El campo progresista mostró unidad en Barcelona, en un mar de llamadas a la acción contra la extrema derecha

En el marco de la “Movilización Global Progresista”, la cumbre reunió una polifonía de voces que hablaron de alianza, dejando entrever a la vez las distintas posiciones que conviven bajo el paraguas del “progresismo”.
Cumbre España Brasil Barcelona 17-04-26
El presidente del Gobierno con el presidente de Brasil al término de la Cumbre bilateral del 17 de abril. Foto: Pool Moncloa/Fernando Calvo
19 abr 2026 17:06 | Actualizado: 19 abr 2026 17:36

El sábado 18 de abril congregó a decenas de representantes políticos en la ciudad de Barcelona. Adscritos bajo el progresismo, la “Gran movilización progresista” y la “IV Reunión en Defensa de la Democracia”, que convergieron en un gran mitin final, congregaron a un amplio espectro de líderes progresistas, con posicionamientos distintos sobre algunos grandes temas, pero articulados en la agenda común de plantar cara a la extrema derecha y preservar un “orden internacional basado en derechos”. 

Impulsada por los presidentes Pedro Sánchez y Luiz Inácio Lula da Silva, que solo un día antes celebraban una cumbre bilateral en la que firmaron 15 acuerdos, y compartieron su posición contra la guerra— la IV Reunión de Defensa de la Democracia reunía a mandatarios de alto nivel de quince países de Europa, Latinoamérica y África con el objetivo de abordar multilateralismo, la gobernanza digital y la lucha contra la desigualdad como una agenda común para defender la democracia frente a la extrema derecha.

Junto a este encuentro, la Movilización Global Progresista, en la que participó un espectro más amplio de representantes políticos y donde acudieron cerca de 3.000 personas, con el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, ejerciendo de anfitrión de la jornada. En su bienvenida al encuentro, el político catalán, denunciaba las guerras en Ucrania, Gaza y Oriente Medio y llamaba a la ciudadanía a tomar la responsabilidad para “que el mundo sea un espacio de esperanza y no de resignación”, interpelando especialmente a las personas progresistas a unirse “para pensar el futuro”. 

La cumbre de Barcelona mostraba una hetereogeneidad de miradas y posiciones, que incluye desde representantes europeos en el gobierno, como es el caso español, o el de los vicepresidentes de Alemania, Austria o Inglaterra —presentes en gobiernos que no se han posicionado claramente contra las guerra, o que defienden políticas anti-inmigración— líderes latinoamericanos en la primera línea de frente de la furia trumpista, en un continente que bascula hacia la derecha, o representantes políticos con una agenda social más a la izquierda que la del socialismo europeo.

El frente latinoamericano protagonista 

Gran parte de la expectación ha girado en torno a la visita de Claudia Sheinbaum, la presidenta de México que viajaba por primera va a España, y que fue en seguida interpelada por la prensa respecto a las relaciones bilaterales entre ambos países, después del desencuentro protagonizado por la corona española, cuando en 2019 el anterior presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, enviara una carta al rey, invitando a la monarquía a pedir perdón por la cruenta colonización de México, sin obtener ninguna respuesta. Hace unos meses Felipe VI haría un reconocimiento sobre los “abusos” cometidos contra los habitantes del territorio.  

En este momento histórico, la mandataria optó por el apaciguamiento, negando que existiera una crisis diplomática, a la vez que reivindica “la importancia de que se reconozca la fuerza de los pueblos originarios para nuestra patria”.  Pero sobre todo dejaba clara la voluntad de cooperación, proponiendo México como próxima sede de la Reunión en Defensa de la Democracia de 2027. La presidenta mexicana citaba a Abraham Lincoln para defender esta esta necesidad de alianzas: “la democracia es el poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.

Por su parte, Lula da Silva, que en octubre disputará las elecciones con Flávio Bolsonaro, hijo de uno de los grandes exponentes de la extrema derecha, insistió en la necesidad de recuperar el multilateralismo, señalando al Consejo de Seguridad de la ONU, que considera central reformar, e instando a sus miembros actuales a detener “la locura de la guerra”.  “No podemos despertarnos todos los días por la mañana e ir a dormir por la noche siempre con el tuit de un presidente de la república amenazando al mundo, declarando guerras”, alertaba.

El mandatario también cargaba contra el “pensamiento económico dominante”, planteando una crítica a una izquierda que no ha sabido superar el “consenso neoliberal”, y ha dedicado su tiempo a “agradar al empresario”, fortaleciendo una ideología que ofrece prosperidad pera entrega: “hambre, desigualdad e inseguridad”. Así el veterano líder señalaba como verdaderos culpables, a lo más alto de la oligarquía capitalista “un puñado de millonarios que concentran la riqueza mundial”. El brasileño también ha alertaba a los presentes de que no cumplir con los compromisos una vez se llega al poder, fortalece también a la ultraderecha. 

En un contexto inestable, con anuncios de alto al fuego que no se sostienen, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, reclamaba “seriedad”, en un proceso de paz que no solo aborde la guerra de Irán sino que apunte a una solución para la cuestión palestina basada en la propuesta de los dos estados. Petro se mostró muy crítico tanto con la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán, como en la denuncia del genocidio contra el pueblo palestino.  También abundaba en otra de las líneas que destacaron ayer en las conversaciones: la dependencia de los combustibles fósiles. “El petróleo es lo que está produciendo la tensión política, el descuadernamiento del derecho internacional y la imposibilidad de que la humanidad actúe rápidamente para su propia existencia”, concluía en la IV jornada para la Defensa de la Democracia. 

Son estos tres dirigentes los que estaban en el centro de mira de Vox, que ha congregado a algunas decenas de personas, capitaneadas por el secretario general de Vox en Catalunya, Ignacio Garriga, quien acusaba a Pedro Sánchez de convertir Barcelona en la “capital de la izquierda criminal”. “El Gobierno acoge a los peores narcodictadores, a los que no celebraron la caída del tirano [Nicolás] Maduro”, denunciaba el líder ultraderechista.

Otro líder del Sur Global, que fue muy crítico con la deriva del orden internacional y exigió la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU fue el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa: “las leyes que han definido las relaciones internacionales son violadas, las instituciones socavadas, la ONU, inoperante porque los miembros del Consejo de Seguridad son los que violan leyes y derechos”, proclamó. Ramaphosa, que defendió la decisión sudafricana de denunciar a Israel ante la Corte Internacional por el genocidio de Gaza, exigió en su intervención que el Consejo de Seguridad se amplíe e incluya a algún país africano y a otro latinoamericano, así como a la India. 

Una llamada a la solidaridad desde los EE UU de Trump

Aunque no estuvieran presentes físicamente en Barcelona, las figuras del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, y el senador estadounidense por Vermont, el demócrata Bernie Sanders, ocuparon un espacio importante en la “Movilización Global Progresista” mediante mensajes enviados a la cumbre. Mamdani, desde una perspectiva local, hacía hincapié en la agenda política de la asequibilidad como un problema global: “Cuando oigo las historias de los vecinos de Nueva York que me cuentan lo que les cuesta vivir en la ciudad más cara de EEUU me doy cuenta de que son historias que suceden en todo el mundo”, afirmaba. Las jornadas contaron de hecho con un espacio específico dedicado a la política local, como primera línea de frente para detener a la ultraderecha, donde se ha hecho hincapié en garantizar la cobertura de las necesidades básicas de la ciudadanía, como la vivienda, como trinchera frente al avance de las propuestas ultraderechistas.

Por su parte, Sanders interpelaba a la “clase trabajadora internacional”, dejando un espacio de esperanza al invocar la resistencia que se está extendiendo en todo Estados Unidos contra la oligarquía, el racismo y la guerra. Por ello, el veterano político, urgía a articular una iniciativa común: “En un momento en que oligarcas y empresas funcionan a nivel global, nosotros también debemos hacerlo”, defendía, confiando en hallarse, con encuentros como el del sábado, en el inicio de ese proceso.  

Quien sí estuvo el sábado presente en la capital catalana fue Tim Walz, el gobernador de Minnesota, y uno de los principales contendientes de Trump en Estados Unidos. Como Mamdani y Sanders, el político del Partido Demócrata ha defendido que las políticas progresistas deben de ser capaces de mejorar la vida de la ciudadanía una vez en el gobierno si desean consolidarse en el poder. 

Walz pedía también ayuda contra el autoritarismo de la Casa Blanca, con un presidente que ha iniciado una guerra ilegal contra Irán sin que hubiera provocación alguna, denunciaba, mientras en el territorio nacional se extiende la persecución racista del ICE, e instituciones como los medios de comunicación y la justicia se encuentras bajo ataque. El gobernador de Minnesota calificó contundentemente a la situación actual de “fascismo”,  haciendo un guiño a la memoria antifascista al invocar el apoyo de cientos de norteamericanos participantes de las Brigadas Internacionales a la Segunda República española contra las “políticas fascistas de Franco”, entre ellos, 60 procedentes de Minessota. 

Europa: soberanía territorial y energética

Aún compartiendo las llamadas a la lucha por la democracia y contra la ultra derecha, las intervenciones de los representantes europeos en Barcelona mostraban una agenda más pragmática, haciendo hincapié en la soberanía de los países y a la resiliencia frente a la dependencia del petróleo. El sueco Stefan Löfven, presidente del Partido de los Socialistas Europeos (PES), entonaba el “no pasarán”, en español, al que se ha unido el público, para después defender la igualdad y la democracia frente a las guerras, la emergencia climática o el aumento del coste de la vida, con un tono optimista en el que recordaba que el autoritarismo puede caer: “la historia lo demostrará”.

En el mismo sentido, Elly Schlein, líder del Partido Demócrata italiano insistía en que la extrema derecha “no es imbatible”, apuntando a un horizonte abierto por las derrotas de Viktor Orban en Hungría, o la de Giorgia Meloni, en el reciente referendum sobre la reforma judicial. La líder italiana llamaba a abrir espacio a la juventud y ha retomar el lenguaje de la justicia social y la paz. “No aceptamos que la gente como Musk gane trillones mientras Trump y Meloni bloquean el salario mínimo para millones de trabajadores”, reclamaba. También mostró su oposición a la “Junta de Paz que no construye paz, que no tiene en cuenta a Palestina” y llamaba a una movilización global contra la guerra. 

El vicecanciller alemán, Lars Klingbeil, presidente del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), que gobierna en coalición con la derecha, se centraba también en la respuesta a la extrema derecha desde una perspectiva internacional, presentando como ejemplo la coordinación de la UE en defensa de Groenlandia. “Hemos demostrado que la integridad territorial no es negociable, ni hoy ni nunca”, señalaba el sábado. El líder también defendió la necesidad de buscar nuevos vínculos con el Sur global en un esfuerzo por romper la dependencia con “terceros países”. “Nadie debería ser capaz de chantajear a Europa”, declaró.

Por su parte, la vicepresidenta de la Comisión Europea y comisaria para la transición ecológica competitiva, Teresa Ribera, urgió a la sustitución de las energías fósiles para combatir un cambio climático que “mata gente, destruye riqueza y trae sufrimiento”. Haciendo énfasis en la necesidad de no perder “la carrera” del cambio energético, garantizando la “viabilidad financiera” de este cambio de paradigma. 

En plena crisis económica internacional por el encarecimiento de la energía, con miles de víctimas mortales de la ofensiva belicista de Estados Unidos e Israel en Oriente Medio sin que parezca que la Comunidad Internacional tenga ninguna capacidad para detener sus ataques, y con la extrema derecha marcando la agenda internacional, la apuesta del presidente Pedro Sánchez de liderar un frente que confronte el avance ultra deberá hacer cuentas con los límites del “progresismo” europeo a la hora de desafiar la corriente belicista, o a los dictados neoliberales. El desafío, como señalaban muchas de las voces reunidas el pasado sábado, pasa también por entender si realmente existe la voluntad política de poner el acceso a derechos de la ciudadanía por encima de los “derechos” de los mercados. 

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