Opinión
Hay esperanza, y es verde

La política verde da esperanza por eso: porque no promete milagros. Ni héroes, ni salvapatrias, ni mesías: lo único que funciona es lo que hacemos entre todos.
HannahSpencer
Hannah Spencer por primera vez en el Parlamento británico.
3 mar 2026 17:57

Hace unos días una fontanera ganó unas elecciones para un escaño en el Parlamento británico. Se llama Hannah Spencer, era concejala en Trafford y se ganaba la vida arreglando cosas, literalmente, con las manos. Se presentó por el Partido Verde en Gorton & Denton, una circunscripción que el laborismo daba por suya y ganó con un 40% de los votos.

Los laboristas quedaron terceros, por detrás de la ultraderecha. Pero no quiero hablar ahora sobre la polarización, el fascismo y el fin del mundo. Solo quiero quedarme en ese hecho tan bonito que me produjo un gran alivio. Y alegría. Por ver que la gente, cuando tiene delante algo que se parece a su vida, lo reconoce y lo vota. Nada más. Nada de épica grandilocuente. Una fontanera que habla de alquileres, de listas de espera y de facturas, y entonces un distrito que dice: vale, esta sí. Hay un relato ya bastante gastado que dice que lo urgente es “frenar al fascismo”.

Lo repiten partidos, analistas, columnistas. Pero ese marco tiene un problema enorme: te deja siempre reaccionando, siempre a la defensiva, siempre definido por lo que rechazas en vez de por lo que propones. Y sobre todo, esquiva la pregunta incómoda. Porque la ultraderecha no crece en el vacío. Crece exactamente donde la política convencional ha dejado de hacerse cargo de lo que la gente vive cada día. Y eso, tanto aquí como en Manchester, tiene bastante que ver con una sensación que cuesta describir pero que todo el mundo reconoce: nos venden que somos cada vez más especiales, pero nos sentimos cada vez más números.

Pensadlo un momento. Nunca hemos tenido tantas herramientas para expresarnos, tanta información disponible, tantas plataformas que nos dicen que somos únicos. Y sin embargo, nunca ha sido tan difícil pagar un piso, ver a un médico en plazo razonable, imaginar que tus hijos van a vivir mejor que tú. Las redes sociales nos venden un marco aspiracional cada vez más hinchado mientras la vida material se encoge por todos los lados. Más datos y menos comprensión. Más opciones y menos control. Más discurso para decir nada.

Esa contradicción es el verdadero terreno político de nuestro tiempo, y casi nadie se refiere a ella con honestidad. Porque nombrarla con honestidad implica admitir cosas que no quedan bien en un mitin. Implica decir que el crecimiento económico no ha llegado a los de abajo y que al mismo tiempo estamos produciendo cosas que no necesitamos.

Que la digitalización ha producido eficiencia para unos y precariedad para otros. Que la transición ecológica, si se hace mal, será algo que volverán a pagar los de siempre. Que la desafección política no es un capricho de gente desinformada, sino la respuesta lógica de quien lleva muchos años oyendo promesas que no se cumplen. Y que insultar a los votantes por tener posiciones políticas que entendemos equivocadas no recupera el voto perdido, porque no hay que perder la esperanza ni las ganas de convencer a mayorías sociales.

En ese contexto, lo que ha conseguido Hannah Spencer no ha sido “frenar a la ultraderecha”. Se trata de algo mucho más sencillo y mucho más difícil: ofrecer algo real. Hablar de lo que cuesta vivir con la autoridad de quien lo sabe porque lo vive. Eso no es una estrategia de comunicación. Eso es lo que para mi significa ser verde. No es una marca que está de moda.

Es la única manera de hacer política que está hablando de cosas concretas, que se tocan. La factura de la luz. El transporte público que no pasa con la frecuencia que debería. El acceso a vivienda que no existe. El empleo que podría crearse rehabilitando edificios, cuidando personas, transformando el transporte, generando energía limpia. No es una ideología abstracta: es, casi literalmente, fontanería. No sé si el futuro será verde pero yo tengo esperanza.

Como la que sentí el otro día cuando Hannah la fontanera de ese distrito de Manchester ganó las elecciones. Los verdes ofrecieron algo concreto y la gente lo reconoció. Y eso, hoy, es probablemente la mejor noticia política que podemos recibir. Por eso me sirve la imagen de la fontanería. Porque no va de quedar bien: va de detectar dónde está la fuga y arreglarla. Y si no la arreglas, se nota. Punto.

Y la política verde da esperanza por eso: porque no promete milagros. Ni héroes, ni salvapatrias, ni mesías: lo único que funciona es lo que hacemos entre todos. Y Hannah es una de las nuestras.

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Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.

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