Opinión
Nombrar no es disculparse

Las palabras del rey Felipe VI en las que reconoce situaciones de “mucho abuso” en la Conquista de América forman parte de una estrategia para normalizar relaciones con México. Pero son insuficientes.
Reyes España en FITUR 2026 - 1
David F. Sabadell Felipe del Borbón y Leticia Ortiz en la edición de 2026 de Fitur.
19 mar 2026 06:00

Hace unos días, en el Museo Arqueológico de Madrid tuvo lugar un acto no oficial pero preparado con cuidado. Felipe VI visitó la exposición La mitad del mundo. La mujer en el México indígena y tuvo una conversación informal con el embajador mexicano en España, Quirino Ordaz, en la que le dijo: “Los reyes católicos, la reina Isabel con sus directrices, las Leyes de Indias, tuvieron un afán de protección que luego la realidad hace que no se cumpla como se pretende y hay mucho, mucho abuso”. Añadió que hay cosas que, con los valores actuales, “obviamente no pueden hacernos sentir orgullosos”, aunque insistió en que deben analizarse “en su justo contexto, no con excesivo presentismo moral”.

Esta conversación, grabada, editada y publicada por la Casa Real, no fue improvisada y responde a un cálculo diplomático y de comunicación.

Siete años de desaire

En marzo de 2019, el entonces presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador envió cartas al Gobierno español y al Vaticano solicitando disculpas por los abusos de la Conquista. Era una misiva privada entre Estados. La respuesta española no fue solo negativa, sino un desaire diplomático importante. Madrid filtró la carta y montó a continuación lo que la actual presidenta, Claudia  Sheinbaum, describiría años después como “una campaña tremenda contra México”. 

Esta violación a uno de los principios elementales del protocolo diplomático, la confidencialidad de las comunicaciones entre gobiernos, buscó y logró hasta cierto punto, convertir la demanda legítima mexicana en objeto de escarnio. Como diría la propia presidenta mexicana, “fue un mensaje privado que tenía que ser respondido de forma privada, aunque no hubiera estado de acuerdo”.

Que España prefiriera la humillación pública al desacuerdo discreto dice más de su posición de fondo que cualquier comunicado oficial. El Gobierno rechazó “con toda firmeza” el contenido de la carta, con el argumento de que la llegada de los españoles hace 500 años no podía juzgarse a la luz de consideraciones contemporáneas.

Tanto el uso del argumento de anacronismo moral, como la filtración fueron elecciones deliberadas que dieron pie a una escalada lenta pero consistente de alejamiento diplomático.

En 2024, Claudia Sheinbaum no invitó al rey a su toma de posesión, y el Gobierno español, calificando la exclusión de “inaceptable”, optó por no enviar representación a ningún nivel

En febrero de 2022, López Obrador habló de una “pausa” en las relaciones, “porque las empresas españolas abusaron del pueblo de México”. El conflicto dejaba de ser solo simbólico y ponía en el centro de la crisis el hecho de que la relación económica entre España y México no es entre iguales, y que el extractivismo contemporáneo tiene genealogía colonial. 

En 2024, Claudia Sheinbaum no invitó al rey a su toma de posesión, y el Gobierno español, calificando la exclusión de “inaceptable”, optó por no enviar representación a ningún nivel: una ruptura de protocolo sin precedente en las relaciones democráticas entre ambos países. También era una respuesta proporcional a las acciones de España en 2019.

El deshielo empezó antes de la visita del rey al Museo Arqueológico. En noviembre de 2025, el ministro Albares reconoció por primera vez que entre España y México ha habido “dolor e injusticia hacia los pueblos originarios a los que se ha tratado injustamente y justo es reconocerlo y lamentarlo”. Sheinbaum lo calificó de “primer paso”. Las palabras de Felipe VI en marzo son, sin duda, el siguiente escalón de esa misma arquitectura de acercamiento diplomático.

El gesto calculado

Nada de lo que ha ocurrido ha sido improvisado. El vídeo, a diferencia de la carta, no se filtró: lo publicó la Casa Real. La embajada mexicana en Madrid lo reposteó de inmediato. Al día siguiente, la ministra portavoz Elma Saiz confirmó que el Gobierno fue informado de las palabras del rey y las suscribe “al 100%”. Esto es diplomacia coreografiada al detalle: el tono informal permite mantener la denegabilidad técnica —no es oficialmente una disculpa—, pero la difusión institucional produce el efecto de una señal de Estado. 

El cálculo tiene un horizonte concreto, y no es la reparación histórica. La portavoz señaló que desea que la Cumbre Iberoamericana de noviembre en Madrid sea “al máximo nivel” y cuente “con la mayor participación posible de líderes internacionales”. La presencia o ausencia de Sheinbaum en esa cumbre tiene un valor simbólico enorme para la política exterior del Gobierno Sánchez. 

Como bien explica la historiadora mexicana Tatiana Romero, ya entonces existían voces que nombraban los abusos como tales. Bartolomé de las Casas los documentó con detalle en el mismo siglo XVI

Sheinbaum valoró las declaraciones públicamente como un gesto significativo y subrayó que era la primera vez que una autoridad española hablaba de lamentar las injusticias de la conquista. “El perdón engrandece a los pueblos, no es humillante. Reconocer la historia y los agravios forma parte de ella”, dijo. 

Pero un gesto calculado no deja de ser simplemente un gesto, uno que tiene límites que conviene nombrar con precisión.

El colonialismo no es solo historia

Aquí está el problema de fondo. Felipe VI afirma que hay que analizar la conquista “en su justo contexto, no con excesivo presentismo moral”. Esta fórmula academicista es el argumento clásico del excepcionalismo histórico: lo que ocurrió era normal para la época. Como bien explica la historiadora mexicana Tatiana Romero, ya entonces existían voces que nombraban los abusos como tales. Bartolomé de las Casas los documentó con detalle en el mismo siglo XVI.

El rey menciona las Leyes de Indias como evidencia del “afán de protección” de la Corona. El problema es que el 97% de descenso de población en Mesoamérica no puede atribuirse a un fallo burocrático o de ejecución. Aceptar “errores” sin reconocer los daños reales ni la estructura que los sostuvo —y que en formas distintas sostiene— es mantener una narrativa intacta del colonialismo y su violencia. 

Lo que la lingüista mixe Yasnaya Aguilar E. lleva años articulando — es que el reconocimiento del daño sin identificar sus efectos presentes puede funcionar como cierre antes de hora

Lo que la lingüista mixe Yasnaya Aguilar E. lleva años articulando —y que el movimiento antirracista en el estado español suscribe— es que el reconocimiento del daño sin identificar sus efectos presentes puede funcionar como cierre antes de hora. El colonialismo no es solo historia: es también la relación actual entre metrópoli y periferia, entre empresas extractivas y territorios despojados, entre países acreedores y países deudores. Felipe VI no nombró ninguna de esas cosas. 

La derecha como diagnóstico

Las reacciones de la derecha y la ultraderecha son, paradójicamente, el mejor indicador del peso real de lo ocurrido. Si las palabras del rey fueran inocuas, no habrían generado esa respuesta. Vox calificó la conquista de “inmensa gesta” y “salto glorioso”, afirmando que los posibles abusos contra los pueblos indígenas “son insignificantes” frente a los que “perpetraban los habitantes de aquellas tierras”. Pepa Millán defendió que “la empresa española en América fue la mayor obra evangelizadora y civilizadora de la historia universal”, realizada “respetando todos los derechos y la dignidad de todos los súbditos de la Corona”. Feijóo dijo que “hacer ahora un examen de las cosas que ocurrieron en el siglo XV es un disparate”. Losantos, que España “nunca ha cometido abusos en América”. 

Este coro de falsedades es un mapa del consenso cultural que hace posible la amnesia colonial del estado español.

Entre el deshielo y la deuda

Para entender cuánto falta, basta mirar qué han hecho ya otros.

El “mucho abuso” concedido por el rey queda lejos de los estándares que otros estados coloniales europeos ya han producido, con todas sus insuficiencias. Alemania reconoció el genocidio herero y nama en Namibia y acordó un fondo de reparación de más de 1.000 millones de euros. Bélgica emitió disculpas formales por el Congo y devolvió restos humanos. Canadá reconoció el sistema de escuelas residenciales como genocidio cultural. El propio Estado español, en 1992, ofreció disculpas formales a la comunidad judía por la expulsión de 1492. Ninguno de estos procesos es suficiente sin garantías de no repetición estructural. Pero todos marcan la distancia entre un reconocimiento informal en un vídeo y los mínimos que ya ha producido la propia tradición diplomática europea.

Lo que los pueblos originarios llevan décadas exigiendo no depende de que el rey encuentre las palabras correctas. Pero las palabras del rey sí pueden mover lo que los estados mueven: reconocimiento formal, inclusión de esos pueblos como sujetos del diálogo, y alguna forma de reparación que no sea únicamente simbólica.

Multinacionales
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Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.

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