Extremadura
Cooperativismo de trabajo: pilar de la estabilidad laboral y el arraigo en el territorio
La forma en que se organiza el trabajo determina la capacidad de un territorio para retener su futuro. En un ecosistema económico marcado por la volatilidad de los contratos, la precariedad y la deslocalización, el modelo de trabajo asociado ofrece hoy una respuesta material a la precariedad estructural. Los datos recogidos en el informe El Valor Diferencial del Cooperativismo en España 2025, elaborado por la Confederación Española de Cooperativas de Trabajo Asociado (COCETA), confirman que la economía social ha dejado de ser una alternativa periférica para convertirse en el eje vertebrador de la resiliencia productiva, especialmente en regiones donde la empresa tradicional no encuentra rentabilidad inmediata. Como señala el propio documento, “el cooperativismo sigue demostrando su capacidad para combinar eficiencia económica con justicia social”.
El informe muestra un crecimiento sostenido del modelo en todo el Estado, con la creación de 1.565 nuevas cooperativas que elevan la cifra de entidades activas hasta las 19.181. De estas nuevas constituciones, las Cooperativas de Trabajo Asociado (CTA) representan el 78%, consolidándose como la fórmula preferida para el emprendimiento colectivo. Este dinamismo se traduce en una realidad laboral tangible: 335.056 personas afiliadas a la Seguridad Social dependen directamente de este modelo, que demuestra una mayor capacidad de inclusión para colectivos que el mercado mercantil suele orillar. De hecho, el cooperativismo presenta una presencia de jóvenes menores de 30 años del 23,2%, superando el 21,6% detectado en otras formas societarias.
La diferencia salarial también marca una distancia clara con el modelo de las sociedades anónimas. Mientras que en las empresas mercantiles la dispersión entre los sueldos más altos y los más bajos llega a ser de casi tres veces, en las cooperativas se observa una estructura más equitativa. El informe destaca que “las cooperativas presentan una distribución salarial más uniforme, con menos salarios extremadamente altos”. Aunque la media salarial es un 87% respecto a las mercantiles, la mediana se sitúa en un 97%, lo que indica que el grueso de la plantilla percibe retribuciones muy similares a las del sector privado tradicional, pero con una mayor contención en las categorías directivas.
La brecha de género y el liderazgo femenino
El cooperativismo está resolviendo en la práctica brechas que la legislación ordinaria apenas consigue mitigar. Las mujeres representan el 54% del empleo total en este sector (frente al 49,9% en otras formas societarias). El dato es especialmente relevante en el tramo de edad superior a los 55 años, donde el modelo cooperativo sostiene trayectorias laborales de larga duración. Según el estudio, existe una “mayor capacidad del modelo cooperativo para sostener las trayectorias laborales (...) de las mujeres en particular, en etapas avanzadas de la vida activa”.
Las mujeres representan el 54% del empleo total en este sector. El dato es especialmente relevante en el tramo de edad superior a los 55 años, donde el modelo cooperativo sostiene trayectorias laborales de larga duración
En los puestos de alta dirección, la brecha de género se invierte. En las cooperativas, el porcentaje de mujeres en puestos de ingeniería, licenciatura o alta dirección arroja una brecha de -0,6 puntos, lo que significa que la presencia masculina es inferior a la femenina en la toma de decisiones, rompiendo el patrón de las mercantiles donde la presencia de hombres sigue siendo predominante.
Extremadura: el arraigo como respuesta al desierto rural
En Extremadura, el cooperativismo de trabajo asume una función que trasciende lo económico: es una herramienta de lucha contra la despoblación. El análisis de COCETA confirma que, a diferencia de las sociedades mercantiles cuya localización responde a criterios de centralización corporativa, las cooperativas se implantan allí donde se desarrolla efectivamente la actividad. Esta correspondencia territorial es lo que permite que el talento joven permanezca en su entorno, revirtiendo la formación académica en el desarrollo local. Lo demuestran los datos del último ejercicio: en la región se registraron 18 nuevas cooperativas, de las cuales 14 optaron por la fórmula del trabajo asociado, y lo que es más significativo, el 70% de estos proyectos han nacido en municipios de menos de 5.000 habitantes.
Este dinamismo extremeño presenta rasgos propios en cuanto al relevo generacional, con un 40% de los nuevos socios emprendedores menores de 35 años, una cifra que sitúa a la región por encima de la media nacional. Sin embargo, este impulso juvenil convive con retos estructurales que el modelo cooperativo aún debe resolver en el campo extremeño. A diferencia de la tendencia estatal, donde la mujer ya es mayoritaria, en Extremadura la participación masculina continúa siendo predominante en el empleo total. A esto se suma una temporalidad del 22,6% que, si bien es una realidad compartida en todo el Estado, en el ámbito rural alcanza picos del 41,6% debido al uso intensivo de contratos fijos discontinuos marcados por la estacionalidad de las actividades. Asimismo, la inclusión de personas con discapacidad se mantiene estancada en un residual 0,4%, un dato que obliga al sector a una profunda reflexión.
Pese a estos puntos ciegos, el futuro de la región pasa por fortalecer estas unidades productivas que demuestran que es posible generar riqueza sin renunciar a la estabilidad vital. La cooperativa de trabajo se confirma como una herramienta de empoderamiento; un espacio donde la soberanía productiva permite decidir colectivamente cómo queremos producir para poder vivir.
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