Elecciones andaluzas
José Ignacio García (Adelante Andalucía): “Andalucía no está llena de fascistas”
A menudo los frutos que surgen en el campo político tienen más que ver con la tardanza del olivo que con la rapidez de las setas. Al foco mediático y las buenas expectativas que durante esta campaña está obteniendo José Ignacio García (Jerez de la Frontera, 1987), candidato a la presidencia de la Junta por Adelante Andalucía, le preceden ocho años de trabajo parlamentario y el trabajo de intentar consolidar un partido surgido del divorcio traumático de la primera coalición de Podemos e Izquierda Unida que se daba en todo el Estado.
El partido, que durante la última legislatura ha tenido dos diputados sin lograr tener un grupo propio, parece que estos comicios rozará el sueño de asentarse como un espacio político y, si se cumplen las previsiones de las encuestas, lograr un grupo propio o, incluso si atendemos a los pronósticos más optimistas, sobrepasar a la otra opción de la izquierda transformadora: Por Andalucía.
Parece pequeño el logro, pero, sin embargo, se vuelve más ambicioso si atendemos al revés que supuso para la formación la salida del frente político de Teresa Rodríguez en 2023, figura sobre la que hasta el momento se sostenía el proyecto. Ese mismo año en las elecciones municipales el partido consiguió diez escaños entre los más de 700 municipios andaluces y perdió la alcaldía de Cádiz.
El que crea que esto es un entrenamiento para las generales, que ni se presente a las elecciones, no somos una encuesta, Andalucía tiene valor por si misma
La figura de José Ignacio ha sido esencial para entender la supervivencia del proyecto. Sus intervenciones en el Parlamento andaluz, especialmente por los mensajes de sus camisetas y por los enfrentamientos con Moreno Bonilla, le han llevado a que sus adversarios políticos comiencen a tratarlo de frente. Además ha trabajado una profunda conexión con sus bases, que le apodan el gafa. Los más exacerbados le llaman hotseignacio.
Hace tres años Adelante Andalucía estaba en una situación mucho más débil, incluso se hablaba de su posible desaparición. ¿Por qué hoy el escenario es distinto?
Ahora creo que está claro que Adelante Andalucía no va a desaparecer, hay como mucha esperanza puesta en nosotros y tenemos muy buenas sensaciones, pero cautela lo que cuenta es lo que vote la gente el 17 de mayo. Yo creo que la política española, los últimos años, lo que nos ha enseñado, que lo que sube muy rápido, baja también muy rápido. Nosotros queremos crecer pero con los pies en la tierra.
Poco a poco se va asentando nuestro proyecto político, que es cada vez más conocido, fruto de plantear una que creo que es útil a la clase trabajadora andaluza.
¿Qué sacáis de vuestro trabajo parlamentario andaluz que os ha hecho madurar como formación?
Yo creo que lo más interesante que nosotros hemos hecho es intentar que los movimientos sociales, las luchas, los conflictos laborales, atraviesen los gruesos muros del Parlamento. Yo creo que el Parlamento tiene unos, unos muros demasiado gruesos que hace que no entre vida real. Nuestro objetivo ha sido que la vida real, los problemas, pero también las soluciones, las alternativas que se están construyendo en la calle, atraviesen esos muros y estén en el Parlamento.
En otros territorios con una identidad propia como Cataluña, Euskadi, Galicia hay desde hace años dos o más papeletas a la izquierda del PSOE una que representa a los partidos estatales y otros con fuerzas del propio del propio territorio como BNG o Bildu ¿A qué atribuye que en Andalucía se ponga en duda o se reproche que no vaya con el resto de izquierdas?
Bueno, yo creo que cada vez lo ponen menos en duda. Y el hecho de que exista Adelante Andalucía, que justamente es eso, es una izquierda territorializada, una izquierda andalucista, es una prueba de que estamos construyendo un espacio político que faltaba en Andalucía.
En tanto que la gente está confiando en nosotros, se ve que faltaba ese espacio político. Yo creo que de alguna forma hay nuevo andalucismo cultural, social y artístico que está ocupando un montón de espacio ahora mismo, que está planteando una nueva forma de sentir Andalucía y unas nuevas reivindicaciones para Andalucía y Adelante Andalucía quiere ser parte de eso.
En sus discursos habla mucho de figura retórica de moderación de Moreno Bonilla que choca con sus acciones de hecho y considera que “es peor que Ayuso”. ¿Cómo crees se ha construido esa imagen?
Es que nos han contado un personaje que se llama Juanma, que es muy buena gente, se emociona en El Hormiguero es muy sensible, pero el mismo tipo que se emocionaba en El Hormiguero dejó tiradas a más de dos mil mujeres con cáncer de mama.
El mismo tipo que dice que le preocupa mucho la salud mental mantiene la salud mental como un privilegio para el que se lo puede pagar. O sea, es que Moreno Bonilla es un impostor, han construido un gran aparato comunicativo que ha construido una especie de personaje, el personaje Bonilla que lo que ha hecho es vendernos una película.
Y en el fondo, su proyecto político es el mismo que el de Ayuso. Lo que pasa que es justamente se nutre de ser la cara B de Ayuso. Es como una especie de doctor Jekyll y mister Hyde. Moreno Bonilla es lo que es, posiblemente gracias a Ayuso.
Yo creo que en estas elecciones va a haber una gran movilización social que el Partido Popular no está sabiendo leer.
Ayuso dice una barbaridad y Moreno Bonilla se desmarca de ella, pero en la práctica, en el hacer hacen exactamente lo mismo. Moreno Bonilla es capaz de decir que le importa muchísimo la universidad y crea cuatro universidades privadas a la vez que está asfixiando las públicas.
¿Y por qué justo ese perfil es el que triunfa en Andalucía?
Porque Andalucía no está llena de fascistas, eso es mentira. La propia identidad andaluza tiene un montón de valores comunitarios, de defensa de lo público que son el germen para construir una sociedad mejor, por eso el PP no podía gobernar Andalucía con la estrategia Ayuso. Han tenido que construir un impostor para que se nos olvide que el proyecto del Partido Popular es hacer negocios con todo.
La estrategia del Partido Popular es muy inteligente. Tienen a doctor Jekyll y mister Hyde, y en determinado momento sacan a doctor Jekyll y otras veces sacan a Bonilla y a mister Hyde. Si pudiera, privatizaban hasta el aire, lo que no han vendido todavía es porque todavía no les ha dado tiempo.
Y aún así casos tan extremos de estas políticas como la crisis de los cribados de cáncer de mama parece no haberle pasado mucha factura. ¿Por qué?
Yo creo que ahí hay una gran pregunta. En toda esa base social de gente que apoya a las izquierdas o ha apoyado a las izquierdas, se instaló en su momento una gran desesperanza, fruto de unos gobiernos del Partido Socialista que creo que no hicieron su trabajo, porque la gente no les votaba para que privatizara la sanidad, la gente les votaba para que defendiera la sanidad pública. Eso ha generado una desesperanza durante mucho tiempo que yo creo que empieza a cambiar. Yo creo que en estas elecciones va a haber una gran movilización social que el Partido Popular no está sabiendo leer.
Juanma Moreno ha sabido apropiarse de la bandera andaluza que ustedes defienden en sus últimos años. ¿Consideran que pueden disputarsela?
Creo que si la bandera andaluza se queda solo en identidad andaluza y no tiene el componente de clase al final es fácilmente absorbible por el sistema. Si Andalucía se reduce a los anuncios de Andalusian Crush, a la Semana Santa y la feria, todas esas cosas a mí me encantan, pero si lo reduce a eso y no le mete la conciencia de clase y no le mete la organización popular pues nos robarán el concepto Andalucía.
Por eso nosotros estamos peleando por él, por la identidad andaluza, por la bandera andaluza, por todo lo que significa, con la concepción de clase y con la organización de la gente. Yo creo que Moreno Bonilla está empeñado en quedarse él con la bandera andaluza, y es una batalla que nosotros no podemos dar por perdida.
Has dicho en alguna entrevista que le obsesiona la abstención ¿A que parte de la sociedad quieren movilizar?
Yo quiero conectar con un millón de andaluces que bien han votado a las izquierdas en el pasado, o, están desesperanzados y tienen desafección por la política y que de alguna forma no se sienten interpelados por las claves culturales tradicionales de la izquierda, por como hablamos o cómo nos explicamos.
Yo no quiero juzgar a la gente que en el pasado, fruto de su cabreo, ha votado a Vox, quiero convencerlo de que el culpable de que no haya citas es del que cierra centros de salud no del que espera en la puerta.
Mi obsesión es toda esa gente que sufre la política de Moreno Bonilla que o no va a ir a votar o está viendo su cabreo canalizado por el odio, yo lo que quiero es canalizar el cabreo de la gente a una opción con más derechos.
Incluso de la gente que ha votado o duda en votar a la extrema derecha dicen que vuestra idea es disputarle directamente los votos a Vox. ¿Cómo es eso si pertenecen a espacios opuestos?
Claro. Hay chavalas y chavales jóvenes que me escriben para decirme que están dudando entre votar a Vox o a Adelante Andalucía. Si esto esta pasando es porque hay un problema, hay un cabreo por la situación de la vivienda, la precariedad laboral, el precio de las FP y un montón de cuestiones materiales que hay gente que dice: «Hostia, pues si ese es el gobierno de izquierda, me voy para la derecha, porque el gobierno de izquierda no soluciona mis problemas».
El cabreo que es legítimo, que no tenemos que juzgar lo que pasa es que lo están canalizando hacia el odio y están señalando que el enemigo es tu vecino colombiano o tu vecina marroquí, en vez del que tiene dos mil pisos.
Nosotros queremos, con ese cabreo, canalizarlo hacia una opción de más derechos, de más comunidad. Por eso yo quiero robarle votos a Vox. Yo no quiero juzgar a la gente que en el pasado, fruto de su cabreo, ha votado a Vox, yo no quiero juzgarla, yo quiero convencerlo de que hay otras formas de que el culpable de que no haya citas es del que cierra centros de salud no del que espera en la puerta.
Por profundizar en esta cuestión ¿Por qué cree que justo la segunda opción de algunos votantes de Vox?
Porque no estamos en el Gobierno central hay gente que está cabreada porque no soluciona los problemas de la vivienda o no soluciona los problemas de la precariedad laboral y ven como la única opción fuera del gobierno la extrema derecha.
Nosotros representamos otra opción que también plantea críticas al gobierno y también opuestos al gobierno. También porque le están ofreciendo a un montón de gente una identidad refugio desde el españolismo más rancio. Se han caído todas las estructuras comunitarias con las que sobrevivías al neoliberalismo y le están ofreciendo una identidad que es el españolismo, al pisotear al que está un poquito más debajo.
No estamos jugando la sanidad, la educación, la dependencia, el transporte, nos estamos jugando la vida
Nosotros queremos ofrecerle otra identidad, que es la identidad andaluza, que refleja más comunidad, más querer al de al lado, más feminismo, más igualdad. Pero es que creo que hay un montón de gente sola ante un mundo de mierda y la otra izquierda se dedica a juzgarlos, a decirle: «Eh, estás equivocado, eres tonto, eres un facha pobre». No, yo quiero que esa gente se convenza de que hay otras cosas que te pueden hacer más feliz.
Otra de las aristas de la abstención es que hay una sensación de que las elecciones autonómicas son menos importantes o la política autonómica no impacta en la vida de las personas. ¿Qué le diría a las personas que piensan eso?
Hay como una sensación en estas elecciones de que el Partido Popular nos quiere vender que ya no hay nada que hacer, que no hay nada que jugar porque ya están ganadas, lo cual es mentira.
Y el Partido Socialista nos quiere vender que esto es como una especie de entrenamiento para el partido de verdad, que son las generales. Pues ni una cosa ni otra.
Las elecciones no están ganadas si toda la gente que sufrimos las políticas del PP votamos, echamos a Bonilla. No estamos jugando la sanidad, la educación, la dependencia, el transporte, nos estamos jugando la vida.
Y el que crea que esto es un entrenamiento para las generales, que mejor ni se presente a las elecciones, no somos una encuesta para las generales ni un plato entrante. Andalucía tiene valor por si misma, es la comida entera.
Hablando de sentimientos, en la campaña habéis decidido poner el foco en “votar con sentimiento”, parece que el campo de las emociones en política ha estado más explorado por las extremas derechas ¿Por qué las izquierdas tienden a utilizarlo menos? ¿Y qué cree que aporta esa emocionalidad?
Creo que la izquierda ha cometido el error —y no señalo a nadie, me señalo a mí mismo— de subirse como a una especie de púlpito en el que juzgar a la gente y juzgar los sentimientos de la gente. Y la izquierda no está para eso. La izquierda está para liberar, la izquierda está para ofrecer una vida mejor, un proyecto de vida que transforme esta sociedad, que transforme el capitalismo y el patriarcado para que la gente viva bien.
A la gente hay que ofrecerle puertas de entrada emocionales, pero que son puertas de entrada a un proyecto de ideas, de futuro, de modelo de sociedad que es mucho más profundo y riguroso y basado en toda nuestra sabiduría social como clase.
Pero no juzguemos a la gente, no nos subamos en una atalaya de moralidad de la que nosotros no somos nadie. No somos mejor que nadie.
¿Cuáles son vuestras propuestas para una de las principales preocupaciones de los andaluces: la vivienda?
En materia de vivienda, yo creo que hay que regular el precio del alquiler. Y nosotros planteamos una ley andaluza que regule el precio del alquiler, que lo liguemos a los salarios: suben los salarios, sube el alquiler; bajan los salarios, baja el alquiler.
Y que lo liguemos por ley a la renta media del distrito, estableciendo una cifra, el veinte por ciento. ¿Por qué el veinte por ciento? Porque las Naciones Unidas dicen que es lo máximo que debería dedicar de la renta un hogar a la vivienda.
Otra medida: hay seiscientas cuarenta mil viviendas vacías. Y no hablo de la segunda casa en la playa de nadie, por supuesto que no, sino viviendas vacías de bancos, fondos de inversión, grandes tenedores. Yo creo que un gobierno democrático debe decir: estas casas deben pasar a alquiler accesible para la gente.
En tercer lugar, yo creo que hay que regular los pisos turísticos. En las zonas saturadas no vale con que no haya más pisos turísticos, tiene que haber menos. Y para eso, los pisos turísticos en las zonas saturadas tienen que volver a ser lo que eran hace un tiempo: vivienda para los vecinos y vecinas. Creo que hay que también tener vivienda pública. Hay que reformar las VPO, que las ha contrarreformado el Partido Popular para que puedan acceder personas con más poder adquisitivo.
Yo creo que tenemos un paquete de vivienda bastante serio para que se garantice un elemento: que la vivienda sea un derecho y que el derecho de los andaluces a tener una vivienda donde vivir sin que eso suponga una ansiedad brutal esté por encima de la oportunidad de unos de forrarse.
¿Y en cuanto a sanidad?
Hay que devolver los cuatro mil setecientos millones de euros de lo público, de nuestro dinero, de los impuestos de los trabajadores de Andalucía, que se ha trasladado a lo privado. Hay que devolverlo a lo público, hay que hacer una gran inversión. Tenemos que mejorar las condiciones laborales, darle estabilidad para que puedan trabajar y puedan acabar con las listas de espera, tener cita en los centros de salud.
Creo que se pueden hacer las cosas de otras formas. Pero el Partido Popular tiene un plan muy claro: que la sanidad sea un negocio, que Asisa, Quirón y Adeslas se forren. De hecho, una cosa que nosotros proponemos es un impuesto, le llamamos impuesto de retorno sanitario: un impuesto al beneficio de todas esas empresas sanitarias que se han forrado en este tiempo. Bueno, pues ahora van a tener que contribuir con un impuesto al beneficio que iría dedicado a la investigación contra el cáncer, investigación desde lo público.
En Andalucía hay gente maravillosa, expertos y expertas, desde gente de sindicatos, movimientos sociales, de la universidad, de todo tipo de plataformas, que ya está planteando otras formas de funcionar.
Así en general, ¿Cómo definirían vuestro programa?
Un programa de extrema necesidad. Un programa que viene a solucionar de verdad los problemas que sufre la gente y no habla de politiqueo.
¿Cuál sería la medida que la gente consideraría más arriesgada?
Nuestro programa tiene cosas muy normalitas. ¿Es lógico que la vivienda número uno de una persona pague los mismos impuestos que la vivienda número siete mil? Yo creo que no. Yo creo que al que tiene siete mil viviendas hay que ponerle unos poquitos más impuestos. Yo creo que es de sentido común.
Estamos hartos de tener que pedir perdón por crear una izquierda andaluza
Yo creo que cosas así. Por ejemplo, nosotros planteamos una ley andaluza contra el cáncer para que haya unos plazos máximos de tratamiento.
Por ejemplo, desde que te detectan el cáncer, máximo veintiún días hasta que empiece el tratamiento. Desde que terminas un cáncer de mama y te operan, desde que terminas el tratamiento, noventa días hasta que te reconstruyen el pecho.
Creo que son cosas bastante sensatas.
Su programa está basado en la sanidad, la vivienda, los derechos sociales. El de Por Andalucía también. ¿Cuál es la diferencia?
Yo creo que hay dos tipos de diferencias. Una primera es que nosotros somos un partido andalucista, un partido que responde a los intereses de la clase trabajadora andaluza y que queremos que Andalucía cuente en el Estado. Estamos un poquito hartos de esa dinámica de que Andalucía siempre seamos los últimos en todo.
Igual que existen otras izquierdas territoriales con naturalidad, sin pedir perdón, estamos hartos de tener que pedir perdón por crear una izquierda andaluza.
Y después hay otro elemento: nosotros no estamos en el Gobierno. Yo creo que la izquierda tiene una crisis de credibilidad, dice mucho y hace poco. Nosotros no estamos en ese gobierno y somos críticos, por ejemplo, con la política de vivienda, que se está viendo bastante incapaz. Entrar en un gobierno del PSOE a coger dos consejerías en una situación de minoría te genera más frustración que transformación. Yo no voy a dejar gobernar a la derecha jamás, eso está clarísimo.
Pero yo me siento con el PSOE, negocio, hago propuestas, presiono y voy sacando mejoras para la vida de la gente sin tener que asumir sus contradicciones ni calentar sillones. Yo quiero gobernar, pero gobernar para aplicar mi programa.
¿Qué supondría para usted y su partido un gobierno de María Jesús Montero?
Supondría, espero, un freno de emergencia.
Yo prefiero a María Jesús Montero al Partido Popular. Intentaríamos que ese gobierno supusiera un freno de emergencia ante la deriva que estamos viendo, por ejemplo en la sanidad pública.
Pero yo no me conformo con ese freno de emergencia, yo quiero transformar Andalucía.
Pero ella también impulsó privatizaciones.
Claro. Por eso nosotros no entraríamos en un gobierno con María Jesús Montero.
Sabemos lo que es: privatizó, pactó con Ciudadanos, quitó el impuesto de sucesiones a quienes heredaban más de un millón de euros. Pero aun así podría ser un freno de emergencia.
Por eso tenemos que mantener nuestra independencia. No queremos ser una muleta del PSOE.
¿Cuáles serían sus líneas rojas para facilitar una posible investidura?
Nosotros nos sentaríamos y haríamos algo muy predecible, porque creo que es un valor ser predecible en política. En los últimos años la izquierda ha dado muchos bandazos.
Nosotros somos gente predecible, se nos ve venir de cara. Ese día me sentaría y hablaría de vivienda, sanidad, educación y agricultura.
¿Medidas concretas? Regulación del precio del alquiler. La ley andaluza contra el cáncer. Y la situación del alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo, que haya recursos y ratios máximos de profesionales por alumno.
Andalucía
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