendos y se está en peores condiciones. Estamos hablando de salarios que no llegan ni al mínimo interprofesional.

¿Sabemos nosotras defender nuestros derechos cuando ejercemos la profesión? Y me refiero a todo el personal de los medios de comunicación, no solo a periodistas. ¿La prensa se afilia poco o mucho a sindicatos? 
Es que en este país  no existe una gran sindicación pero no en periodismo, en cualquier otro sector. Porque lo primero es tener conciencia de quién eres, tener conciencia de clase ¿Yo quién soy? Pues yo soy una trabajadora, busco un empleo para vivir. Trabajo pero ¿por qué trabajo? Trabajo por dinero, siempre he trabajado por dinero. Que te guste más o que te guste menos tu trabajo…pues claro que influye. Siempre buscas un lugar donde te puedas realizar profesionalmente. Pero esto de que el periodismo sea vocación pues no. Puedo tener vocación, claro. Yo tengo vocación de periodista. Pero, ¿qué tiene que ver eso con mi necesidad de pagar el alquiler todos los meses o pagar la bombona de butano de mi casa? El trabajador trabaja por dinero y luego todo lo demás ya lo veremos. En esa conciencia de trabajador, de trabajadora es donde tenemos que educarnos.

La lucha siempre es mejor cuando es compartida. Porque incluso para contar los éxitos de tu lucha tienes que tener a alguien que te diga “Enhorabuena.” Y para contar las penas o que no lo hemos conseguido, tienes que tener siempre a alguien que te diga, “Adelante, no te preocupes, te ha salido mal pero mañana lo conseguimos. Vamos a buscar a más gente para apoyar”

La patronal de los medios de comunicación habla de que los periodistas son proveedores de contenido. ¿Cómo que proveedores de contenido? No somos proveedores de contenido, no somos juntapalabras. Es un oficio que requiere reflexión, documentación, trabajar de lleno, responsabilizarte.

Hace unas semanas, CNT publicaba las tarifas para freelances de algunos medios de comunicación. En algunos casos había piezas que no llegaban a los 5 euros. ¿Cómo se traduce en el día a día en el material con el que se trabaja, que en el caso de la prensa es la información? En los últimos años la precariedad es altísima.

En los últimos años no. En las últimas décadas y en todo este espléndido siglo XXI. La precariedad en el periodismo es la gran arma, la gran herramienta que tienen los poderes económicos, políticos y de todo tipo para  que el buen periodismo no se desarrolle. Si tú a una persona que tiene una jornada laboral de ocho horas le dices que tiene que hacer cinco piezas, seis  piezas, las piezas que sean, las hará pero ¿cómo las hará? No tendrá tiempo para contrastar la información, para documentarse, no tendrá tiempo para hacer seguimiento de ese tema. Para poder hacer una una información acorde con las necesidades de información que entiende tiene la gente a la que se dirige.

Así, cuando te enfrentes en una rueda de prensa con un político, con un empresario o con quien sea, todo lo que te puedan decir te lo vas a tragar porque no tienes conocimiento del tema, no has tenido tiempo de documentarte. Tienes media hora para cubrir esa rueda de prensa y luego largarte rápidamente a otra. No te dan las condiciones necesarias para desarrollar tu trabajo, entre las que sin duda está el tiempo. Las y los periodistas y comunicadores tenemos una gran responsabilidad sobre lo que contamos y cómo lo contamos. 

Los periodistas somos trabajadores como cualquier otro, exactamente igual, y debemos tener la misma conciencia de clase y protegernos. Lo que pasa es que el material de nuestro trabajo, nuestro martillo, nuestras pinzas, nuestro ladrillo es la información y esa información es un derecho fundamental de la ciudadanía,  reconocido en nuestra Constitución y en la carta de derechos humanos.  Esto viene recogido en el Código Europeo de Deontología del Periodismo aprobado por unanimidad por la Asamblea  Parlamentaria del Consejo de Europa, en 1993. Ahí se deja muy claro: “la información es un derecho fundamental donde los medios de comunicación y los periodistas, los trabajadores de la información, son meros vehículos, con lo cual tienen que ofrecer una información veraz, plural y contrastada”. Ya en 1980 el Informe MacBride habla del papel de las mujeres, de la importancia de la opinión pública, del poder de los pueblos para presionar a sus mandatarios. Pero para eso, los medios deben ser libres y cumplir con el código deontológico.

¿Qué es ser una obrera de la palabra?
Tener conciencia de clase, saber que soy una trabajadora. Soy obrera porque soy trabajadora y soy una pieza fundamental para que mi país, mi ciudad, mi pueblo prospere. Y eso también tiene una carga muy importante de dignidad, de la dignidad del trabajo. Cuando me pongo a escribir o a hacer cualquier información soy consciente de la responsabilidad que tengo y lo debo hacer lo mejor posible. Y tú me tienes que revertir económicamente, me tienes que pagar por ese trabajo lo mejor posible y darme las mejores condiciones para poder desarrollar mi trabajo, respetando los convenios colectivos y la legislación laboral. De ahí que hable de obrera, de la conciencia de clase y de la dignidad que tienen los trabajadores a la hora de ejercer su trabajo. Sin mi trabajo, sin el trabajo de mis compañeras y de mis compañeros en este oficio como en otros tantos, este país y cualquier otro se vendría abajo.

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¿No crees que esto de dar lo mejor de ti misma le puede ser funcional a las empresas periodísticas para que sigan precarizando? ¿Para que apelen a la vocación del periodista y tengan a multitud de personas trabajando por 5 o 10 euros la pieza?
La dignidad pasa porque si yo te doy lo mejor, te exijo lo mejor. Si tú no me pagas, yo no te trabajo. Si yo no tengo las condiciones adecuadas, no puedo ejercer mi labor y te denuncio. La “denuncia” es importantísima. Hay que denunciar.

El refrán ese de “cuanto más te agachas más se te ve el culo”, apliquémoslo a los centros de trabajo. La lucha tiene que ser compartida, debe haber sindicación porque no es lo mismo que me defienda sola a que me defienda un colectivo, una organización sindical. Algo que la extrema derecha se quiere cargar, por cierto, no apoyando a a los sindicatos económicamente cuando las organizaciones sindicales están en la Constitución. La dignidad pasa por no ser más que nadie pero tampoco menos. No puedo permitir que tú me des un salario por debajo de lo que estipula la ley y los convenios, cifras que debemos tener en cuenta que es lo mínimo que nos corresponde.

También la dignidad pasa por ser una persona ética. Estamos trabajando con un material muy sensible y podemos hacer mucho daño. Con una cobertura mala,  parcial o sesgada, podemos hacer mucho mal, pero también omitiendo información, no contrastándola, dando voz a unos y no a otros, no haciendo seguimiento de esa información. Y hay algo algo fundamental: los datos que permiten ofrecer el contexto de donde sacar las causas y consecuencias de ese hecho. Hay que responder a las famosas cinco cuestiones del periodismo y alguna más para que la información sea realmente un servicio a la ciudadanía. 

En nuestro sector hay una preparación tremenda. En estos momentos en España, donde se hace muy buen periodismo. Lo está ejerciendo gente que, además de su titulación, cuenta con otras muchas especializaciones. Yo empecé cuando no existía internet, no había ordenadores y escribíamos  la información en las máquinas de escribir antiguas, esas verdes de carro grande donde ponías dos folios y en medio una hoja de calco para tener el original y una copia. Ahora estoy haciendo vídeos, podcasts, trabajando sobre mil sistemas. A nivel técnico la profesión ha experimentado una evolución bestial en todos lo sentidos y sin embargo las condiciones laborales y sobre todo económicas son un escándalo.

Somos profesionales sumamente formados, con actualizaciones continuas y formaciones constantes que además te las tienes que buscar y pagar tú en la inmensa mayoría de los casos,  a pesar de que en nuestras nómicas todos los meses nos quitan una cantidad del salario por formación. Los planes de formación existen en las grandes empresas, pero en las pequeñas, que es donde está trabajando el grueso de la profesión, tienes que buscarte la vida para saber hacer de todo. Somos profesionales de alta cualificación a los que ni se les reconoce ni se les paga.

El ataque de la ultraderecha a la información, con la creación de bulos, de información falsa, con la irrupción de agitadores, creadores de contenido, ¿ha desvirtuado mucho la confianza en el periodismo?¿Cómo se combate?
Se combate con buen periodismo. En España se hace muy buen periodismo, hay buenos medios y muy buenos profesionales. Tenemos fuentes informativas de primer nivel que nos ofrecen esa ventana que toda ciudadanía necesita para conocer qué pasa en el mundo. Pero también existen malos profesionales y malos medios, y por supuesto, pseudomedios cuyo objetivo primero y final no es informar sino todo lo contrario. Pero siempre está quien o quienes achacan todo lo malo a los profesionales de la información y también a los medios que no dicen lo que unos cuantos quieren que digan.  

Cuando se dice que todos los periodistas somos malos.... no. Vayámonos a la empresa periodística. Esa persona, ¿qué está cobrando? ¿en qué condiciones le han hecho realizar esa información? La patronal de los medios de comunicación habla de que los periodistas son proveedores de contenido. ¿Cómo que proveedores de contenido? No somos proveedores de contenido, no somos juntapalabras. Es un oficio que requiere reflexión, documentación, trabajar de lleno en ello, responsabilizarte.

No sacar, por ejemplo, y que no sea pública la batalla que tiene el colectivo de las trabajadoras de ayuda a domicilio, ¿alguien sabe lo que les ocurre? Prácticamente todas son mujeres con unas condiciones laborales caininas, trabajando por un sueldo mísero, no se pueden dar ni de baja. ¿Quién es el responsable de que no se sepa? Aquí tenemos que ir también a otro tema importante, que es cómo están concebidos los medios de comunicación. Los medios de comunicación pueden ser públicos o privados. Todos tienen que todos tienen su línea editorial y la tienen que cumplir. Más a la derecha o más a la izquierda pero eso no significa mentir. 

Los medios públicos no son solo RTVE, también están los medios autonómicos, como la RTVA y Canal Sur, en nuestro caso. Y los medios públicos locales que son importantísimos, pues esta información local, de cercanía, tienen una importancia tremenda para el desarrollo de nuestras sociedades que no se tiene en cuenta, porque ¿quién me informa de lo que pasa en mi pueblo, de lo que pasa en mi ciudad? A mí qué qué narices me importa lo que hace Ayuso en Madrid, yo vivo en Andalucía. ¿Por qué todos los días me estoy comiendo a la señora Ayuso? 

La apuesta por medios públicos de calidad e independientes es lo que necesitamos. Pero parece que es mucho más fácil hacer tertulias, hombres y mujeres que se reúnen en torno a una mesa y te cuentan todo lo que opinan sobre todos los temas. Y se paga eso porque es barato. ¡Haz programas! La información es informar, formar y entretener, los tres principios básicos del periodismo. Todo eso se puede dar en una misma pieza con el compromiso y la responsabilidad de saber que vas a llegar a mucha gente.

Hablas de la importancia de la descentralización y de los medios de cercanía
Están también los medios del tercer sector, los medios comunitarios. Que las asociaciones y colectivos de un barrio, de una zona, tengan un espacio para comunicarse es fundamental para toda la comunidad, eso es una democratización de la comunicación real. El problema que tenemos es que impera el destruir la comunidad, avanzando a pasos agigantados hacia lo individual, donde es más fácil manejarnos, manipularnos e infundirnos todo tipo de miedos. 

A los medios comunitarios todo el mundo debería poder acceder.  Pero ¿puede todo el mundo hacer periodismo?
Si estás formado, sí. Lo que no puede ser es que lo haga alguien que no tenga ni el conocimiento ni los principios de la profesión. El periodismo no es juntar letras, es un oficio que requiere de conocimientos, como cualquier otro. ¿Médico puede ser cualquiera? ¿Profesora de canto? ¿Cocinera?. Cuando te dicen: vaya para lo que escribes, eso lo puede hacer cualquiera, pues te sienta igual que cuando a la profesora le dicen: para tres cuartos de hora de clase que das…Pues para tres cuartos de hora de clase que doy llevo 10 años estudiando este tema y actualizándolo. El periodismo, como todos, es un trabajo y tienes que estar  preparado para ejercerlo. Ese es el problema de los pseudomedios y de los pseudoperiodistas.

Ese es el problema de que los gráficos en este país lo estén pasando muy mal: pensamos que todo el mundo sabe hacer fotos. ¡No, todo el mundo no sabe hacer fotos!  Aunque no tengas que revelar cómo te enseñaron en la facultad antiguamente, debes tener una capacidad para saber manejar la cámara. Yo claro que hago fotos con mi móvil, pero no soy fotógrafa. Es fundamental el reconocimiento. Pensar que la persona que trabaja en la limpieza solo pasa el trapo es un error. ¿Y si la mesa es de mármol? ¿Y si la mesa es de caoba? ¿Y si la mesa es de plástico? ¿Y si el inodoro está manchado? ¿Cómo se hace? Existe la cualificación y todo trabajador y toda trabajadora tiene que estar cualificado para el desarrollo de su trabajo. Y la cualificación va con la dignidad.

¿Por qué?
Porque todo trabajo es digno. Soy limpiadora y yo trabajo dignamente. Lo que no es digno es el dinero que me dan por el trabajo que yo hago, por tener tu mesa del despacho limpia. No son dignas las condiciones laborales que me estás dando. El arquitecto que hace el puente necesita tener su espacio limpio y su mesa recogida. Y para eso hace falta una persona tan cualificada como él en otro oficio. La dignidad del trabajador está en todo desarrollo laboral que ejerzamos y por supuesto debe estar reconocido.

¿Cómo has aprendido más del oficio? ¿Ejerciéndolo o como secretaria general de un sindicato de periodistas? ¿De qué forma te acercas al periodismo desde una posición y desde otra?
Me he formado como periodista desde la facultad, donde se trataban muchísimas materias pero, por ejemplo, en mi tiempo de redacción y nuevas tecnologías de la comunicación tenías poquísimo. Así que he ido aprendiendo gracias a estar con compañeros y compañeras muy buenas, que me han ido acompañando en mi carrera. Este es el gran problema que tienen los llamados ‘periodistas sin redacción’ que comentábamos antes, aquellos que trabajan fuera de las redacciones en solitario y que no tienen de quien aprender el oficio en el día a día.  

En cuanto al apartado del sindicalismo, el sindicato te hace ver lo pardilla que eres, el miedo que tenemos a denunciar, entre otras cosas. Da pavor denunciar pero más pavor te dará el no tener para comer. El sindicato te hace concretar lo que necesitas reivindicar y desarrollar actuaciones en común para mover a la gente y moverte tú, sintiéndote acompañada. En todos los espacios donde tengas alguien al lado, es mucho más fácil salir adelante.

¿Podemos decir entonces que, más allá de la formación reglada, el periodismo es un oficio que se va aprendiendo con trabajo? Lejos quedan esos relatos de gente muy joven que se acercaba a redacciones y hacía sus primeros pinitos allí, aprendiendo de otras, antes de que se estableciera una titulación.
Claro, pero tú fíjate en toda la historia de la política empresarial que se está llevando a cabo en los medios de comunicación, empezando por grandes medios, tanto nacionales como locales que, a través de ERES o despidos, han vaciado sus redacciones de lo que yo llamo el disco duro de las redacciones. ¿Por qué vienen desde hace tiempo expulsando a redactores, gráficos, técnicos, cuando llevan muchos años? Porque este personal les sale más caro que las nuevas contrataciones que, además, muchas veces son contratados con remuneraciones mucho menores.

¿Y esto influye en la información? Pues sí. Faltan referentes a las nuevas generaciones que llegan, compañeras y compañeros que les enseñen el oficio y a la vez éstas aprendan de esa savia nueva que llega con otros modos, otros conocimientos, otras inquietudes y otra forma de mirar el mundo. Es ese intercambio de conocimiento y generacional lo que ofrece un espacio idóneo desde el que informar de lo que sucede en el mundo y en tu pueblo.

Lo que está claro es que los medios que desarrollan estas prácticas empresariales poco respeto tienen por la información que desarrollan y por el público al que se dirigen. Ninguna empresa que pretenda generar un buen producto limitará o destruirá el capital humano con el que cuenta para llevarlo a cabo, lo que dice bien poco de quien sí lo hace. La buena información necesita de periodistas y trabajadores y trabajadores de los medios de comunicación formados y preparados que cuenten con jornadas y salarios dignos, todo lo que nos cuenten para justificar lo contrario es mentira, no tienen ningún interés en informar, formar y entretener a la ciudad con un mínimo de calidad, es un mero negocio que incumple lo básico del derecho a la información plural, veraz y de calidad que tiene la ciudadanía. 

¿Cómo has vivido la irrupción del feminismo en la comunicación? ¿Qué papel tiene tiene la perspectiva feminista en la información y como de importante es que ya existan responsables de género en las redacciones como Ana Requena en Eldiario.es o Isabel Valdés en El País,  medios de comunicación feministas como Pikara o La Poderío?
Se ha avanzado mucho. Lo que pasa es que veníamos de una situación donde las violencias ejercidas sobre las mujeres en los medios eran tremendas y ahí no pasaba nada, el silencio y el sometimiento era el que imperaba. Ahora seguimos encontrando también grandes dificultades y siguen existiendo situaciones de violencias y acoso a las mujeres en las redacciones y también fuera de ellas. Las editoras de género que comentas, surgen como una necesidad a raíz del Me Too en Estados Unidos y se traslada a distintos países como el nuestro, donde aparecen a raíz de la huelga de las mujeres de 2018.  Y eso que existe una feminización tremenda del periodismo. Las facultades de comunicación y de periodismo están llenas, las redacciones también, pero sigue existiendo maltrato hacia las condiciones laborales de las mujeres periodistas. Se viene hablando del techo de cristal desde que yo era pequeña y sabía que existía el periodismo. Y, mira, el techo de cristal sigue estando ahí, con apenas cuatro arañazos. Hay poquísimas mujeres en los puestos de dirección o en los consejos de administración de las empresas periodísticas.

Pienso en la salida de Mª Ángels Barceló de la SER y cómo han trasladado a Aimar Bretos a la mañana y la noche es para José Luis Sastre. De nuevo, dos programas de máxima audiencia capitaneados por hombres.
Pareciese que no hubiese relevo femenino en esas plantillas. Y esto no sólo es desencadenante de que las mujeres estén privadas de la dirección,  significa que esas informaciones y los productos informativos que salgan de ahí están también delimitados. Existe sesgo. Si en una mesa de redacción de cualquier medio se está viendo qué temas se van a cubrir y no hay mujeres o están en peores condiciones y más debilitadas quizás no salen determinados asuntos como puede ser la cobertura de la violencia de género.

En España tenemos que decir que según el último el Monitoreo Global de los Medios no estamos para tirar cohetes pero sí estamos mejor que la media internacional. Que haya mujeres influye en las fuentes informativas o en determinar qué tipo de imagen saco, en su tratamiento y en el tratamiento de la información, influye en ver los problemas que realmente se atienden. Además, en las redacciones el acoso y el ciberacoso es tremendo y va a más. La violencia que reciben las periodistas de forma online pasa a lo físico. El aumento que ha habido en los últimos cinco años en cuanto a las agresiones físicas hacia mujeres periodistas es tremendo.

¿Por qué se nos ataca de esa manera tan bestial?
Para quitarnos de en medio. La violencia contra las mujeres es un ejercicio de demostración de poder, el poder de algunos hombres que quieren quitarnos de en medio porque entienden que nosotras no merecemos ni hablar ni respirar. Eso es lo que se está incrementando de una manera bestial. Del acoso online, que sufren en su mayoría las mujeres y con unas características más salvajes que las de sus compañeros varones, se está pasando a la violencia física. 

Pero también hay que decir que esa violencia se está denunciando, por parte de compañeras y de organizaciones, en red. Pero si bien existen esas denuncias las violencias siguen en aumento y las medidas para contrarrestarlas apenas se ven. En estos momentos la violencia a compañeras en forma de acoso sexual y en su casi siempre derivada, acoso laboral, sigue existiendo en las redacciones bajo un manto de silencio abrumador. 

Hemos conocido lo que ha ocurrido a la compañera de la productora Andalucía Digital Multimedia (ADM)
Empiezas a leer las informaciones que están sacando las compañeras y los compañeros en distintos medios y…  ¡es que empezó en 2013! Desde 2007 tenemos la Ley de Igualdad y  legalmente todas las empresas, tengan el número de trabajadores que tengan, deben tener un protocolo de acoso. Si los que hay no sirven se deben hacer de nuevo. Existe desidia.

No digo que no pueda existir acoso sexual hacia compañeros varones pero es que esa no es la norma. A las que nos acosan y a las que nos violan es a las mujeres. Y ahora resulta que, después de todas estas historias que estamos conociendo del caso de la periodista de la productora ADM, el problema es que la víctima no denunció. La mujer que es maltratada por su compañero, por su ex compañero ¿cuánto tiempo tiene para denunciar? ¿Acaso alguien se ha puesto en el papel de la víctima todos estos años, más de una década? Pero lo más grave es que la gente de la productora lo sabía. Y ahora Canal Sur, con capital en esta productora y a la que compra todos sus programas, se excusa en que es una empresa externa. No, perdone, es una empresa externa pero los contenidos se los hace a Canal Sur. ¿Dónde estaban entonces? 

Es una de las empresas de comunicación más importantes. Canal Sur tiene más de 10.000 trabajadores y estamos hablando de que el protocolo de acoso sexual y de acoso laboral no funciona, que no te has dado cuenta y ahora resulta que todo el mundo sabía que que estaba pasando esto con las compañeras. Ahí también sale el tema del compañerismo. Todas las campañas que hacen desde las instituciones nos dicen que el acoso y el maltrato no es un tema privado. ¿Pero que agredan y acosen sexualmente a compañeras en tu trabajo es un tema privado? Es fuerte.

Estamos incumpliendo todo, incluyendo protocolos internacionales como el de la Organización Internacional del Trabajo. Pero no nos ponemos las pilas. Qué poder tenía esa mujer que vive un acoso continuado en su trabajo, violencia sexual que, como suele pasar, deriva también en acoso laboral. ¿Cómo vas a rendir en tu trabajo cuándo estás destrozada? Y estamos hablando de una década de persecución. Pero, ¿esta compañera es el único caso? No. Ya han salido otras compañeras que decían que también sufrían este y otros tratos mientras todo el mundo miraba para otro lado. 

Lo que más rabia te da de los medios grandes es que tienen muchos elementos para poder proteger a los trabajadores. En una empresa como Canal Sur, la RTVA, con tantísima legislación, normativa, protocolos, ¿a qué juegan? Pues a que las mujeres todavía no tenemos el visto bueno de muchos hombres que ostentan un puesto de poder, para ser iguales a ellos y las mujeres estamos para seguir sirviendoles. Pero en todas las informaciones que estamos viendo y en todos los casos que he conocido a lo largo de mi trayectoria profesional, que no han sido ni uno ni dos, toda la gente estaba al tanto, toda la gente lo sabía. ¿Porque cuando ese hombre se dirige a una trabajadora así no llega un compañero u otra compañera y le dice, "Perdona, cambia tu registro, cambia tus modales”

Por eso insisto en la sindicación, para estar con gente que te pueda acompañar. Hay que estar protegida por gente que sepa qué es lo que tienes que hacer. Y por eso también me llama la atención lo de Canal Sur, porque allí hay representación sindical y están todos los sindicatos. Se habla de tolerancia cero, pero realmente se trabaja para que esto sea así. El trato vejatorio hacia las compañeras, ya sea de palabra o hechos como la violencia o el acaso, no denigra solo a las mujeres, nos denigra a todas y a todos. Los modos y actos de estos machirulos agresivos no se paran en  una víctima, detrás de una viene otra y detrás de ellas también estarán los compañeros que los someterán con otros modos.  

En esto hemos avanzado muy poco. Las leyes no sirven de nada si no se pone pie en pared y decimos hasta aquí.La legislación en materia de igualdad y de violencia contra las mujeres es maravillosa y ha costado muchísimo pero la tenemos que hacer nuestra y que sirva para desterrar todo tipo de violencias y acosos en los centros de trabajo.  Para eso tenemos que poner también nuestro grano de arena. Y lo que ha pasado en ADM y en otros espacios que no han salido a la luz, no podemos seguir permitiendo.

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