Regreso a 2021: cómo el PP nacional vuelve a medir cada paso mirando a Ayuso

La negativa a la moción de censura y la búsqueda de una lista única para las elecciones de Nuevas Generaciones son los dos últimos ejemplos de que la ejecutiva Feijóo que actúa en base a la rivalidad de la filial regional.
Feijóo y Ayuso concentración contra la amnistía
Alberto Núñez Feijóo e Isabel Ayuso en la concentración en Madrid convocada por el PP contra la amnistía y el pacto PSOE-Junts en 2023. Foto del PP de la Comunidad de Madrid.

Era mayo de 2021. Isabel Díaz Ayuso había arrasado en las autonómicas anticipadas que convocó para evitar una moción de censura de Ciudadanos como había ocurrido en Murcia. En la noche electoral, la baronesa quería salir sola a darse un baño de masas en el balcón del edificio de Génova, sin Pablo Casado ni nadie más.

Miguel Angel Rodríguez y el exnúmero 2 del PP, Teodoro García Egea, se enzarzaron en una dura discusión por aquel deseo, y MAR lo insultó. Finalmente, el saludo a los militantes fue en conjunto, con una Ayuso vestida de furioso rojo carmesí. Minutos antes, la secretaria general del PP madrileño, Ana Camins, leal a Casado, discutía con la candidata reelecta y le decía: “Tienes que decidir si MAR es tu jefe de gabinete o tu jefe”.

Esta anécdota, reflejada con pelos y señales en el libro Ayuso: zancadillas, intrigas y venganzas en la Corte de Madrid (Libros del K.O., 2026), de David Fernández, tiene que ver con el momento en que muchos ‘genoveses’ señalan como el punto de inflexión en la ejecutiva nacional del PP liderada por Casado y García Egea. Quizás el momento mas cabal en el que se percataron que Ayuso y MAR iban a por todas y sin respetar su liderazgo.

La dirección nacional elabora puntos tácticos muy importantes de su hoja de ruta mirando seriamente la amenaza que representa para ellos Ayuso

Unas semanas antes, Ayuso le avisaba al presidente de su partido, minutos antes de registrar la disolución de la Asamblea, que adelantaba las elecciones autonómicas. No le consultaba ni pedía permiso, como en aquel momento se quiso informar, aunque después se supo la realidad, En el segundo semestre, según las estimaciones de muchos en el PP madrileño, Casado le preguntaría a su examiga por los negocios de su hermano con las mascarillas durante lo peor de la pandemia.

Aquel año la estrategia de la Ejecutiva central estuvo a merced del confrontamiento con Ayuso. Fuentes de la filial madrileña involucradas en esta disputa han confirmado a El Salto que incluso en el otoño de ese año hubo intentos de Casado por ganar espacios en el PP regional antes que hubiera un congreso que la entronara a la presidenta también al frente del partido. Pero ya era demasiado tarde: las listas de diputados autonómicos habían sido diseñadas todas por MAR y Alfonso Serrano. En 2022 vendría el asalto final contra Casado.

Un lustro después, y con mucho llovido en medio, la séptima planta de Génova parece entrar en la misma dinámica con respeto a la primera. La dirección nacional elabora puntos tácticos muy importantes de su hoja de ruta mirando seriamente la amenaza que representa para ellos Ayuso y los resortes del poder del Madrid DF que le son afines.

Un elemento a tener en cuenta, como señalan algunas voces del partido, es que Feijóo, tanto en su gestión con Cuca Gamarra como ahora con Miguel Tellado de número 2, no ha buscado desplegar un contrapoder. “Cuando Rajoy tenía a Esperanza intentando comerle la tostada, él trataba de apoyar a sus rivales internos. Un ejemplo fue poner a Cristina Cifuentes como delegada del Gobierno en Madrid. Pero ese esquema no está funcionando ahora”, explican.

La amenaza que representa Ayuso también se ha podido ver en la falta de atrevimiento para registrar una moción de censura. Desde que se conoció la imputación del expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en Génova dejaron claro a los periodistas que preguntaban que la moción no era una prioridad, que se haría “cuanto toque” y que el objetivo era señalar a los socios que daban todavía apoyo a Sánchez (léase, PNV y Junts). Además, no querían entrar en el debate de la conveniencia de la moción que impulsaba Vox para no quitar el foco en las investigaciones de los casos de corrupción.


Pero tras el requerimiento de la Guardia Civil en Ferraz y la reactivación del ‘caso Leire’, el tema volvió sobre la mesa. Además que algunas personas influyentes del PP lo pedían abierta y enfáticamente en los medios, como Esperanza Aguirre en una entrevista de Antena3. Spoiler: es MAR quien le organiza la agenda mediática a la expresidenta.

Enredado en un debate incómodo en el que sólo se retrataba su incapacidad de sumar una mayoría alternativa, en Barcelona, Feijóo banalizó el reto de Junts a que vaya a Waterloo a hablar con Carles Puigdemont una hipotética moción de censura “instrumental” y dijo a los empresarios catalanes una frase de dramática soledad; “No busco atajos ni vengo a pedir favores, vengo a garantizar que devolveré la decencia a mi país con ayuda o sin ella”.

Feijóo hace con los vascos y catalanes lo que en psicología se conoce como “traslado de culpa”, es decir, un mecanismo de defensa para que la permanencia de Sánchez y su inacción aparezca como responsabilidad de los irreductibles Junts y PNV. Además, está en cacería de los votos desencantados en ambos territorios con quien permitió investir a Sánchez. Al decir de una diputada del PNV: “Se quiere quedar con otro diputado por Bizkaia. Pero así no creo que lo vaya a conseguir”.

El ‘shock’ emocional de las derechas de no poder ver concretado su máximo anhelo (en una moción de julio o septiembre, por ejemplo) sería un buen paraguas para que el ayusismo diera el paso

Sin embargo, hay algunos dentro y fuera del PP que creen que el motivo principal de esta estrategia es ocultar el peligro mayor: si una moción de censura no consiguiera los votos necesarios, el tandem Ayuso-MAR podrían activar una ciclogénesis similar a la de 2022 y derribar a Feijóo, quien no gobierna ni dispone de recursos para publicidad institucional o de un Ejecutivo como Madrid para intercambiar favores. Al igual que le ocurría a Casado.

El ‘shock’ emocional de las derechas de no poder ver concretado su máximo anhelo (en una moción de julio o septiembre, por ejemplo) sería un buen paraguas para que el ayusismo diera el paso, con suficientes meses de distancia de los comicios autonómicos de mayo de 2027. Mejor evitar experimentos de riesgo (más aún sin Puigdemont amnistiado).

Nuevas Generaciones, viejos temores

Pero en donde sí se viene pergeñando un experimento es con las elecciones para renovar las autoridades de Nuevas Generaciones, el brazo de las juventudes del PP que en su momento supo tener mucho vigor y ser una cantera en la que se han forjado Moreno Bonilla, Casado, Santiago Abascal y la propia Ayuso.

La prueba tenía que ver, según analizan algunos miembros del PP en voz baja, con el nuevo sistema de voto por compromisarios que se aprobó en el último congreso partidario del año pasado, el que reeligió como líder a Feijóo. Y la quería hacer el ayusismo, para medir su apoyo en las estructuras del partido fuera de Madrid.

Desde hace días se sabe que iba a haber un choque en las elecciones entre el candidato más radical, el madrileño Ignacio Dancausa, “cachorro” de Ayuso, y otros dos dirigentes jóvenes de Murcia y València, conservadores más moderados. Esta contienda iba a retratar el peso de la maquinaria del partido en sus filiales regionales y cómo se iban a posicionar frente a un alfil de la baronesa de Madrid.

Medir fuerzas y experimentar el sistema de compromisarios es clave para el ayusismo, que sabe que a la cúpula del PP nacional solo podrá llegar por primarias (que no están previstas en los estatutos) o por una insurgencia de los dirigentes intermedios que desborde a los barones, que en su mayoría no la quieren. También en esta prueba se iba a ver hacia dónde surfeaban los dirigentes andaluces y valencianos (son la primera y segunda regionales del PP en cantidad de afiliados).

Pero no habrá un experimento, o al menos será descafeinado. Fuentes de NNGG han confirmado a El Salto que Miguel Tellado llamó a los dos contendientes del ayuser para pedirles que alcanzaran un acuerdo de lista única. Queda claro: Feijóo quería evitar titulares que recalcaran un triunfo ayusista en una votación del PP de escala nacional.

Unas primarias podrían haber revigorizado a unas juventudes que no tienen la movilización de antaño, o incluso haber encumbrado a algún dirigente del propio Feijóo. Pero se convirtieron en otro incendio que debieron apagar desde la planta séptima frente a la amenaza inmanente de Ayuso-MAR.

Feijóo se enfrenta a una pregunta que subyace en los dirigentes y barones del PP: si en un momento tan malo para el PSOE, con tanto desgaste, no puede conseguir apoyos o abstenciones para forzar elecciones, quizás debería que irse a su casa. Y visto desde otra perspectiva: esta semana, en la que se han cumplido ocho años desde que Sánchez ganó la moción contra Rajoy tras ser defenestrado del partido, Feijóo no ha querido (o no ha podido o no ha sabido) explicar su proyecto de país a través de una moción para derribar al Gobierno y llegar a él. Mientras, el líder del PSOE ha decidido explicar su proyecto con la batalla de los presupuestos.

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