Opinión
El Adelante Bonaparte andaluz o por qué voy a votar a Adelante Andalucía
Si hace tres años hubiera llegado alguien asegurándome que voy a votar a Adelante Andalucía en las elecciones autonómicas, a esa persona le hubiera tomado por loca. “¡Por encima de mi cadáver!”, hubiera soltado sin pensarlo dos veces. Y es que, en lo personal, formaba parte de ese ecosistema tóxico, visceral y cainita de la izquierda jerezana y andaluza que hace imposible no contaminarse de los peores vicios de la política institucional. Además, yo siempre hice responsable (entre otros muchos responsables y factores, obviamente) a los Anticapitalistas del descuarajamiento interno de aquel frente amplio que supuso Unidas Podemos, formación que llegó a tener 71 diputados en el Congreso de los Diputados y 15 en Andalucía (primero con Podemos, luego 17, poca broma, con el tándem de Rodríguez y Maíllo, ya con la marca Adelante).
La tozudez y cerrazón de Rodríguez y Adelante y sus inamovibles líneas rojas (nada con el PSOE en ningún lao, y por ende, nada con Podemos, a quien deben mucho y con quien acabó peor que el Rosario de la Aurora) y sus abruptas formas se nos hicieron bola a muchas personas que nos consideramos gente de izquierdas, partisana, progresista, abierta a pactos, que nos guiamos por los programas y que anhelamos —necesitadas de alguna alegría— sentir que gobernamos alguna vez en nuestra insignificante existencia. Por entonces, cualquier artículo crítico de mi viejo amigo Raúl Solís contra los anticapitalisas era un cuentecito de hadas comparado con lo que he llegado a decir en privado sobre Adelante Andalucía.
No solo ha tenido visión, estrategia e intuición a largo plazo, también ha hecho, desde la oposición políticas con mayúsculas, zarandeando el avispero, vigilando al poder y marcando la agenda autonómica con tan sólo dos parlamentarios
Pero los misterios y los caminos de la política, como todo en la vida, son inexpugnables; y el destino puede dar más vueltas que un tiovivo en la Feria y ya se adivinaba, cuando la izquierda estaba implosionando, que ese “caminemos despacio, con mente fría y luces largas”, que se hartó de repetir Adelante Andalucía en la peor época tenía lucidez y todo el sentido del mundo en un momento en que hacía falta construir desde abajísimo, máxime en una sociedad que valora, quizás más que nunca —y como hemos visto en las últimas autonómicas de Galicia o el País Vasco— las opciones nacionalistas pegadas al territorio, aquellas que escuchan los problemas reales de la gente en su propia jerga.
Adelante Andalucía, como en la canción mítica del grupo catalán Standstill, tenía una hoja de ruta; e iba a “inventar un plan para escapar hacia delante”. Porque no solo ha tenido visión, estrategia e intuición a largo plazo, también ha hecho, desde la oposición (como se sienten cómodos), políticas con mayúsculas, zarandeando el avispero, vigilando al poder establecido y, en no pocas ocasiones, marcando la agenda autonómica con, recordemos, tan sólo dos parlamentarios en San Telmo. Mucho mérito.
Y tampoco es que hayan descubierto el Santo Grial de los spin doctors; sencillamente han hecho de la educación y la sanidad públicas su gran caballo de batalla. Y de la lupa a los procesos técnico-administrativos, su mejor arma. José Ignacio García, su portavoz, se ha convertido en el martillo pilón, inagotable, incisivo e inalterable con su hoja de ruta que le ha recordado a Moreno Bonilla y a la opinión pública cada una de las tropelías y chanchullos que ha propulsado la agenda privatizadora y atrasista del Partido Popular, con especial énfasis, obviamente, en el indignante asunto de los cribados.
La cara de José Ignacio ya es popular en Andalucía como principal adalid de la educación y la sanidad pública, siempre con un tono pedagógico y, ojo, con un acento andaluz desacomplejado, pasando de ser un segunda espada del tándem Kichi-Rodríguez (con Urbán en la sombra como ideólogo) a superar a la maestra, nunca mejor dicho. Matar a la madre. Hasta la gente de derechas lo valora como un rival fuerte y duro de pelar que no quieren ver ni en pintura.
Pero ojo, Adelante no ha dado su gran salto de la noche a la mañana; se ha propulsado con una catapulta basada en el trabajo de hormiguita del que más cuesta: del de picar piedra con asambleas de 10 y 20 personas allá donde su militancia ha podido llegar (esas reuniones que dan pereza ir un miércoles por la tarde); y con encuentros por doquier aprovechando su representación institucional y su posibilidad de presentar mociones y propuestas para visibilizar problemas sociales.
García se ha reunido —solo hay que revisar la hemeroteca para comprobarlo— con Ampas, plataformas ciudadanas, sindicatos, vecindades, federaciones y movimientos ciudadanos de toda índole; ha estado presente en el meollo de la protesta, en cientos de manifestaciones del lado de los trabajadores y trabajadoras, y ha elegido de forma calculada un tono cercano, analítico y constructivo, nunca victimista ni pesimista. Y, en el Parlamento, mientras el PSOE todavía digiere que no gobierna su cortijo, ha sido, sobre todo, un orador audaz y contundente. Se ha manifestado de una forma durísima contra Moreno Bonilla, pero no gratuitamente o con insultos baratos; siempre con argumentos y datos por delante, sacando a la luz ejemplos concretos, con un relato definido y repetido; y una política y oratoria cercana a la calle y a las personas humildes que temen por sus derechos básicos.
Adelante ha sacado los colores al PP en el prime pepero; en la época más baja y deprimente de la izquierda andaluza desde la restauración de la democracia.
Con unas redes sociales muy activas, el careto de García se le ha colado en el móvil a cientos de profesores, sanitarios, médicos, familias con NEE y funcionarios públicos a través de Facebook, X e Instagram. No es casualidad que algunos medios no den crédito con su subida ni haya sido el líder más valorado en varias encuestas preelectorales, superando en varias a su némesis, el mismísimo cuñado perfecto, el rey de la privatización, Moreno Bonilla.
Adelante ha sacado los colores al PP en el prime pepero; en la época más baja y deprimente de la izquierda andaluza desde la restauración de la democracia. Ha devuelto la autoestima y las ganas de combatir cuando la desesperanza cainita hacía (y hace) mella en cualquier activista de izquierdas. Y lo ha hecho con una campaña alegre que no se acompleja ni avergüenza de defender los postulados de la izquierda ni de tener nuestro acento; una campaña que bebe —y bastante— de la excelente campaña comunicativa que llevó al poder a Zohran Mamdani en la ciudad que nunca duerme.
En esta Andalucía cansada de promesas sobre la que planea la tenebrosa sombra de un águila, Adelante se ha levantado y está plantando batalla
Por su trabajo en la última legislatura, por su tenacidad y su optimismo, por apostar por los de abajo y combatir la corriente del odio de PP y Vox a pecho descubierto; por convencerme con la política en el sentido más puro y hermoso del término, votaré a Adelante, incluso después de haberlos puesto a caer de un burro; y siempre olvidándome del que para mí —personalmente— sigue siendo su gran talón de Aquiles: su apego al folclore nacionalista andaluz. Pero no me importa. A estas alturas de la película a los partidos políticos no les pido que sean perfectos, pero siempre les exigiré que sean honestos. Adelante lo ha sido y lo es.
Quizás no se trate de quién tenía razón entonces, sino de quién tiene ahora la determinación; y en esta Andalucía cansada de promesas sobre la que planea la tenebrosa sombra de un águila, Adelante se ha levantado y está plantando batalla.
Y merecen nuestra confianza.
Elecciones andaluzas
José Ignacio García
“Andalucía no está llena de fascistas”
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