“No alquilamos a marroquíes”: Cuando el racismo inmobiliario cierra la puerta al derecho a la vivienda

Un informe de la Asociación Marroquí muestra que la discriminación por el origen, la etnia o el acento siguen suponiendo barreras, a menudo sutiles, que dificultan el acceso a techo.
Mani Vivienda 5A 2025 David - 17
David F. Sabadell Las mujeres racializadas sufren doble discriminación a la hora de buscar una vivienda

“Llamé para alquilar una habitación y me dijeron que no había problema, pero al decir que era de Marruecos, contestaron, ‘no alquilamos a marroquíes’”. “Cuando llamo me preguntan de dónde soy, y cuando digo que soy de Paquistán, me cuelgan”. “Un amigo español habló con una chica que alquilaba un piso. Usó un nombre español y todo bien, pero cuando le dijo que el contrato era para un marroquí con buena nómina, de repente cambió todo”. “La inmobiliaria al principio está bastante interesada, hasta que ve mi nombre y apellido; entonces dice: ‘Bueno, esta casa casualmente ya se ha vendido’, ‘esta casa ya está reservada’, ‘esta casa ya no’…”.

Estos testimonios son reales: están recogidos en la versión más reciente del informe Acentos que incomodan, de la Asociación Marroquí para la integración de inmigrantes, que muestra cómo la crisis habitacional no afecta igual a toda la población: las personas migrantes sufren obstáculos adicionales, especialmente aquellas con empleos precarios, sin contrato o en situación administrativa irregular. “Se les exige más documentación, avales o garantías, y con frecuencia son víctimas de prácticas abiertamente discriminatorias”, confirma este informe, que muestra cómo el racismo se combina con factores como el género, la etnia, el acento o la religión.

Mujer con velo: doble discriminación

Otro de los testimonios recogidos en el estudio muestra cómo de sutil puede ser esta discriminación. Una mujer entró en un hotel llevando velo y pidió una habitación, a lo que el recepcionista contestó que no había ninguna disponible. Sin embargo, ella alcanzó a ver que varias casillas de la recepción tenían llaves. Al salir, se quitó el velo, se arregló el pelo para parecer “más moderna” y regresó. Cuando pidió de nuevo una habitación, la respuesta del recepcionista fue otra: “Sí, claro, señora. ¿Qué quiere usted? ¿De dos, de tres, de cuatro?”. Ese episodio acabó con una hoja de reclamaciones; no obstante, situaciones como esta suelen ser muy difíciles de probar y denunciar.

“Estamos acostumbradas a un racismo abrupto, un insulto, una agresión, pero este tipo de racismo es más sutil y oculto al ojo”

“Estamos acostumbradas a un racismo abrupto, un insulto, una agresión, pero este tipo de racismo es más sutil y oculto al ojo”, dice una de las investigadoras que ha elaborado el estudio. Asegura que muchas de las personas entrevistadas afirmaban sentirse discriminadas, aunque no siempre sabían explicar con exactitud cómo, e incluso llegaban a asumirlo como algo inevitable: ‘Este es el precio de estar aquí’.

Para analizar estas prácticas de manera objetiva, el informe incluye un experimento de testing inmobiliario. Se diseñaron dos perfiles socioeconómicos idénticos (misma situación laboral, mismos ingresos, mismas condiciones familiares) con una única diferencia: el acento. Uno de los perfiles hablaba con acento español y el otro con acento árabe. En total, se realizaron 385 llamadas a los mismos anuncios de alquiler.

Este experimento confirmó un trato diferente: los agentes inmobiliarios mostraron actitudes negativas hacia el perfil arabófono, solicitando más información personal y mayores garantías económicas. Además, interrumpían las conversaciones o cancelaban las llamadas más frecuentemente cuando hablaban con el perfil con acento árabe.

Un ejemplo ofrecido por la investigadora entrevistada ilustra este sesgo: dos de sus compañeras, simulando tener el mismo perfil económico y familiar pero distinto acento, llamaron para preguntar por el mismo anuncio. A la persona arabófona “le dijeron directamente que no, porque tenían que hacer un seguro de impago y necesitaban las dos nóminas, y la nómina de su marido no era suficiente, entonces no podían alquilar el piso. Cuando llamó la compañera de acento español, le dijeron que sí, que eran los inquilinos perfectos. Aunque existan protocolos objetivos, las personas que lo aplican no lo son”, dice la investigadora.

“A las mujeres árabes se les hace preguntas como, pero ¿puedes pagarlo?, pero ¿sabes dónde está el piso? Les preguntaban mucho, pero ¿qué estudias?, ¿en qué facultad?, ¿sabes que eso no pilla tan cerca?”

Otra de las conclusiones del testing es que el racismo inmobiliario hacia personas árabes tiene un factor de género. “A las mujeres árabes se les hace preguntas como, pero ¿puedes pagarlo?, pero ¿sabes dónde está el piso? Les preguntaban mucho, pero ¿qué estudias?, ¿en qué facultad?, ¿sabes que eso no pilla tan cerca? A una compañera le gritaron en la llamada porque pronunció mal la calle y le dijeron, pero ¿tú sabes dónde estás buscando el piso?”, explica. Además, se tiende a presuponer que las mujeres árabes están casadas y tienen hijos, lo cual puede añadir excusas para no alquilar.

Un derecho socavado

Ibrahim Abiat, portavoz de la Casa Palestina de Aragón, percibe que el tema de la vivienda produce “mucho sufrimiento” entre las personas -migrantes y refugiadas- con las que tiene contacto desde su asociación: “Las condiciones que ponen las agencias de alquiler e inmobiliarias para un inmigrante recién llegado o que lleva un año son imposibles”, dice. “Exigen por ejemplo contratos fijos, les piden nosecuántas nóminas, avalistas…”. A eso se le añade la discriminación, a veces sutil y otras no tanto: “[Hay] casos de anuncios en agencias que dicen, ‘solo españoles’”, confirma. No es una impresión suya: un informe de la asociación Provivienda mostró que un 99% de las inmobiliarias aceptan clausulas racistas a la hora de alquilar. “Es todo un sufrimiento este proceso de la vivienda”, dice Abiat.

“Caen víctimas de estafas porque entran en internet, empiezan a buscar, no encuentran. Son víctimas de tretas fáciles para estafadores y la gente que está intentando lucrarse de esa necesidad, este derecho”

Aunque sabe que en Zaragoza la situación no es tan difícil como en Barcelona o Madrid, él percibe casos de desesperación: “Hay gente que dice [a las agencias], te pago seis meses por adelantado. Algunos incluso han dicho, si hace falta haremos una transferencia de un año. Pero las agencias no tienen consideración de que es un inquilino que va a pagar”. También ha comprobado cómo algunas personas se aprovechan de esa desesperación. La misma mañana en la que atiende a esta entrevista, Abiat tiene cita para acompañar a denunciar a la policía un caso de estafa que ha sufrido un chico palestino que lleva en España apenas cinco meses. “Caen víctimas de estafas porque entran en internet, empiezan a buscar, no encuentran. Son víctimas de tretas fáciles para estafadores y la gente que está intentando lucrarse de esa necesidad, este derecho”, denuncia.

Desde la Casa Palestina de Aragón llevan años haciendo acompañamientos con las personas refugiadas, hablando con los inquilinos y agencias, ofreciendo un aval verbal para intentar que reduzcan las exigencias, además de apoyo para otros trámites (como ir al centro médico o aprender español). Reconoce que después de la pandemia la situación de la vivienda ha empeorado y que estas redes de apoyo se han vuelto aún más importantes.

Asociacionismo migrante

En el informe de la Asociación Marroquí reflejan que, ante la falta de respuesta institucional, las redes de apoyo, muchas veces informales, van cubriendo esa necesidad. Pero no siempre sucede de forma igualitaria. En muchos procesos migratorios, los hombres encuentran trabajo de forma más sencilla que las mujeres, y estas tienden a quedarse en casa cuidando de los hijos. Mientras que ellos encuentran apoyo entre sus compañeros de trabajo o vecinos, ellas tienen menos espacios de socialización, que se reducen a las clases de español o el colegio.

“Uno de los colectivos a los que atienden las asociaciones de migrantes es a las mujeres. Ellas no tienen las mismas redes de apoyo que los hombres, porque socializan más en los espacios públicos y los ocupan de otra manera”, coincide otra de las investigadoras de la Asociación Marroquí, que ha participado en el informe sobre asociacionismo migrante.

Este estudio revela que este tipo de asociaciones, como las clases de castellano, ofrecen espacios de encuentro que ayudan a paliar estos vacíos estructurales, asumiendo funciones de acogida y fortalecimiento comunitario, a pesar de la falta de financiación y reconocimiento institucional que sufren. “Es muy importante vincular el tema del asociacionismo con el género. Las asociaciones de inmigrantes pueden funcionar como un altavoz de las propias personas que visitan esas asociaciones, un puente entre la administración y la población local”, añade.

La regularización ¿ayudará al derecho a la vivienda?

En cuanto a la regularización extraordinaria anunciada por el Gobierno, que beneficiará a más de 800.000 personas, desde la Asociación Marroquí lo valoran como una buena noticia, un “avance significativo” para acceder a derechos básicos. Sin embargo, respecto a la vivienda, creen que “estos avances se ven limitados en un contexto de fuerte tensión del mercado inmobiliario. La escasez de vivienda asequible, el encarecimiento de los alquileres y las exigencias discriminatorias de algunas personas arrendadoras dificultan que se pueda acreditar un domicilio estable, requisito que, paradójicamente, continúa siendo clave para consolidar su proceso de inclusión”.

“Sin ese esfuerzo en lo relacionado con la vivienda, no sólo en el acceso, también en las condiciones de alquiler, la regularización corre el riesgo de quedarse en un mero avance formal”

Consideran que la regularización debe ir acompañada de políticas de vivienda que eviten que la falta de acceso a un alojamiento digno se convierta, de nuevo, en otro factor de exclusión: “Sin ese esfuerzo en lo relacionado con la vivienda, no sólo en el acceso, también en las condiciones de alquiler (situación de la vivienda: condiciones salubres, entorno, cercanía a servicios, etc.), la regularización corre el riesgo de quedarse en un mero avance formal que no se materializa en nada concreto”, advierten. “La vivienda no solo es un derecho básico, es un pilar fundamental para que los procesos de regularización se traduzcan en trayectorias de vida que sean seguras, autónomas y plenamente integradas en la sociedad”.

Derecho a la vivienda
El racismo inmobiliario se ceba con las mujeres migrantes en toda España
El informe de Provivienda '¿Se alquila? Racismo y xenofobia en el mercado del alquiler' muestra la doble discriminación que sufren en este ámbito las mujeres racializadas en el Estado español.
Madrid
Izquierda parlamentaria y organizaciones sociales reclaman medidas para acabar con el racismo inmobiliario
Una proposición no de ley ha sido registrada en el Congreso para solicitar al Gobierno que actúe contra las prácticas discriminatorias contra personas migrantes a la hora de acceder a una vivienda.
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