Opinión
El dulce fruto de la rabia nutre el verano andaluz
Hace tiempo que Andalucía está deficitaria de imágenes que llamen a la esperanza. Pocos han sido los luminosos faros a los que agarrarnos, como el de Manuel y Jesús encima de una grúa en Navantia o como el que nos dejaba el pasado martes la resistencia en los Corralones de Sevilla, decenas de personas resistiendo en las calles la violencia de las empresas de desokupación, que ha llevado a que la misma deje de estar acosando el espacio como lo llevaba haciendo desde hace meses.
El marco se va a envilecer y, probablemente, con cada paso que dé este gobierno ultra, la legitimidad en las calles de sus adeptos va a ser mayor y, seguramente, aún más impune.
No es menor que, a pocos días de que la extrema derecha desplegase todo su odio para gobernar Andalucía, una lucha popular alcance una victoria, sea parcial o no. No es coincidencia que justo días después de que el Gobierno andaluz metiese como doctrina de su gobierno el odio, la persecución a la okupación, la negativa a intervenir la vivienda y la criminalización de organizaciones y movimientos sociales, Desokupa se sienta legitimado para utilizar herramientas tan violentas como el gas pimienta.
Este hecho nos demuestra que los próximos cuatro años no van a ser fáciles para la Andalucía del poder popular; la ofensiva se va a redoblar, el marco se va a envilecer y, probablemente, con cada paso que dé este gobierno ultra, la legitimidad en las calles de sus adeptos va a ser mayor y, seguramente, aún más impune.
Un marco terrorífico que puede tener la nefasta consecuencia de aplacar la movilización de quienes sufren día a día, desde vivir sin luz ni agua en los márgenes agrícolas del territorio hasta quien tiene que decidir si pagar el alquiler o comida, pasando por quien se le agrava una enfermedad por el colapso sanitario o quien ve cómo su territorio se destruye por un nuevo proyecto minero...
Por ello, no hay que temer a la rabia. Gioconda Belli dijo que la solidaridad es la ternura de los pueblos; en tiempos de extrema violencia, es la rabia quien conecta a quienes resisten dentro de un territorio y, por tanto, se convierte en su ternura.
El miedo a señalarse, tan propio de este territorio, agravado por una violencia discursiva más explícita en la Junta, puede aplacar el florecimiento de la rabia. Tras una época de represión sin paliativos en el territorio, solo hay que echar la vista atrás y pensar en la persecución a quienes se manifestaron contra Vox en Granada, la violencia en desalojos y resistencias a espacios sociales o la persecución a quien denuncia el genocidio en Gaza que ha recorrido Andalucía en los últimos años.
También hay que recordar que los próximos cuatro años no serán muy distantes de los últimos ocho años; la careta será distinta, las palabras serán más duras, pero Andalucía ya lleva el lomo bastante partido. Por ello, no hay que temer a la rabia. Gioconda Belli dijo que la solidaridad es la ternura de los pueblos; en tiempos de extrema violencia, es la rabia quien conecta a quienes resisten dentro de un territorio y, por tanto, su ternura. La rabia solo es una amenaza para quien ha cosechado la miseria, como dice la consigna.
La victoria del barrio sobre Desokupa en los corralones nos muestra a la Andalucía que tenemos que mirar en los próximos cuatro años, la que se organiza, la que resiste y la que trama de forma colectiva contra la violencia de todas las instituciones. La que ha entendido que la rabia es un regalo compartido entre quienes enfrentan sin miedo el odio.
Sevilla
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