Memoria histórica
Andrea Momoitio: “La gente me dice que no quiere leer sobre la vida de una falangista"
“Miguel Primo de Rivera y Margarita Beese compartían el gusto por las mujeres”. Así comienza uno de los capítulos que escribe la cofundadora de Pikara Magazine publica su segundo libro, Andrea Momoitio (Ortuella, 1989), en su biografía sobre Margarita Beese Rodríguez (Santa Cruz de Tenerife, 1896): Farsante, una crónica periodística “a partir de una vida”.
Hija de padre alemán y madre tinerfeña, Margarita crece entre árboles y flores galopando en su yegua de Río de Oro. A los veinte años se incorpora a la vanguardia madrileña y se hace falangista. Sus viajes se detienen de golpe en 1940, cuando la Audiencia Provincial de Santa Cruz condena a Margarita por falsedad documental: había intentado inscribirse en el registro como un hombre, con el nombre de Juan Carlos.
¿Cómo llega Margarita Beese Rodríguez a tu vida?
Conocí la historia de Margarita gracias a Yanira Hermida, investigadora canaria que había encontrado un parte del archivo penitenciario de esta en la prisión de mujeres de Santa Cruz mientras realizaba un trabajo sobre la Sección Femenina. Yanira hizo una ponencia sobre el caso con los escasos materiales que había logrado recopilar. Yo sistí como oyente y me llamó mucho la atención. La contacté para preguntarle si tenía intención de continuar la investigación, si había indagado más. Me respondió que no y compartió conmigo los resultados que tenía hasta el momento.
Lo que me llamó la atención de Margarita fue la estrategia que había utilizado para intentar inscribirse en el registro civil con otro nombre, la originalidad del caso, y su estrategia. Lo primero que aparece sobre ella en los archivos es que está presa por delito de falsedad documental. Y de ahí parte mi investigación.
A veces creo que lo más coherente hubiera sido no haber escrito este libro porque todavía hay muchos datos que desconozco. Creo que alguien será capaz de encontrar más información e incluso desmontar mis hipótesis, y estaré deseando leerlo. Igual que cogí el testigo de Yanira, lo compartiré con mucho amor a quien quiera seguir recomponiendo esta historia.
Tanto en tu obra anterior Lunática (Libros del K.O., 2022) como en Farsante aparecen la cárcel y el misterio. ¿Ves similitudes entre las protagonistas de tus libros?
No. Son vidas completamente distintas y épocas totalmente diferentes.
Farsante es una crónica periodística en la que también cuentas el proceso, el cómo llegas a la información. Incluso en los agradecimientos mencionas que el editor define la propuesta como “un nuevo expediente Momoitio”.
Creo que se refiere a que las dos historias que he escrito para Libros del K.O. han sido investigaciones muy complicadas, donde el acceso a la documentación existente era complejo por lo limitado del material, y en ambos casos las protagonistas eran desconocidas, lo que hace mucho más difícil acceder a datos.
Los márgenes generan mucha más documentación burocrática que quienes cumplimos las normas: multas, expedientes policiales y penitenciarios, detenciones, informes médicos. La burocracia y la institución se activan para controlar a quienes se salen de la norma.
¿Es difícil que estas historias se publiquen?
He tenido mucha suerte con Libros del K.O; les interesan estas historias. Lo que sí es complicado, desde mi punto de vista, es hacer crónica periodística del pasado. Es un reto, en cierto sentido contraintuitivo: la crónica exige estar en un sitio en un momento determinado, observar tu entorno, conocer a las protagonistas y luego escribir. Hacerlo con personajes fallecidos es desafiante, pero creo que eso es lo que le gusta a esta editorial… y a mí también.
Margarita Beese no es registrada al nacer, su madre es marginada en un hogar donde viven muchas personas y se mezclan la intimidad y el trabajo. Beese crece fuera de la normalidad burocrática y social. ¿Hay cabida para estas personas en la memoria histórica?
Cuando investigaba la historia de María Isabel Gutiérrez Velasco –protagonista de Lunática–, una historiadora me señaló, muy ufana, que me iba a costar encontrar información: que la gente como María Isabel no dejaba rastro. En realidad, me encontré con todo lo contrari Los márgenes generan mucha más documentación burocrática que quienes cumplimos las normas: multas, expedientes policiales y penitenciarios, detenciones, informes médicos. La burocracia y la institución se activan para controlar a quienes se salen de la norma.
Intentas distanciarte de una memoria histórica que homenajea. Te interesan los claroscuros. Escribes, por ejemplo, que Margarita accede al funcionariado poco después de mudarse a Madrid en 1920 –como Clara Campoamor años ante– presentándose a unas oposiciones a Correos convocadas, en parte, por la falta de personal tras una huelga y las medidas represivas para sofocarla.
Este es el alma del trabajo periodístico: explicar el porqué de los sucesos, no limitarse solo a contar las cosas. Creo que las y los periodistas servimos únicamente para esto. La gente ya sabe lo que pasa a su alrededor; lo que necesitan es que nos expliquen por qué pasa. Volviendo al caso de Margarita, la huelga fue sin duda un motivo entre otros tantos para su empleo en Correos, datos que no he encontrado y ni siquiera puedo intuir. Sin embargo, no hay duda de las condiciones sociales que vivía la población del momento.
Creo que a todo el mundo nos interesan los pliegues de la gente.
Te interesan los personajes controvertidos.
Sí, en general tanto a la hora de hacer periodismo, como en la vida. Creo que a todo el mundo nos interesan los pliegues de la gente.
¿Dirías que se investiga más a Clara Campoamor, impulsora del sufragio femenino, que a Victoria Kent (compañera de Margarita Beese en la Residencia de Estudiantes femenina), diputada progresista pero contraria al sufragio universal? ¿Es más fácil rescatar personajes menos controvertidos?
Bueno, Clara Campoamor también es un personaje controvertido. Creo que sí se ha escrito y está escribiendo mucho sobre Victoria Kent. No conozco al detalle las biografías de ambas, pero son sin duda dos mujeres con relevancia.
¿Ha sido fácil retratar de manera objetiva las controversias de Margarita Beese?
Nunca es fácil. Lo fácil es caer en la tentación de juzgar algunas de sus actitudes. Yo lo que he intentado en todo momento es dejar claro que rechazo profundamente sus ideales y sin embargo la reconozco como una persona cercana a mi vivencia queer. Por eso me interesaba. Este libro no es un homenaje, ni lo fue Lunática, y si alguna vez escribo otro tampoco lo haré en esta clave, sea quien sea el personaje, porque mi trabajo como periodista se limita a contextualizar algunas personas y hechos, y generar con eso narrativas.
¿Cuál es el límite del contexto? Escribes sobre la Desbandá y detallas que la proclamación de la República en Granada se celebró en la plaza Mariana Pineda. Datos ajenos a Beese.
Pero ella estaba allí en ese momento. No se puede contar qué pasó durante la Guerra Civil en Málaga sin hablar de la masacré de la Desbandá.
Esto es una decisión política.
Sí, y también estilística. Aterrizar la historia en lugares concretos ayuda a las lectoras y lectores a imaginarse los escenarios. Quizás haya un exceso de contexto y es difícil que no se te pierda la protagonista. En una primera versión había añadido mucho más contexto que fui borrando por este motivo.
Las flores están muy presentes en Farsante. El padre de Beese es botánico y florista. Rescatas las cartas que él le envía (llenas de metáforas florales), sus respuestas y sus artículos de prensa. Además de las flores, también describes al detalle la moda y los accesorios del momento.
He entrevistado a diseñadores de moda expertos en los años veinte y treinta. En torno a la identidad de género de Margarita hay continuamente una ambigüedad. Me parece que describirla físicamente y describir su manera de vestir era importante. Lo que yo pretendo al escribir es construir un personaje: primero el cuerpo, luego la ropa, un tono de voz y, después, algunas actitudes.
En el caso de Margarita es especialmente interesante. En sus primeros artículos describe a las mujeres como algo precioso y critica las ideas igualitarias que, según ella, diluyen las diferencias físicas entre mujeres y hombres. Años después declara ante el juez que lo único que le atrae es ser un hombre.
Lo que pasa es que cambia de versión varias veces a lo largo del proceso judicial. Yo cojo con pinzas todo lo que dice en el proceso porque todas las personas tenemos derecho a mentir mientras nos están investigando. Por el número de versiones, no he sido capaz de creerme ninguna.
Por eso se titula Farsante.
Por las mentiras en el proceso y en general. Dice que estudia medicina, pero no consta en ningún documento; pidió bajas con frecuencia, pero no hay informes de ninguna enfermedad. Llamarla mentirosa me parecía demasiado, puede ser que esas realidades no se hayan documentado. cAdemás, me gusta la palabra farsante porque no tiene una marca de género.
También escribes sobre las farsantes en colectivo. Concretamente, desmientes la descripción –quizás aún mayoritaria– de Pilar Primo de Rivera y de la Sección Femenina como una organización pacífica. Recuerdas, a partir de investigaciones historiográficas, su rol necesario para facilitar armas y la complicidad entre el Auxilio Azul, la Quinta Columna y la Sección Femenina.
Sí. La Sección Femenina no se dedicó solo a bordar. Participó de forma muy activa en el levantamiento militar. Por supuesto, en la retaguardia, lavando la ropa y curando las heridas de los soldados, como también hicieron las republicanas en su bando. El “farsante” podría decirse de la Sección Femenina, sobre todo por las principales mujeres del movimiento. Vendían un discurso que para nada se correspondía con su día a día. Decían continuamente que las mujeres se tenían que dedicar al hogar, a sus hijos y maridos. Pero las principales dirigentes de la Sección Femenina no tenían estas familias tradicionales. Nunca se casaron, viajaron libremente a sus países favoritos, Alemania e Italia, y tuvieron una vida pública y política muy importante, mientras su relato insistia en que las mujeres estuvieran relegadas al hogar. Una contradicción.
Margarita podría haber sido protagonista de una novela de Almudena Grandes o Dulce Chacón. Sin embargo, desde tu perspectiva de periodista eliges una crónica… con burla. “Pilar Primo de Rivera, la jefaza”; “Soy Margarita Beese, nadie sabe quién soy / Anoche hablé con la luna, y tampoco me oyó”.
La novela no ha sido referente para mí en este trabajo. Leo novela, pero no es un género que me interese escribir. Para este libro he bebido mucho más del ensayo. En cuanto a la burla, sí: he intentado que haya guiños a lo largo del texto, aunque no es lo habitual en este tipo de crónica. Tenía claro que no quería que mi figura tomara protagonismo, como ocurre en Lunática, pero esa decisión me arriesgaba a caer en el ensayo puro: un texto muy frío, demasiado lleno de datos. La primera versión fue exactamente así. Al releer y encontrar el tono, me permití algunas licencias, como citar una canción de Supersubmarina –algo anacrónico, a priori– en los años treinta.
También te permites escribir una especie de cuaderno de bitácora de Tenerife.
He tratado de imitar, salvando la distancia entre su preciosa escritura y la mía, las crónicas viajeras de Olivia Stone, hacer un guiño a su manera de contar la isla. Aunque yo no la recorriera a camello, claro, porque hay que dejarlos vivir en libertad.
Margarita Beese vivió en varias ciudades. ¿Las has visitado durante tu investigación?
Sí. A Santa Cruz de Tenerife, en concreto, he viajado en varias ocasiones a lo largo de una investigación de más de tres años. El libro lo escribí en tres meses, pero en los viajes iba encontrando una estructura, escribiendo escenas, captando ideas. En el último viaje a Santa Cruz tuve claro el inicio del libro: “Llegó perfectamente vestido como un varón”.
Las mujeres de Margarita. Escribes sobre la relación con su madre, sobre su viaje en barco de Santa Cruz a Cádiz para llegar a la efervescencia del Madrid de la época. Cuentas cómo María de Maeztu defendía a Margarita ante las negativas de su padre…
Puedo escribir en tres líneas lo que sé de la madre de Margarita. No hay información sobre doña Juliana. Ni siquiera un certificado de defunción. Solo consta una multa. Contrasta con toda la información sobre el padre, tanto en medios como en su archivo personal. Esta total diferencia me incomoda como feminista. Al poder encontrar mucha más información sobre el padre, iba a estar más presente en la historia. Es inevitable. Lo que intenté es contar y construir al padre como alguien asfixiante, que su presencia nos resultara pesada, pues es así como creo que le resultaba a Margarita.
Margarita también era feminista y lo compartía en sus artículos. ¿Era arriesgado tomar este partido en los círculos ultras que frecuentaba?
No. Margarita forma parte de una corriente feminista que se desarrolla con mucha fuerza en los años veinte y treinta sobre todo en Madrid, aunque el movimiento también es interesante en Barcelona. Hay una gran producción intelectual de mujeres conservadoras que poco después serán fascistas. Mujeres muy católicas que se declaran feministas, como hace Ayuso. Estas mujeres limitaban sus demandas de igualdad al acceso a la educación, incluso a la educación universitaria. Siempre con el objetivo de estar más formadas para la crianza y para tener conversaciones más interesantes con sus maridos. No entendían la educación como una vía de desarrollo individual. Estaban en contra de las sufragistas. Durante la dictadura de Primo de Rivera, cuando llegan al Ayuntamiento de Madrid las primeras concejalas, Margarita las felicita, pero escribe que ninguna mujer está capacitada para la política.
No hay constancia de los amores de Margarita. Solo los intuyes en sus artículos.
Intuyo la influencia de la doctora Viamonti en su vida. Ella viene de otro contexto, de origen cubano, sí es sufragista y entiende que las mujeres tienen que educarse para conocer sus derechos. Intuyo, porque no transcurre mucho tiempo, que Margarita escucha sus ideas y propone abrir una escuela de noche en la Sección Femenina de la Falange.
¿Una escritura carente de amor y deseo también es queer? El libro se subtitula Una historia queer en el Falange.
¿Por qué no? A mí me cansa que tengamos que seguir tratando siempre estos temas del amor, el deseo, el cuerpo queer. Como si no hubiera amor y deseo en otras vidas que no son queer… como si no hubiera otro tipo de vínculos. Creo que en la memoria histórica se han rescatado más personas queer de izquierdas. Hay quien dice que ser queer implica ser de izquierdas. Bueno, podrían convencerme. Pero a priori no estoy de acuerdo.
La infancia y juventud de Margarita me recuerdan a Leni Riefenstahl. En Tenerife y en sus primeros años en Madrid vive según el ideal de la Institución Libre de Enseñanza. Riefenstahl era la actriz que representa el prototipo de mujer en la República de Weimar. En los treinta dirige El triunfo de la voluntad sobre el congreso del partido nacionalsocialista y Olympia con más de 60 cámaras que dispone Hitler para ella. Pero es recordada por el valor artístico de sus películas. ¿Podría Margarita ser recordada por su escritura?
No. La aportación de Margarita en la literatura no fue valiosa. Puede que ella en general tampoco sea tan interesante. A mí me ha parecido interesante dedicarle una crónica porque ella es una excusa para hablar de un momento, de unas dificultades, de unas resistencias y de una manera de entender la sexualidad. También una oportunidad para hablar de las diferentes maneras de entender el feminismo. Yo parto de las historias de la gente porque son tangibles. No me interesan los temas en abstracto. Los temas en abstracto son para la academia, que puede desarrollar conceptos. La falange estaba indudablemente conectada con los fascistas italianos y los nacionalsocialistas alemanes: sus organizaciones femeninas se reunían, aunque con diferencias respecto a las españolas porque eran ultracatólicas. Todo eso lo han tratado muy bien investigadoras que han escrito trabajos excelentes.
¿Ahora es más fácil escribir una biografía crítica sobre una falangista? ¿Les costaba más a personas que vivieron la dictadura franquista?
Esa resistencia sigue existiendo. Gente cercana me dice que no va a comprar el libro porque no quiere leer la vida de una falangista.
Es una sinsorgada dedicarle un libro a Margarita Beese estando el mundo como está.
[Risas]. Cuestionan que sea políticamente interesante escribir sobre alguien que no es de las nuestras. A mí eso de “las nuestras” no me gusta: todas creemos que los nuestros son los buenos. Además, no sabemos hasta qué punto estaba de acuerdo Margarita con la ideología conservadora o si ella también se sintió víctima de la Falange al final.
¿Se puede ser antifascista sin saber nada sobre la Falange?
Sí. Pero es muy interesante estudiarla. Yo ahora tengo mucho más miedo que cuando empecé a investigar para el libro. Se repiten posicionamientos, actitudes… porque no han desaparecido. Algunos elementos de este discurso cada vez están más presentes. La Hermandad de la Ciudad y el Campo, en la que participó Margarita cuando la Sección Femenina es consciente de que necesitan formar a mujeres en labores agrícolas –porque los hombres trabajadores del campo se habían ido a la guerra–, esos discursos en torno al campo se están repitiendo en partidos como Vox.
Estamos en La Sinsorga, hoy un referente feminista en Bilbao. ¿Margarita vendría aquí?
No creo. No se sentiría identificada con el pensamiento crítico que promueve este espacio. A lo mejor vendría buscando intimidad para darse unos besos con una chica.
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