Infancia
Ana María Bayo, madre de Infancia Libre: “Servicios Sociales te dice que denuncies; lo que venga detrás ya te lo comes sola”

La tercera de las mujeres a las que se ha intentado relacionar con una presunta “trama” para secuestrar niños a través de la asociación Infancia Libre no ha sido acusada por sustracción de menores. Tampoco se ocultó con su hija ni pasó por la consulta de la pediatra de Granada. El caso de su hija aparece en un informe de Save the Children como paradigma del modus operandi de la justicia ante los menores que denuncian abusos.

Ana Bayo 1
Ana María Bayo en la redacción de El Salto. David F. Sabadell

publicado
2019-06-26 06:00
“Nadie te protege, nadie te cree, nadie te ayuda. En los servicios sociales te dicen que denuncies. Lo que venga detrás ya te lo comes tú sola”. Ana María Bayo arrastra una pesada carpeta de informes, atestados, pruebas periciales y sentencias. Asegura que su hija comenzó a denunciar abusos sexuales de su padre con tan solo tres años. Desde esa fecha, informes médicos, psicológicos, y grabaciones a las que ha tenido acceso El Salto, se amontonan como pruebas. Bayo se ha enfrentado al gigante de la administración para que su hija fuera creída. Y no lo ha conseguido.

Ana María Bayo es también una de las madres detenidas a las que se relaciona con Infancia Libre. El pasado 21 de mayo, la policía acudía a su puesto de trabajo para buscarla. Ese día le entregaron una orden de búsqueda y captura cursada en 2018. Según reza el auto del juzgado, está investigada por un presunto delito de desobediencia. Una desobediencia relacionada con el incumplimiento del régimen de visitas en un punto de encuentro.

El régimen de visitas consistía en una visita del padre cada 15 días de dos horas de duración, que debía ser vigilada. Este régimen de visitas se suspendió porque, tal y como asegura un informe emitido por el equipo técnico del Servicio de Encuentro Familiar de la Comunidad de Madrid y remitido al juzgado, “la menor accede al centro llorando, agarrándose con fuerza a la madre mostrando un estado de nerviosismo y verbalizando su negativa a ver al padre”. En este informe se recoge también que el padre comentó que si la niña estaba así de nerviosa “no le insistáis más, que se vaya con la madre”.

“Nos pusieron un punto de encuentro. En el punto de encuentro mi hija lo pasó fatal. Allí lo que me dijeron es que no valía la pena que mi hija se llevara ese sofoco y enviaron un informe al juzgado. Lo siguiente que supe es que ese procedimiento se había archivado”, relata Bayo, que asiste a este episodio sin entender muy bien el por qué.

Desenredando la trama

Así las cosas, Ana María Bayo no está investigada por sustracción de menores. Tampoco pasó por Granada ni fue atendida por la pediatra Narcisa Palomino. A su hija la han atendido más de tres pediatras y médicos diferentes y solo comparte con el resto de madres investigadas de Infancia Libre la misma abogada, Carmen Simón, y visitas al psiquiatra Antonio Escudero Nafs. Este médico, en un informe del 13 de diciembre de 2015, concluye que “el miedo que siente [la menor] de sufrir abusos por parte de su padre es real, equivalente a veraz, entendiendo por tales su absoluta convicción de que ello ocurrirá”. “Forzarla a visitas con el padre si ella no lo desea constituye un grave riesgo para la salud de la niña”, avisa el profesional.

“Me separé en 2008, cuando la niña aún no tenía un año. En 2009 firmamos un convenio de visitas que se fue ampliando. Eso se cumplió rigurosamente hasta que puse la denuncia”, explica Bayo

“Me separé en 2008, cuando la niña aún no tenía un año. En 2009 firmamos un convenio de visitas que se fue ampliando. Eso se cumplió rigurosamente hasta que puse la denuncia”, relata Bayo a El Salto. Las sospechas de esta madre comenzaron cuando “no había cumplido los 3 años y para cambiar el pañal juntaba las piernas, se ponía rígida y decía papá pupa. Fuimos al pediatra y lo único que dijo es que le habrían hecho daño al limpiarla. Y tú te quedas tranquila, es lo que quieres oír”, asegura.

Según el informe pediátrico, al que ha tenido acceso El Salto, ese día el médico afirma sobre Bayo que “la impresión que me transmite la madre es de maltratada” y que la niña “no se deja mirar sus genitales y refiere que su padre la ha hecho daño alguna vez”. Unos días después, en otra consulta, asegura sobre la mujer que la ve “todavía tocada”.

Sospechas de abusos sexuales

En 2014, mientras Bayo está de posparto en el hospital, cuenta que la niña refiere a la abuela que siente escozor al orinar desde que su padre le había clavado la uña. La abuela, asustada, la lleva al pediatra. En los informes médicos de esos días se recogen “síntomas miccionales” de infección de orina. “Ahí fue cuando empezó a decir que su padre le hacía cosquillas. Yo le llamé para decirle que no la tocara, que la niña se lavaba sola. Me dijo que él le hacía cosquillas donde le daba la gana”, asegura Bayo.

Ese mismo año, en agosto, después de que la niña pasara diez días con su padre, Bayo y su hija acabaron en Urgencias Pediátricas del Hospital. “Venía con marcas en la cara, nos dijo que su padre le había dado un bofetón y que le escocía el chichi porque su padre le seguía haciendo cosquillas”. “Sospecha de abuso sexual”, se puede leer en el diagnóstico del informe pediátrico del hospital, que también indica que, como tratamiento, “se pone en conocimiento de Servicios Sociales”.

Ana Bayo 2
Bayo muestra parte de la documentación acumulada desde que interpuso la denuncia por abusos. David F. Sabadell

La madre asegura que desde Servicios Sociales le recomendaron denunciar. Pero, ante el miedo a la reacción del padre, desistió. “Llevaba toda la vida diciendo que iba a ir a por mí, pero la denuncia era la única opción que me daban”, admite. Hasta el fin de semana del 15 de marzo de 2015. Un fin de semana que la menor compartió con su padre y que marcó un antes y un después. “Mi hija regresó diciendo que habían estado en un hotel y que la había vuelto a tocar mientras veía la televisión. Cogió la mano y se la metió dentro del pijama para enseñarme lo que le hacía su padre. Al día siguiente fui a poner la denuncia”.

Tras esto, se desencadenó un mecanismo institucional de visitas a comisaría, pruebas periciales, juzgados y cuestionarios a los que no esperaban enfrentarse. Cuestionarios en los que se dudó de la versión de su hija. Visitas al Servicio de Atención a la Mujer (SAM) en los que la menor declaraba “escondida, abrazada a mí y con la cabeza tapada”. La menor repetía una y otra vez que su padre “le mete la mano por debajo de sus braguitas y le toca el chichi”. El padre lo negaba categóricamente, según reflejan los informes policiales del SAM. “Ese Día del Padre, yo ya no la entregué a su padre. Tenía miedo de que la hiciera algo por haber ido a denunciar. Y empecé a incumplir. Me dijeron que fuera a pedir una orden de alejamiento al Juzgado de Guardia. Me la denegaron. En enero de 2016 archivan los abusos. Dijeron las técnicas del equipo de psicosocial que su testimonio era psicológicamente increíble y lo archivaron”, explica.

Una grabadora en un calcetín

“Y ahí empezó toda la pesadilla”, asegura Bayo con una voz que se apaga mientras batalla contra las lágrimas. Seguidamente, describe encontronazos a las puertas del colegio con él y con su familia, peleas por llevarse a la niña y las frecuentes visitas de la policía los días que le tocaba ir con el padre. Habla de incomprensión en el colegio, de coacciones y amenazas para entregar a su hija. Cuenta como, una vez, el padre se llevó a la niña como si fuera un saco de patatas. “Me pidieron que no fuera a las recogidas para evitar conflictos”, asegura.

El 7 de junio de 2016, la menor agarró una grabadora y la introdujo en su calcetín, tal y como explica Ana. Ese día ella sabía que a la salida del colegio iría a buscarle su padre. Y, dando al play grabó las seis horas que precedieron a ese encuentro y parte del mismo. En la cinta registró una conversación que acabó en el juzgado. El Salto ha tenido acceso a la transcripción de esa charla a cuatro entre el padre, el abuelo, la abuela y la menor. Tras un pequeño rifirrafe en el que el padre recrimina a la hija que por qué no está bien con él, el padre dice “ella está mal conmigo a veces y yo con ella también”, a lo que la menor replica “por ejemplo cuando me tocas el…” y el padre la interrumpe: “Pero, cariño, que eso es para jugar”.

“Es que no tienes que hacer eso nunca”, afirma la niña. “Bueno, y tú me lo decías y yo no te lo hacía”, asegura el padre. “Mi cuerpo es mío”, responde la pequeña. “Cuando tú me decías que no te tocara, ¿vale? ¿Eh? Sabes que es verdad y yo paraba”.

Tras esto, el abuelo interviene. “Con respecto a la niña. Lo que dice ella, lo que dices tú, que te toca papá el chichi. El chichi necesita lavarse y asearse”. A lo que el padre responde “No, no, no, si yo sé por lo que ella lo dice”. “Y habla con ella como si fuera una persona mayor. Osea, no se refiere a eso”, concluye el padre.

Con esa grabación en la mano, Ana María volvió a poner una denuncia y los juzgados reabrieron el caso. Finalmente, en 2019 el padre es condenado por un delito de maltrato familiar. La Audiencia Provincial de Madrid dicta contra él tres meses de prisión con una orden de alejamiento de un año y tres meses, pero le absuelve de abusos sexuales. Para los jueces, el bofetón que había relatado la niña queda demostrado, pero la grabación no era una prueba contundente para revelar abusos sexuales pues “en dicha conversación no se puede inferir que el acusado reconociera haber hecho tocamientos libidinosos a la menor, sino que cuando dice que si la niña le pedía parar, paraba, se refiere a hacer cosquillas y además en ningún caso podemos entender siquiera que dichas cosquillas fueran en los genitales”, según se puede leer en la sentencia. Este fallo está recurrido por las dos partes, por lo que la orden de alejamiento aún no se ha ejecutado. Save the Children incluyó este caso en su informe Ojos que no quieren ver, dónde concluye que existe un modus operandi en la justicia por el cual se archivan hasta el 70% de los casos.

Infancia desprotegida

“Pensamos que la infancia está superprotegida, pero no es así. Yo hice lo que me dijeron que tenía que hacer para proteger a mi hija y mira a lo que hemos llegado”. Después de atravesar en soledad este complicado laberinto, Bayo cuenta que se unió a Infancia Libre para pelear por los derechos de sus hijos e hijas, buscando la fuerza que da la unidad. Poco después de poner la denuncia, en marzo de 2015, conoció a María Sevilla a través de una compañera. Sevilla posteriormente se convertiría en fundadora y presidenta de Infancia Libre, asociación cuyos estatutos fueron registrados en agosto de 2015 y cuya alta en el registro de asociaciones tiene fecha de enero de 2016“Cuando conocí a María y a otras madres, te das cuenta de que no te está pasando a ti sola, que es que te están vendiendo la moto de la protección de los niños y es todo una mentira como una casa”, asegura.

Y, pese a todo este periplo, esta madre asegura que está tranquila porque la custodia de su hija es suya. Su abogada, Carmen Simón, que lleva los casos de las otras investigadas, corrobora esta situación. “El punto de encuentro cerró el expediente de visitas porque no pueden hacer nada con la niña, que no quería ver al padre, reconociendo la actitud colaboradora de la madre. El juzgado no le vuelve a comunicar nada y se archiva el procedimiento. Posteriormente, se abre un procedimiento de desobediencia en el Juzgado número 7 a instancia del fiscal. Intentan citar a Bayo en agosto y en septiembre, cuando están en la playa. La citan dos veces. No la localizan y en octubre de 2018 ponen un auto de busca y captura para que vaya a declarar en calidad de investigada por un delito de desobediencia”, explica Simón.

Opinión
Cuando los medios dictan sentencia

Tres madres han sido detenidas por quebrantar el régimen de visitas de sus hijos o por la imposibilidad de entregarles las notificaciones al desconocer su paradero. Los medios han tejido una “trama criminal” de “brujas”.

“Tras las detenciones de las otras dos madres, la abogada de la otra parte le dice a la policía que esta madre también pertenece a la supuesta trama criminal de Infancia Libre y la policía dice que va a proceder a su detención. La policía pregunta al juzgado qué deben hacer con la niña tras la detención. El Juzgado de Instrucción se lo manda al de Familia. El Juzgado de Familia dice que la custodia es de la madre. El procedimiento de ejecución está archivado y la niña debe seguir con la madre”, asegura la letrada, que añade que el padre, que no queda contento, “pide en el Juzgado de Instrucción número 7 unas medidas cautelares urgentes y una orden de alejamiento de la madre con la niña por pertenecer a una trama y una organización criminal. El juzgado no se la concede porque la niña no corre ningún riesgo con la madre”, afirma Simón.

Para lo único que ha servido este proceso es para que “a mi hija la señalen con el dedo en el colegio, dice esta madre

Mientras, Bayo huye de los flashes que la apuntan en esta trama sin comprender muy bien por qué. Una trama que no entiende y que desmiente. “Nosotras no hemos puesto denuncias falsas ni hemos sido condenadas por ello. Son denuncias archivadas porque no han aceptado las pruebas”, afirma rotunda. Sin embargo, su detención fue narrada en directo por todos los medios de comunicación.

Para esta madre, para lo único que ha servido este proceso es para que “a mi hija la señalen con el dedo en el colegio. Su padre se ha presentado en la puerta del colegio con la policía y los medios de comunicación. Han dado mi nombre completo, donde trabajo, hasta el nombre de mi hija. Llega al colegio y los niños la dicen: es que tu madre es una secuestradora, te ha secuestrado tu madre. Mi hija se ha tenido que esconder en el baño a llorar. Y eso no se puede consentir”, concluye.

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7 Comentarios
BPM 10:52 27/6/2019

Hay que proteger a la infancia YA. Los informes de Save the Children son demoledores. Entiendo el derecho a la presunción de inocencia, pero ese derecho no está reñido con que se proteja a la/el menor durante el proceso, que se le provea de atención psicológica y se aplique el principio de prevención, ya que el daño causado puede ser irreparable. Haría falta una ley especifica y unos recursos suficientes para llevarla a cabo. Se supone que la legislación está para proteger a las personas más vulnerables y en estos casos los datos indican que está fallando estrepitosamente.

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OQF 20:14 26/6/2019

Esa misma cuestión la puedes trasladar a los otros medios que han empleado los padres "sufrientes" (prensa en soporte papel, digital y TV). En este debate, seguimos olvidando a los menores maltratados o abusados. Seguimos sin creer en su palabra. Habrás conocido que hay jueces que ven jolgorio en el caso de la manada, pues imagina su opinión cuando escuchen a estas niñas y niños. Como era de esperar, quien tiene que proteger a la infancia en nuestra sociedad no lo hace.

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#36356 15:46 26/6/2019

Informarnos ahora con la visión del padre, sería un ejercicio periodístico muy bueno y equitativo

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#36365 18:36 26/6/2019

Para eso ya están el resto de medios. No tienes más que echar un ojo a el mundo

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Anónimo 16:00 26/6/2019

De lo que hay que informar en este momento es del linchamiento público y la venganza mediático judicial a que están siendo sometidas estas mujeres y sus hijas/hijos. El interés periodístico del seguimiento que está haciendo El Salto consiste precisamente en que está mostrando, artículo tras artículo, lo infundado del trato que están recibiendo.

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Anónimo 13:24 26/6/2019

Gracias a El Salto por el seguimiento que está haciendo de este asunto, en el que está quedando bien patente la violencia vengativa e implacable que aplican la Ley y su nauseabundo aparato mediático contra las víctimas que se niegan a serlo. Nosotros estamos contra este Orden y a favor de una infancia libre. ¡Basta ya de represión!

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#36347 12:06 26/6/2019

Yo sí te creo . Yo sí os creo. Protección del menor ya. Basta ya!!!!!

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