28 ago 2026 06:00

Disfruten de esta obra en tres actos, escrita para ser censurada del espacio público en aras de un discurso más ordenado y ser representada, de forma exclusiva, en los tugurios de lo políticamente incorrecto.

El escenario es Ceuta, una ciudad autónoma del Reino Borbón, más española que España misma, donde conviven cuatro culturas en perfecta armonía hasta que llegan los kurdos y entonces todo se vuelve racismo y clasismo. Disculpen si me pongo local, es que la Perla del Mediterráneo existía mucho antes que esta trama; la población caballa sabrá a qué me refiero (elli fahem, fahem).

El atrezo lo componen "muchos marroquíes” que llegan a Ceuta saltándose el protocolo fronterizo. En este telón de fondo interpretan los actores sus papeles. Empieza el espectáculo.

Primer acto: la opinión

Es una escena clásica de la política estatal española, donde la Derecha, trajeada con corbata azul, y lo Progre, con corbata roja, sueltan soliloquios sobre sus propias hazañas y los desatinos del bando contrario. Hacen referencia a señores políticos de la casta, a leyes, presupuestos y otras letanías en un idioma cercano al latín. Por cierto, son señores o señoras peinados de peluquería.

Téngase en cuenta para el montaje que, si bien hace unos meses el libreto comprometido exigía la expresión “entidad sionista” para no normalizar al Estado de Israel y denunciar su naturaleza colonial, el discurso actual vuelve a tolerar “Israel” a secas. 

En este marco social de la posmodernidad, cuando los acontecimientos que se desarrollan en escena, o a los que aluden los actores principales, están marcados por un género, una etnia o una religión distinta a la del régimen, el guión exige que suban al escenario actores más performativos, más conceptuales. Sin duda, el show de Ceuta merece expertólogos de variadas tribus urbanas.

Segundo acto (musical): la culpa

Los actores de azul y rojo se retiran al backstage a echar unos Celtas Cortos regados con anís. Suben al escenario personajes opinólogos atravesados por la raza. Interpretan un número musical usando el propio cuerpo como instrumento, ensalzando la raza biológica y negando las clases. Acaba con un solo a cappella de un Señorito de la Diáspora vociferando a viva voz que “la culpa es de la Izquierda”.

En este punto del musical hace su entrada la Izquierda entonando el mea culpa en un tolerante intento de asumir la culpa de ser europea, sacrificando la lucha de clases en el altar del respeto multiétnico.

Una vez restaurada la paz burguesa, el Señorito de la Diáspora se une a ella y juntos corean “Trump, Israel, Marruecos”. Acto seguido, lo Progre de corbata roja, satisfecho de sí mismo, se suma desde atrás marcando los pasos de reojo; no conoce la coreografía y carece de técnica, pero domina la impostura.

Acotación para dirección: Téngase en cuenta para el montaje que, si bien hace unos meses el libreto comprometido exigía la expresión “entidad sionista” para no normalizar al Estado de Israel y denunciar su naturaleza colonial, el discurso actual vuelve a tolerar “Israel” a secas. Anótese este giro semántico en el cuaderno de dirección, y que el sionismo se apunte otro tanto.

Un lance farsesco interrumpe el trío vocal: irrumpe en el centro del escenario el actor caracterizado de corbata azul. Con la mirada desencajada y ejecutando un movimiento giratorio sobre sí mismo, vocaliza un agónico y amenazante “¡Espaaaaaña!”. Tras la hipérbole gestual, sobreviene el mutis definitivo: cae desplomado, escenificando una muerte patética por la patria.

El foro aplaude; no se sabe a quién.

Tercer acto: la empatía

Comienza la escena con un ritual: se sirve café para todos respetando una estricta jerarquía escénica. Primero se le sirve al actor racializado, para dejar constancia de la ausencia de racismo; a continuación, al señor de la corbata, por pura inercia institucional; finalmente, y a modo de penitencia, se le sirven los posos a la izquierda femenina, quien los acepta disimulando el malestar tras una amplia sonrisa.

Servido el café, se entabla un diálogo amable y bienintencionado. Las tres partes exteriorizan una profunda empatía con el atrezo (las personas migrantes en situación irregular), consensuando que si han arriesgado su vida para llegar al autoproclamado Occidente se debe, sin duda, a una causa justificada.

Acotación: La siguiente retahíla se ejecutará en formato de letanía rápida y respondiendo al pie. Los actores se arrebatarán la palabra de forma consecutiva, acelerando el ritmo hasta solapar las voces.

Viene aquí por un futuro mejor, por lo machista del Islam, por lo mala que es la monarquía marroquí, huyendo del expolio europeo, porque en su país están muy mal, porque son pobres, porque son muy pobres, porque sus familias no los quieren, porque Boko Haram, porque les han lavado el cerebro con el sueño europeo, porque hay guerras tribales, porque su cultura es muy opresiva, porque son homosexuales y aquí en el autoproclamado Occidente las personas homosexuales están muy bien, porque quieren ir a Francia, por el efecto llamada, porque sus países no son democráticos, porque son homosexuales y en Musulmanía el mariconeo es pecado, porque quieren ser futbolistas, porque su madre está enferma, porque las medicinas son muy caras, porque la migración es un derecho de la carta de Derechos Humanos.

Plot twist

El atrezo, “esos muchos migrantes”, salta al escenario ocupando el lugar de los actores. De repente ya no son objeto: son sujeto. Agradecen la intervención de las secciones más tolerantes del panorama político europeo, la Diáspora, la Izquierda y lo Progre, y, pidiendo permiso, toman la palabra:

Emprendimos el viaje hacia Europa para encontrarnos a nosotros mismos. Hemos venido para romper con nuestra rutina. Queremos enseñar álbumes de nuestros viajes a nuestros futuros hijos. Hacer muchas publicaciones en redes sociales. Probar la gastronomía local. Queremos desconectar y descansar. Conocernos a nosotros mismos. Aclarar nuestras ideas. Contar que estuvimos. Hemos decidido venir, sencillamente, porque viajar abre la mente.

El asombro se apodera de los actores bienintencionados, los de la empatía ¿Cómo que esos pobres migrantes, seres de luz, merecedores de caridad, osan tener aspiraciones al más puro estilo de la clase media europea? ¿En qué momento su ancestral cultura se vio contaminada por el consumismo capitalista? ¿Siguen mereciendo venir si no es inspirando lástima?

El foro también se incomoda. Hoy hay fútbol masculino y hay que verlo. Los medios de comunicación y las instituciones son quienes venden la entrada para esta sátira subliminal. Espero que hayan disfrutado del espectáculo. Saludos desde el palco.

Kabilas de mesa camilla
Cacamelon
Jamás pensé yo que vería a mi madre haciendo scroll a media mañana. Pero no estoy aquí hoy para lamentar el tiempo perdido en la pantalla, alimentando frustraciones y patrocinando deseos y necesidades.
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