Opinión
Glosario de la memoria: trauma colectivo

El 14 de junio se celebra el Día de recuerdo y homenaje a las víctimas del golpe militar y la Dictadura en Andalucía.
Doctora en comunicación
16 jun 2026 10:00

La tía de mi abuela se llamaba Castillo García. En 1936, los sublevados se llevaron a su marido. Suponemos que lo asesinaron y enterraron su cuerpo en una fosa común clandestina, al igual que hicieron con otras 50.000 personas en Andalucía. Castillo se quedó viuda con un hijo de dos años. Frente a ella, cuarenta años de dictadura. Cuarenta años vendiendo vino y dulces caseros para sobrevivir. Cuarenta años observando a criminales ostentar las posiciones de poder político, económico y cultural de su pueblo y su país. Cuarenta años… y algunos más.

Más de cuarenta años para retomar el debate público sobre derechos que ya eran reconocidos en 1936, que el franquismo abolió y que hoy consideramos garantizados, como el divorcio. Somos una sociedad de memoria corta y distorsionada, pues han bastado escasos cincuenta años  tras la muerte del dictador para hacernos olvidar que ningún derecho está garantizado. Ni el derecho a la vida está garantizado. Ni siquiera si eres mujer, niño/a o persona vulnerable (en estos casos, los derechos, en general, están especialmente no garantizados).

Duele este país que presenció el horror pero, de tanto escucharlo, acabó repitiendo que de la violencia nace el orden. 

¿Asumimos que es imposible que el ejército se levante en armas, apoyado por buena parte de la clase política, empresarial y mediática, y lleve a cabo una masacre con el objeto de imponer un “cambio de rumbo”? ¿Nos creemos inmunes a una realidad presente en diversos países del sur (y no tan sur) global? ¿Pensamos que hemos escapado de nuestro propio pasado? ¿Que el 18 de julio de 1936 queda demasiado lejos? ¿Que el 23 de febrero de 1981 no significó nada?

Hoy el orgullo reside en reivindicar la memoria de las víctimas, y no de los victimarios. 

Duele este país que presenció el horror pero, de tanto escucharlo, acabó repitiendo que de la violencia nace el orden. Duele este país que, noventa años después, sigue alzando el brazo, homenajeando crímenes de lesa humanidad que nos convirtieron en una sociedad traumatizada. Porque no todos/as perdimos la guerra (si guerra se le puede llamar al intento de genocidio que se cometió en gran parte de Andalucía), como afirma Pérez Reverte, pero muchos/as sí somos, todavía, víctimas indirectas del franquismo. Víctimas por herencia cultural.

Sin embargo, a pesar de su crueldad, la historia guarda algo de justicia poética. Porque hoy el orgullo reside en reivindicar la memoria de las víctimas, y no de los victimarios. Muchas siguen siendo víctimas anónimas, como el marido de mi tía abuela Castillo, cuyo nombre no figura, de momento, en ninguna de las bases de datos del movimiento memorialista. Debemos recordarles porque es lo único que les salva del olvido. Debemos recordarles porque quizás sea lo único que nos pueda salvar del presente.


Cargando valoraciones...
Comentar
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra en tu cuenta.
Cargando...
Cargando...
Comentarios

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...