Palestina
Gaza se enfrenta al colapso de sus laboratorios y bancos de sangre pese al acuerdo de paz
Ni el alto el fuego declarado en Gaza el pasado 10 de octubre ni el Plan de Paz auspiciado por EEUU han servido para garantizar la más mínima habitabilidad del enclave palestino. Los acuerdos sellados sin tener en consideración las necesidades ni la voluntad del pueblo palestino han ido seguidos de un reguero de incumplimientos en materia de derechos humanos que hacen que la situación humanitaria sea crítica: siguen produciéndose ataques armados —incluso en las áreas situadas dentro de la llamada línea amarilla— y persiste el bloqueo a la entrada de ayuda humanitaria por el paso de Rafah.
Mientras el mal llamado Plan Maestro para Gaza, en virtud del cual la Franja podría reconstruirse para acabar convertida en un enorme resort de lujo, acapara portadas, la población continúa diezmada. Las autoridades gazatíes han cifrado esta última semana en 603 los palestinos asesinados por Israel desde que se alcanzara el acuerdo de alto el fuego, elevándose a 72.063 los muertos y a 171.726 los heridos desde el inicio de la ofensiva israelí el pasado 7 de octubre de 2023.
Las cifras, ya per se escalofriantes, probablemente aumenten con creces cuando los equipos de Protección Civil puedan arrancar las labores de desescombro para rescatar los cuerpos que se hallan entre las ruinas de edificios. Si bien el número de ataques diarios ha disminuido de forma considerable en los últimos meses, los fallecimientos se multiplican a causa del frío, los brotes de enfermedades y la malnutrición severa provocada por el bloqueo israelí.
El sistema sanitario, con la práctica totalidad de las infraestructuras hospitalarias afectadas por los bombardeos, apenas cuenta con medios para responder a las ingentes necesidades médicas. A la escasez absoluta de medicamentos debido al bloqueo se suma hoy otra cuestión igualmente acuciante: el colapso de los bancos de sangre y de los laboratorios debido a la falta de material sanitario y a la destrucción de las infraestructuras.
Raquel Martí: “En Gaza ahora mismo hay 46.000 personas que necesitan cirugía reconstructiva o reparadora. Si no se les cura, no van a poder salvar sus extremidades, tienen la piel quemada, hay que hacer trasplantes y operaciones...”
Sin reservas de sangre operativas se hacen imposibles un sinfín de tratamientos vitales, como transfusiones para heridos o hemodiálisis. Nefaat Alathama, médico anestesista especializado en terapia intensiva en Gaza, explica a El Salto que estas reservas “son esenciales para muchos heridos que han sufrido secuelas durante el conflicto y necesitan tratamiento, además de aquellos que han recibido ataques recientes” por lo que su escasez “significa perder más vidas o tener más complicaciones que muchas veces son irreversibles”.
El ministerio de Sanidad gazatí califica en enero como “catastrófico” el nivel de desabastecimiento de los laboratorios, con un 90% de los materiales necesarios para hacer análisis de sangre y tranfusiones no disponible y con la imposibilidad de realizar el 75% de las pruebas relacionadas con químicos, lo que dificulta la capacidad del personal para hacer seguimiento a los pacientes y realizar diagnósticos.
“Una transfusión de sangre para un herido de arma de fuego puede ser mucho más necesaria que para cualquier otra patología, y los ataques siguen sucediéndose”, incide Olaizola
Ya en septiembre, las autoridades gazatíes indicaban que en torno al 53% del material médico utilizado en los laboratorios ya se había acabado, por lo que la mayoría de los servicios de laboratorio en los hospitales quedaron suspendidos indefinidamente. Y en diciembre alertaban de que las pruebas de laboratorio y suministros para bancos de sangre solo cubrían al 59% de la población.
Si bien las autoridades locales han hecho un llamamiento a la comunidad internacional y a las agencias humanitarias para “intervenir urgentemente” proporcionando suministros a los bancos de sangre para evitar una oleada de víctimas mortales, el problema de base es la imposibilidad de conservar las reservas en espacios sanitarios completamente desmantelados.
“Para tener operativo un servicio de hemodiálisis, de transfusiones, necesitas cadena de frío, aparatos médicos; es preciso disponer de una infraestructura mínima que te permita ofrecer el servicio con cierta seguridad. También hace falta una reconstrucción de la cadena de frío con un combustible que ahora no está llegando a la Franja. Hemos descomplejizado muchísimo este tipo de recursos y hemos tratado de simplificarlo al mínimo, pero se necesita una mínima base para poder dar un servicio de calidad”, afirma a este medio Eliana Olaizola, directora de Programas Internacionales de Médicos del Mundo.
Imposibilidad de realizar transfusiones ni pruebas diagnósticas
Las organizaciones sobre el terreno alertan de que faltan infraestructuras y suministros energéticos para las transfusiones, claves en la práctica sanitaria, más en una zona devastada y aún bajo ataque. “Una transfusión de sangre para un herido de arma de fuego puede ser mucho más necesaria que para cualquier otra patología, y los ataques siguen sucediéndose”, incide Olaizola sobre la urgencia de restaurar las infraestructuras sanitarias. Pero también para quienes arrastran patologías de largo recorrido tras dos largos años de genocidio: “Hay muchísimas patologías descompensadas desde 2023, porque la gente no ha tenido acceso a servicios; por ejemplo, un paciente diabético que durante dos años no tuvo acceso o tuvo acceso intermitente a su tratamiento crónico. Ese paciente seguramente está descompensado y necesita volver a estabilizarse”, recuerda la especialista.
Con nueve de cada diez suministros para análisis de sangre y materiales de transfusión agotados, desde la UNRWA hacen hincapié en que “la situación en el sistema sanitario sigue siendo absolutamente límite”, con el 94% de los hospitales destruidos o dañados y menos de 20 funcionando de forma parcial, con tan solo unas pocas instalaciones utilizables.
Del mismo modo, el desmantelamiento casi total de los laboratorios debido a las restricciones impuestas por Israel a la entrada de ayuda humanitaria al enclave está mostrando efectos devastadores. Pruebas y tests para pacientes con enfermedades endocrinas, tumores o con necesidad de trasplantes han sido paralizados por este motivo. Este tipo de servicios son imprescindibles para complementar el resto de acciones sanitarias que se llevan a cabo en un paciente que tiene la necesidad. Los laboratorios adolecen de todo tipo de suministros y materiales de doble uso, por lo que que miles de gazatíes llevan meses sin poder obtener diagnósticos ni protocolos de curación. Este hecho preocupa especialmente en el caso de mujeres embarazadas y niños con malnutrición, dos gruposde población extremadamente vulnerables.
Aumenta el riesgo de brotes al no haber detección de patógenos
Raquel Martí, directora de UNRWA en España, quien en una publicación reciente denunciaba la crisis en el funcionamiento de los laboratorios y centros de análisis, señala las repercusiones que esto tiene en la salud ciudadana: “En Gaza ahora mismo hay 46.000 personas que necesitan cirugía reconstructiva o reparadora. Si no se les cura, no van a poder salvar sus extremidades, tienen la piel quemada, hay que hacer trasplantes y operaciones de reconstrucción de piel, reconstrucciones craneofaciales etc. Esas personas tienen unas secuelas terribles y, además, dolorosas. En Gaza, en estos momentos, no hay material desechable de hospitales, no hay jeringuillas, tampoco material para hacer los entubados, ni gasas ni vendas, no hay absolutamente nada para poder operar o tratar a estas personas”, cuenta.
Si no es posible realizar pruebas o análisis diagnósticos, muchas enfermedades derivadas podrían brotar con facilidad al no detectarse a tiempo. “Cuando hablamos de que no hay material de laboratorio, estamos hablando que no hay capacidad de hacer analítica dentro de Gaza. Por ejemplo, en el último mes, la OMS ha estado haciendo pruebas en el agua que consume la población, y en ellas ha encontrado que el 77% del agua está contaminada y gran parte contiene residuos fecales. Esto lo está bebiendo la población. Con lo cual, no tenemos capacidad para poder analizar todo esto y el tipo de infecciones que está sufriendo la población”, advierte Martí.
Sin analíticas resulta imposible saber de qué se ha contagiado la población, una circunstancia que ya se ha manifestado en innumerables ocasiones durante los dos años de masacre. “Estamos teniendo muchísimas dificultades para determinar si lo que tienen los niños es meningitis o hepatitis, también hay que seguir haciendo control de polio, porque el año pasado hubo un brote que hay que tener controlado porque podría volver a surgir para evitar epidemias”, sostiene la directora de la UNRWA en España.
La media de evacuaciones médicas está siendo de entre 10 y 12 pacientes diarios. Una cifra minúscula a ojos de organizaciones como Amnistía Internacional
Es importante recordar que la multiplicación de agentes patógenos en lugares que no cuentan con condiciones mínimas de salubridad es un escenario más que probable. Las calles de Gaza no cuentan con suministros básicos ni servicios de recogida de basuras y la vida transcurre en tiendas de campaña que han sido inundadas durante las lluvias torrenciales durante el temporal Byron de este invierno. Las organizaciones humanitarias que operan sobre el terreno ya han documentado la propagación de plagas de roedores e insectos. La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios ( OCHA) recuerda en este sentido que durante las primeras cinco semanas de 2026 la entrada de equipos básicos, como tabletas y suministros de laboratorio y de diagnóstico por imagen, ha estado estando muy restringida y ha afectado a la vigilancia de las enfermedades infectocontagiosas, “por lo que el equipo de Evaluación de la Respuesta a Brotes (OBRA) no puede descartar una transmisión residual de bajo nivel del poliovirus debido a la insuficiente cobertura de inmunización”.
Esta institución, al referirse al colapso actual de los laboratorios en el enclave, apuntaba a algunas de las prácticas médicas esenciales que es casi imposible realizar debido al contexto de desabastecimiento generalizado: pruebas como hemogramas completos, gasometrías arteriales, estudios microbiológicos, pruebas tumorales y compatibilidad son algunas de ellas. “Sin estos exámenes, los pacientes en cuidados intensivos, quirófanos, urgencias y unidades neonatales no pueden recibir tratamiento adecuado. Faltan diagnósticos, y sin diagnóstico la medicina se detiene”, inferían.
Israel sigue limitando las evacuaciones urgentes
Aunque el bloqueo a la entrada de material humanitario suele asociarse a los convoyes que transportan comida, es importante recordar que las restricciones del Gobierno sionista afectan igualmente a estos insumos de primera necesidad para laboratorios y centros de análisis. Los casos médicos que no han podido atenderse en los últimos dos años (sobre todo los de pacientes con patologías crónicas o que exigen tratamientos sostenidos en el tiempo) exigen una evacuación rápida, ya que no pueden atenderse dentro del territorio por el colapso. La OCHA ha subrayado recientemente que, desde la reapertura del paso fronterizo de Rafah a principios de febrero para la circulación limitada de personas, se ha producido la evacuación médica de 108 pacientes y 165 acompañantes a través de esta ruta.
La media está siendo de entre 10 y 12 pacientes diarios. Una cifra minúscula a ojos de organizaciones como Amnistía Internacional, que subraya en conversación con El Salto que se trata de un número ínfimo “si lo comparamos con la cantidad de personas que necesitan evacuación urgente en el enclave”. Israel se ha distinguido desde el inicio del conflicto por su arbitrariedad a la hora de establecer criterios sobre quién puede salir para recibir tratamientos en países como Egipto.
“En la primera fase del plan de paz se incluía todo lo que tenía que ver con la ayuda humanitaria y nada de aquello se ha cumplido”, denuncia De las Heras
Tras el alto el fuego, “el criterio de evacuación ha sido tan discrecional que no responde a un protocolo fijo”, comenta Carlos de las Heras, responsable de Europa y Oriente Medio en Amnistía Internacional España. No hay, coincide Olaizola, un proceso transparente en relación a los baremos que rigen las autorizaciones. “Para la cantidad de gente que ya desde hace dos años se ha ido acumulando con necesidad de tratamientos médicos urgentes, una vía de evacuación eficiente debería ser una muchísimo más abierta y ágil”, desliza.
Las listas de espera para el traslado transfronterizo de heridos son “larguísimas” y quienes logran salir son sometidas a controles humillantes durante los cacheos cuando retornan. Los gazatíes que más necesitan estas evacuaciones son aquellos con patologías de larga duración, prolongadas en el tiempo. “Muchos de estos pacientes, aunque se restituyera el sistema de salud en Gaza, ya requieren o bien cirugías o bien tratamientos que no están dentro de la Franja de Gaza porque están sumamente deteriorados”, traslada Martí.
Distintas organizaciones humanitarias señalan la debilidad de un plan de paz fallido y elaborado únicamente para satisfacer las demandas de ocupación del territorio por parte de Israel. Nada de lo estipulado en relación a garantizar los derechos humanos de la población ha llegado a materializarse en la práctica. “Este plan de paz de Gaza de 20 puntos, en teoría, contiene tres fases. Esta primera fase terminó ya por el mes de enero, coincidiendo con la reunión en Davos, que es cuando se anuncia la creación de la Junta para la Paz. En esa primera fase se incluía todo lo que tenía que ver con la ayuda humanitaria y nada de aquello se ha cumplido. Es evidente que el respeto a los derechos humanos por parte de Israel no ha sido ni sigue siendo a día de hoy el adecuado y ahí el papel de la Unión Europea ha sido bastante decepcionante”, denuncia De las Heras.
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