Tecnología
La UE propone responsabilizar de las acciones que realizan las redes sociales a las personas que las usan
El pasado diciembre el gobierno australiano tomó la decisión de prohibir a menores de 16 años la creación de cuentas en las principales redes sociales. Esta decisión se basa en la proteger a la adolescencia contra sus efectos nocivos. El gobierno australiano obligará a las empresas a contar con mecanismos para garantizar la aplicación de esta normativa, pero aún desconocemos en qué se basarán. En la Unión Europea se está debatiendo lo mismo, y en el Estado español de forma particular. Sin embargo, estas medidas no resolverán el problema, las personas menores quedarán desprotegidas y las adultas perderemos aún más nuestra soberanía digital en el camino.
Hace unos meses se empezó a hablar de Chat Control, una iniciativa de la UE, de nuevo con el Estado español a la cabeza, que busca prohibir la comunicación con encriptado de extremo a extremo, con la excusa de luchar contra los pederastas. De aprobarse, implicaría que las compañías de comunicación inspeccionaran los mensajes en busca de contenido pedófilo. El objetivo es similar y el resultado también es similar.
¿Cómo se aplicarían estas regulaciones?
En el caso de Chat Control, se trata de un escaneo masivo que implicaría el fin de nuestra privacidad en línea y convertiría en ilegales herramientas de mensajería cifrada como Signal. Dejaría al usuario desprotegido, ya que favorecería la explotación de nuestra información personal, permitiendo a empresas como WhatsApp espiarnos legalmente y vender nuestros datos con impunidad.
Cuando hablamos de la restricción a menores de 16 años, es fácil pensar que estamos protegiendo su identidad, pero el asunto tiene matices. Una posible forma de aplicar la normativa es subir nuestro DNI y una foto. Esto implicaría el fin del anonimato en las redes sociales. Cualquiera que quisiera crear una cuenta tendría que identificarse, por lo que las empresas estarían recopilando aún más datos de usuarios, personas adultas y menores, que podrían añadir a los obtenidos a través de Chat Control. Ambas medidas facilitan la creación de perfiles comerciales, convirtiendo las redes sociales en espacios más hostiles. Si el propio Instagram se muestra a favor de este sistema de identificación en la UE, debería informar de algún beneficio.
Otra opción, a priori más segura, podría ser que el propio Estado dispusiera de una herramienta para realizar esta verificación, para lo cual la empresa propietaria de la red social requeriría autorización. Desde la perspectiva de un usuario común, esto podría considerarse una buena solución, pero imaginemos que su opinión difiere de la que su Estado considera aceptable. Quizás desee difundir contenido que documente el genocidio del Estado de Israel en Palestina, lo cual se considera un delito. Por orden judicial, la empresa tendría que informar la identidad de la persona que ocupa el cargo. En otras palabras, los Estados tendrían una herramienta para controlar quién y qué se difunde en las redes sociales, con la arbitrariedad que existe hoy en día para etiquetar un movimiento social como terrorista.
Incluso si no hace pública su opinión, gracias al control de chat nada impediría que el Estado buscara material que considere inapropiado. Hablar de convocar una protesta podría ser suficiente para que emprendiera acciones legales. Estas herramientas son utilizadas por periodistas y activistas de todo el mundo para evadir la censura y protegerse, para informarnos y mantenernos informados. Sin ellas, grandes filtraciones como la de Wikileaks jamás habrían sucedido.
¿Qué alternativa existe?
Está más que comprobado que el empleo de smartphones de forma cotidiana entre la adolescencia provoca enfermedades mentales, como la depresión. Con todo, es habitual que cada vez a edades más tempranas ya tengan un teléfono propio, e incluso con cinco años sea su principal juguete. Antes de prohibir hay que educar, y antes que dar lecciones, hay que dar ejemplo. ¿Con qué legitimidad les prohibimos usar las redes sociales (o los smartphones) si luego no podemos estar a su lado sin tener el móvil en la mano en lugar de jugar y compartir tiempo de calidad?
El problema debe abordarse de raíz. Hoy en día, la plataforma más utilizada por los pedófilos es Telegram, que no tiene cifrado en los grupos, pero siguen ahí; el cifrado no es el problema. Empecemos por educar en nuestras escuelas, hogares y amistades.
Este problema es como centrar el discurso en el reciclaje de plástico en lugar de prohibir los envases innecesarios. Centran la narrativa en prohibir el acceso a las menores para desviar el discurso y el debate de la raíz del problema, que es la intoxicación con información falsa y publicidad permitida, que podría limitarse de formas más sencillas. Las redes sociales, bien diseñadas, pueden ser un lugar “seguro” para la adolescencia, ya que quienes pertenecen a minorías o forman parte de entornos restrictivos tienen la oportunidad de ver que hay otras formas de estar en el mundo que de otro modo no podrían. Estas medidas no buscan crear un mundo más seguro para menores, buscan generar un mayor control sobre toda la población.
A mayores una se pregunta como afectaría eso a las redes libres como el Fediverso, una “red de redes” sociales alternativa e independente de las big tech, sin algoritmos y sin intereses económicos. Seguramente, las pequeñas instancias no podrían gestionar la complejidad burocrática que conllevan estas prohibiciones.
Que tienen en común Chat Control y la nueva propuesta de ley para protección de menores en el entorno digital?
En ambos casos, se utilizan discursos sensacionalistas, utilizando a nuestras hijas e hijos como excusa para lanzar un ataque sin precedentes contra nuestra soberanía digital y exonerar de responsabilidad a los creadores de redes sociales tóxicas y adictivas. Es una carrera del gato y el ratón. ¿Por qué no te dejan crear una cuenta de Instagram en Australia? No tardarán ni una semana en usar una VPN. Y los pedófilos también. Abordemos los problemas desde la raíz.
Por suerte, contamos con algunas alternativas para mitigar estos ataques. El grupo de soberanía digital de Enxeñería Sen Fronteiras lleva un tiempo trabajando en una Guía de Autodefensa Dixital para recuperar nuestra soberanía digital.
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