Pacifistas, antimilitaristas y activistas de la objeción e insumisión llaman a la “movilización consciente”

En el Día Internacional de la Objeción de Conciencia el movimiento insumiso se reitera “contra los pilares del régimen de guerra permanente: el rearme, la militarización de la vida pública y la normalización cultural de la violencia”.
Insumisión Alcala prisión 1998
Marcha a la prisión militar de Alcalá de Henares el 10 de mayo de 1998, en apoyo a los insumisos presos. No CC. Álvaro Minguito

Este 15 de mayo, Día Internacional de la Objeción de Conciencia, el movimiento de insumisión ha dado a conocer el Manifiesto por la Paz, la Desmilitarización y la Desobediencia, avalado por más de 200 personas que han participado en luchas pacifistas y antimilitaristas desde los años 70, con Franco en cuerpo presente, hasta la fecha con su sombra militarista presente. Encabezan las firmas, Pepe Beúnza, primer objetor político en tiempos de Franco, así como otros objetores que desafiaron al régimen en el servicio autogestionado de Can Serra, entre ellos Ovidio (hoy integrante de Yayoflautas de Madrid) y Martí Olivelles, de Aturem les guerres en Catalunya, Detrás de ellos se puede reconocer un largo listado de quienes desde entonces empujaron porque “otra paz” fuera posible.

A través de siete incisos, el movimiento insumiso desarrolla sus argumentos sobre por qué en estos tiempos es imprescindible implicarse activamente contra el estado guerra permanente que diferentes gobiernos de la Unión Europea, la OTAN, y otros alrededor del mundo quieren de nuevo impulsar y sostener a costa de su propia ciudadanía.

En el primero de ellos se refieren a lo que consideran una falacia de la “Paz Armada” con la que se quiere justificar el reciente auge de la militarización. “Se nos dice que la seguridad depende del gasto militar, de la preparación para la guerra y del fortalecimiento de ejércitos poderosos”, sin embargo, la acumulación de armamento y tecnologías de muerte, incluida la inteligencia artificial aplicada a la guerra, no nos hace más libres ni seguros”, defienden. Desde luego, los conflictos armados actuales están agravando la fragilidad de la vida y destruyendo los ecosistemas a marchas aceleradas, por tanto, la vida de todo ser en la tierra es menos segura, hoy.

El manifiesto recuerda que las guerras continúan funcionando bajo la lógica del capitalismo y la violencia como su principal instrumento. “El militarismo es el brazo armado de un modelo que necesita controlar territorios, poblaciones y recursos” y que lo hace a través de la “explotación laboral, la depredación ecológica, la desigualdad racial y la violencia patriarcal”, subrayan. Hoy nadie tiene dudas de que la mayoría de los actuales conflictos armados “impulsan la industria militar como motor económico”.

El manifiesto también apunta al Estado español , el cual, a la vez que mantiene en los discursivo un planteamiento pacifista “consolida un gasto militar récord, sostiene bases extranjeras, participa en operaciones de injerencia y se mantiene entre los principales exportadores de armas”. Para los firmantes el aumento en gasto militar desvía recursos que debieran dedicarse a la sanidad, la educación y la transición ecológica, entre otros sectores esenciales.

Se necesita un cambio de paradigma

Otra paz es posible es el principal mensaje por el que abogan los colectivos, organizaciones sociales y personas individuales: “frente al espejismo de la paz armada una paz con contenido, con raíces, con horizontes: una paz obrera, ecologista, feminista, política e insurgente, antiautoritaria, anticolonial y migrante...” y más, defienden en el cuarto punto del texto. Una paz que es incompatible con la paz armada y apuestan “por una paz transformacional que sustituya el militarismo por la cooperación no violenta”.

“Frente al espejismo de la paz armada una paz con contenido, con raíces, con horizontes: una paz obrera, ecologista, feminista, política e insurgente, antiautoritaria, anticolonial y migrante...”

Los adherentes al manifiesto por la Paz, la Desmilitarización y la Desobediencia reiteran que no buscan “adhesiones pasivas”, sino una “movilización consciente” y proactiva contra los nuevos impulsos con los que Europa busca justificar políticas de rearme, la militarización de la vida pública y la normalización cultural de la violencia con las que, en pocas palabras, mantener un estado de guerra permanente.

Por ello abogan abandonar la viejas fórmulas diplomáticas y pasar a impulsar “una estrategia de desobediencia e insurgencia pacifista” que lleve a un cambio de paradigma. Pasar de la reacción a la impugnación total el militarismo y con ello abolir los ejércitos y desmilitarizar las vida social y política. No descartan combinar la resistencia a la guerra con la desobediencia para caminar hacia un horizonte de “transarme”.

En cuanto a las acciones a llevar a cabo proponen entre otras, redoblar esfuerzos en el boicot, la desinversión, la objeción fiscal, la denuncia pública, la acción noviolenta, el apoyo a desertores y víctimas, la educación para la paz, la participación en luchas feministas, ecologistas, antirracistas y anticoloniales, y la solidaridad internacional con quienes resisten la guerra.

Proponen una agenda colaborativa de transarme, es decir, un proceso que transfiera recursos, capacidades y legitimidad del modelo militar “hacia un modelo alternativo de seguridad humana y ecológica. No es una utopía ingenua: es una necesidad pragmática”. En resumen, el manifiesto sostiene que son las prácticas de cooperación, ayuda mutua y resistencia noviolenta, con las que ya defendemos nuestras luchas cotidianas, las herramientas con las que defenderemos la vida de todas.

Finalmente llaman “ a las generaciones jóvenes, a las militancias desanimadas y al conjunto de la sociedad a superar la parálisis del miedo” y a convertir este manifiesto “en herramienta de lucha en las calles, los centros de trabajo y los espacios públicos y culturales”. 

Entre los más de dos centenares de personas que han suscrito el manifiesto están, además Beúnza, Ovidio y Olivelles, Koldobi Velasco, feminista antimilitarista canaria, Josefa Margarita Sanz Municio (Mujeres de negro), Gracia Escalante Ruiz (Alternativa Antimilitarista, Mujeres de negro), María Hontanares Arranz Peña (trabajadora social), Montserrat Calatayud Díaz-Santos (objetora fiscal), María Blanca Herranz Castro (antimilitarista. Autoinculpada), Mª Dulce Alonso Fernández (Yayoflautas, Madrid), Pedro Oliver Olmo. (insumiso encarcelado, Plataforma Granada por la Paz), Juan Carlos Rois Alonso (abogado, objetor colectivo y antimilitarista), Pablo San José (insumiso, Grupo Tortuga), Ángel de Juan (insumiso y antimilitarista de Marinaleda), Pedro Ragel Calderón (insumiso, enfermero de Cádiz), Víctor Sampedro Blano (objetor de conciencia, catedrático universitario), Enrique Quintanilla Alboreca (antimilitarista y ecologista), Luix Zulaika Galdos (insumiso encarcelado de Zumaia), Fernanda Pombero León (MOC Sevilla), Arantxa Lerchundi Larrauri (objetora de Bilbao) y decenas de personas más. El manifiesto sigue abierto para firmas individuales y de colectivos.

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